Grupo Manifiesto Historia a Debate
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Opiniomes |
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A Silvia Bayon y Bernardo Máiz Vázquez les
agradezco el que al contestar mi nota, me den la oportunidad
para continuar discutiendo sobre temas que tienen que ver con la
construcción de un nuevo paradigma historiográfico, aspiración
de HaD. Me pareció atinada la recomendación de Carlos Barros
sobre no confundir los papeles de historiadores y políticos,
sin que ello signifique, de ninguna manera, que un/una
historiador/a pueda tener (y de hecho las tiene) posturas políticas.
Esto tampoco invalida el hacer historia del presente, que la
hago en mi caso particular, teniendo que afrontar las
discriminaciones y conflictos que significan encarar este tipo
de investigaciones en una provincia como Santiago del Estero,
caracterizada por un régimen político con rasgos
autoritarios y manejos clientelares, con amplias redes de
poder y con incidencia directa sobre todos los sectores del
Estado y gran parte de los sectores sociales. Ustedes conocen el
caso Dárgoltz, generado por escribir sobre el santiagueñazo
(estallido social del 16 de diciembre de 1993), de amplia
discusión y resonancia dentro de HaD.
En consecuencia, no es mi postura la de "esconder la basura contemporánea debajo de la alfombra", sino, por el contrario, que quien participe del discurso científico sobre sucesos del presente someta sus afirmaciones "a validaciones por medio de métodos y criterios que, en principio, no estén sujetos a partidismo, sean cuales sean sus consecuencias ideológicas y sus motivaciones", según lo afirma Howbsawm (Sobre la Historia, 1998). El mismo autor señala los peligros a que puede conducir la erudición partidista si tiene por fin probar la 'verdad predeterminada de esa doctrina. En consecuencia plantea que se debe buscar un equilibrio. Hacia ello apunta lo por mi manifestado hasta ahora. Respecto al sentido común, sigo afirmando que "como científicos sociales tenemos que ostentar y mostrar una serie de cualidades y conocimientos que van más allá del sentido común", a lo cual había agregado -aunque no fue trascripto- que "el sentido común es también, indudablemente, parte de la construcción del conocimiento científico, pero no es el único". Y en esto me apoyo también en distintas concepciones científicas, incluidas la de Hobswbaw y la de Thompson, para reafirmar que quien recurre sólo a su 'sentido común', a su experiencia práctica, a su intuición personal, va perdiendo profesionalidad y apartándose de los sustentos teóricos y epistemológicos que debe distinguir a una comunidad de historiadores de una comunidad de hombres y mujeres comunes con cierta experiencia. Entre las cosas que diferencian a la primera de la segunda podemos mencionar el lenguaje, la reflexividad crítica, los modos de observación y análisis, los fundamentos teóricos, entre otros. Ambas posiciones son permisibles, pero son distintas. Finalmente, el hecho de no compartir ideas creo que es el disparador -indispensable- para el debate. Todo debate es saludable y ayuda en la búsqueda de mejores caminos alternativos. Fraternalmente María Mercedes Tenti Mg. en Estudios Sociales para América Latina Prof. y Lic. en Historia Universidad Católica de Santiago del Estero, República Argentina
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