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"LOS DESAFÍOS DE
LA HISTORIA EN EL SIGLO XXI: MANIFIESTO DE HISTORIA A DEBATE" El Seminario de Historia Social y de las Mentalidades
de la Universidad de Santiago pone a disposición de la comunidad
historiográfica nacional, el manifiesto del colectivo Historia Debate
-gentilmente proporcionado por el profesor Teodoro
Hampe Martínez-, como una forma de contribur a la discusión de los
acuciantes problemas teóricos, metodológicos y ciudadanos, que atraviesana
a nuestra disciplina. Es un placer para la Carrera de Pedagogía en
Historia y Geografía de la Universidad de Los Lagos asociarse a este
movimiento y compartir el manifiesto con sus profesores y estudiantes.
Presentación Historia
a Debate es una RED estable que, en tiempos de fragmentación, comunica y
reúne a historiadores de todo el mundo, mediante actividades presenciales
y en la red de redes, dentro y fuera de las instituciones académicas, que
busca dinamizar intercambios y contactos multilaterales entre sus miembros
más allá de las fronteras de la especialidad y de la nacionalidad, de las
diversas filias y fobias, de cualesquiera ideología cerrada. Historia a
Debate es un FORO permanente de debate, en tiempos de transición
paradigmática, sobre la metodología, la historiografía y la teoría de la
historia; sobre la práctica renovada de la investigación y de la
divulgación histórica; sobre la docencia de la historia, en la universidad
y en las enseñanzas medias, y su relación con la investigación y la
reflexión historiográfica; sobre los problemas académicos, profesionales y
laborales de los historiadores, sobre todo jóvenes; sobre el interfaz y el
compromiso del historiador con la sociedad, la política y la cultura de
nuestro tiempo. No confundimos la praxis intelectual de la tolerancia con
cualquiera neutralidad indiferente ante los problemas históricos e
historiográficos del pasado, del presente y del futuro. Creemos en un
pensamiento historiográfico comprometido pero abierto, crítico mas
autocrítico, coherente pero jamás único. Procuramos, en consecuencia, a
través de un intercambio académico y digital, de la investigación, la
reflexión y el contraste de pareceres, aquellos consensos posibles y
necesarios, los nuevo (s) paradigma (s), para, desde la diversidad,
afrontar con éxito los cambios históricos e historiográficos que nos trae
el nuevo siglo. Historia a Debate es un TALLER de experimentación y puesta
al día, en tiempos de grandes retornos, en todo lo relativo al uso crítico
y reflexivo de las fuentes, a los temas, teorías y enfoques de la
investigación empírica, a lo que -sin duda, restrictivamente- llamamos
oficio de historiador. Nos interesan nuevas propuestas de líneas de
investigación, incluyendo las que están surgiendo, o que pueden surgir, de
la reformulación creativa de los enfoques sabidos, porque pensamos que ni
lo nuevo es necesariamente bueno y lo viejo necesariamente malo. Historia
a Debate es, en suma, un PROYECTO historiográfico, en tiempos de
individualismos, abierto y global, de jóvenes -y menos jóvenes-
historiadores, para cambiar el mundo de la historia (nos contentamos con
seguir influyendo positivamente sobre los cambios en marcha) con
propuestas de avance y progreso histórico e historiográfico para su debate
y virtual consenso en la plural comunidad internacional de historiadores.
Historia a Debate ha dado el 11 de setiembre de 2001 un importante paso
como PROYECTO colectivo con la elaboración y difusión de un MANIFIESTO que
nos define como tendencia historiográfica, sin menoscabo de la pluralidad
de la red, en debate y relación con la continuidad simple de la
historiografía de los años 60 y 70, el positivimo que renace y el
posmodernismo que decae.
MANIFIESTO DE
HISTORIA A DEBATE Después de ocho años de contactos, de
reflexiones y de debates, a través de congresos, de encuestas y,
últimamente, de Internet, hemos sentido la urgencia de explicitar y
actualizar nuestra posición en diálogo crítico con otras corrientes
historiográficas, desarrolladas, asimismo, en la última década del siglo
XX: (1) el continuismo de los años 60-70, (2) el posmodernismo, y (3) el
retorno a la vieja historia, la última "novedad" historiográfica. Estamos
viviendo una transición histórica e historiográfica, de resultados todavía
inciertos. Historia a Debate, como tendencia historiográfica, quiere
contribuir a la configuración de un paradigma común y plural de los
historiadores del siglo XXI que, asegure para la historia y su escritura,
una nueva primavera. Con tal fin, hemos elaborado 18 propuestas
metodológicas, historiográficas y epistemológicas que presentamos a los
historiadores y a las historiadoras del mundo para su debate y, en su
caso, adhesión crítica y posterior desarrollo.
