Presentaciones


Presentación en Buenos Aires 7

Buenos Aires 7 [1/4/09]



 
INTERVENCIÓN DE MARIELA COUDANES, DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL DEL LITORAL (SANTA FE, ARGENTINA) EN EL ACTO DE PRESENTACIÓN DE HAD EN EL MUSEO ROCA DE LA CIUDAD DE BUENOS AIRES (30/3/09).

Un interesante número de los que integran el movimiento de Historia a Debate son alumnos y profesores en los distintos niveles de la enseñanza. Como docente universitaria y secundaria quiero destacar la importancia que HaD le ha otorgado al tema educativo en las propuestas del Manifiesto:

“Nuestra responsabilidad como formadores de estudiantes que serán mañana profesores e investigadores es, a este respecto, capital. Nunca fue tan crucial continuar explicando la historia con enfoques avanzados -también por su autocrítica- desde la enseñanza primaria y secundaria hasta los cursos de posgrado. La historia futura estará condicionada por la educación que reciben aquí y ahora los historiadores futuros: nuestros alumnos.” (Propuesta número 12: Relevo generacional).

Los invito a reflexionar en esta oportunidad sobre los sentidos de la enseñanza de la historia y su relación con la historia inmediata.

Los estudios actuales sobre enseñanza de la historia y la justificación de su presencia en el currículo escolar, hacen hincapié en la necesidad de otorgarle sentido. Ese sentido que parece haber perdido la disciplina al cuestionarse el rol que cumplió durante el período de formación y consolidación de los estados (más recientemente, su uso por los regímenes
militares, en América Latina ), esto es, ser forjadora de la identidad nacional a partir de la difusión de ciertos “mitos” patrióticos. Este proceso no fue sincrónico en las sociedades occidentales, pero hoy día, la crítica sobre sus efectos es compartida en centros de investigación europeos y americanos.

Historia… ¿para qué? es una pregunta bien sencilla, con respuestas diversas pero escasa transposición didáctica. Si bien no todas fueron elaboradas pensando en la enseñanza, tienen consecuencias pedagógicas. Mencionaré solo algunas: que los hombres sepan que pueden actuar y vivir mejor (Marc Bloch); pensar históricamente (Pierre Vilar); recuperar la dimensión colectiva y pública de las historias individuales (Eric Hobsbawm); “ayudar a nuestros contemporáneos a confiar en el porvenir y encarar mejor armados las dificultades que encuentra día a día” (Georges Duby); acercarse a los problemas que importan al ciudadano corriente e “introducir un pellizco de conciencia en la mentalidad del estudiante” (Josep Fontana); contribuir a una sociedad más democrática; construir nuevas identidades teniendo en cuenta la visión de los excluidos… la lista es larguísima.

Las condiciones del trabajo docente y la frecuente aceptación del papel de reproductores de propuestas diseñadas por expertos suele producir la desconexión entre historia investigada e historia enseñada. Pero el problema es más profundo: atañe a la misma concepción de historia que en muchos casos todavía se ajusta al enciclopedismo que pretendía enseñarlo “todo”, al positivismo que pretendía la neutralidad del conocimiento, y a los prejuicios hacia el abordaje de temas de actualidad en las clases de historia. La enseñanza de la historia en nuestro país está atravesada por la exigencia curricular de abordar los procesos políticos, sociales, económicos y culturales de las últimas décadas de historia argentina.
Paradójicamente, o no, el achicamiento de los espacios de enseñanza de la historia por efecto de la reforma educativa ha sido en perjuicio del estudio del pasado más cercano, lo que se suma a la carencia o desconocimiento de materiales didácticos apropiados o a la insuficiente formación para el tratamiento de estos nuevos temas. A menudo resulta incómodo para el profesor asumir un posicionamiento disciplinar y ético político en temas que siguen dividiendo profundamente a la sociedad argentina. En tal sentido el docente debe asumir que se encuentra atravesado por las mismas tensiones que el historiador, ya que ni la práctica científica ni la práctica de enseñanza pueden ser neutrales, aunque sí rigurosas y críticas en su relación con el conocimiento.

Convencidos de que la distancia temporal no garantiza la “objetividad”, los miembros de Historia a Debate otorgamos a la “Historia Inmediata” un lugar central en la construcción de un nuevo paradigma. Recupero a Carlos Barros cuando plantea que esta sería “la forma más profesional del compromiso del historiador con el presente” ya que “el historiador puede contribuir con sus conocimientos y formación a situar históricamente los hechos actuales de relevancia pública”.[1] Desde hace una década, el movimiento propicia la discusión sobre estos temas en los foros sobre Historia Inmediata y en otros, más específicos, sobre cuestiones educativas (¿Qué historia vamos a enseñar en el nuevo siglo?, ¿Para qué estudiar historia?, Experiencias docentes).

Experiencias recientes en el aula secundaria me permiten afirmar que la historia inmediata es vital para la elaboración de propuestas de contenidos pensando en los intereses de los alumnos y su diversidad. La enseñanza de los contenidos de historia del siglo XX puede partir de problemas de historia inmediata. Estos requieren ser incluidos sistemáticamente en los programas ya que la relación con el presente no puede quedar librada a la improvisación o a planteos más o menos frecuentes de los estudiantes. Ellos demandan nuestra opinión sobre la mayor parte de los temas de actualidad y no podemos a cambio darles nuestro parecer de simples ciudadanos. La tarea de un profesor comprometido exige un cambio de perspectiva que otorgue un lugar central a la discusión y reflexión en torno a ­por ejemplo- la política como espacio de toma de decisiones colectivas, y no sólo como una
actividad de los políticos profesionales; la corrupción, el autoritarismo, la violencia, el clientelismo, la pobreza, las diferencias culturales, la discriminación y la exclusión actuales como problemas que deben contextuarse históricamente; el cambio como posibilidad real y la existencia de alternativas; los riesgos de la idealización del pasado que obstaculiza
pensar en términos de continuidades y rupturas; la construcción del acontecimiento histórico en los medios masivos de comunicación, entre otros temas.

Es prioritario entonces que los profesores de historia sigamos debatiendo sobre una enseñanza de la disciplina que de cuenta de las necesidades del nuevo siglo.

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[1] Barros, C., ¿Es posible una historia inmediata?, ponencia dictada en el II Seminario Internacional Nuestro Patrimonio Común, organizado en Cádiz, el 23 de abril de 2002, por la Asociación de Historia Actual.

Barros, C., L’historiographie et l’histoire immédiates : l’expérience latine de l’Histoire en débat (1993-2006), texto presentado en el Colloque International “Bilan et perspectives de l’histoire immédiate”, organizado por el Groupe de Recherche en Histoire Immédiate (GRHI) de la Université Toulouse-Le Mirail, Francia, los días 5-6 de abril de 2006.

Ambos textos están disponibles en el sitio web de Historia a Debate:
http://www.h-debate.com