MANIFIESTO DE HISTORIA A DEBATE
Después de ocho años de contactos,
reflexiones y debates, a través de congresos, encuestas y
últimamente Internet (www.h-debate.com), hemos sentido la
urgencia de explicitar y actualizar nuestra posición en
diálogo crítico con otras corrientes historiográficas,
asimismo desarrolladas en la última década del siglo XX: (1)
el continuismo de los años 60-70, (2) el posmodernismo, y (3)
el retorno a la vieja historia, la última “novedad”
historiográfica.
Estamos viviendo una transición histórica
e historiográfica de resultados todavía inciertos. Historia a
Debate como tendencia historiográfica quiere contribuir a la
configuración de un paradigma común y plural de los
historiadores del siglo XXI que asegure para la historia y su
escritura una nueva primavera. A tal fin hemos elaborado 18
propuestas metodológicas, historiográficas y epistemológicas,
que presentamos a los historiadores y a las historiadoras del
mundo para su debate y, en su caso, adhesión crítica y
posterior desarrollo.
MANIFIESTO DE HISTORIA A DEBATE
Después de ocho años de contactos,
reflexiones y debates, a través de congresos, encuestas y
últimamente Internet (www.h-debate.com), hemos sentido la
urgencia de explicitar y actualizar nuestra posición en
diálogo crítico con otras corrientes historiográficas,
asimismo desarrolladas en la última década del siglo XX: (1)
el continuismo de los años 60-70, (2) el posmodernismo, y (3)
el retorno a la vieja historia, la última “novedad”
historiográfica.
Estamos viviendo una transición histórica
e historiográfica de resultados todavía inciertos. Historia a
Debate como tendencia historiográfica quiere contribuir a la
configuración de un paradigma común y plural de los
historiadores del siglo XXI que asegure para la historia y su
escritura una nueva primavera. A tal fin hemos elaborado 18
propuestas metodológicas, historiográficas y epistemológicas,
que presentamos a los historiadores y a las historiadoras del
mundo para su debate y, en su caso, adhesión crítica y
posterior desarrollo.
METODOLOGÍA
I Ciencia con
sujeto
Ni la historia objetivista de Ranke, ni
la historia subjetivista de la posmodernidad: una ciencia con
sujeto humano que descubre el pasado conforme lo
construye.
Tomar en consideración las dos subjetividades
que influyen en nuestro proceso de conocimiento, agentes
históricos e historiadores, es la mejor garantía de la
objetividad de sus resultados, necesariamente relativos y
plurales, por lo tanto rigurosos.
Ha llegado la hora de que
la historia ponga al día su concepto de ciencia, abandonando
el objetivismo ingenuo heredado del positivismo del siglo XIX,
sin caer en el radical subjetivismo resucitado por la
corriente posmoderna a finales del siglo XX.
La creciente
confluencia entre las “dos culturas”, científica y
humanística, facilitará en el siglo que comienza la doble
redefinición de la historia, como ciencia social y como parte
de las humanidades, que necesitamos.
II Nueva
erudición
Somos partidarios de una nueva
erudición que amplíe el concepto de fuente histórica a la
documentación no estatal, a los restos no escritos de tipo
material, oral o iconográfico, a las no-fuentes: silencios,
errores y lagunas que el historiador y la historiadora ha de
valorar procurando también la objetividad en la pluralidad de
las fuentes.
Una nueva erudición que se apoye con decisión
en el conocimiento no basado en fuentes que aporta el
investigador. La historia se hace con ideas, hipótesis,
explicaciones e interpretaciones, que nos ayudan además a
construir/descubrir las fuentes.
Una nueva erudición que
vaya más allá de la historiografia renovadora de los años 60 y
70 incorporando la nueva relación con las fuentes aportada por
la historia de las mujeres, la historia oral, la historia
ecológica, la historia mundial/global y otras novedades
productivas surgidas o desarrolladas en los años 80 y 90, así
como la “nueva historiografía” que está naciendo en Internet y
de la cual formamos parte.
Una nueva erudición que,
reconociendo que el necesario trabajo empírico no decide la
verdad histórica más que a través de las comunidades de
historiadores, desenvuelva el debate y el consenso en ámbitos
colectivos.
Una nueva erudición, en suma, que nos permita
vencer el “giro positivista” y conservador a que nos ha
conducido, recientemente, la crisis de las grandes escuelas
historiográficas del pasado siglo, y que amenaza con devolver
a nuestra disciplina al siglo XIX.
III Recuperar la
innovación
Urge un nuevo paradigma que recobre
el prestigio académico y social de la innovación en los
métodos y de los temas, en las preguntas y en las respuestas,
en resumen, en la originalidad de las investigaciones
históricas. Una nueva historiografía que mire hacia adelante y
que devuelva al oficio de historiador el entusiasmo por la
renovación y por los compromisos historiográficos.
Brotarán nuevas líneas de investigación si pensamos con
nuestra propia cabeza: considerando que nada histórico nos es
ajeno; avanzando mediante el mestizaje y la convergencia de
los métodos y de los géneros; llenando los odres viejos con
vino nuevo, desde la biografía hasta microhistoria; prestando
atención a las necesidades científicas y culturales, sociales
y políticas, de una sociedad sujeta a una profunda
transformación.