METODOLOGÍA
I Ciencia con
sujeto Ni la historia objetivista de Ranke ni la historia
subjetivista de la posmodernidad: una ciencia con sujeto humano que
descubre el pasado conforme lo construye. Tomar en consideración las dos
subjetividades que influyen en nuestro proceso de conocimiento, agentes
históricos e historiadores, es la mejor garantía de la objetividad de sus
resultados, necesariamente relativos y plurales, y, por lo tanto,
rigurosos. Ha llegado la hora de que la historia ponga al día su concepto
de ciencia, abandonando el objetivismo ingenuo heredado del positivismo
del siglo XIX, pero sin caer en el radical subjetivismo resucitado por la
corriente posmoderna a finales del siglo XX. La creciente confluencia
entre las "dos culturas", científica y humanística, facilitará, en el
siglo que comienza, la doble redefinición de la historia que necesitamos:
como ciencia social y como parte de las humanidades.
II Nueva
erudición Somos partidarios de una nueva erudición, que amplíe el
concepto de fuente histórica a la documentación no estatal, a los restos
no escritos de tipo material, oral o iconográfico, a las no fuentes:
silencios, errores y lagunas que el historiador y la historiadora ha de
valorar procurando también la objetividad en la pluralidad de las fuentes.
Una nueva erudición que se apoye con decisión en el conocimiento no basado
en fuentes que aporta el investigador. La historia se hace con ideas,
hipótesis, explicaciones e interpretaciones que nos ayudan, además, a
construir/descubrir las fuentes. Una nueva erudición, que vaya más allá de
la historiografía renovadora de los años 60 y 70, incorporando la nueva
relación con las fuentes aportadas por la historia de las mujeres, la
historia oral, la historia ecológica, la historia mundial/global y otras
novedades productivas surgidas o desarrolladas en los años 80 y 90, así
como la "nueva historiografía" que está naciendo en Internet, de la cual
formamos parte. Una nueva erudición que, reconociendo que el necesario
trabajo empírico no decide la verdad histórica más que a través de las
comunidades de historiadores, desenvuelva el debate y el consenso en
ámbitos colectivos. Una nueva erudición, en suma, que nos permita vencer
el "giro positivista" y conservador a que nos ha conducido, recientemente,
la crisis de las grandes escuelas historiográficas del pasado siglo, y que
amenaza con devolver a nuestra disciplina al siglo XIX.
III Recuperar la
innovación Urge un nuevo paradigma que recobre el prestigio
académico y social de la innovación en los métodos y de los temas, en las
preguntas y en las respuestas; en resumen, en la originalidad de las
investigaciones históricas. Una nueva historiografía que mire hacia
adelante y que devuelva al oficio de historiador el entusiasmo por la
renovación y por los compromisos historiográficos. Brotarán nuevas líneas
de investigación si pensamos con nuestra propia cabeza: considerando que
nada histórico nos es ajeno; avanzando mediante el mestizaje y la
convergencia de los métodos y de los géneros; llenando los odres viejos
con vino nuevo, desde la biografía hasta microhistoria; prestando atención
a las necesidades científicas y culturales, sociales y políticas, de una
sociedad sujeta a una profunda transformación. La historiografía del siglo
XXI precisa de la ilusión y de la realidad de enfoques auténticamente
innovadores si no quiere quedar convertida, como la mujer de Lot, en una
estatua de sal.
