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PIZARRON PARA EL DEBATE
La
Historia Inmediata en Historia a Debate - 3 de octubre de 2002
Para: Historia a debate
De: Irma Antognazzi
III
JORNADAS DE HISTORIA MODERNA Y CONTEMPORANEA. (Rosario, Argentina, 2, 3 y 4 de
octubre de 2002)
Panel: Presentación de HISTORIA A
DEBATE.
Autora: Irma Antognazzi. Docente titular de Problemática
Histórica de laFacultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de
Rosario.Directora del Grupo de Trabajo Hacer la Historia.
iantogna@sinectis.com.ar
Título: La Historia Inmediata en Historia a
Debate
Mi primer contacto con Historia a Debate fue a través de una
conferencia del Prof. Carlos Barros en esta Facultad de Humanidades y Artes en
1997. Me interesó su pasión por la tarea que estaba emprendiendo y
particularmente, lo que coincidía con mis preocupaciones, su interés por
desarrollar el campo teórico del trabajo del historiador.
HaD ya había
realizado su primer Congreso en 1993 y estaba en la preparación del Segundo. Me
interesó particularmente la actitud democrática en la construcción del espacio
que se proponía. Su invitación a hacer sugerencias acerca de temas de debate, de
organización y de funcionamiento para dicho Congreso me generó confianza.
Contestando a aquella invitación a participar en un espacio nuevo que ponía a
disposición de los historiadores le decía en aquel momento: “hay una inquietud
que tenemos aquí y que creo que es bastante general: la cuestión de la necesidad
de teoría para la investigación histórica y todas las ciencias sociales.... Esa
es una cuestión y la otra, -que considero una demanda más general que trasciende
el marco de los historiadores y se instala en el seno de toda la sociedad-, es
la exigencia de entender el presente como historia”. Justamente sobre esos temas
trabajé para mis exposiciones en dicho 2º Congreso de HaD en 1999 en Santiago de
Compostela.
En la compleja situación mundial está sobre el escenario el
tema de la historia como nunca antes. Se reflotan períodos que parecían
abandonados para siempre, pero en general como pasados concluidos, cerrados, no
formando parte de un proceso histórico, que, ignorado o no, está interviniendo
en el presente. ¿Algunos ejemplos?. El nazismo. Otros momentos históricos
cruciales están clausurados como la revolución rusa, la guerra de Viet Nam, y en
nuestro continente la revolución sandinista, el peronismo en nuestro país.
Otros, abordados con una parcialidad tal que invalida la explicación del proceso
histórico, como presentar el estudio de la dictadura militar en Argentina como
terrorismo de estado, fenómenos que ya no pueden ocultarse, pero usados a su vez
como pantalla de otros fenómenos que están clausurados para la explicación
científica y académica, como el proceso de endeudamiento externo como dominación
política, o el proceso de concentración capitalista en manos de la oligarquía
fiannciera.
Con los hechos del presente, los del día a día, ocurre otro
tanto. Son abordados como conjunto de datos aislados, o entrelazados con la
lógica de los fenómenos aparentes sin análisis de procesos. El presente queda en
manos del trabajo periodístico o del discurso político, sin rigor
historiográfico, que pocos exigen, porque no hay formación generalizada en la
población acerca de las formas en que se construye el conocimiento
histórico.
Está instalada una tradición de que el presente no es
historia, que la historia propiamente dicha termina en un pasado más o menos
cercano, pero termina al fin. Este enfoque acerca del trabajo del historiador
está dejando un espacio que ocupan los llamados “comunicadores sociales” que
“ponen”- (imponen) - desde su formación más bien técnica y careciente de oficio
historiográfico y desde las agencias de transnacionales de comunicación cada vez
más concentradas- , una “verdad” que presentan como absoluta, -aún cuando el
mismo discurso “oficial” trata de rebatir las supuestas certezas del
“modernismo”. Esta cuestión abre un rico debate acerca del papel activo del
historiador y su obra, cuestión que no es nueva, pero que requiere ser discutida
a la luz de las demandas actuales de la humanidad que se halla en una
encrucijada.
