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En líneas generales hay una identidad de criterios con
todos los aspectos contenidos en el Manifiesto. No obstante, nosotros
incorporamos otros elementos de discusión en cuanto a paradigmas
historiográficos se refiere. Uno de ellos se refiere a “la
comunidad de historiadores” (expresado en el punto n°2 del
manifiesto), que es una cuestión que se relaciona con las comunidades
científicas en general.
Específicamente, el punto 2 establece que la verdad
histórica se alcanza a través de un trabajo colectivo, del consenso
en la comunidad de historiadores. En lo referente a la democracia,
esta propuesta es correcta, pues el conocimiento científico sólo
puede ser concebido como una obra colectiva. Pero la discusión se
plantea cuando se dice que la verdad histórica sólo puede ser
establecida por los “especialistas”. En un mundo como el nuestro,
donde la “especialización” ha alcanzado grados surrealistas, esa
definición se pudiera interpretar que mientras más especializados
fueran los individuos, mientras más diplomas acumularan, más cercana
estaría su opinión de la verdad histórica. Habría una especie de
escala de verdad, en la cual clasificarían los más altos
especialistas y de allí se iría bajando progresivamente.
Toda especialización genera de por sí una situación
favorable a la dominación de unas personas por otras. Si la verdad
científica no necesitara del juicio de la sociedad, se pudiera
instalar una “oligarquía científica”, cuyos criterios y
decisiones no pudieran ser cuestionados por nadie que no fuera científico
como ellos. Esto choca con los más elementales derechos ciudadanos.
En los hechos, este criterio se impone en el mundo actual. Los planes
económicos neoliberales aplicados en los países de América Latina
en los últimos 20 años han sido diseñados y propagandizados por
“especialistas” que desdeñan cualquier crítica proveniente de
grupos sociales e individuos que no alcancen la misma estatura académica
que ellos tienen. El neoliberalismo se nos ha vendido como la
“verdad económica”; quienes lo critican son unos ignorantes de
las más elementales leyes y principios de la ciencia económica, y
dejarse llevar por esos ignorantes sería una catástrofe para la
sociedad. Ese es el discurso de ellos.
No es necesario rebatir nuestros argumentos con la
tesis de que postulamos un regreso al conocimiento exclusivamente empírico,
pues ese no es el caso. Reconocemos la necesidad evidente del
conocimiento científico para desarrollar nuestras sociedades. Pero
los hechos históricos hablan por nosotros y nos dan la razón. ¿Cuáles
son los logros del neoliberalismo latinoamericano en las últimas dos
décadas? La pretendida verdad indubitable del neoliberalismo se ha
estrellado una y otra vez en sus aplicaciones prácticas. La pobreza,
la exclusión, la delincuencia, la marginalidad, han crecido tanto
como la deuda externa. La brecha entre ricos y pobres es hoy mucho
mayor que en 1980. Nuestros países son hoy más dependientes de las
fuerzas económicas externas.
Si nuestros pueblos dejaran a la comunidad de
economistas la decisión sobre el rumbo económico de nuestros países,
nos estaríamos condenando una vez más a la esclavitud. Igual cosa
sucede en el terreno de la historia. Si bien las opiniones de la
comunidad de historiadores siempre tendrán un valor significativo,
también son ciertas otras cosas. Una de ellas, que habría que
establecer quiénes integran esa comunidad de historiadores, y si
dentro de ella existen gradaciones de acuerdo al nivel académico. Por
ejemplo, hay historiadores que nunca se han diplomado como tales en
una universidad. ¿Ellos serían parte de esa comunidad? Otro aspecto
se refiere a cuando la comunidad de historiadores llegue a
conclusiones de consenso que choquen abiertamente con las conclusiones
empíricas a las cuales hayan llegado determinados grupos sociales.
Por ejemplo, al estudiar los “estallidos sociales” generados por
los paquetes económicos del FMI-BM (que han ocurrido en Venezuela,
Ecuador, República Dominicana, Argentina), los historiadores pudieran
concluir, por razones eminentemente circunstanciales, que esos eventos
no representaban el sentir popular y que la sociedad debería
estigmatizarlos, conclusiones que pudieran chocar abiertamente con el
sentimiento popular generalizado de justificación de los mismos por
las miserables condiciones de vida existentes y los anhelos de
profundos cambios en la sociedad.
¿Cuál sería en ese caso la verdad histórica? La
concluida en consenso por la comunidad de historiadores, o la que
existe empíricamente en el seno del pueblo. Por lo menos aquí en
Venezuela estaríamos muy cerca de que la comunidad de historiadores,
en consenso o ampliamente mayoritaria, concluya que el proceso
de participación popular que se inició a partir del levantamiento
popular del 27 de febrero de 1989 no es más que una expresión de la
ignorancia política y cultural de las mayorías sociales. Incluso esa
comunidad de historiadores hace denodados esfuerzos por impedir el
ingreso de voces disonantes. Nosotros aquí en la Universidad del
Zulia tenemos muy ingratas experiencias en ese sentido. Podemos decir
que somos historiadores a pesar de la comunidad de historiadores.
Un último elemento es que la actual sociedad, llamada
ampulosamente del “conocimiento”, está generando cada vez más
amplias franjas de excluidos. Grupos sociales enteros y hasta países
enteros están entrando al sector de excluidos. En este contexto, las
comunidades científicas forman parte del sector formal, de los
incluidos. Enfatizar en que son las comunidades científicas las únicas
que pueden determinar la verdad científica, significaría profundizar
aún más la brecha social entre una porción que está al margen de
todo y otra porción, cada vez más pequeña, que a su vez tiene una
pequeña porción más pequeña aún (la de los especialistas).
Todo lo anterior no pretende echar por tierra el
aspecto contemplado en el manifiesto. Simplemente son interrogantes
que nos hacemos. Y las planteamos aquí para la discusión. Más
adelante enviaré otras reflexiones.
Roberto López. Universidad del Zulia. Maracaibo.
Venezuela. (Estas ideas fueron previamente discutidas y compartidas
con el prof. Johnny Alarcón).
cruzcarrillo2001@yahoo.com
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