Presentaciones
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Actas II Congreso Internacional "Historia a Debate" y Manifiesto historiográfico |
México D.F. [5/7/02]
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Muy apreciados colegas
Por causas ajenas a mi voluntad, no pude hacer el viaje
a la ciudad de México como había planeado para asistir a la
presentación de "Historia a debate". Mi deseo había sido
estar con ustedes y con los alumnos de historia de la Facultad de
Filosofía y Letras en la discusión de este muy importante Manifiesto
y de las Actas, en el cual tuve la oportunidad de participar.
"Historia a debate" inaugura una discusión sobre las nuevas
perspectivas de la investigación histórica en Hispanoamérica y en
el mundo. Ahí se discutieron los temas y las tesis que han marcado un
nuevo rumbo en la investigación histórica. Particularmente hubo un
encuentro entre los historiadores de Europa y América que considero
fructífero y decisivo para continuar nuestro debate sobre los caminos
de la historia en Hispanoamérica. A mí me tocó hablar sobre los orígenes
de la memoria en Mesoamérica. Es decir, destaqué las características
originales del pensamiento histórico mesoamericano basadas, a diferencia de Europa, en la
imagen, el discurso oral y el mito. Estas formas específicas de
registrar y transmitir el pasado son típicamente mesoamericanas y
establecen un contraste con la historiografía europea. En el artículo
que publiqué en "Historia a debate" definí las características
de la recuperación histórica mesoamericana. Les envío una
felicitación a la mesa que hoy discurre y festejo tan importante acontecimiento para la historiografía, tan
necesaria esta discusión hoy día. Agradezco a los organizadores de
este evento la invitación que me hicieron y que espero corresponder
con una conferencia especial en esa Facultad en los días próximos. Un
saludo afectuoso
Enrique Florescano
El historiador surge cuando intenta trascender la
mirada del Otro, de lo otro, de los otros; cuando interpreta y no sólo
explica el pasado; cuando se enamora del Logos, y del Mythos; es
seducido por Clío, acariciado por las visiones de Morfeo, estremecido
por Thánathos y trastocado por Narciso. Historia a Debate es una
comunidad virtual, pero muy vital de más de 2000 historiadores de los
cinco continentes. Su coordinador científico es el historiador español
Carlos Barros quien, a través de este proyecto, se ha dado a la tarea
de entrelazar a la comunidad académica con el propósito auspiciar
una labor que permita la conformación de un paradigma común y plural
para los historiadores del siglo XXI, inmersos en el mundo de la
globalidad.
Las 18 tesis del Manifiesto que hoy presentamos abrazan planteamientos ontológicos, éticos, epistemológicos y metodológicos de la historia como:
- La superación del objetivismo positivista y del
subjetivismo posmoderno, considerando que es el historiador quien
construye su objeto de estudio, acorde con las influencias que recibe
del entorno en que actúa y del momento en que vive.
- El rigor en la investigación histórica, que no se contrapone con sus resultados relativos y plurales, inherentes a la diversidad propia de las sociedades humanas. El manifiesto se pronuncia en favor de que la imaginación creadora conduzca al “descubrimiento” de nuevas fuentes históricas y potencie el uso de las que en los últimos tiempos han adquirido esa calidad, pues antes se habían quedado en voz, en palabra y en letra muerta, como la oralidad, la iconografía y los restos materiales. Y aboga por la innovación en los métodos y los temas, para salvaguardar la interdisciplina como una respuesta vigorosa ante la complejidad del actual mundo globalizado. De igual manera, propone una reflexión responsable acerca de la fragmentación de los estudios históricos, que desvincula y pulveriza el quehacer del historiador y a la historia misma, invitando a la construcción de una realidad basada en la interrelación y la comunicación global. Promueve el debate y la confrontación intelectual a través, tanto de las modalidades tradicionales, como mediante las que ofrece la informática, cuyo desarrollo corre paralelo al mundo globalizado. Nuestro manifiesto reivindica la autonomía intelectual de los historiadores ante los poderes establecidos y los que día a día se conforman y articulan, sin ignorar su existencia, pero reclamando el pleno derecho que nos asiste para la definición de los objetivos propios de la investigación sobre los que coyunturalmente plantean las instituciones y empresas, tanto públicas como privadas que aportan recursos para la misma También, convoca a discernir las tendencias historiográficas actuales bajo la premisa de que la investigación y reflexión históricas