Arranca hoy I Jornada Historiográfica. Especialistas de varios
países debaten sobre la urgencia de eliminar academicismos y
militancias dañinas
Es urgente cambiar la manera de escribir la historia. No
podemos, en el Siglo 21, reproducir la historiografía del siglo
pasado. Aunque no se trata de hacer tábula rasa de ella, es
indispensable reformularla y eliminar los academicismos y
militancias que tanto la han dañado, advierte Carlos
Barros, coordinador de la red académica
internacional Historia a Debate.
El profesor titular de Historia Medieval de la Universidad de
Santiago de Compostela, quien se encuentra en México para llevar
a cabo la Primera Jornada Historiográfica de esta red, asegura
que los paradigmas que han dominado el Siglo 20, como son el
marxismo historiográfico, el neopositivismo o el postmodernismo,
han entrado en crisis y es necesario impulsar nuevos.
"Para ello hay que vencer una gran inercia, que es pasar
del 'yo' al nosotros, al protagonista colectivo, recuperar la idea
de que la historia se construye colectivamente", señala.
La Jornada, que es el preámbulo al tercer congreso de la red,
que tendrá lugar en julio del próximo año, se llevará a cabo
hoy en la Biblioteca Nacional de México, a partir de las 10:00
horas.
Barros encontró en el internet el medio ideal para romper las
estructuras académicas que desde la Edad Media plantean la relación
maestro-alumno, en un sistema irrevocablemente vertical. La web
otorga ese contrapeso horizontal, esa jerarquía transversal que
resulta barata, accesible y casi democrática.
Este año se celebra una década de que la iniciativa se puso
en marcha. Actualmente son mil 800 investigadores de todo el mundo
que debaten temas de actualidad -alrededor de 400 son mexicanos-,
239 profesores -52 de ellos mexicanos- que firmaron un manifiesto
con el que intentan proponer una alternativa historiográfica a la
fragmentación de su disciplina.
El manifiesto se lanzó el 11 de septiembre del 2001, fecha en
el que ocurrió un giro histórico y en el que los especialistas
propusieron un giro historiográfico.
Boris Berenzon, académico de la Universidad Nacional Autónoma
de México, asegura que hay casualidades y hay citas míticas e
históricas: Cuando el derrumbe del Muro de Berlín, la propuesta
fue "El fin de la historia" y, paradójicamente, esta
agrupación propone en una época en la que los grandes imperios
parecen quebrantarse, "La vigencia de la historia".
Para los investigadores mexicanos, señala el especialista,
este es un momento importante porque existe un cambio generacional
que implica generar ideas, compromiso que se ha eludido.
El doctor en Historia por la Facultad de Filosofía Letras
explica que una característica de este movimiento es que todos
comulgan con la "docta ignorancia", es decir, aceptan
que no hay ningún conocimiento acabado, que están aprendiendo
todavía.
Aprender les implica plantear una íntima relación entre la
historia que se escribe y la que se hace. Aseguran que para
contrarrestar el desgaste inútil de cerrarse a rencillas internas
o lucha por el poder, prefieren observar lo que pasa en el
exterior. Los eruditos no se evaden ni se refugian en una
biblioteca para estar al margen del mundo, sino que tienen
contacto directo con la vida cotidiana, ya que consideran que la
historia se hace desde el presente.
Uno de los puntos de partida de su manifiesto es la consideración
de que el observador, léase historiador, infiere en su objeto de
investigación definitivamente, por lo que es indispensable
admitir su parte subjetiva. La vieja racionalidad que plantea que
cuando dos cosas se contradicen una es cierta y otra mentira,
queda atrás para ellos.
El titular de los proyectos de investigación Encuesta
Internacional "El estado de la historia" y "El
cambio de paradigmas historiográficos", con historiadores de
las universidades de Zaragoza, Cádiz, País Vasco, La Laguna, Las
Palmas de Gran Canaria y Murcia, plantea como uno de los
lineamientos principales del manifiesto la necesidad de la
"historia inmediata".
Otra propuesta es la de reunificar esta disciplina que, en su
opinión, se encuentra fragmentada por especialidades,
neutralizando así la capacidad creativa y la relación entre los
hacedores.
Lo que buscan es eliminar esas cárceles para mezclar fuentes,
métodos, especialidades y líneas de investigación a fin de
crear puentes entre las diferentes islas que conforman la
diciplina histórica.
Berenzon anticipa que, durante su participación en la Jornada,
propondrá la posibilidad de crear, con base en esta propuesta
historiográfica, una escuela.