Sobre Historia a Debate
Antonio García de
León
Desde la década de los treinta del siglo pasado, Benetto
Croce decía que “los requerimientos prácticos que laten bajo cada juicio
histórico dan a toda la historia carácter de historia contemporánea. Por
lejanos en el tiempo que puedan parecer los hechos por ella referidos la
historia, en realidad, está en relación con las necesidades actuales y la
situación presente en que vibran aquellos hechos”.
A partir de esta contemporaneidad de
todas las preocupaciones del pasado que ha producido la química del texto
histórico, de la circunstancia presente, cada vez más aceptada, que posee
cualquier reflexión sobre el pasado, surge en julio de 1993 una comunidad
trasnacional de historiadores que realiza en ese año el Primer Congreso
Internacional de Historia a Debate, en donde se pretende discutir
precisamente esa actualidad de las preocupaciones metodológicas y
existenciales de los historiadores. Animado por Carlos Barros, este club
cada vez más internetizado realizó en julio de 1999 su segundo Congreso
Internacional, de hecho siguiendo la frecuencia de cada seis años del
llamado Jacobeo religioso alrededor de las peregrinaciones a Santiago de
Compostela y a la tumba de su apóstol. Al igual que su referente
religioso, historiadores de más de 40 países realizan cada seis años su
peregrinación particular a Santiago, animados no solamente por visitar la
tumba del apóstol matamoros, el primer integrista anti-islámico de la
historia o por contemplar el acrobático vuelo del botafumeiro al interior
de su catedral, sino por acudir también a esta cita con el debate
historiográfico que, para quienes realmente toman en serio la historia,
adquiere un carácter cuando menos reverencial. Así que ya desde ahora,
preparamos maletas para nuestro próximo “mundial” a realizarse en
2004... Hay que decir además que la participación de los historiadores
latinoamericanos en estas nutridas peregrinaciones a Santiago de
Compostela, a lo que se perfila ya como la Meca de la discusión histórica,
se debe en mucho a la labor hecha por el mismo Carlos Barros en las
universidades de este lado del charco. Gran parte de este esfuerzo se lo
debemos pues a la terca decisión del profesor gallego de meternos en
camisas de once varas, metodológicas y existenciales y hacernos participar
en una gama intensa de discusiones de todos los temas que atañen a la
historia, desde la enseñanza de la historia –que tiene en el evento gran
relevancia– hasta cómo rescatar la memoria frágil de los documentos
electrónicos. Así, en el primer Congreso de HaD, la contribución de las
ponencias de América Latina mereció también, además de las Actas, una
publicación especial (América Latina) en la que participamos varios
profesores de esta Facultad, así como historiadores de varios países
iberoamericanos.
Además de los Congresos y después de varios años de
actividad, HaD y su grupo animador, han logrado crear una inmensa
comunidad que discute toda clase de temas en la red, por medio del correo
electrónico, a través del chat o visitando la página web de un proyecto
que empezó de manera modesta, pero que la ansiedad de nuestros tiempos ha
hecho ya un referente para los historiadores navegantes, los que
aprovechan el anonimato de la red, para quienes tienen tiempo de hacerlo y
para quienes se preocupan por iluminar de cuando en vez la marcha
inexorable de su propio quehacer historiográfico. Gracias a ello, nuestros
sitios de correo se ven a menudo enriquecidos por interesantes discusiones
entre argentinos, rusos, franceses, africanos, españoles o japoneses,
conocidos internautas y redomados discutidores, llegando realmente a
congestionar las atrasadas configuraciones de nuestro arcaico servidor de
la UNAM. Ampliando su margen de propuestas y coincidiendo con el
episodio fundador del nuevo siglo que fue la demolición de las torres
gemelas el año pasado, HaD circuló un Manifiesto que formula 18 propuestas
metodológicas para hacer retornar a la historia por el buen camino de la
tradición historiográfica densa y advertirnos de paso sobre los peligros
del retorno a la vieja historia, las trampas del “subjetivismo resucitado
por la corriente posmoderna a finales del siglo XX”, las amenazas del
“giro positivista y conservador que amenaza con devolver nuestra
disciplina al siglo XIX”, etcétera. Un documento que servirá de reflexión
de las propuestas y enunciados, cada quien a su manera. Es así como, una
vez advertidos de los peligros que acechan nuestro quehacer, HaD propone
varias vacunas metodológicas que seguramente tranquilizarán a quienes nos
tomamos en serio la historia y tratamos de mantener actualizados nuestros
programas antivirus. Como no conozco las Actas, o tal vez vienen en
camino, quisiera referirme al Manifiesto, que cualquiera puede bajar de la
red un documento que además está sujeto a críticas, adendas, nuevas
propuestas y modificaciones. Producto pues de estas discusiones, el texto
es realmente colectivo y resume muchas de las preocupaciones de este
principio de siglo. Primeramente, el Manifiesto propone 18 temas que
resultan muy interesantes, pues resumen en gran medida los temores y