IV Interdisciplina
La nueva historiografía que proponemos ha de acrecentar la
interdisciplinariedad de la historia, pero de manera equilibrada: hacia
adentro de la amplia y diversa comunidad de historiadores, reforzando la
unidad disciplinar y científica de la historia profesional, y hacia
afuera, extendiendo el campo de las alianzas más acá y más allá de las
ciencias sociales clásicas. Es menester tender puentes que comuniquen el
vasto archipiélago en que se ha convertido nuestra disciplina en las
últimas décadas. Al mismo tiempo, la historia ha de intercambiar métodos,
técnicas y enfoques, además de con las ciencias sociales, con la
literatura y con la filosofía (de la historia y de la ciencia, sobre
todo), por el lado de las humanidades, y con las ciencias de la
naturaleza, por el lado de las ciencias. Asimismo, es necesario no olvidar
las disciplinas emergentes que tratan acerca de las nuevas tecnologías y
de su impacto transformador en la sociedad, en la cultura, en la política
y en la comunicación. Aprendiendo de experiencias pasadas, tres son los
caminos que hay que eludir, en nuestra opinión, para que la
interdisciplinariedad enriquezca la historia: 1) perseguir una imposible
"ciencia social unificada" alrededor de cualquiera otra disciplina, sin
menoscabo del máximo desarrollo interdisciplinar, tanto individual como
colectivo; 2) hacer del diálogo historia-ciencias sociales, la receta
mágica de la "crisis de la historia", que nosotros entendemos como cambio
de paradigmas, y 3) diluir la historia en tal o cual disciplina exitosa,
como nos proponen hoy en día los narrativistas extremos en relación con la
literatura.
V Contra la
fragmentación El fracaso de la "historia total" de los años 60 y
70 abrió la vía a una fulgurante fragmentación de temas, métodos y
escuelas, acompañada de crecimiento y caos epistemológico, que pareció
detenerse en los años 90, y resulta cada vez más anacrónica en el mundo
que viene, basado en la interrelación y en la comunicación global. Nuestra
alternativa es avanzar, en la práctica historiográfica, en nuevas formas
de globalidad que hagan converger la investigación histórica atravesando
espacios, géneros y niveles de análisis. Para hacer posible una historia a
secas, integral, hay que experimentar, pues, iniciativas de investigación
que adopten lo global como punto de partida, y no como "horizonte
utópico": líneas mixtas de estudio en cuanto a fuentes y temas, métodos y
especialidades; incorporación a la historia general de los paradigmas
especializados más innovadores; combinar enfoques cualitativos y
cuantitativos; articular temporalidades (que engloben presente y futuro) y
escalas diversas; escrutar la globalidad a través de conceptos y métodos,
aun potencialmente abarcantes, como mentalidad y civilización, sociedad,
red y cambio social, narración y comparación, y crear otros nuevos;
indagar la historia mundial como un nuevo frente de la historia global;
servirse de las nuevas tecnologías para trabajar a la vez con escritos,
voces e imágenes, juntando investigación y divulgación; impulsar la
reflexión y el debate, la metodología y la historiografía, como terreno
común a todas las especialidades históricas y punto de contacto con otras
disciplinas.
HISTORIOGRAFÍA
VI Tarea
historiográfica Sabiendo como sabemos que el sujeto influye en los resultados
de la investigación, se plantea la necesidad de indagar al propio
historiador en aras de la objetividad histórica. ¿Cómo? Procurando
integrar los individuos en grupos, escuelas y tendencias historiográficas,
implícitas y explícitas, que condicionan, se quiera o no, la evolución
interna de la historia escrita. Estudiando a los historiadores y a las
historiadoras por lo que hacen, no sólo por lo que dicen; por su
producción, no sólo por su discurso. Aplicando, con matices, tres
conceptos clave de la historia de la ciencia pospositivista: el
'paradigma', como conjunto de valores compartidos; la "revolución
científica", como ruptura y continuidad disciplinar, y la 'comunidad de
especialistas'. por su poder decisorio, a su vez condicionada por el
entorno social, mental y político. Practicando, en conclusión, una
historiografía inmediata que procure ir por delante de los acontecimientos
históricos que inciden en los cambios historiográficos que estamos
viviendo.
VII Historiografía
global El agotamiento de los focos nacionales de renovación del
siglo XX ha dado paso a una descentralización historiográfica inédita,
impulsada por la globalización de la información y del saber académico y
superadora del viejo eurocentrismo. La iniciativa historiográfica está,
hoy, más al alcance de todos. El auge, por ejemplo, de una historiografía
latina crítica y de una historiografía poscolonial, lo demuestran. Las
comunidades transnacionales de historiadores, organizadas en Internet,
juegan ya un papel importante en la formación de nuevos consensos en
detrimento del anterior sistema de dependencia de unas historiografías
nacionales respecto de otras, y de intercambios académicos elitistas,
jerárquicos y lentos. No entendemos la globalización historiográfica como
un proceso uniformador. Pensamos y ejercemos la historia, y la historia de
la historia, como docentes e investigadores, en diferentes ámbitos
superpuestos e interrelacionados a niveles local, regional, nacional,
continental e internacional/global.