La historiografía del siglo XXI precisa de
la ilusión y de la realidad de enfoques auténticamente
innovadores si no quiere quedar convertida, como la mujer de
Lot, en una estatua de sal.
IV Interdisciplina
La
nueva historiografía que proponemos ha de acrecentar la
interdisciplinariedad de la historia, pero de manera
equilibrada: hacia adentro de la amplia y diversa comunidad de
historiadores, reforzando la unidad disciplinar y científica
de la historia profesional; y hacia afuera, extendiendo el
campo de las alianzas más acá y más allá de las ciencias
sociales clásicas.
Es menester tender puentes que
comuniquen el vasto archipiélago en que se ha convertido
nuestra disciplina en las últimas décadas. Al mismo tiempo, la
historia ha de intercambiar métodos, técnicas y enfoques,
además de con las ciencias sociales, con la literatura y con
la filosofía (de la historia y de la ciencia, sobre todo), por
el lado de las humanidades, y con las ciencias de la
naturaleza, por el lado de las ciencias. Sin olvidar las
disciplinas emergentes que tratan de las nuevas tecnologías y
de su impacto transformador en la sociedad, la cultura, la
política y la comunicación.
Aprendiendo de experiencias
pasadas, tres son los caminos que hay que eludir, en nuestra
opinión, para que la interdisciplinariedad enriquezca a la
historia: 1) perseguir una imposible “ciencia social
unificada” alrededor de cualquiera otra disciplina, sin
menoscabo del máximo desarrollo interdisciplinar tanto
individual como colectivo; 2) hacer del diálogo
historia-ciencias sociales la receta mágica de la “crisis de
la historia”, que nosotros entendemos como cambio de
paradigmas; 3) diluir la historia en tal o cual disciplina
exitosa, como nos proponen hoy en día los narrativistas
extremos en relación con la literatura.
V
Contra la fragmentación
El fracaso de la
“historia total” de los años 60 y 70 abrió la vía a una
fulgurante fragmentación de temas, métodos y escuelas,
acompañada de crecimiento y caos epistemológico, que pareció
detenerse en los años 90 y resulta cada vez más anacrónica en
el mundo que viene, basado en la interrelación y la
comunicación global.
Nuestra alternativa es avanzar, en la
práctica historiográfica, nuevas formas de globalidad que
hagan converger la investigación histórica atravesando
espacios, géneros y niveles de análisis.
Para hacer posible
una historia a secas, integral, hay que experimentar, pues,
iniciativas de investigación que adopten lo global como punto
de partida, y no como “horizonte utópico”: líneas mixtas de
estudio en cuanto a fuentes y temas, métodos y especialidades;
incorporación a la historia general de los paradigmas
especializados más innovadores; combinar enfoques cualitativos
y cuantitativos; articular temporalidades (que engloben
presente y futuro) y escalas diversas; escrutar la globalidad
a través de conceptos y métodos, aún potencialmente
abarcantes, como mentalidad y civilización, sociedad, red y
cambio social, narración y comparación, y crear otros nuevos;
indagar la historia mundial como un nuevo frente de la
historia global; servirse de las nuevas tecnologías para
trabajar a la vez con escritos, voces e imágenes, juntando
investigación y divulgación; impulsar la reflexión y el
debate, la metodología y la historiografía, como terreno común
a todas las especialidades históricas y punto de contacto con
otras disciplinas.
HISTORIOGRAFÍA
VI Tarea
historiográfica
Sabiendo como sabemos que el
sujeto influye en los resultados de la investigación, se
plantea la necesidad de indagar al propio historiador en aras
de la objetividad histórica. ¿Cómo? Procurando integrar los
individuos en grupos, escuelas y tendencias historiográficas,
implícitas y explícitas, que condicionan, se quiera o no, la
evolución interna de la historia escrita. Estudiando a los
historiadores y a las historiadores por lo que hacen, no sólo
por lo que dicen; por su producción, no sólo por su discurso.
Aplicando, con matices, tres conceptos clave de la historia de
la ciencia pospositivista: el ‘paradigma’ como conjunto de
valores compartidos; la “revolución científica” como ruptura y
continuidad disciplinar; la ‘comunidad de especialistas’ por
su poder decisorio, a su vez condicionada por el entorno
social, mental y político. Practicando, en conclusión, una
historiografía inmediata que procure ir por delante de los
acontecimientos históricos que inciden en los cambios
historiográficos que estamos viviendo.
VII Historiografía
global
El agotamiento de los focos nacionales
de renovación del siglo XX ha dado paso a una
descentralización historiográfica inédita, impulsada por la
globalización de la información y del saber académico y
superadora del viejo eurocentrismo. La iniciativa
historiográfica está hoy más al alcance de todos. El auge, por
ejemplo, de una historiografía latina crítica y de una
historiografía poscolonial, lo demuestran. Las comunidades
transnacionales de historiadores, organizadas en Internet,
juegan ya un papel importante en la formación de nuevos
consensos en detrimento del anterior sistema de dependencia de
unas historiografías nacionales de otras y de intercambios
académicos elitistas, jerárquicos y lentos.