Estas inquietudes fueron ampliamente recogidas en el Segundo
Congreso de Historia a Debate y lo evidencian las Actas, que editaron no sólo
las ponencias sino los debates de las diversas Mesas y Paneles que abordaron
problemas como el compromiso social, la ética, el papel de la enseñanza y de la
difusión de la historia, las universidades y la calle, entre otros. HISTORIA A
DEBATE se autodefine como “lugar de encuentro, discusión y consenso,
experimentación, de los historiadores del mundo”. Ese “encuentro” se mantiene en
el día a día a través de la red virtual y la localización de información,
debates y documentos de interés en la página Web. Los Congresos y los Seminarios
periódicos, así como los encuentros de HaD en distintos países del mundo para
presentar las Actas y su Manifiesto, son lugares de trabajo donde impera la
amplitud y la diversidad.
Los tres tomos de las Actas del 2º Congreso:
con sus títulos, “Cambio de siglo”, “Nuevos paradigmas” y “Problemas de
historiografía” son el vigía del cumplimiento de los objetivos de HaD y a la vez
el desafío para desarrollarlos entre congreso y congreso. La red virtual va
haciendo ese trabajo cotidiano, tejiendo una amplia comunidad de historiadores
de todo el mundo. Van surgiendo no sólo nuevos temas, sino nuevas modalidades y
aportes que requieren ir creando nuevas normas de convivencia en este espacio
virtual. Es un cuerpo vivo, donde con la capacidad profesional y la aguda
sensibilidad del equipo coordinador dirigido por el Prof. Carlos Barros, se van
plasmando novedades y rectificando maneras de participar. De ese modo se ha
abierto el rumbo de lo que se llama HISTORIA INMEDIATA, a propósito de la
intervención del historiador ecuatoriano Juan Paz y Miño que envió un análisis
historiográfico de la insurrección popular en Ecuador en paralelo a los hechos.
Hubo otros ejemplos de interés, como va siendo actualmente el debate en el día a
día de los hechos en Venezuela.
HISTORIA INMEDIATA abrió una brecha en
torno a esa temática que empezó a inundar el espacio virtual de comunicaciones
propias y ajenas, reenvíos, documentos diversos, heterogéneos en calidad y
modalidades, que obligaron a poner algunas normas de control a la
correspondencia emitida. Ese espacio, es todavía desparejo, todavía se confunde
con noticias, comentarios y opiniones diversos acerca de hechos que están
ocurriendo. Es un campo que la historiografía actual todavía no ha incorporado
plenamente como propio desde las instituciones académicas, y desde los medios
masivos de comunicación se ocupa ese espacio. Justamente desde los medios se
extiende una falacia tal como: tratar los hechos del presente es “hacer
política” y esa actividad de “hacer política” está vedada en la escuela y esa
negación tallada a fuego en la formación de los docentes y futuros
historiadores. En cambio sí pueden “hacer política” los comunicadores sociales
quienes por otra parte, y no es casual, no están formados en el quehacer
historiográfico.
El análisis historiográfico del presente, no es algo que
debamos inventar. Por ejemplo toda la obra de Marx , de Engels, de Lenin, aparte
de la específicamente teórica, son trabajos de análisis histórico de su
presente, involucrados en esos procesos, concientes del papel que jugaban sus
análisis para la sociedad. Son obras que tienen validez hoy aunque el temor de
docentes e investigadores a romper las modas impuestas no les permita incluir en
bibliografía trabajos como La guerra civil en Francia, o La situación de la
clase obrera de Inglaterra, o el estudio acerca del Imperialismo como fase
superior del capitalismo, entre otros. La fuerza de esos trabajos está dada
precisamente en una conjunción de teoría y práctica, de teoría método e
historia concreta, porque precisamente esos autores están situados con
conciencia del lugar social que ocupan dentro del proceso que están viviendo.