VIII Autonomía del
historiador Conforme
los proyectos colectivos del siglo XX fueron entrando en decadencia, sin
ser todavía reemplazados por un nuevo paradigma común, ha crecido de
manera exagerada la influencia del mercado editorial, de los grandes
medios de comunicación y de las instituciones políticas, en la escritura
de la historia, en la elección de temas y métodos, en la formulación de
hipótesis y conclusiones, con un sentido cada vez más evidente de
promoción de la vieja historia de los "grandes hombres". Recuperar la
autonomía crítica de los historiadores y de las historiadoras respecto de
los poderes establecidos para decidir el cómo, el qué y el por qué de la
investigación histórica, nos exige las siguientes capacidades: reconstruir
tendencias, asociaciones y comunidades que giren sobre proyectos
historiográficos, más allá de las convencionales áreas académicas;
utilizar Internet como medio democrático y alternativo de comunicación,
publicación y difusión de propuestas e investigaciones; observar la
evolución de la historia inmediata, sin caer en el presentismo, para
captar las necesidades historiográficas, presentes y futuras, de la
sociedad civil local y global.
IX Reconocer
tendencias La vía más nociva para imponer la propia tendencia
historiográfica, normalmente conservadora, es negar que existan o que
deban existir tendencias historiográficas. El imaginario individualista,
los compartimentos académicos y las fronteras nacionales, ocultan lo que
tenemos de común, muchas veces sin saberlo o sin decirlo: por formación,
lecturas, filiaciones y actitudes. Somos partidarios y partidarias, en
consecuencia, de sacar a la luz las tendencias actuantes, más o menos
latentes, más o menos organizadas, para clarificar posiciones, delimitar
debates y facilitar consensos. Una disciplina académica sin tendencias,
discusión y autorreflexión, está sujeta a presiones extraacadémicas, con
frecuencia negativas para su desarrollo. El compromiso historiográfico
consciente nos hace, por lo tanto, libres frente a terceros, pues rompe el
aislamiento personal, corporativo y local, favorece el reconocimiento
público y la utilidad científica y social de nuestro trabajo profesional.
X Herencia
recibida Nos oponemos a hacer tabla rasa de la historia y de la
historiografía del siglo XX. El reciente retorno de la historia del siglo
XIX hace útil y conveniente rememorar la crítica de que fue objeto por
parte de Annales, del marxismo y del neopositivismo; aunque justo es
reconocer, también, que dicho "gran retorno" pone en evidencia el fracaso
parcial de la revolución historiográfica del siglo XX que dichas
tendencias protagonizaron. El imprescindible balance, crítico y
autocrítico, de las vanguardias historiográficas, no anula, por
consiguiente, su actualidad como tradiciones necesarias para la
construcción del nuevo paradigma. Porque simbolizan el "espíritu de
escuela" y la militancia historiográfica, así como el ejemplo de una
historia profesional abierta a lo nuevo y al compromiso social, rasgos
primordiales que habremos de recuperar ahora en otro contexto académico,
social y político, con unos medios de comunicación muy superiores a los
existentes en los años 60 y 70 del ya pasado siglo.
XI Historiografía
digital Las nuevas tecnologías están revolucionando el acceso a la
bibliografía y a las fuentes de la historia; desbordando las limitaciones
del papel para la investigación y la publicación; posibilitando nuevas
comunidades globales de historiadores. Internet es una poderosa
herramienta contra la fragmentación del saber histórico si se utiliza de
acuerdo con su identidad y posibilidades, esto es, como una forma
interactiva de transmitir información instantánea de manera horizontal a
una gran parte del mundo. Según nuestro criterio, la historiografía
digital ha de seguir siendo complementada con libros y demás formas
convencionales de investigación, difusión e intercambio académicos, y
viceversa. Este nuevo paradigma de la comunicación social no va a
reemplazar, en consecuencia, las actividades presenciales y sus
instituciones seculares, pero formará parte de una manera creciente de la
vida académica y social real. La generalización de Internet en el mundo
universitario, y en el conjunto de la sociedad, así como la educación
informática de los más jóvenes irán imponiendo esta nueva historiografía
como factor relevante de la inacabada transición paradigmática entre el
siglo XX y el siglo XXI.