No entendemos
la globalización historiográfica como un proceso uniformador,
pensamos y ejercemos la historia, y la historia de la
historia, como docentes e investigadores, en diferentes
ámbitos superpuestos e interrelacionados: local, regional,
nacional, continental e internacional/global.
VIII Autonomía del
historiador
Conforme los proyectos colectivos
del siglo XX fueron entrando en decadencia, sin ser todavía
reemplazados por un nuevo paradigma común, ha crecido de
manera exagerada la influencia del mercado editorial, de los
grandes medios de comunicación y de las instituciones
políticas, en la escritura de la historia, en la elección de
temas y métodos, en la formulación de hipótesis y
conclusiones, con un sentido cada vez más evidente de
promoción de la vieja historia de los “grandes hombres”.
Recuperar la autonomía crítica de los historiadores y de
las historiadoras respecto de los poderes establecidos para
decidir el cómo, el qué y el por qué de la investigación
histórica nos exige: reconstruir tendencias, asociaciones y
comunidades que giren sobre proyectos historiográficos, más
allá de las convencionales áreas académicas; utilizar Internet
como medio democrático y alternativo de comunicación,
publicación y difusión de propuestas e investigaciones;
observar la evolución de la historia inmediata, sin caer en el
presentismo, para captar las necesidades historiográficas,
presentes y futuras, de la sociedad civil local y global.
IX Reconocer
tendencias
La vía más nociva para imponer la
propia tendencia historiográfica, normalmente conservadora, es
negar que existan o que deban existir tendencias
historiográficas. El imaginario individualista, los
compartimentos académicos y las fronteras nacionales, ocultan
lo que tenemos de común, muchas veces sin saberlo o sin
decirlo: por formación, lecturas, filiaciones y actitudes.
Somos partidarios y partidarias, en consecuencia, de sacar a
la luz las tendencias actuantes, más o menos latentes, más o
menos organizadas, para clarificar posiciones, delimitar
debates y facilitar consensos. Una disciplina académica sin
tendencias, discusión y autoreflexión, está sujeta a presiones
extra-académicas, con frecuencia negativas para su desarrollo.
El compromiso historiográfico consciente nos hace, por lo
tanto, libres frente a terceros, rompe el aislamiento
personal, corporativo y local, favorece el reconocimiento
público y la utilidad científica y social de nuestro trabajo
profesional.
X Herencia
recibida
Nos oponemos a hacer tabla rasa de la
historia y de la historiografía del siglo XX. El reciente
retorno de la historia del siglo XIX hace útil y conveniente
rememorar la crítica de que fue objeto por parte de Annales,
el marxismo y el neopositivismo, aunque justo es reconocer
también que dicho “gran retorno” pone en evidencia el fracaso
parcial de la revolución historiográfica del siglo XX que
dichas tendencias protagonizaron. El imprescindible balance,
crítico y autocrítico, de las vanguardias historiográficas no
anula, por consiguiente, su actualidad como tradiciones
necesarias para la construcción del nuevo paradigma. Porque
simbolizan el “espíritu de escuela” y la militancia
historiográfica, así como el ejemplo de una historia
profesional abierta a lo nuevo y al compromiso social, rasgos
primordiales que habremos de recuperar ahora en otro contexto
académico, social y político, con unos medios de comunicación
muy superiores a los existentes en los años 60 y 70 del ya
pasado siglo.
XI Historiografía
digital
Las nuevas tecnologías están
revolucionando el acceso a la bibliografía y a las fuentes de
la historia; desbordando las limitaciones del papel para la
investigación y la publicación; posibilitando nuevas
comunidades globales de historiadores. Internet es una
poderosa herramienta contra la fragmentación del saber
histórico si se utiliza de acuerdo con su identidad y
posibilidades, esto es, como un forma interactiva de
transmitir información instantánea de manera horizontal a una
gran parte del mundo.
Según nuestro criterio, la
historiografía digital ha de seguir siendo complementada con
libros y demás formas convencionales de investigación,
difusión e intercambio académicos, y viceversa. Este nuevo
paradigma de la comunicación social no va a reemplazar, en
consecuencia, las actividades presenciales y sus instituciones
seculares, pero formará parte de una manera creciente de la
vida académica y social real.
La generalización de Internet
en el mundo universitario, y en el conjunto de la sociedad,
así como la educación informática de los más jóvenes irán
imponiendo esta nueva historiografía como factor relevante de
la inacabada transición paradigmática entre el siglo XX y el
siglo XXI.
XII Relevo
generacional
En la segunda década de este
siglo tendrá lugar un considerable relevo generacional en el
cuadro de profesores e investigadores a causa de la jubilación
de los nacidos después de la II Guerra Mundial. ¿Supondrá esta
transición demográfica la consolidación de un cambio avanzado
de paradigmas? No lo podemos asegurar.
