Estimados amigos:
En el ámbito de los historiadores o los estudiosos de las ciencias
sociales siempre queda en claro que el mundo se moldea de acuerdo a
la mirada con la que es registrado. Vivimos, en efecto, en un mundo
en que las consecuencias de la globalización y los efectos del
ciberespacio, las redes digitales y el flujo de información en la
psique (psiquis, mente, espíritu...) humana no son posibles de
visualizar en el mediano y largo plazo. Sin embargo, y pese al
fenómeno de masas, no parece prudente quitarle sentido humano a
algunas cuestiones. Dicho de otro modo, no parece razonable
deshumanizar todas aquellas expresiones de dolor, perfectamente
comprensibles, adscribiendolas al puro campo de la expresión de
emotivismo colectivo, o reduciéndolas como una expresión inconciente
y reactiva de la cultura de masas que predomina. Eso es esperar muy
poco de los sentimientos de las personas, y es desvalorar el sentido
de cariño verdadero por seres humanos a los que muchos pueden sentir
próximos por gracia y efecto de los medios de comunicación. Por
otro lado, creo que la sociedad de masas sí ha promovido el sentido
gregario, y lo hizo velando y anunciando la muerte del papa. Suerte
que podemos vivir en este instante, ya que siglos atrás nuestros
ancestros hispanocoloniales debían esperar semanas, sino meses, en
recibir una noticia de esta naturaleza, para desembolver todo su
acervo sentimental por el jerarca católico. Como chileno recibí de
modo especial la noticia de la muerte de Juan Pablo II. Pense que de
las gestiones de este hombre, muy probablemente, dependió la vida de
cientos o miles de jóvenes que pudieron perderse en una guerra con
Argentina. Naturalmente mí generación se incluye entre ellos. No fue
menos emosionante y emotivo recibir la noticia frente al televisor
junto a mi mujer y mi hijo (un pequeñito hermoso en el que brilla la
vida). Quizas es insignificante esta sensiblería barata, pero al fin
y al cabo es mí vida y la vida de mí hijo, ni más ni menos la que
estuvo en entredicho. Del mismo modo, los chilenos podemos estar
agradecidos del apoyo que recibió el proceso de recuperación de la
democracia, donde escuchar el mensaje papal que decía "no tengaís
miedo", era un puntal fundamental para el futuro proceso de
recuperación democrática. Tuvimos que aprender a no tener miedo
frente a la brutalidad, a las golpizas que recibimos de la policia
en los colegios, frente a los soldados pidiendo nuestros documentos.
Creo que esta expresión del fenómeno de masas muestra algo inherente
al hombre, son sus sentimientos, y creo que los medios de
comunicación no los gatillaron, los mostraron. Quizás se puede
creer o no creer en las intrigas del poder del vaticano o en las
ambiciones papales, yo prefiero creer en los hombres comprometido en
el sentido de lo humano, por eso creo que muchos sentimos la partida
de Juan Pablo II, y vemos en él el testimonio de un hombre del siglo
XX que, como nosotros, fue testigo de sus brutalidades. Que bien nos
hace llorar frente al televisor, en vez de escupirlo, al fin y al
cabo ser cientistas sociales no nos quita el alma o los
sentimientos, solo nos transforma en testigos concientes de nuestro
tiempo, y esa es una experiencia personal. No despojemos a la
humanidad de sus sentimientos, no creamos que todo responde a
maquinaciones perversas, la humanidad tiene aspectos más complejos
de diagnosticar y estudiar. Miremos entre líneas, por qué no decir,
entre las lágrimas.
Alfredo Gómez Alcorta
Licenciado en Historia, Universidad de Chile