XII Relevo
generacional En la segunda década de este siglo tendrá lugar un
considerable relevo generacional en el cuadro de profesores e
investigadores, a causa de la jubilación de los nacidos después de la II
Guerra Mundial. ¿Supondrá esta transición demográfica la consolidación de
un cambio avanzado de paradigmas? No lo podemos asegurar. La generación
del 68 fue más bien una excepción. Entre los estudiantes universitarios
actuales contemplamos parecida heterogeneidad historiográfica e ideológica
que en el resto de la academia y de la sociedad. Podemos encontrarnos con
historiadores e historiadoras mayores que siguen siendo renovadores, y
jóvenes con conceptos decimonónicos del oficio de historiador y de su
relación con la sociedad. Nuestra responsabilidad como formadores de
estudiantes que serán mañana profesores e investigadores es, a este
respecto, capital. Nunca fue tan crucial continuar explicando la historia
con enfoques avanzados -también por su autocrítica-, desde la enseñanza
primaria y secundaria hasta los cursos de posgrado. La historia futura
estará condicionada por la educación que reciben aquí y ahora los
historiadores futuros, nuestros alumnos.
TEORÍA
XIII Historia
pensada Es esencial
para el historiador pensar el tema, las fuentes y los métodos, las
preguntas y las respuestas, el interés social y las implicaciones
teóricas, las conclusiones y las consecuencias, de una investigación.
Somos contrarios a una "división del trabajo", según la cual la historia
provee de datos, y otras disciplinas reflexionan sobre ellos (o escriben
relatos de amplia difusión). Las comunidades de historiadores
profesionales tienen que asumir su responsabilidad intelectual tratando de
completar el ciclo de los estudios históricos, desde el trabajo de archivo
hasta la valoración y reivindicación de su impacto en las ciencias
sociales y humanas, en la sociedad y en la política. El aprendizaje de los
estudiantes universitarios de historia en cuestiones de metodología,
historiografía, filosofía de la historia y otras disciplinas con base
teórica, es el camino para elevar la creatividad futura de las
investigaciones históricas, subrayar el lugar de la historia en el sistema
científico y cultural, y fomentar nuevas y buenas vocaciones
historiográficas. Nuestra meta es que el historiador que reflexione
intelectualmente, haga trabajo empírico, y que el historiador que
investigue con datos concretos, piense, con alguna profundidad, sobre lo
que hace, obviando así la fatal disyuntiva de una práctica (positivista)
sin teoría o de una teoría (especulativa) sin práctica. Una mayor unidad
de la teoría y de la práctica hará factible, por lo demás, una mayor
coherencia de los historiadores y de las historiadoras, individual y
colectivamente, entre lo se dice, historiográficamente, y lo que se hace,
empíricamente.
XIV Fines de la
historia La aceleración histórica de la última década ha
reemplazado el debate sobre el "fin de la historia" por el debate sobre
los "fines de la historia". Asumiendo que la historia no tiene metas
preestablecidas y la perspectiva de que, en 1989, se dio comienzo a un
profundo viraje histórico, cabe preguntarse, también desde la historia
académica, adónde nos lleva éste, quién lo conduce, en favor de qué
intereses y cuáles son las alternativas. El futuro está abierto. Es
responsabilidad de los historiadores y de las historiadoras ayudar a que
los sujetos de la historia construyan mundos futuros que garanticen una
vida libre y pacífica, plena y creativa, a los hombres y mujeres de todas
las razas y naciones. Las comunidades de historiadores han de contribuir,
pues, a construir una "nueva Ilustración" que, aprendiendo de los errores
de la historia y de la filosofía, piense teóricamente sobre el sentido del
progreso que hoy demanda la sociedad, asegurando a las grandes mayorías
del Norte y del Sur, del Este y Oeste, el disfrute humano y ecológico de
los avances revolucionarios de la medicina, la biología, la tecnología y
las comunicaciones.
SOCIEDAD
XV Reivindicar la
historia El primer
compromiso político de los historiadores debería ser reivindicar, ante la
sociedad y el poder, la función ética de la historia, de las humanidades y
de las ciencias sociales, en la educación de los ciudadanos y en la
formación de las conciencias comunitarias. La historia profesional ha de
combatir aquellas concepciones provincianas y neoliberales que todavía
pretenden confrontar técnica con cultura, economía con sociedad, presente
con pasado, pasado con futuro. Los efectos más notorios de las políticas
públicas de desvaloración social de la historia son la falta de salidas
profesionales, el descenso de las vocaciones y los obstáculos a la
continuidad generacional. Las comunidades de historiadores debemos aceptar
como propios los problemas laborales de los jóvenes que estudian y quieren
ser historiadores, cooperando en la búsqueda de unas soluciones que pasan
por la revalorización del oficio de historiador y de sus condiciones de
trabajo y de vida, en el marco de la defensa y desarrollo de la función
pública de la educación, la universidad y la investigación.