La generación del
68 fue más bien una excepción. Entre los estudiantes
universitarios actuales contemplamos parecida heterogeneidad
historiográfica e ideológica que el resto de la academia y de
la sociedad. Podemos encontrarnos con historiadores e
historiadoras mayores que siguen siendo renovadores, y jóvenes
con conceptos decimonónicos del oficio de historiador y de su
relación con la sociedad. Nuestra responsabilidad como
formadores de estudiantes que serán mañana profesores e
investigadores es, a este respecto, capital. Nunca fue tan
crucial continuar explicando la historia con enfoques
avanzados -también por su autocrítica- desde la enseñanza
primaria y secundaria hasta los cursos de posgrado. La
historia futura estará condicionada por la educación que
reciben aquí y ahora los historiadores futuros: nuestros
alumnos.
TEORÍA
XIII Historia
pensada
Es esencial para el historiador pensar
el tema, las fuentes y los métodos, las preguntas y las
respuestas, el interés social y las implicaciones teóricas,
las conclusiones y las consecuencias, de una
investigación.
Somos contrarios a una “división del
trabajo” según la cual la historia provee de datos y otras
disciplinas reflexionan sobre ellos (o escriben relatos de
amplia difusión). Las comunidades de historiadores
profesionales tienen que asumir su responsabilidad intelectual
tratando de completar el ciclo de los estudios históricos,
desde el trabajo de archivo hasta la valoración y
reivindicación de su impacto en las ciencias sociales y
humanas, en la sociedad y en la política.
El aprendizaje
de los estudiantes universitarios de historia en cuestiones de
metodología, historiografía, filosofía de la historia y otras
disciplinas con base teórica, es el camino para elevar la
creatividad futura de las investigaciones históricas, subrayar
el lugar de la historia en el sistema científico y cultural y
fomentar nuevas y buenas vocaciones
historiográficas.
Nuestra meta es que el historiador que
reflexione intelectualmente haga trabajo empírico, y que el
historiador que investiga con datos concretos piense con
alguna profundidad sobre lo que hace, obviando así la fatal
disyuntiva de una práctica (positivista) sin teoría o de una
teoría (especulativa) sin práctica. Una mayor unidad de la
teoría y la práctica hará factible, por lo demás, una mayor
coherencia de los historiadores y de las historiadoras,
individual y colectivamente, entre lo se dice,
historiográficamente, y lo que se hace, empíricamente.
XIV Fines de la
historia
La aceleración histórica de la última
década ha reemplazado el debate sobre el “fin de la historia”
por el debate sobre los “fines de la historia”.
Asumiendo
que la historia no tiene metas pre-establecidas y que, en
1989, dio comienzo un profundo viraje histórico, cabe
preguntarse, también desde la historia académica, adónde nos
lleva éste, quién lo conduce, en favor de qué intereses y
cuáles son las alternativas.
El futuro está abierto. Es
responsabilidad de los historiadores y de las historiadoras
ayudar a que los sujetos de la historia construyan mundos
futuros que garanticen una vida libre y pacífica, plena y
creativa, a los hombres y mujeres de todas las razas y
naciones.
Las comunidades de historiadores han de
contribuir pues a construir una “nueva Ilustración” que,
aprendiendo de los errores de la historia y de la filosofía,
piense teóricamente sobre el sentido del progreso que hoy
demanda la sociedad, asegurando a las grandes mayorías del
Norte y del Sur, del Este y Oeste, el disfrute humano y
ecológico de los avances revolucionarios de la medicina, la
biología, la tecnología y las comunicaciones.
SOCIEDAD
XV Reivindicar la
historia
El primer compromiso político de los
historiadores debería ser reivindicar, ante la sociedad y el
poder, la función ética de la historia, de las humanidades y
de las ciencias sociales, en la educación de los ciudadanos y
en la formación de las conciencias comunitarias.
La
historia profesional ha de combatir aquellas concepciones
provincianas y neoliberales que todavía pretenden confrontar
técnica con cultura, economía con sociedad, presente con
pasado, pasado con futuro.
Los efectos más notorios de las
políticas públicas de desvaloración social de la historia son
la falta de salidas profesionales, el descenso de las
vocaciones y los obstáculos a la continuidad generacional. Las
comunidades de historiadores debemos aceptar como propios los
problemas laborales de los jóvenes que estudian y quieren ser
historiadores, cooperando en la búsqueda de unas soluciones
que pasan por la revalorización del oficio de historiador y de
sus condiciones de trabajo y de vida, en el marco de la
defensa y desarrollo de la función pública de la educación, la
universidad y la investigación.
XVI Compromiso
En
tiempos de paradójicos “retornos”, queremos constatar y
alentar la “vuelta al compromiso” de numerosos académicos,
también historiadores, en diversos lugares del mundo con las
causas sociales y políticas vinculadas a la defensa de valores
universales de educación y salud, justicia e igualdad, paz y
democracia. Actitudes solidarias indispensables para
contrarrestar otros compromisos académicos con los grandes
poderes económicos y políticos, mediáticos y editoriales.
Contrapeso vital, por lo tanto, para conjurar una virtual
escisión de la escritura académica de la historia respecto de
las mayorías sociales que financian con sus impuestos nuestra
actividad docente e investigadora.
