Historia Inmediata
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Ataque a EE.UU |
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Queridos amigos Coincido con Antonio sobre el punto que los eventos no hay que tomarlos de manera aislada, sino dentro de un contexto histórico.Atte. Rosario Méndez
Para mi es un verdadero placer en vuestras
discusiones e intercambios en castellano Soy nueva en
estos grupos asi que por ahora quisiera compartir
un articulo que me ha parecido importante de Galeano
respecto al bien y el mal.
Espero que les guste. Atentamente Rosario +++++++++++++++ Publicado en "La Jornada", México, el 21.09.01
En la lucha del Bien contra el Mal, siempre es el
pueblo quien pone los muertos. Los
terroristas han matado a trabajadores de cincuenta países,
en Nueva York y en Washington, en nombre del Bien
contra el Mal. Y en nombre del Bien contra el Mal el
presidente Bush jura venganza: "Vamos a eliminar el Mal
de este mundo", anuncia.
¿Eliminar el Mal? ¿Qué sería del Bien sin el Mal?
No sólo los fanáticos religiosos necesitan
enemigos para justificar su locura. También
necesitan enemigos, para justificar su
existencia, la industria de armamentos y el
gigantesco aparato militar de Estados Unidos. Buenos
y malos, malos y buenos: los actores cambian de máscaras,
los héroes pasan a ser monstruos y los monstruos
héroes, según exigen los que escriben el drama.
Eso no tiene nada de nuevo. El científico alemán
Werner von Braun fue malo cuando inventó los cohetes
V-2, que Hitler descargó sobre Londres, pero se
convirtió en bueno el día en que puso su talento al
servicio de Estados Unidos. Stalin fue bueno durante
la Segunda Guerra Mundial y malo después, cuando pasó
a dirigir el Imperio del Mal. En los años de la guerra
fría escribió John Steinbeck: "Quizá todo el
mundo necesita rusos. Apuesto a que también en
Rusia necesitan rusos. Quizá ellos los llaman
americanos." Después, los rusos se
abuenaron. Ahora, también Putin dice: "El
Mal debe ser castigado."
Saddam Hussein era bueno, y buenas eran las armas
químicas que empleó contra los iraníes y los kurdos.
Después, se amaló. Ya se llamaba Satán Hussein
cuando los Estados Unidos, que venían de
invadir Panamá, invadieron Irak porque Irak había
invadido Kuwait. Bush Padre tuvo a su cargo esta
guerra contra el Mal. Con el espíritu
humanitario y compasivo que caracteriza a su
familia, mató a más de cien mil iraquíes,
civiles en su gran mayoría. Satán
Hussein sigue estando donde estaba, pero este
nemigo número uno de la humanidad ha caído a la categoría
de enemigo número dos. El flagelo del mundo se
llama ahora Osama Bin Laden.
La Agencia Central de Inteligencia (CIA) le había
enseñado todo lo que sabe en materia de terrorismo:
Bin Laden, amado y armado por el gobierno de Estados
Unidos, era uno de los principales "guerreros de
la libertad" contra el comunismo en
Afganistán. Bush Padre ocupaba la
vicepresidencia cuando el presidente Reagan dijo
que estos héroes eran "el equivalente moral
de los Padres Fundadores de América". Hollywood estaba
de acuerdo con la Casa Blanca. En estos tiempos,
se filmó Rambo 3: los afganos musulmanes eran los
buenos. Ahora son malos malísimos, en tiempos de Bush
Hijo, trece años después.
Henry Kissinger fue de los primeros en reaccionar ante
la reciente tragedia. "Tan culpable como los
terroristas son quienes les brindan apoyo, financiación
e inspiración", sentenció, con palabras que
el presidente Bush repitió horas después.
