Grupo Manifiesto Historia a Debate


 Deliberaciones


Querido Carlos: Antes que nada, debo pedirte disculpas por no haberte enviado antes mi opinión sobre el texto-manifiesto que me enviaste. Pero he tenido una semana muy ajetreada y me ha sido imposible hacerlo.

He leído el texto con mucha atención e interés y también he visto algunos de los comentarios que se han hecho, en particular los de Paco y Gonzalo. Creo que la principal virtud del texto es que representa y hace explícita, con bastante claridad, una de las posiciones que actualmente concurren al debate historiográfico. Tus puntos de vista y tus propuestas están formulados, como digo, de manera precisa y rotunda. En una época de ambigüedades, eclecticismos y confusión teórica siempre es de agradecer que la ideas (se compartan o no) se expresen de una manera tan directa.

Creo, asimismo, que todas las cuestiones que suscitas son, efectivamente, aspectos capitales del actual debate: desde los marcos teóricos a los aspectos puramente disciplinares o profesionales. Por tanto, con independencia de que se compartan o no las soluciones propuestas o sugeridas, tu texto me parece un valioso punto de partida, un pertinente orden del día para la discusión. Ya sabes, por supuesto, que nuestros puntos de vista no son siempre coincidentes, pero ello no sólo no es un obstáculo para el diálogo sino que debería ser el motor de éste. Sigo creyendo que deberías prestar más atención a lo que tú denominas como propuestas posmodernas, pues nos guste o no constituyen uno de los ingredientes del debate actual y, por tanto, del nuevo consenso paradigmático que andamos buscando. Creo que no le haríamos justicia si redujéramos dichas propuestas a mero subjetivismo (entre otras cosas porque una de sus premisas es la crítica al subjetivismo.) Aunque ciertamente bajo esa etiqueta se esconde una amalgama de perspectivas (a veces, incluso, contradictorias), a la vez creo que es un filón de nuevas ideas, sugerencias, replanteamientos críticos, nuevas interpretaciones empíricas, etc. a las que se le puede sacar mucho partido en la empresa de reconstrucción teórica de la historia en que andamos embarcados.

Ha sido realmente un placer leer tu texto y poder reavivar nuestra relación epistolar. Espero tu respuesta. Un fuerte abrazo.

Miguel A. Cabrera
mcabre@ull.es

++++++

Querido amigo:

Te incluí en el Grupo pensando que, pese al tiempo que llevamos desconectados, habrías evolucionado en el mismo sentido que la mayoría de nosotros: todavía no renuncio a convencerte de ello. Somos más críticos con el posmodernismo ahora, respecto de 1993, porque hemos sacado consecuencia de sus fracasos evidentes, no tanto en España, donde tuvo escasa influencia, como sabes y sufres, como en los USA, donde parieron la criatura.

Ya los colegas norteamericanos que vinieron al II Congreso nos advirtieron que ese debate estaba allá en declive, en 1999, y hace unos días nos decía Michael Palencia en Newark, que está pasando lo mismo con el giro narrativista de White. ¿Asumimos con todo el criticismo posmoderno como actitud? Por supuesto, y está en el borrador del Manifiesto. Pero el posmodernismo ni en historiografía ni en ciencias sociales ha sido una propuesta inocente, "meramente crítica". ¿Acaso su no radical a la ciencia y a la objetividad históricas no ha contribuido a la reacción positivista que estamos viviendo? El hipercriticismo posmoderno, y su innata incapacidad para hacer propuestas constructivas, ha animado la vuelta de la vieja historia. El desmantelamiento posmoderno de las aportaciones marxistas (E.P. Thompson, p.e.) o analistas sin proponer alternativas nos ha llevado a la situación paradójica (en España) de encontrarnos con posmodernos radicales de los años 90 que reivindican ahora los clásicos del siglo XIX, y/o posmodernos que cuando investigan lo hacen de la manera más positivista, haciendo buenos sus trabajos marxistizantes de los años 70...

El tiempo histórico e historiográfico vuela, querido Miguel, y si ayer pedíamos -y pedimos- autocrítica a la historiografías de los 60 y 70 hoy hay que hacer lo mismo ya con las propuestas posmodernas, si no queremos perder el pulso de los tiempos. No creo que lo hagan, se diluirán y surgirán cosas nuevas, como Historia a Debate, todo hay que decirlo. Esta perceptible dilución del posmodernismo no creas que no me preocupa, porque puede dar vía libre de nuevos dogmas, aunque estamos todos muy escamados, ¿verdad? En todo caso, desde HaD velaramos porque el futuro siga estando abierto, según nuestras posibilidades.

Hablas del posmodernismo como interlocutor para el debate. Bien, así ha sido en HaD, y así será: está en el primer párrafo del borrador del Manifiesto, no lo has visto porque has puesto tal vez el acento más bien tus desacuerdos. Pero, insisto, me temo que nos falten interlocutores. En el II Congreso trajimos, gracias a ti, a P. Joyce y no quiso defender sus ideas, tú no pudiste venir, en fin, no hubo mucho debate sobre este tema. Después, en los debates libres de la lista digital no aparecen casi posiciones posmodernas, y cuando lo hacen son perfectamente asumibles por su moderación (y están en el borrador). Me temo que, en 2004, ya no tendrá sentido hacer una mesa redonda sobre este tema, por falta de interlocutores y por falta de actualidad del tema, ojalá me equivoque.

En el caso de que no te haya convencido, mi propuesta alternativa es la siguiente: ayudarte desde a HaD a animar el relanzamiento de una historiografía consecuente y rotundamente posmoderna. Es uno de los objetivos del Manifiesto, "promover tendencias", y podríamos así unir esfuerzos para que la vieja historia -la de verdad, la decimonónica- no sea más que un fenómeno pasajero...

La tercer opción es la individual, carrera académica y trifulcas departamentales: la peor de todas, de verdad.

Un abrazo,

Carlos Barros
Coordinador de Historia a Debate
E-mail: cbarros@eresmas.net
Web HaD: http://www.h-debate.com
Web personal: http://www.cbarros.com