Grupo Manifiesto Historia a Debate


 Deliberaciones


Estimado profesor Barros:

Reciba un cálido saludo y mi agradecimiento por su gentileza al invitarme a formar parte del Grupo Manifiesto. Leí atentamente el documento y puedo afirmar que lo comparto completamente. Aunque hay algo que, pienso, podría añadírsele. Es mi visión, y quizás no sea compartida por todos.

Uno de los primeros elementos que me llamó la atención con respecto al  proyecto de Historia a Debate fue que, en un mundo sin posturas, asumiera una valiente posición de compromiso ante la historia, ante la sociedad y ante el futuro. Veo que ese compromiso se reafirma a lo largo del Manifiesto. En el apartado XVIII leemos: "queremos cambiar la historia que se escribe y coadyuvar a cambiar la historia humana"; y en el XIV: debemos "contribuir a que los sujetos de la historia construyan futuros históricos que garanticen una sociedad libre y pacífica, plena y creativa". Sin embargo, considero que falta un enunciado que resuma y a la vez explaye, estas aspiraciones. Me  refiero a la noción y a la experiencia de la "utopía". Yo la añadiría en un ultimo párrafo del apartado "Fines de la historia". Entiendo que puede ser problemática por la carga valorativa que se le atribuye. Tiende asociársela a la concreción de las mayores perversiones políticas que tanto daño causaron en el siglo XX.

Mi visión de utopía es otra. Bueno, ni siquiera es mía, corresponde a la actual filosofía política latinoamericana y creo que puede ser un aporte importante en la construcción de un proyecto historiográfico tan valioso como el de HaD.

Tengo presente, dado que la comparto vivamente, la concepción utópica de pensadores latinoamericanos, como Hugo Cerutti Gulberg y Carmen Bohórquez. De esta última, tomo su concepto de utopía en el sentido de lo -no -realizado todavía, que reinvindica la noción de proyecto, de búsqueda de "una sociedad diferente, pero, que no por ello ha de ser menos real que la vivida", sociedad, que por demás, es cuestionada como carencial y negadora de humanidad.

Para Cerutti, la utopía refiere a una experiencia histórica. Es la utopía vivida más que la utopía pensada o puramente escrita. En Cerutti, lo utópico se aproxima a la realidad y su estructura valorativa interactúa con la cotidianidad: "Lo utópico constituye así el núcleo activo de todo proyecto y es el modo en que la esperanza se hace operacional respecto de la praxis" (1996). ¿No es acaso esta una definición muy precisa donde HaD calza adecuadamente?

Tomo otra expresión del Manifiesto: "El historiador ha de contribuir a elaborar una nueva ilustración que, aprendiendo de los errores de la historia y de la filosofía, restaure el sentido del progreso que demanda la sociedad" (XIV). Vuelvo a Cerutti: "Si lo utópico es el gozne que une en tensión permanente la realidad con el ideal, si lo propiamente utópico es justamente esa tensión en que lo real aspira al ideal y el ideal exige realizarse, sin que lleguen a identificarse totalmente y en forma perfecta, entonces progreso será esa posibilidad de avance de lo ideal hacia lo real, no para que la realidad se idealice sino para que lo ideal se haga carne propia. Si lo ideal se encarna, entonces lo imposible se hace posible y los límites de la ley se pueden transgredir avanzando hacia lo mejor sin evadirse del proceso histórico" (1996). No creo exagerar al decir que cuando Cerutti define lo utópico como sustancialmente enlazado al progreso, comparte con HaD esa reinvindicación del derecho a pensar un futuro abierto, con un sujeto histórico comprometido con la defensa de "valores universales de justicia e igualdad, paz y democracia" (XVI del Manif.).

El Manifiesto postula el rescate de la función de la historia en la conformación de un sentido más profundo de ciudadanía, y de compromiso. Entonces, en ese sentido no me parece desacertada la posibilidad de que incluyamos, como parte de los valores rescatables de esa historiografía del siglo XX, un sentido de utopía "real", que no desdeñe participar en la búsqueda un mundo más justo, tarea difícil pero no imposible. Es que, de hecho, todo aquel que se siente comprometido con un mundo mejor, participa de una utopía.