Este punto es para mí central en lo que se titula en HaD, HISTORIA INMEDIATA,
quizás sin encontrarle todavía un mejor calificativo para expresar esta serie de
problemas que encuentro comunes a todos los historiadores y no solamente a
quienes se van a abocar al estudio de la historia que transcurre hoy. ¿Es que
realmente habría una diferencia sustancial entre el tratamiento historiográfico
de los hechos pasados y los del presente? Creo que no. Los historiadores
podríamos ir creando un campo común en que nos identifique la pasión por
encontrar explicación al proceso histórico, por detectar los factores en juego,
su trama compleja, su distinta perspectiva temporal y espacial, una pasión
colocada a partir de querer saber cómo es, qué pasa, para actuar, para
transformar, para dejar huella, para hacer camino, con la obra historiográfica,
que al develar, al encontrar, al sugerir nuevos problemas, descubra las
posibilidades que se abren en el presente en el camino de hacer la historia, en
vez de dejar que se instale el discurso que quiere imponer la idea del final de
la historia o de los rumbos inexorablemente trazados sacando del medio el
protagonismo de los pueblos.
Haber devastado el campo del trabajo
historiográfico anulando el concepto de clases sociales a partir de pretender
imponer que ya no existen, es un grave problema para los analistas del presente,
que están desvalidos para explicar la trama profunda de los enfrentamientos
sociales. No porque el enfrentamiento entre clases esté siempre presente ni sea
el único que permita explicar todos los conflictos. Sino porque ese concepto
puede servir, por ejemplo para explicar por qué se incentivan ciertos
enfrentamientos que no son de clase, y que por el contrario sirven al
poder.
Los
choques de “pobres contra pobres”, de “hombres contra mujeres”, de “viejas
generaciones por nuevas”, entre credos religiosos, entre etnías, etc. pueden no
ser en sí mismos enfrentamientos de clase. Sin embargo sí lo son las políticas
que se introducen para agrandar esas controversias sociales desde el poder
financiero, por ejemplo. Como también lo serían si desde otro lugar y otros
intereses, se buscara limar esas diferencias y transformarlas en fuerza de
unidad popular. Haber perdido la categoría teórica de capitalismo para explicar
el proceso histórico actual, anula ciertas raíces teóricas para pensar el
presente.
En este sentido, la RED VIRTUAL DE H A D DE HISTORIA INMEDIATA,
recoge aportes sobre fenómenos del presente, producidos por diversos
participantes de la red, aunque consideramos que en su mayoría distan de ser
trabajos desde lo que aquí definimos como perspectiva historiográfica. La HI es
un área nueva. Los obstáculos que imponen los sectores de poder son numerosos
para avanzar en esa dirección. Ha sido desvalijada la intelectualidad de una
herramienta para pensar el movimiento de las sociedades que es la teoría
materialista histórica dialéctica, con algunos argumentos que parecieron
válidos, como que era una teoría que había surgido en el siglo XIX. Sin embargo
el capitalismo tan exhaustivamente explicado en su forma original y en su fase
imperialista, sigue existiendo en esta etapa de transición hacia formas
superiores en que el choque de intereses pone cada vez más al desnudo la validez
de la teoría que explica los movimientos de las sociedades humanas. La carencia
de la formación teórica- metodológica para estudiar la historia del presente en
los ámbitos académicos y educativos en general es evidente. Es que investigar el
presente lleva de hecho a involucrarse. Los movimientos de los procesos actuales
son tan acelerados, tan numerosos y complejos que exigen la permanente
actualización de los docentes. Por eso muchas veces son las nuevas generaciones
de estudiantes que plantean la demanda por el presente en los ámbitos
educativos, y muchos docentes, se muestran incapaces por ahora de abordarlos con
la seriedad de un estudio científico. Las nuevas improntas de los cambios de
planes educativos, introducen los temas del presente pero desde un abordaje
ahistórico.