son, en esencia, tareas comunitarias. Y busca esclarecer posiciones, no para negar o destruir al otro, sino para “reinventar” la comunicación multidireccional y fecunda, para redescubrir las intersecciones verdaderas y, en fin, para dotar de una nueva inteligibilidad al crucigrama de la historia - hace honor a la historicidad del conocimiento, al aquilatar la herencia recibida de las principales tendencias historiográficas del siglo XX, particularmente de la Escuela francesa de los Annales, del historicismo, del marxismo y del neopositivismo. -Historia a Debate surge en el momento preciso; cuando resulta inaplazable volver a preguntarnos por el ejercicio del historiador, y de la historia misma, con una mirada actual, amplia, plural y sobre todo crítica. Es decir, mientras hace una década se preconizó el fin de la historia, hoy es un deber social preguntarnos acerca de su sentido y razón de ser , desde un horizonte crítico que es el único espacio idóneo para responder preguntas tan trascendentes. Hace poco menos de un año, el 11 de septiembre del 2001 apareció el manifiesto, cuya publicación hoy celebramos y, desde entonces, ha recorrido diversas latitudes, no solo de la geografía interoceánica sino también del pensamiento Inscrito en la tradición de los manifiestos, sean éstos, artísticos o políticos, el de Historia a Debate significa un primer recuento crítico que pone en la balanza las distorsiones y aciertos del quehacer histórico en el pasado, así como sus potencialidades al inicio del milenio. Así identifica claramente la fragilidad del trabajo académico, cuando éste vive ligado a una sensualidad mórbida con el poder que evita la creación autentica, al atraparlo en la repetición tediosa, detrás de la cual se agazapa la condena a la seducción que siempre acompaña a la genuina creación intelectual y al supremo gozo de la dimensión erótica de la historia. De igual manera, reclama un sitio preeminente para el historiador, como individuo que crea, construye y deconstruye formas de haber y de saber, en busca de una heterología de la historia, en el impulso y en la frecuencia, en el instinto y en la razón. También, comprende claramente las tensiones no resueltas entre las condiciones, los móviles, los delirios, las tácticas y las estrategias de la lógica espacio-temporal en la posmodernidad y su angustiada analogía con otra lógica, la de la exhibición de los hechos aislados y los resabios del positivismo. Y las concibe como retos para caminar en busca de una ciencia histórica con sujeto sueño eterno de todos los que creemos en la dialéctica de la subjetividad y la objetividad, el rejuego de ser y estar, de existir o asistir a la historia; decirlo vuelve a ser fácil, he allí el nuevo dilema. ¿cómo ser consecuentes con lo anhelado, con el ansia, con la necesidad? Asumir esta premisa, aceptémoslo, prefigura una cierta vocación para redimensionar el discurso de la historia y, por supuesto, el de la misma historiografía, que se ha venido produciendo a lo largo de los últimos treinta años. Redimensionamiento que opera como un vademécum para nuestra avidez temporizadora; como dispositivo crítico de una indistinción entre los hechos y sus interpretaciones. Aun más allá, incluso, de torpes determinismo y funcionalismos, de dilaciones entre la verdad y la mentira, entre los sueños y las vigilias de realidades y ficciones. El proyecto Historia a Debate no quiere romper con una o varias corrientes para situarse cómodamente en otra; ni condena los dogmatismos para construir uno más. Tampoco invita a deshilvanar la creatividad de la historia ahogándola en las viejas polémicas circulares en torno al argumento de “hacer” y “pensar”, de ser y de estar, de suponer y de realizar, que suelen conducir a las Imposturas de la cátedra o a nihilismos intelectuales. Y como su más importante propósito es crear un escenario en el que los papeles y parlamentos no están preasignados, permítanme sugerir algunas de las tareas que, desde el momento mismo de plantearlas, nos acreditarían como signatarios activos del Manifiesto que presentamos. Podríamos, sin temores escolásticos o falsos recatos académicos preguntarnos ¿cuáles son los nuevos paradigmas de la historia, más allá de la escuelas o corrientes hegemónicas de la historiografía del siglo XX? y plantearnos con rigor y seriedad la posibilidad y la urgencia de forjar una nueva construcción metodológica y hermenéutica del hacer y del pensar la historia. Asimismo, deberemos revisar los dogmas y los prejuicios establecidos por las diversas corrientes y sus legatarios, para revitalizar sus aciertos y escudriñar sus errores. Repensar el sujeto histórico, mirar bajo una luz nueva la intersubjetividad y postular un objeto histórico libre