|
Publicado en el diario La Reforma, México,
27/9/01
http://www.reforma.com/cultura/articulo/129612/
Proponen historia incluyente y global
Un grupo de 23 historiadores lanzan un manifiesto que busca hacer y
estudiar la historia desde un nuevo paradigma
Por MARÍA EUGENIA SEVILLA / Reforma
Ciudad de México (28 septiembre 2001).- Desde el terreno global de
internet, el mismo día en que las Torres Gemelas de Nueva York fueron
destruidas, un grupo de 23 historiadores lanzó a la comunidad mundial
un manifiesto.
El documento "señala un cambio de paradigmas en
la historia mundial/global", el cual invita, con una postura
incluyente, a replantear el quehacer historiográfico y su función, a
partir de la tensión entre una plataforma de remanencias positivistas,
que hacen hincapié en la objetividad de la historia y el subjetivismo
posmoderno.
"Estamos buscando cómo combinar estas dos ideas, aceptar que la
tensión existe y que se puede producir historia desde la tensión",
señala en entrevista el historiador Boris Berenzon, profesor de la
Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.
Firmado por historiadores hispanoamericanos y de Estados Unidos, que
integran el consejo consultivo de Historia a Debate (HaD), institución
académica fundada hace nueve años por el investigador Carlos Barros,
de la española Universidad de Santiago de Compostela, el manifiesto
"rompe un silencio de medio siglo en torno al quehacer historiográfico",
indica el académico.
"Teóricamente, la propuesta era ver hasta dónde se había acabado
la historia. Casi todos coincidíamos en que la historia había agotado
su paradigma y estaba en crisis".
De acuerdo con Berenzon, la historiografía ha tenido tres momentos: en
el Siglo 20 generó con entusiasmo el debate teórico encarnado por el
positivismo, el materialismo histórico y el idealismo. En una segunda
etapa, se abandonaron las posiciones radicales para entrar en un
"revisionismo forzado, que se agota, para caer finalmente en un
eclecticismo".
"Se volvió un champurrado incoloro que, si bien atacaba al
funcionalismo y a la objetividad, también atacaba a la subjetividad y
perdía, por comodidad, la función más importante del historiador, que
es la interpretación. El historiador que no hace interpretación del
pasado se convierte en un mero cronista".
El académico opina que, por encima de las corrientes que durante el
Siglo 20 condujeron el análisis y los lineamientos del trabajo
historiográfico, "la batalla, es triste decirlo, la había ganado
el positivismo, con la idea de objetividad, de fuente, de fuente
primaria, de hecho, de comprobación, de imitar a las ciencias exactas y
hacer a un lado la subjetividad. Si la objetividad, la comprobación del
dato, es hacer historia, entonces es como jugar a la memoria, y los que
hacemos teoría de la historia o historiografía, nos veríamos
acabados", expresa el catedrático.
"Después aparece la posmodernidad, que plantea el fin de la
historia desde raíces muy banales", añade el investigador, para
quien el nihilismo subyacente al pensamiento posmoderno, al disolver los
conceptos de sujeto y objeto, conduce a "una discusión vacía",
si bien reconoce que un aspecto positivo de tal paradigma es que permitió
la revisión de la historia basada en la interpretación.
Por lo anterior, la primera de las 18 propuestas que cualquier
interesado puede revisar en www. h-debate.com, propone: "Ni la
historia objetivista de Ranke, ni la historia subjetivista de la
posmodernidad: una ciencia con sujeto humano que descubre el pasado
conforme lo construye".
Sin embargo, el catedrático anota que "desgraciadamente seguimos
pensando en el progreso. En ese sentido, este manifiesto plantea romper
con esta idea, que la inventa quien tiene el poder. La historia no
progresa, se modifica".
El documento pretende romper también con un discurso de la
"individualización y la victimización", acarreado por
"el capitalismo aberrante al que hemos llegado", expresa el
historiador.
"Queremos asumir una posición, porque nos la hemos pasado sin
aceptar que nosotros somos también responsables y que no existen los
buenos y los malos. Baste como ejemplo lo sucedido en Nueva York",
asegura el investigador, para quien resulta indispensable reforzar la
función ética de la historia.
La propuesta plantea la difusión de la historia a través de los medios
masivos de comunicación, y la discusión por internet, como la que el
grupo mismo lleva a cabo, para poder escuchar todas las voces de manera
interdisciplinaria y no limitarse a la discusión de los grandes foros
ni al solo círculo gremial, sino intercambiar métodos, técnicas y
enfoques con otras ciencias sociales y naturales.
"Se trata de ligar los grandes panoramas de la historia sin perder
de vista los pequeños espacios".
Sin embargo, el principal obstáculo a esta tarea "es que hay un
anquilosamiento de la academia. Hace falta un relevo generacional. Hay
un gran egoísmo de los viejos historiadores de no querer cambiar sus
paradigmas".
"Pero las grandes escuelas surgen así, a partir de pequeñas minorías
que combaten. Esto es combatir por la historia". |