Grupo Manifiesto Historia a Debate
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PRESENTACIÓN
DEL MANIFIESTO EN BUENOS AIRES Manifiesto
Historia a Debate: exposiciones e impresiones
El
viernes 13 de Septiembre, en una sala del Instituto de
Investigaciones Gino Germani de la Facultad de Ciencias Sociales (UBA),
se llevó a cabo la presentación del Manifiesto
Historia a Debate. El panel de oradores estuvo compuesto por
Dora Barrancos, Liliana Barela, Nicolás Iñigo Carreras, Hilda
Agostino y Waldo Ansaldi. Verónica Giordano fungió de
moderadora.
Hilda
Agostino
preside el Centro de Estudios Históricos del Partido de La
Matanza que funciona en la Universidad Nacional del mismo nombre.
En su exposición, "Génesis y acción de la comunidad
historiográfica Historia a Debate",
presentó los puntos principales del Manifiesto que el 11
de septiembre de 2001 fue lanzado a la comunidad virtual desde el
foro HISTORIA A DEBATE. La oradora reseñó las principales
actividades que se han llevado a cabo desde sus inicios y las
listas de países que participan de esta propuesta.
Liliana Barela dirige el Instituto Histórico de la
Ciudad de Buenos Aires. Su intervención, sobre “La historia
reciente y el Manifiesto de Historia a Debate”, hizo hincapié
en el uso de nuevas
fuentes. En particular, dio cuenta de su experiencia en el trabajo
con fuentes orales en investigaciones sobre sectores populares,
específicamente en el Barrio Ramón Carrillo y la Villa 1-11-14.
Nicolás Iñigo Carrera es investigador del Programa
de Investigación sobre el Movimiento de la Sociedad Argentina (PIMSA)
y profesor de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia
de Buenos Aires. En su exposición abordó “La cuestión de los
paradigmas y la construcción del conocimiento científico de la
historia”. Señaló la necesidad de que la propuesta Manifiesto
Historia A Debate construya un paradigma plural y abierto que
establezca el diálogo con otras
corrientes historiográficas. Sostuvo la necesidad de definir con
más precisión a estas otras
corrientes historiográficas, especialmente a la identificada
por la expresión “continuismo de los años 1960-1970”, que
parece no definir con claridad interlocutor alguno. El historiador
Iñigo Carreras fue especialmente crítico de la ausencia de
explicitación, en el Manifiesto, de lo que él denominó
“criterios teórico-metodológicos y valores comunes para la
construcción de conocimiento que se oriente a la búsqueda de la
verdad”. Postuló que el énfasis debería estar puesto en estos
criterios y no en el comportamiento de los historiadores que
integran la comunidad. Señalo que, de otro modo, la verdad histórica
adquiere una forma corporativa de tipo medieval. A su entender, la
aproximación a la verdad
histórica está configurada por valores
compartidos, que el nuevo paradigma debe explicitar,
para formular luego criterios teórico-metodológicos
para la producción de conocimiento científico.
Dora Barrancos dirige el Instituto
Interdisciplinario de Estudios de Género de la Facultad de
Filosofía y Letras de la UBA. Su exposición giró en torno a los
“Cambios producidos en el pasaje de la concepción objetivo-universalizante
a la incorporación de las/los sujetos borrados de la historiografía”.
Cultora de los estudios de género, hizo una crítica a ese
paradigma objetivo-universalisante, en el cual las ciencias nomotéticas
estaban vinculadas con los métodos de las ciencias naturales.
Articuló la irrupción del feminismo historiográfico como sujeto
colectivo que marca una ruptura dentro de este paradigma. Para
Dora Barrancos es esencial acudir a las fuentes
y evitar el empacho de teoría,
que puede devenir en un obstáculo para las indagaciones. Por otra
parte, postula que no hay una teoría sino una multiplicidad de
perspectivas posibles, y acudiendo a Deleuze afirma, “somos
sujet@s de múltiples
racionalidades”. Así para Dora Barrancos no es la verdad
la que guía la producción de conocimiento científico,
sino el placer mismo de
su producción.
Por último, presentó su punto de vista Waldo Ansaldi,
investigador del Centro de Estudios Socio-Históricos de la
Universidad Nacional de La Plata y del Instituto que convocaba a
la reunión. Waldo Ansaldi es Doctor en Historia pero su campo de
investigación y docencia es la sociología histórica. Señaló
dos proposiciones del Manifiesto
que son interesantes desde la perspectiva de la sociología histórica:
la primera, reconocer la idea
de una ciencia con sujeto, y desde esta perspectiva pensar las
relaciones que se tejen entre ambos. La segunda, tener presentes
los componentes tiempo -un tiempo más analítico que cronológico-
y espacio. Convocó a e recuperar las mejores tradiciones históricas
como la de los Annales,
a dar cuenta de las líneas de ruptura y continuidad y a explicar
el presente desde el pasado, desde la larga
duración. Instó a recuperar la idea de multicausalidad y a
abolir las fronteras disciplinarias, en términos de hibridación
de las disciplinas, según la propuesta de Dogan y Parhe.
