Grupo Manifiesto Historia a Debate
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Historiador Carlos Barros: Cuando hace muchos años
recibí el título que me avalaba como historiador y me daba un
pase para conseguir "el pan coger" (dicho que he
escuchado en el campo colombiano, no sé si es de raíz española),
me correspondió hacer la disertación oficial, ante un nutrido
grupo de académicos de la historia (Academia Colombiana de
Historia) integrado, imagino que así es en toda América y en
España, por generales, sacerdotes y figurones de la política
local. Ante ellos sostuve, que yo había decidido estudiar
historia, porque algún día tenía que explicarme por qué un
noviembre de 1958, mi papá llegó a las doce de la noche con un
camión y sin ninguna explicación tuvimos que salir de Armero (Tolima)
para venirnos hacia Bogotá. A mi me arrancaron de mi solar, de
mi patio, de los ríos, de las piscinas, de los árboles, es
decir del paraíso terrenal. Claro que yo sabía por qué. Mi
papá era liberal y la SIC, policía política, de origen
conservador, modelada con inspiración falangista, lo iba a
asesinar. Pero más allá de eso. ¿Por qué? Los hechos los
puede reconstruir cualquier positivista, acudiendo a las fuentes
primarias. Pero: ¿Cuál es la lógica interna de estos eventos?
He ahí mi interés. Vivimos en la historia y la historia es la
palabra. Y si bien, en los actuales tiempos posmodernos nos
repugnan las teleologías y las metafísicas de la historia y
hemos llegado a la conclusión: "Caminante no hay camino se
hace camino al andar" de todas maneras, lo positivo, no nos
explica nada. Cuando yo estudio el período de la Conquista de
América, o la Colonia, o el papel de los migrantes europeos en
el período de entreguerras, no estoy haciendo preguntas
abstractas, estoy preguntándome por mí mismo. El Renacimiento
no es un hecho general de la historia europea, es algo que tiene
que ver conmigo y con mis hijos, con las herencias que hemos
recibido y que han formado nuestra mentalidad y nuestra cultura,
desde las cuiales conversamos con el mundo. Por ello me ha
parecido tan entusiasmante el Manifiesto de HaD. Y por ello
quiero participar en los debates que ustedes promueven y
difundirlos. En este momento gran parte de mi atención se
centra en los siglos XVI y XVII, que no sólo fundamentan la
modernidad y lo que hoy se denomina posmoderno (¿Qué tal la
ironía de Erasmo, la moral provisional de Descartes, las
narrativas de Bacon, el pluralismo de Montaigne, el escepticismo
de Hume?)sino que además nos incorporan a Europa, al recién
nacido Occidente, y al hacerlo, nos inventan y nos construyen de
acuerdo a determinados patrones culturales. Pero, ¿sino es
desde el pensamiento teórico, desde la filosofía de la
historia, desde dónde voy a plantear mis preguntas? Quiero
conversar con ustedes sobre estos tópicos, puesto que ya no le
caminamos a las metafísicas de la historia, como ya lo dije, y
los positivistas ya hicieron su trabajo. Termino con una frase
de Josep Fontana: " Al igual que sucede con la memoria
individual, y en un grado mayor, la colectiva que llamamos
historia no es un reflejo de la realidad, sino una construcción
organizada como una genealogía del presente, por quienes se
sienten de acuerdo con él o como una visión crítica de éste
presente y un programa alternativo para el futuro, por quienes
desearían cambiarlo". Gracias
Gustavo Quesada
Universidad Inca de Colombia
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