Si eso es así, habría que empezar por bombardear a
Kissinger. El resultaría culpable de muchos más
crímenes que los cometidos por Bin Laden y por todos
los terroristas que en el mundo son. Y en muchos más
países: actuando al servicio de varios gobiernos
estadunidenses, brindó "apoyo, financiación e
inspiración" al terror de Estado en Indonesia,
Camboya, Chipre, Irán, Africa del Sur, Bangladesh y en
los países sudamericanos que sufrieron la guerra sucia
del Plan Cóndor.
El 11 de septiembre de 1973, exactamente 28 años antes
de los fuegos de ahora, había ardido el palacio
presidencial en Chile. Kissinger había anticipado el
epitafio de Salvador Allende y de la democracia chilena,
al comentar el resultado de las elecciones: "No
tenemos por qué aceptar que un país se haga marxista
por la irresponsabilidad de su pueblo."
El desprecio por la voluntad popular es una de las
muchas coincidencias entre el terrorismo de Estado y
el terrorismo privado. Por poner un ejemplo, la ETA,
que mata gente en nombre de la independencia del País
Vasco, dice a través de uno de sus voceros: "Los
derechos no tienen nada que ver con mayorías y minorías."
Mucho se parecen entre sí el terrorismo artesanal y el
de alto nivel tecnológico, el de los fundamentalistas
religiosos y el de los fundamentalistas del mercado,
el de los desesperados y el de los poderosos, el de
los locos sueltos y el de los profesionales de uniforme.
Todos comparten el mismo desprecio por la vida
humana: los asesinos de los cinco mil quinientos ciudadanos
triturados bajo los escombros de las Torres Gemelas,
que se desplomaron como castillos de arena seca,
y los asesinos de los doscientos mil guatemaltecos,
en su mayoría indígenas, que han sido exterminados
sin que jamás la tele ni los diarios del mundo
les prestaran la menor atención. Ellos, los guatemaltecos,
no fueron sacrificados por ningún fanático
musulmán, sino por los militares terroristas que
recibieron "apoyo, financiación e inspiración" de los
sucesivos gobiernos de Estados Unidos.
Todos los enamorados de la muerte coinciden también en su obsesión por reducir a términos militares las contradicciones sociales, culturales y nacionales. En nombre del Bien contra el Mal, en nombre de la Unica Verdad, todos resuelven todo matando primero y preguntando después. Y por ese camino, terminan alimentando al enemigo que combaten. Fueron las atrocidades de Sendero Luminoso las que en gran medida incubaron al presidente Fujimori, que con considerable apoyo popular implantó un régimen de terror y vendió el Perú a precio de banana. Fueron las atrocidades de Estados Unidos en Medio Oriente las que en gran medida incubaron la guerra santa del terrorismo de Alá. Aunque ahora el líder de la Civilización esté exhortando a una nueva Cruzada, Alá es inocente de los
crímenes que se cometen en su nombre. Al fin y al
cabo, Dios no ordenó el holocausto nazi contra los
fieles de Jehová, y no fue Jehová quien dictó la
matanza de Sabra y Chatila ni quien mandó expulsar a
los palestinos de su tierra. ¡Acaso Jehová, Alá y
Dios a secas no son tres nombres de una misma
divinidad?
Una tragedia de equívocos: ya no se sabe quién es quién. El humo de las explosiones forma parte de una mucho más enorme cortina de humo que nos impide ver. De venganza en venganza, los terrorismos nos obligan a caminar a los tumbos. Veo una foto, publicada recientemente: en una pared de Nueva York alguna mano escribió: "Ojo por ojo deja al mundo ciego". La espiral de la violencia engendra violencia y también confusión: dolor, miedo, intolerancia, odio, locura. En Porto Alegre, a comienzos de este año, el argelino Ahmed Ben Bella advirtió: "Este sistema, que ya enloqueció a las vacas, está enloqueciendo a la gente." Y los locos, locos de odio, actúan igual que el poder que los genera. Un niño de tres años, llamado Luca, comentó en estos días: "El mundo no sabe dónde está su casa." El estaba mirando un mapa. Podía haber estado mirando un noticiero.
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