HI COMO LÍNEA TEMÁTICA DE HAD. empieza a abrir ricas
posibilidades entre los historiadores. Todavía hay mucho por hacer. La necesaria
formación del historiador involucrado en su sociedad deben evitar que se
confunda la historia del presente con apreciaciones subjetivas en torno de eso,
brindadas por los testigos oculares o participantes, protagonistas directos, o
por el protagonismo del historiador mismo. El auge de la fuente oral, sin
análisis teóricos y sin cotejar con otras fuentes; o la falta de ubicación
conciente del historiador o del científico social o comunicador social, lleva la
posibilidad de distorsionar las conclusiones acerca del presente. La H I que
proponemos es Historia con todo el rigor del trabajo historiográfico, porque es
posible y porque es necesario. En el presente está el pasado, pero considero que
es más necesaria para cambiar la historia, la convicción de que en el presente
está haciéndose, gestándose, incubándose el futuro. Y es grave que hoy los
historiadores nos desentendamos del presente como historia. El trabajo es arduo.
Los hombres y mujeres que hacen la historia con millones de actos de sus vidas
cotidianas, no son hombres de ciencia. Aunque cuanto más claro tengan el sentido
de los procesos históricos, conozcan las fuerzas en juego, más cerca estarán de
encontrarse con los objetivos que se proponen.
A mi entender HI o
HISTORIA DEL PRESENTE como me gusta más llamar, tiene un lugar de importancia
creciente en el campo historiográfico. Es una demanda social y sobre esto HaD.
da el impulso necesario.
En HI se aceptan todas las opiniones, lo cual
está bien en aras del pluralismo y la libertad de expresión; pero mi idea es que
Historia a Debate podría avanzar en el sentido de ir sistematizando requisitos
propios del trabajo historiográfico para analizar los procesos del presente en
perspectiva hacia el futuro. No tenemos por qué quedarnos en un tratamiento
superficial y justificador de opiniones cuando se trate de fenómenos del
presente que no aceptaríamos para otros estudios de la historia pasada. Esta
exposición hoy aquí, al explayarme acerca de la Historia del Presente, cubre
también mi falta de dedicación en los últimos tiempos para aportar al debate que
han abierto Carlos Barros y sus colaboradores. ¿Es que quizás, la historia
inmediata de mi país, me está llevando más a hacer la historia que a estudiarla?
Trato de tener presente esta posibilidad para controlar el rumbo de mis acciones
desde la cátedra y la investigación, desde el trabajo individual y el trabajo
colectivo.
HAD VALE LA PENA, aún cuando ha quedado expresado en mi
exposición que yo no soy de aquellos que creen que se han “terminado las grandes
teorías” y que se trata de formular “nuevos paradigmas”. Sostengo que hay
todavía teoría útil para pensar la realidad social y desde ese conocimiento de
los procesos es posible aportar para transformarla y hacer crecer la teoría. Y
que el materialismo histórico no es una teoría agotada; contrariamente a lo que
ocurre con otras ciencias donde las teorías son exhaustivamente estudiadas y
usadas y cuando están oxidadas van a parar a los trastos viejos porque otra la
supera, aquí, en el caso del movimiento de lo social, se pretendió tirarla al
cuarto de los trastos viejos desde que surgió sin haberle exprimido toda su
potencialidad. No es casual que haya estudiantes que empiezan a preguntar por
fenómenos de la realidad presente y reclaman teoría y bibliografía acerca del
materialismo dialéctico porque con los elementos que les provee la academia
“oficial” no tienen respuesta. Formo parte de HaD en la medida que, en este
espacio, es posible abrir un diálogo sobre estas preocupaciones del trabajo del
historiador . Estimula advertir que en distintos lugares del mundo está
creciendo la demanda del trabajo historiográfico para explicar los procesos
actuales. Al punto que empiezo a ver que el historiador del presente es una
pieza clave que puede ser consultado como perito para deshacer falacias, para
analizar procesos, que son manipulados desde los sectores de poder. Vale HaD con
su HI como un lugar de construcción de las nuevas demandas hacia la historia
como ciencia y como materia social.
Irma
Antognazzi
Rosario. Argentina
www.hacerlahistoria.com.ar
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