El nuevo compromiso que
preconizamos es diverso, crítico y con anhelos de futuro. El
historiador y la historiadora han de combatir, desde la verdad
que conocemos, aquellos mitos que manipulan la historia y
fomentan el racismo, la intolerancia y la explotación de
clase, género, etnia. Resistiendo, desde el conocimiento del
pasado, los futuros indeseables. Cooperando, y rivalizando,
con otros científicos sociales y humanistas, en la
construcción de mundos históricamente mejores, como
profesionales de la historia, pero también como ciudadanos.
La relación del historiador con la realidad que nos rodea
pasa por su análisis en un contexto temporal continuo. Si se
acepta que la objetividad de la ciencia de la historia es
inseparable de la subjetividad (plural) del historiador,
debemos concluir que no existen grandes diferencias
cualitativas entre una historia inmediata y una historia
mediata, entre una historia más contemporánea y una historia
más antigua. Todo es historia, si bien cuando más nos
distanciamos de lo actual mayor es la carga que recae sobre
nosotros, historiadores, por ausencia de las disciplinas más
presentistas.
XVII Presente y
futuro
Nuestro objeto de estudio (hombres,
mujeres y medio natural humanizado) está evidentemente en el
pasado, pero nosotros estamos en el presente, y estos
presentes están preñados de futuros. El historiador no puede
escribir con rigor la historia al margen del tiempo vivido, y
de su fluir permanente.
Contemplamos varios niveles en la
relación del historiador con la inmediatez histórica:
compromiso social y político, tema de investigación,
historiografía de intervención o criterio metodológico general
para la investigación. Hace medio siglo que los fundadores de
la escuela de Annales lo formularon: “comprender el pasado por
el presente, comprender el presente por el pasado”. Hoy es
preciso, además, poner el mismo énfasis en la interrelación
pasado/futuro.
La caída de la filosofías finalistas de la
historia, sean socialistas sean capitalistas, ha puesto de
relieve un futuro más abierto que nunca. El historiador ha de
asumir un papel en su definición con sus experiencias y
argumentos históricos, con hipótesis y apuestas desde la
historia. Edificar el futuro sin contar con la historia nos
condenaría a repetir sus errores, a resignarnos con el mal
menor o a edificar castillos en el aire.
XVIII Nuevo
paradigma
La historiografía depende de los
historiadores y de la historia inmediata. El cambio de
paradigmas historiográficos que venimos proponiendo, desde
1993, cabalga sobre los cambios históricos acelerados
iniciados en 1989. Entre diciembre de 1999 (Seattle) y julio
de 2001 (Génova) hemos observado los comienzos de un
movimiento global sin precedentes, contra los estragos de la
globalización, que busca ya alternativas de sociedad: el
pensamiento único es ahora menos único. Son muchos los que
califican de cambio de civilización la globalización y sus
críticos, la sociedad de la información, la nueva revolución
científico-tecnológica y el movimiento social global: no es
fácil entrever lo que nos depara el mañana pero hay razones
para la esperanza. Todos debemos colaborar.
Historia a
Debate es parte activa de este proceso transformador: queremos
cambiar la historia que se escribe y coadyuvar a cambiar la
historia humana. Según evolucione el debate historiográfico, y
la historia más inmediata, nuestras propuestas recibirán más o
menos consenso académico, las variaremos o no según interese,
si bien hay planteamientos que, aun siendo por el momento
minoritarios, nos parecen ineludibles para condicionar
críticamente el nuevo paradigma en formación: el conjunto
plural de valores y creencias que va a regular nuestra
profesión de historiador en el nuevo siglo. Por todo ello, la
historia nos absolverá, esperemos.
En la Red a 11 de setiembre de 2001
Firmantes (1/112/2002):
Carlos Barros (coordinador), Universidad de
Santiago de Compostela, España. Jérôme Baschet, École des
Hautes Études en Sciences Sociales, París, Francia, y
Universidad Autónoma de Chiapas, San Cristóbal de las Casas,
México. Boris Berenzon, Universidad Nacional Autónoma de
México, México D. F. Micheline Cariño, Universidad Autónoma de
Baja California Sur La Paz, México. Francisca Colomer, Centro
de Profesores y Recursos, Murcia, España. Amelia Galetti,
Instituto de Enseñanza Superior, Paraná, Argentina. Sergio
Guerra, Universidad de La Habana, Cuba. Elpidio Laguna,
University of Rutgers, Newark, New Jersey, USA. Germán
Navarro, Universidad de Zaragoza, España. Gonzalo Pasamar,
Universidad de Zaragoza, España. Juan Paz y Miño, Pontificia
Universidad Católica, Quito, Ecuador. Eugenio Piñero,
University of Wisconsin, Eau Claire, USA. Norma de los Ríos,
Universidad Nacional Autónoma de México Mexico D. F. Reinaldo
Rojas, Universidad Pedagógica Experimental Libertador
Barquisimento, Venezuela. José Javier Ruiz Ibáñez, Universidad
de Murcia, España. Israel Sanmartín, Instituto Padre
Sarmiento, Consejo Superior de Investigaciones Científicas,
Santiago, España. Juan Manuel Santana, Universidad de Las
Palmas de Gran Canaria, España.Cristina Segura, Universidad
Complutense, Madrid, España. Miguel Somoza, Universidad
Nacional de Educación a Distancia Madrid, España. Guillermo
Turner, Dirección de Estudios Históricos, Instituto Nacional
de Antropología e Historia, México D. F. Luz Varela,
Universidad de Los Andes, Mérida, Venezuela. Francisco
Vázquez, Universidad de Cádiz, España. José Giraldo Vinci de
Morais, Universidade Estadual Paulista, Sâo Paulo, Brasil.