de esencialismos y de autocensuras. En fin, aminorar el significado que se la ha atribuido a la ortodoxia teórica sin bases sólidas, para bosquejar la ortopraxis del historiador, haciendo vigente la tesis de que sin vida no hay historia. El Manifiesto se ha configurado a partir de muchas voces, cuyo punto de encuentro es el estudio del pasado y que, por lo mismo, miran siempre al porvenir. De ahí que, naturalmente, Historia a Debate, se conciba como un espacio idóneo para el relevo generacional académico. Porque sólo hay fiesta cuando se mata muriendo y se muere matando. Dando paso a la imaginación y a la pasión se rompe con los reductos acomodaticios de sólo seguir el camino. Sabia virtud de interpretar el tiempo como lo demuestra la obra diversa y por ende de vocación universal de Robert Darnton, Norman Simms, Georg Iggers, Ciro Cardoso, Jacques Revel, Hubert Watalet, Peter Burke y el mismo Carlos Barros, Enrique Florescano, Antonio García de Léón algunos de quienes han participado en esta empresa. Para Historia a Debate la historia debe estar al servicio de las mayorías sociales y reivindicar el compromiso con los valores existenciales de una ética planetaria. Por ello en esta propuesta encontrarán su lugar todos aquellos que se preguntan por la verdad, desde el deseo del conocimiento del pasado y quieran trascender la mirada autocomplaciente y yoíca de la falsa erudición circular de grupos, sectas y academias que, acaban por negarse así mismas, cuando sólo están preparadas para cumplir el ritual de repetir el discurso del Amo. México, Tlalpan - Ciudad Universitaria, a 5 de julio de 2002 Antonio
García de León
Sobre Historia a Debate Hay que decir además que la participación de los
historiadores latinoamericanos en estas nutridas peregrinaciones a
Santiago de Compostela, a lo que se perfila ya como la Meca de la
discusión histórica, se debe en mucho a la labor hecha por el mismo
Carlos Barros en las universidades de este lado del charco. Gran parte de
este esfuerzo se lo debemos pues a la terca decisión del profesor gallego
de meternos en camisas de once varas, metodológicas y existenciales y
hacernos participar en una gama intensa de discusiones de todos los temas
que atañen a la historia desde la enseñanza de la historia, que tiene en
el evento gran relevancia, hasta cómo rescatar la memoria frágil de los
documentos electrónicos. Así, en el primer Congreso de HaD, la
contribución de las ponencias de América Latina mereció también,
además de las Actas, una publicación especial (América Latina) en la
que participamos varios profesores de esta Facultad, así como
historiadores de varios países iberoamericanos. Además de los Congresos y después de varios años de
actividad, HaD y su grupo animador, han logrado crear una inmensa
comunidad que discute toda clase de temas en la red, por medio del correo
electrónico, a través del chat o visitando la página web de un proyecto
que empezó de manera modesta, pero que la ansiedad de nuestros tiempos ha
hecho ya un referente para los historiadores navegantes, los que
aprovechan el anonimato de la red, para quienes tienen tiempo de hacerlo y
para quienes se preocupan por iluminar de cuando en vez la marcha
inexorable de su propio quehacer historiográfico. Gracias a ello,
nuestros sitios de correo se ven a menudo enriquecidos por interesantes
discusiones entre argentinos, rusos, franceses, africanos, españoles o
japoneses, conocidos internautas y redomados discutidores, llegando
realmente a congestionar las atrasadas configuraciones de nuestro arcaico
servidor de la UNAM. Ampliando su margen de propuestas, y coincidiendo con el
episodio fundador del nuevo siglo que fue la demolición de las torres
gemelas el año pasado, HaD circuló un Manifiesto que formula 18
propuestas metodológicas para hacer retornar a la historia por el buen
camino de la tradición historiográfica densa y advertirnos de paso sobre
los peligros del retorno a la vieja historia, las trampas del
"subjetivismo resucitado por la corriente posmoderna a finales del
siglo XX", las amenazas del "giro positivista y conservador que
amenaza con devolver nuestra disciplina al siglo XIX", etcétera. Un
documento que servirá de reflexión de las propuestas y enunciados, cada
quien a su manera. Es así como, una vez advertidos de los peligros que
acechan nuestro quehacer, HaD propone varias vacunas metodológicas que
seguramente tranquilizarán a quienes nos tomamos en serio la historia y
tratamos de mantener actualizados nuestros programas antivirus. Como no
conozco las Actas, o tal vez vienen en camino, quisiera referirme al
Manifiesto, que cualquiera puede bajar de la red un documento que además
está sujeto a críticas, adendas, nuevas propuestas y modificaciones.