XVI Compromiso
En tiempos de paradójicos "retornos", queremos constatar y alentar
la "vuelta al compromiso" de numerosos académicos, también historiadores,
en diversos lugares del mundo, con las causas sociales y políticas
vinculadas a la defensa de valores universales de educación y de salud, de
justicia y de igualdad, de paz y de democracia. Actitudes solidarias
indispensables para contrarrestar otros compromisos académicos con los
grandes poderes económicos y políticos, mediáticos y editoriales.
Contrapeso vital, por lo tanto, para conjurar una virtual escisión de la
escritura académica de la historia respecto de las mayorías sociales que
financian con sus impuestos nuestra actividad docente e investigadora. El
nuevo compromiso que preconizamos es diverso, crítico y con anhelos de
futuro. El historiador y la historiadora han de combatir, desde la verdad
que conocemos, aquellos mitos que manipulan la historia y fomentan el
racismo, la intolerancia y la explotación de clase, género, etnia. Para
ello se requiere resistir, desde el conocimiento del pasado, los futuros
indeseables; cooperar y rivalizar con otros científicos sociales y
humanistas, en la construcción de mundos históricamente mejores, como
profesionales de la historia, pero también como ciudadanos. La relación
del historiador con la realidad que nos rodea pasa por su análisis en un
contexto temporal continuo. Si se acepta que la objetividad de la ciencia
de la historia es inseparable de la subjetividad (plural) del historiador,
debemos concluir que no existen grandes diferencias cualitativas entre una
historia inmediata y una historia mediata, entre una historia más
contemporánea y una historia más antigua. Todo es historia; en tanto
cuando más nos distanciamos de lo actual, mayor es la carga que recae
sobre nosotros, historiadores, por ausencia de las disciplinas más
presentistas.
XVII Presente y
futuro Nuestro objeto de estudio (hombres, mujeres y medio natural
humanizado) está evidentemente en el pasado; pero nosotros estamos en el
presente, y estos presentes están preñados de futuros. El historiador no
puede escribir con rigor la historia al margen del tiempo vivido y de su
fluir permanente. Contemplamos varios niveles en la relación del
historiador con la inmediatez histórica: compromiso social y político,
tema de investigación, historiografía de intervención o criterio
metodológico general para la investigación. Hace medio siglo que los
fundadores de la escuela de Annales lo formularon: "comprender el pasado
por el presente, comprender el presente por el pasado". Hoy es preciso,
además, poner el mismo énfasis en la interrelación pasado/futuro. La caída
de las filosofías finalistas de la historia, tanto socialistas como
capitalistas, ha puesto de relieve un futuro más abierto que nunca. El
historiador ha de asumir un papel en su definición con sus experiencias y
argumentos históricos, con hipótesis y apuestas desde la historia.
Edificar el futuro sin contar con la historia nos condenaría a repetir sus
errores, a resignarnos con el mal menor o a edificar castillos en el aire.
XVIII Nuevo
paradigma La historiografía depende de los historiadores y de la
historia inmediata. El cambio de paradigmas historiográficos que venimos
proponiendo, desde 1993, cabalga sobre los cambios históricos acelerados
iniciados en 1989. Entre diciembre de 1999 (Seattle) y julio de 2001
(Génova), hemos observado los comienzos de un movimiento global sin
precedentes, contra los estragos de la globalización, que busca ya
alternativas de sociedad: el pensamiento único es ahora menos único. Son
muchos los que califican de cambio de civilización la globalización, y sus
críticos, la sociedad de la información, la nueva revolución
científico-tecnológica y el movimiento social global: no es fácil entrever
lo que nos depara el mañana, pero hay razones para la esperanza. Todos
debemos colaborar. Historia a Debate es parte activa en este proceso
transformador: queremos cambiar la historia que se escribe y coadyuvar a
cambiar la historia humana. Según evolucione el debate historiográfico, y
la historia más inmediata, nuestras propuestas recibirán más o menos
consenso académico, las variaremos o no, según interese, si bien hay
planteamientos que, aun siendo por el momento minoritarios, nos parecen
ineludibles para condicionar críticamente el nuevo paradigma en formación:
el conjunto plural de valores y creencias que va a regular nuestra
profesión de historiador en el nuevo siglo. Por todo ello, la historia nos
absolverá. Esperemos.
En la Red, a 11 de
septiembre de 2001
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