José Polo Acuña, Universidad del Atlántico Colombia. Germán
Yépez Colmenares, Instituto de Estudios Hispanoamericanos,
Universidad Central de Venezuela, Caracas, Venezuela.
Bernardino Herrera, Instituto de Investigaciones de la
Comunicación, Facultad de Humanidades y Educación, Universidad
Central de Venezuela, Caracas, Venezuela. Floren Dimas
Balsalobre, Centro de Documentación de la Guerra Civil, Lorca,
Murcia, España. Antonio Dupla, Dpto. de Estudios Clasicos,
Universidad del País Vasco/EHU, Vitoria-Gasteiz, España. Juan
Eduardo Romero, Universidad del Zulia, Maracaibo, Venezuela.
Javier Fernández Palacios, Universidad de Málaga, España.
Pablo Chaves, Profesor de Enseñanza Media, Madrid, España.
Ignacio Abal, Universidad de Santiago de Compostela, España.
Roberto López, Universidad del Zulia, Maracaibo, Venezuela.
José Gabriel Zurbano Melero, Universidad de Extremadura,
Cáceres, España. Pablo Serrano Álvarez, Instituto Nacional de
Estudios Históricos de la Revolución Mexicana, México. Arsenio
Dacosta, Gestión de Patrimonio Histórico, Salamanca, España.
Carmen Leal, Profesora de Secundaria, Aranjuez, Madrid. Johhny
Alarcón Puentes, Departamento de Ciencias Humanas, Facultad
Experimental de Ciencias, Universidad del Zulia, Maracaibo,
Venezuela. José L. Monzant Gavidia, Universidad Católica
Cecilio Acosta, Venezuela. Norberto Olivar, Facultad de
Humanidades de La Universidad del Zulia y Universidad Católica
Cecilio Acosta, Venezuela. Antonio Soto Avila, Departamento de
Historia, Facultad de Humanidades y Educación, Universidad del
Zulia, Maracaibo, Venezuela. Luis A. Alarcón Meneses,
Universidad del Atlántico, Barranquilla, Colombia. Rigoberto
Rodriguez Benitez, Universidad Autonoma de Sinaloa Culiacan,
Mexico. Dario A Vispe Viñuela, Escuela Normal Superior
República de México, San Justo, Argentina. Raúl Dargoltz,
Universidad de Santiago de Estero y CONICET, Argentina. Julio
Pérez Serrano Universidad de Cádiz, Asociación Historia
Actual, España. Antonio Padilla Arroyo, Universidad Autónoma
del Estado de Morelos, México. Waldo Ansaldi, Facultad de
Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires, Argentina.
Hilda N. Agostino, Universidad Nacional de La Matanza,
Argentina. Domingo Garí Hayek, Universidad de La Laguna, Islas
Canarias, España. Jorge Saab, Universidad Nacional de La
Pampa, Santa Rosa, Argentina. Gabriel M. Santos, Universidad
Nacional Autónoma de México, México. Marina Sánchez
Universidad de Alicante, España. Juan P. Rivera Pizano,
Universidad Nacional Autónoma de México, México. Susana H.
Gutierrez, Facultad de Ciencias Económicas, Universidad
Nacional de Río Cuarto, Argentina. Miguel Beas, Universidad de
Granada, España. Belin Vázquez de Ferrer, Centro de Estudios
Históricos, Universidad del Zulia, Maracaibo, Venezuela. Ariel
Arnal, Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades,
Universidad Autónoma de Puebla, Puebla, México. Jorge Maiz
Chacón, Universidad de las Islas Baleares, Palma de Mallorca,
España. Ernesto Pajares Rivera, Universidad Nacional Mayor de
San Marcos, Lima, Perú. David Igual, Facultad de Humanidades
de Albacete, Universidad de Castilla-La Mancha, Albacete,
España. Jorge Oriola, Universidad de la Patagonia, Argentina.
Marta I. Barbieri Brunet, Universidad Nacional de Tucumán,
Tucumán, Argentina. Joselias Sánchez, Universidad Laica Eloy
Alfaro de Manabí, Manta, Ecuador. Liliana Regalado, Pontificia
Universidad Católica del Perú, Lima, Perú. Wilfredo Kapsoli,
Universidad Ricardo Palma, Lima, Perú. Cristina Flórez,
Universidad de San Marcos, Universidad de Lima, Lima, Perú.