Insisto, no me refiero al rescate de planteamiento deterministas y finalistas que han causado tanto daño. Me apoyo nuevamente en algunos filósofos latinoamericanos, a quienes admiro y respeto especialmente, Arturo Andrés Roig y Victor Martín, quienes consideran que entre la verdad y la aplicación a la realidad de esa verdad, debe mediar un amplio espacio para impedir que nos enfrasquemos en nuevos dogmas. Este espacio es el de la tolerancia. Sin tolerancia se pierde la validez de esa verdad, sin tolerancia, se pierde la utopía.

Historia a Debate constituye un proyecto utópico que piensa, se orienta y trabaja en función de una nueva historiografía, pero que además piensa y se orienta en la búsqueda de una sociedad más justa. ¿No concreta así la transformación de un ideal en avance hacia lo real?. Según la filosofía latinoamericana, esta tensión entre el ideal y lo real, es lo que hace posible la utopía. Yo añadiría, es lo que hace posible a Historia a Debate

Pero entonces, me pregunto, ¿será muy problemática admitir esto en el Manifiesto?

Reiterándole mi estima, me despido,

Cordialmente

Luz Varela
Universidad de Los Andes
Mérida, Venezuela
lvarela@cantv.net

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Querida colega:

Gracias por tu mensaje, que nos hace pensar...

Estamos de acuerdo, pues, en el fundamenal: compromiso, futuro abierto, nueva ilustración.

La cuestión es si es o no adecuado levantar la bandera de la utopía para  ayudar a ubicar a los historiadores en el continuum pasado/presente/futuro.

Lo veo más como un tema de debate que como un tema de consenso, incluso entre el grupo reducido de esta sublista, más todavía si consideramos que vivemos en tres realidades geopolíticas y mentales bastante distintas: Europa, AmL y EE.UU. Personalmente no estoy nada convencido de que empujar a la gente -y menos desde la historia- hacia objetivos utópicos, es decir, perfectos pero imposibles, sirva para movilizar ya a los pueblos, para recuperar la esperanza en un mundo mejor y menos para construir sociedades alternativas (pero imposibles), incluso puede favorecer todo tipo de populismo y servir  de coartada para una serie de barbaridades. El término "utopía" tanto etimológicamente como conceptualmente significa mundo ideal pero inalcanzable, desde su invención por T. Moro en el siglo XVI. Si se quita lo de "imposible" hay que inventar otra palabra que no sea "utopía". Este es el grave problema de las ciencias sociales, despues de la experiencia traumática 1917-1989: hay que redifinirlo todo y es muy difícil, y apenas estamos comenzando, porque hasta hace muy poco la hegemonia intelectual y política del pensamiento único lo impidió. El futuro apenas comienza ahora.

Lo que si me parece importante es seguir, como propones (apoyando críticamente desde la historia) el trabajo más reciente de los filósofos, politicólogos, sociólogos..., sensibles a los cambios históricos últimos, para que nos ayuden a encontrar esos nuevos conceptos y paradigmas para una situación histórica inédita, que cada vez va a necesitar más discursos alternativos que aprendan del pasado (sin reproducir recetas que fracasaron) y miren hacia el futuro (sin hacer tabla rasa del pasado).

Estoy convencido que estas nuevas ideas ya no van a venir ya sólo -ni principalmente- de la vieja Europa o de los poderosos EE.UU. Las ciencias sociales de AmL tienen ahora un papel que jugar por ejemplo, lanzando, como tu has hecho, el debate sobre la función de la utopía en el siglo XXI (convendría estudiar sino sería bueno trasladarlo a la lista, ¿qué te parece?).

Seguimos aprendiendo, pues.

Un abrazo,

Carlos Barros
Coordinador de Historia a Debate
E-mail: cbarros@eresmas.net
Web HaD: http://www.h-debate.com
Web personal: http://www.cbarros.com