Producto pues de estas discusiones, el texto es realmente colectivo y
resume muchas de las preocupaciones de este principio del siglo. Primeramente, el Manifiesto propone 18 temas que resultan
muy interesantes, pues resumen en gran medida los temores y desasosiegos
que asaltan a la comunidad de los historiadores en un momento de
incertidumbre generalizada en donde los viejos paradigmas, por feos que
resulten, pueden jugar el papel de troncos flotantes en una inundación
cuyas dimensiones desconocemos. Estos referentes para "explicitar y
actualizar nuestra posición en diálogo crítico", como dice el
documento, son los siguientes Primero, una ciencia con sujeto que no sea ni la historia
objetivista de Ranke, ni la historia subjetivista de la posmodernidad,
sino "una ciencia con sujeto humano que descubre el pasado conforme
lo construye"... 2) una nueva erudición basada en nuevas fuentes, no
sólo escritas, sino retomando los avances de las nuevas formas de hacer
historia, 3) recuperar la innovación ("llenando los odres viejos con
vino nuevo", como dice el Manifiesto), con el fin de reivindicar de
alguna manera el encantamiento de la historia, 4) Fortalecer la
interdisciplina, pero de a de veras y no sólo como fórmula repetida, 5)
Nos advierte contra la fragmentación, es decir, contra los nocivos
efectos causados por el fracaso de la "historia total", efectos
cuya inoperancia habría realmente que discutir, 6) Propone una tarea
historiográfica consistente en salirle al paso a los acontecimientos
históricos que vivimos con gran rapidez, haciendo historia
contemporánea, o combinando ésta con las historiografías más
tradicionales, 7) Es necesaria una historiografía global en donde la
democracia de la red derrote el regionalismo, los nacionalismos y los
elitismos jerárquicos y lentos, 8) Propone una autonomía del historiador
en el sentido de la crítica, 9) Aconseja reconocer tendencias, afirmar
identidades metodológicas y terminar con el caldo indiferenciado en el
que hoy parecen nadar las historiografías... 10) Hay que reconocer la
herencia recibida, es decir, no tirar al basurero de la historia las
revoluciones historiográficas del siglo pasado (Annales, marxismo,
neopositivismo, etcétera..., 11) Entrarle de plano a la historiografía
digital y a las nuevas tecnologías, 12) Reconocer los retos del relevo
generacional y el hecho de que nuestros alumnos a veces, según esto, son
más conservadores que nosotros, y entonces qué vamos a hacer, 13) Es
esencial practicar, según esto, una historia pensada, o sea, reflexionada
una combinación de práctica y teoría que retome precisamente la justa
dimensión del relato, 14) La aceleración histórica de la última
década ha reemplazado el debate sobre el fin de la historia por el debate
sobre los fines de la historia, en un punto en donde a los historiadores
se nos da mucho más poder de presencia y convencimiento del que realmente
disfrutamos... 15) Aquí, se propone reivindicar la historia, o sea,
"la función ética de la historia, de las humanidades y de las
ciencias sociales, en la educación de los ciudadanos y en la formación
de las conciencias comunitarias"... El punto 16 trata de llamarnos la
atención y, aprovechando los "tiempos de paradójicos
retornos", sobre otro retorno posible "constatando y alentando
la vuelta al compromiso", es decir, volver a la tradición
comprometida de los intelectuales del siglo pasado "Contrapeso
vital", se nos advierte, "para conjurar una virtual escisión de
la escritura académica de la historia respecto de las mayorías sociales
que financian con sus impuestos nuestra actividad docente e
investigadora". Por último, en sus puntos 17 y 18 , el Manifiesto
propone una reflexión sobre el presente y el futuro, así como la
construcción de un nuevo paradigma, que el texto ubica de plano en las
luchas actuales contra los efectos y estragos de la globalización. No sé si seguimos con todo esto llenando los odres viejos
con vino viejo, pero, independientemente de estos ires y venires, la labor
de HaD me resulta particularmente interesante, pues el inmenso corpus
producido por sus dos congresos, sus gruesas Actas y por todo lo que
acompaña a esta reflexión en la red, seguramente dará muchos mejores
frutos en la propia producción de los historiadores que participan en el
debate. La volatilidad de muchas discusiones, la desigualdad inherente a
un debate novedoso por el uso de la red, contienen un elemento valioso, el
de la interactividad, que tendría que ser reproducido en el nivel local y
usado para sacar a la historiografía de la estrechez de las aulas. Creo
que HaD tiene mucho que enseñarnos para romper aquí los prejuicios, las
cárceles de aire y la reflexión solitaria a la que nos obliga un sistema
de competencia que nos metió a todos en el juego de trabajar con
criterios productivistas que limitan la productividad. Con todas estas
dificultades es difícil hacer escuela, formar grupos de trabajo y pensar
colectivamente, pero tal vez la misma precariedad a que nos hemos visto
arrinconados nos ayude a romper esas barreras. HaD es en eso, un ejemplo y
un buen comienzo... Guillermo Turner Como se sabe, el II Congreso Internacional Historia a
Debate se realizó del 14 al 18 de julio de 1999 en Santiago de
Compostela. Este Congreso, como el anterior de 1993, fue pensado “como
lugar de encuentro, discusión y consenso” para historiadores de
diversos orígenes, países, especializaciones y comunidades académicas.
Algunas ideas rectoras de este Congreso, planteadas por Carlos Barros, y
que me parecen centrales, fueron: “la historia debe ser hija de su
tiempo” y “si cambia la Historia cambia la escritura de la Historia”
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