César Espinosa Claudio, Universidad de San Marcos, Lima, Perú.
Pedro Jacinto Pazos, Universidad Ricardo Palma, Universidad de
San Marcos, Lima, Perú. Daniel C. Argemi, Escuelas E.G.B. y
Polimodal, Tandil, Provincia de Buenos Aires, Argentina.
Serxio Paz Roca, Universidade de Santiago de Compostela,
Santiago de Compostela, España. Hebert Mourigán Profesor de
Secundaria, Montevideo, Uruguay. Teodoro Hampe Martínez,
Pontificia Universidad Católica del Perú y Universidad
Científica del Sur, Lima, Perú. Milton A. Zambrano Pérez,
Universidad del Atlántico, Barranquilla, Colombia. Beatriz
Rivas, Patronato da Cultura Galega Montevideo, Uruguay. Sergio
Maydeu, Universitat Rovira i Virgili, Tarragona. Ana C. Ramos
Martínez, Historiadora, San José, Costa Rica. Georgina
Calderón, Facultad de Filosofía y Letras, UNAM, México.
Arlindo Fa Fernandes, Universidad de Coimbra, Coimbra,
Portugal. Fernando Chavarría Múgica, Instituto Universitario
Europeo, Florencia, Italia. Gloria Chavez, Universidad
Francisco Marroquín, Ciudad Guatemala, Guatemala. Gerardo
Mora, Escuela Normal Superior de México, México D.F. Jorge
Castañeda Zavala, Intituto de Investigaciones Dr. José María
Luis Mora, México, D. F., México. Daniel Jaremchuk,
Universidad Nacional de la Patagonia Austral, Río Gallegos,
Argentina. María Mercedes Tenti, Universidad Católica de
Santiago del Estero, Universidad Nacional de Santiago del
Estero, Argentina. Diana Rengifo de Briceño, Núcleo
Universitario "Rafael Rangel", Universidad de Los Andes,
Trujillo, Venezuela. María Alvarez-Solar , Universidad de
Bergen, Bergen, Noruega. Joan Corbalán, Associació
d'Historiadors Independents, Barcelona, España. Ricardo León
García, Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, Chihuahua,
México. Adriana Mónica Mori, Universidad de Buenos Aires,
Argentina. Lohania Aruca, Sección de Historia, Unión Nacional
de Escritores y Artistas de Cuba, La Habana, Cuba. Manuel
Ortiz Heras, Universidad de Castilla La Mancha-UCLM, Albacete,
España. Marijke van Rosmalen, Universidad Nacional Autónoma de
México, México D. F. Luis A. López Rojas, Universidad de
Puerto Rico, Humacao, Puerto Rico. Aaron Flores Ramírez
Universidad Nacional Autónoma de México, México D. F. Jose A.
Fiallo Billini, Universidad Autonoma de Santo Domingo e
Instituto Tecnológico, Santo Domingo, República Dominicana;
María G. Silva, Universidad Nacional de La Matanza, Buenos
Aires, Argentina. Amalio Venegas, IES Ramón Carande, Jerez de
los Caballeros, España. Carlos Alberto Suárez, Inst.Superior
del Profesorado, "Dr. Joaquín V. González", Buenos Aires,
Argentina. Gerardo Médica, profesor de historia, Isidro
Casanova, Buenos Aires, Argentina. Rubén Pachari, Universidad
Nacional de San Agustín, Arequipa, Perú. Luis O. Cortese,
revista “Historias de la Ciudad”, Buenos Aires, Argentina.
Flocel Sabaté, Universitat de Lleida, España. Eric Eduardo
Palma, Universidad de Chile, Santiago de Chile, Chile. Gustavo
Zapata, Liceo Juan de Dios, Andes, Colombia. Luciano Alonso,
Universidad Nacional del Litoral, Santa Fe, Argentina. Jesús
Fernández García, Universidad de Cádiz, España. Alejandro
Estrella, Universidad de Cádiz, España. Angel Soto,
Universidad de los Andes, Chile. Marcos Correa, Universidad de
Cádiz, España. Rafael Valls, Universidad de Valencia, España.