Desde nuestra mirada, la invitación a leer el Manifiesto
Historia a Debate, es una invitación a aquello que
Wallerstein llamó Abrir
las ciencias sociales. Para Wallerstein, a
fines de los 1960 se planteaba el desafío del
“parroquialismo” en dos versiones, epistemológica una y política
la otra. En su versión epistemológica este desafío encarnaba un
cuestionamiento directo a la base epistemológica universalizante
de los análisis, a una epistemología machista y burguesa. La
versión política se refería más bien a ampliar las bases de
reclutamiento del personal (estudiantes y profesores),
reducido por
entonces tan sólo a las estructuras universitarias. La solución
propuesta combinaba ambos desafíos, si se ampliaba la base del
reclutamiento académico, se ampliaría
también el campo de los objetos de estudio. Se convocaba a
abrir las ciencias
sociales, a descolonizarlas.
Esta propuesta parece estar aún hoy vigente y las
cuestiones epistemológicas y políticas de nuestro tiempo parecen
hacer urgente la apertura al debate para la construcción de
nuevas redes que puedan articular un nuevo paradigma. En efecto,
en la presentación del Manifiesto,
se abrieron las ciencias sociales y tuvo lugar el debate. Se
produjo un interesante intercambio entre Nicolás Iñigo Carreras
y Dora Barrancos en torno al problema epistemológico de cual debe
ser el motor del conocimiento: ¿es éste motorizado por el
placer o por la incesante búsqueda de la verdad?; ¿la búsqueda
de la verdad ha conducido al pensamiento único o el placer ha
relativizado las condiciones de producción del conocimiento?; ¿la
verdad conduce al puro fundamentalismo y el placer, en cambio, al
puro relativismo?
Cabe suponer que el placer
ha convocado a estos historiadores a reunirse en un sitio
virtual y real, a convocar al debate sobre el paradigma y a
invitar a un nuevo consenso plural. La posibilidad de encuentro e
intercambio convoca al placer
por la discusión historiográfica. Placer
que se erige entonces en producción de redes, de conocimiento de
sujetos, ellos y ellas. Sin embargo, la propuesta
llama también a la
reflexión acerca de problemas académicos, profesionales y
laborales, al compromiso del historiador con la sociedad, la política
y la cultura de nuestro tiempo.
Y no puede haber compromiso si no hay
consenso en torno a ciertas verdades. Y este compromiso es claro,
por ejemplo, en el caso concreto de solidaridad con el historiador
Raúl Dargoltz, juzgado por la publicación de un libro de
historia inmediata sobre el levantamiento popular de la provincia
de Santiago de Estero en diciembre de 1993. O en la manifestación
de protesta por el asesinato de Ernest Lluch, historiador de la
economía, socialista, luchador antifranquista y entusiasta
partidario de la solución del problema vasco a través del diálogo
y la negociación, motivos por los cuales fue asesinado.
Este compromiso no es sino un compromiso
con la verdad, que a nuestro entender corre siempre el peligro
de devenir en fundamentalismos o relativismos, sea por exceso o
por descuido. Como así también el placer corre el peligro de
devenir en puro narcisismo, lo cual creemos no es un peligro
menor.
La propuesta del Manifiesto nos
parece sumamente interesante no sólo como propuesta historiográfica
sino como espacio, sitio de
reunión, de información (no entendida como mero dato, sino como
producción) y de hibridación.
Todo esto, coherente con la propuesta del taller de Sociología
Histórica del que participamos.
El Taller nos ha permitido acercarnos
a una nueva forma de interpretación de los procesos socio-históricos
desde la perspectiva de la larga duración, desde una clave analítica
y narrativa. Desde esta clave de análisis y narrativa, que
propone el taller es que intentamos leer la historia con
otros ojos. Mariana Stechina, Inés Petz y Soledad Catoggio Estudiantes de Sociología e integrantes del Taller de Investigaciones de Sociología Histórica de América Latina, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires, curso 2002. +++++++++++ A amigos/as, colegas e instituciones: En nombre del Colectivo Editor de e-l@tina y de la Unidad de Docencia e Investigaciones Sociohistóricas de América Latina (UDISHAL, Facultad de Ciencias Sociales e Instituto de Investigaciones Gino Germani, de la Universidad de Buenos Aires) tengo el agrado de hacerles llegar, en archivo adjunto, el primer ejemplar de nuestra revista electrónica dedicada al estudio de las sociedades latinoamericanas. La revista está editada en Adobe Acrobat, de modo que para leerla deberán tener instalado en su computadora (u ordenador) el programa Adobe Acrobat Reader. En caso de no tenerlo, pueden descargarlo gratuitamente del sitio oficial de la empresa en Internet: www.adobe.com. e-l@tina se editara trimestralmente, a razón de un número por estación. El 2 se distribuirá en febrero de 2003. Inicialmente, lo haremos esta vía, aunque durante el año próximo podrá descargarse directamente de nuestra página web. La publicación es de distribución gratuita. Para comunicarse con el Colectivo Editor, por cualquier sugerencia, colaboración u otro motivo afín a la revista, deberán dirigirse a esta dirección electrónica: elatina@ubbi.com, medio que preferimos. Quienes opten por la tradicional vía del correo postal pueden hacerlo a: Área Sociología
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