desasosiegos que asaltan a la comunidad de los historiadores en un momento
de incertidumbre generalizada en donde los viejos paradigmas, por feos que
resulten, pueden jugar el papel de troncos flotantes en una inundación
cuyas dimensiones desconocemos. Estos referentes para “explicitar y
actualizar nuestra posición en diálogo crítico”, como dice el documento,
son los siguientes: 1) Una ciencia con sujeto que no sea ni la historia
objetivista de Ranke ni la historia subjetivista de la posmodernidad, sino
“una ciencia con sujeto humano que descubre el pasado conforme lo
construye”; 2) una nueva erudición basada en nuevas fuentes, no sólo
escritas, sino retomando los avances de las nuevas formas de hacer
historia; 3) recuperar la innovación (“llenando los odres viejos con vino
nuevo”, como dice el Manifiesto) con el fin de reivindicar de alguna
manera el encantamiento de la historia; 4) fortalecer la interdisciplina,
pero de a de veras y no sólo como fórmula repetida; 5) nos advierte contra
la fragmentación, es decir, contra los nocivos efectos causados por el
fracaso de la “historia total”, efectos cuya inoperancia habría realmente
que discutir; 6) propone una tarea historiográfica consistente en salir al
paso con los acontecimientos históricos que vivimos con gran rapidez,
haciendo historia contemporánea o combinando ésta con las historiografías
más tradicionales; 7) declara que es necesaria una historiografía global
en donde la democracia de la red derrote el regionalismo, los
nacionalismos y los elitismos jerárquicos y lentos; 8) propone una
autonomía del historiador en el sentido de la crítica; 9) aconseja
reconocer tendencias, afirmar identidades metodológicas y terminar con el
caldo indiferenciado en el que hoy parecen nadar las historiografías; 10)
manifiesta que hay que reconocer la herencia recibida, es decir, no tirar
al basurero de la historia las revoluciones historiográficas del siglo
pasado (Annales, marxismo, neopositivismo, etcétera); 11) propone entrar
de plano a la historiografía digital y a las nuevas tecnologías; 12)
plantea la necesidad de reconocer los retos del relevo generacional y el
hecho de que nuestros alumnos, a veces, son más conservadores que nosotros
y, ante tal reconocimiento, qué podemos hacer; 13) expone que es esencial
practicar, una historia pensada, o sea, reflexionada; una combinación de
práctica y teoría que retome precisamente la justa dimensión del relato;
14) argumenta que la aceleración histórica de la última década ha
reemplazado el debate sobre el fin de la historia por el debate sobre los
fines de la historia, en un punto en donde a los historiadores se nos da
mucho más poder de presencia y convencimiento del que realmente
disfrutamos; 15) aquí, se propone reivindicar la historia, o sea, “la
función ética de la historia, de las humanidades y de las ciencias
sociales, en la educación de los ciudadanos y en la formación de las
conciencias comunitarias”; 16) aprovechando los “tiempos de paradójicos
retornos”, trata de llamar nuestra atención sobre otro retorno posible
“constatando y alentando la vuelta al compromiso”, es decir, volver a la
tradición comprometida de los intelectuales del siglo pasado “Contrapeso
vital” –se nos advierte– “para conjurar una virtual escisión de la
escritura académica de la historia respecto de las mayorías sociales que
financian con sus impuestos nuestra actividad docente e investigadora”; 17
y 18) propone una reflexión sobre el presente y el futuro, así como la
construcción de un nuevo paradigma, que el texto ubica de plano en las
luchas actuales contra los efectos y estragos de la globalización. No
sé si seguimos con todo esto llenando los odres viejos con vino viejo
pero, independientemente de estos ires y venires, la labor de HaD me
resulta particularmente interesante, pues el inmenso corpus producido por
sus dos congresos, sus gruesas Actas y por todo lo que acompaña a esta
reflexión en la red, seguramente dará muchos mejores frutos en la propia
producción de los historiadores que participan en el debate. La
volatilidad de muchas discusiones, la desigualdad inherente a un debate
novedoso por el uso de la red, contienen un elemento valioso, el de la
interactividad, que tendría que ser reproducido en el ámbito local y usado
para sacar a la historiografía de la estrechez de las aulas. Creo que HaD
tiene mucho que enseñarnos para romper aquí los prejuicios, las cárceles
de aire y la reflexión solitaria a la que nos obliga un sistema de
competencia que nos metió a todos en el juego de trabajar con criterios
productivistas que limitan la productividad. Con todas estas dificultades
es difícil hacer escuela, formar grupos de trabajo y pensar
colectivamente, pero tal vez la misma precariedad a que nos hemos visto
arrinconados nos ayude a romper esas barreras. HaD es en eso, un ejemplo y
un buen comienzo...
El autor es académico de la
División de Estudios de Posgrado de la Facultad de Economía, UNAM, México.
El presente texto es el discurso con motivo de la presentación de las
Actas y Manifiesto de Historia a Debate, celebrado el día 5 de julio de
2002, México.
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