Alejandro Sainz Zamora, Instituto Mexicano de Tecnología del
Agua, Jiutepec, Morelos, México. Ignacio Navarro, profesor de
secundaria, Las Palmas de Gran Canaria, España. Victor
González Ozuna, Universidad Autónoma de Chiapas, San Cristóbal
de las Casas, México. Carlos Contreras, Pontificia Universidad
Católica, Lima, Perú. Ángel Martínez Alarcón, Escuela Normal
Superior, Xalapa, México. María Jesús Castro, Universitat de
les Illes Balears, Palma de Mallorca, España. Virgilio
Candela, Universidad de Alicante, España. Ramón Gabarrós,
revista Anthropos, Barcelona, España. Crisanto Gómez, Centro
de Documentación de Ciencias Sociales, Universidad Pedagógica
Nacional, Bogotá, Colombia. Javier Montoya, Universidad
Pedagógica Nacional, Bogotá, Colombia. Elena Borruel,
Universidad de Salamanca, España. Juan Iglesias Sanlés,
Universidad de Salamanca, España. Massimo Modonesi,
Universidad Nacional Autónoma de México, México. María Lourdes
Cuevas, Universidad Pedagógica Nacional, México D.F. Alberto
Ribeiro da Silva, Universidade Estácio de Sá, Angra dos Reis,
Rio de Janeiro, Brasil. Susana Vázquez, Universidad de la
República, Montevideo, Uruguay. José César Fernández Morales,
filósofo, BUAP. Puebla, Pue, México. María Cristina Angelini,
Universidad Nacional de Río Cuarto, Córdoba, Argentina. Adrián
Salas, promotor cultural, Veracruz, México. Gabriel Estela
Sánchez, Universidad Nacional de Salta, Argentina. Wilbert
Pérez, Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el
Caribe, Aguada, Puerto Rico. Jacobo Contreras, Universidad de
Guadalajara, Jalisco, México. Octavio Herrera, Universidad
Autónoma de Tamaualipas, Ciudad Victoria, México. Nancy Luna,
Universidad Autónoma de Puebla, México; Ignacio Hernández
Saldivar, UNAM-CCH Sur, México D.F. Arturo Alonzo, Instituto
Nacional de Antropología e Historia, Tlalpan, México D.F.
Daniel Lerín, Universidad de Zaragoza, España. Facundo
Talagañis, Universidad Autónoma de Entre Ríos, Paraná,
Argentina. : Esteban Rafael Ortiz, Centro de Investigaciones
.Jurídicas y Sociales, Facultad de Derecho, Universidad
Nacional de Córdoba, Argentina. Edeliberto Cifuentes Medina,
Universidad de San Carlos de Guatemala, Guatemala. Dionila
Baldiezo, Escuela Normal Superior, Jujuy, Argentina. Carmen
Michelena, Fundación John Bulton, Caracas, Venezuela. Delia
Muñoz, Instituto Superior de Formación Docente, Merlo, Buenos
Aires, Argentina. Hugo Klappenbach, Historiador de la
Psicología, Universidad Nacional de San Luis y CONICET,
Argentina. Daniel Campione, historiador, Universidad de Buenos
Aires, Argentina. Moris Vásquez Araya, Universidad Academia de
Humanismo Cristiano, Santiago de Chile. Lorena Soler,
socióloga, FOCS, Universidad de Buenos Aires, Argentina. José
Luis Castillo, Universidad Michoacana de San Nicolás de
Hidalgo, Morelia, México. Dedier Marquiegui, Universidad de
Luján, CONICET, Argentina. Arturo Rodríguez Peixoto, Instituto
de Historia de las Ideas, Universidad de La República,
Montevideo, Uruguay. Ana María Prieto, antropóloga e
historiadora, Universidad Pedagógica Nacional, México D.F.
Ángel Martínez Alarcón, Escuela Normal Superior Simon Bolivar,
Jalapa, Veracruz, México. Cristina López Albornoz, Universidad
de Tucumán, Argentina. Miguel Ángel Urrego, Universidad
Central, Bogotá, Colombia. Ernesto Jiménez Olin, U. P. Valle
Gómez, Delegación Venustiano Carranza, México D.F. María
Caputo, Universidad Nacional de Rosario, Argentina. Matías
Vargas Puga, Doctor en Historia, UNED, España. Jesús Ángel
Solórzano Telechea, Asociación Jóvenes Historiadores de
Cantabria, Santander, España. Verónica Giordano, Facultad de
Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires, Argentina.
Victoria Robles Sanjuán, Universidad de Granada, España. María
Adela Suayter, Universidad Nacional de Tucumán, Argentina.
Martín Romero Pacheco, Taller de Historia del Centro de
Estudios Regionales Andinos “Bartolomé de las Casas”, Cuzco,
Perú. Mariela Coudannes, Universidad Nacional del Litoral,
Santa Fé, Argentina. Mónica Vázquez Fernández, Universidad
Nacional Autónoma de México, México D.F. Valentina Cantón,
Universidad Pedagógica Nacional; México D.F. Mario Aguirre,
Universidad Pedagógica Nacional, México D.F. Gustavo Quesada,
Universidad Incca, Bogotá, Colombia. Antonio Ibarra, Posgrado
de Economía, UNAM, México D.F. Luis Alonso Abarca, Universidad
Autónoma de Chiapas, San Cristóbal de las Casas, México.
Emilio Gómez Gutiérrez, Universidad Castilla-La Macha, Toledo,
España. Luis Balderas, Universidad Autónoma de Puebla, México.
Luis Abarca, Universidad Autónoma de Chiapas,San Cristóbal de
las Casas, México. Antoni Vilà, Página de la historia, españa.
NOTA: Si deseas suscribir este Manifiesto
y/o opinar, criticar, sugerir cuestiones relativas a su
contenido, difusión y desarrollo escríbenos a
h-debate@cesga.es
Historia a Debate
Apartado 26
15702
Santiago de Compostela
España
tel. 981 55 21 52
fax
981 81 48 97
h-debate@cesga.es
http://www.h-debate.com/