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Carlos
Barros
Universidad de Santiago de Compostela-Coordinador de Historia a
Debate
Reinaldo Rojas
Universidad Pedagógica Experimental
Libertador de Venezuela
Juan
Paz y Miño,
Pontificia Universidad Católica del Ecuador
Constantino
Torres
Universidad de la Habana
Luz
Varela
Universidad de Los Andes, Mérida, Venezuela.
Carlos
Barros
Universidad de Santiago de Compostela-Coordinador de Historia a
Debate
Los que hayáis estado en la
reunión de esta mañana ya
os anunciamos, como está en el programa, que íbamos a presentar las
actas del congreso de Historia a Debate del año 1999, y esta mañana
no nos extendimos demasiado en explicar qué es Historia a Debate
porque contábamos con esta reunión. Y aquí está Juan Paz y Miño, de
la Universidad la Pontificia Católica y de la Universidad Católica
de Quito, Reinaldo Rojas de la Universidad Libertadores de
Venezuela, y yo, Carlos Barros de la Universidad de Santiago de
Compostela y coordinador de Historia
a Debate. Vamos a hablar también de qué es Historia
a Debate, y para eso le doy en primer lugar la palabra a
Reinaldo Rojas.
Reinaldo
Rojas
Universidad Pedagógica Experimental
Libertador de Venezuela
Buenas
tardes. Estimados colegas, primero es muy placentero para mi compartir
este fin de evento, en este congreso. Estamos muy satisfechos de la
labor que se ha realizado. Compartir finalmente la presentación de
estas Actas del congreso que se celebró en 1999, en la cual pude
participar como ponente, y además compartir igualmente con Carlos, como
colaboradores, amigos, españoles, este proyecto de crear un espacio crítico
abierto al diálogo y al debate sobre el destino de la historiografía
universal. Yo pienso que se trata especialmente de abrir un área, un
espacio institucional , un espacio de diálogo, de debate, sobre un tema
el cual a veces nosotros pasamos un poco por el lado, que es relacionado
con el debate teórico, el debate conceptual y de método de nuestra
disciplina. Y por eso me ha llamado siempre la atención. Se trata de un
elemento realmente definitivo a tratar desde la historia, desde la labor
historiográfica y de la praxis, la teoría, el método y todo lo que
corresponde a la conceptualización de la historia. Hemos estado
acostumbrados, a veces, a mirar desde un espacio moderno, activo,
el debate que se hace en el campo de la filosofía o de epistemología
de la historia, pero se trata de una llamada que por cierto hacía
muchos años el maestro Vilar, de que el historiador debe prepararse y
debe integrarse, y debe participar en la reflexión teórica y de métodos
sobre su disciplina.
Ese es el centro, uno de los centros fundamentales de Historia
a Debate: participar en ese debate, organizar, promover. Y
nos hemos encontrado en ese sentido en un momento de crisis llamada
crisis de la ciencia del pensamiento histórico, que hace que Historia a Debate haya tomado en consecuencia un nuevo, un papel,
un rol muy importante ya que el mismo debate ha venido generando este
camino que en un primer momento, que en esta segunda fase se ha
traducido en la elaboración del Manifiesto que queremos poner en manos
de los historiadores del mundo para llamar la atención acerca de la
llamada crisis de la historia y de la historiografía.
No queremos solamente mirar hacia atrás por mirar hacia atrás, y
tampoco quedarnos en el presente del debate de la fragmentación y del
inmovilismo de la historiografía actual, sino que pretendemos retomar
del pasado lo que es retomable, elaborar conceptos, retomar el concepto
de la crítica, del compromiso hacia el ser humano, hacia la historia
misma de la cual somos parte, y entonces de allí que, pienso que la
propuesta que estamos haciendo recorrer es un punto de referencia para
el debate de una historia que no pretendemos que sea la única, sabemos
que existen muchas tendencias y existen muchas escuelas y existen muchas
maneras de pensar, pero creemos que sería terrible para la historiografía
universal que nos quedemos en el momentos actual, un momento que llamo
de fragmentación y de dispersión, que forma parte, casualmente, de una
tendencia historiográfica que se está desarrollando en los grandes
centros de producción de conocimiento histórico. Por eso el hecho de
que haya sido en Santiago de Compostela, el hecho de que haya sido en
España, y que nosotros los hispanoamericanos, los latinoamericanos,
estemos formando parte de esto, y estemos respondiendo también de una
manera activa a este llamado que nos ha hecho, entre otros, Carlos
Barros, y estos colegas de otras latitudes de Europa y de América. Nos
parece importante, máxime que nosotros creemos que es fundamental en
este momento, en esta transición, en esta crisis, verla como la gran
oportunidad de pensar la historia de otra manera, verla desde nuestras
realidades, y por qué no decir, por qué no pensarla también en español.
Nosotros hemos vivido siempre de los grandes centros de producción histórica,
de la traducción que a veces nos llega a destiempo y hemos tenido el
temor, quienes hablamos español, de pensar la historia desde nuestra
propia lengua. Tenemos, muy importante en el caso de América Latina,
una importante historia de la historiografía latinoamericana. Tenemos
historiadores y un camino bastante amplio que hemos recorrido, hoy se
aprecia casualmente en este tipo de encuentros, el que hemos tenido aquí,
el que hemos tenido hace poco en Rusia. Tantos eventos que hemos tenido
donde el historiador latinoamericano tiene que estar presente, no para
que se estudien sino también para participar con nuestras propias
versiones y perspectivas de lo que es la historia nuestra y lo que es la
historia del mundo. Historia a Debate es una oportunidad, y yo
quiero expresar a Carlos nuestro agrado, este espacio que se ha abierto,
esta oportunidad. Quiero que el trabajo que se nos presenta ahora es
grandísimo porque se ha hecho camino. No creo que haya existido nunca
esa dimensión inicial, el trabajo que se ha abierto sino que la propia
demanda de espacio de discusión de posiciones ha hecho de Historia a
Debate una referencia, que hoy debemos de darle cauce, darle forma,
sin transformarla en una tendencia específica porque tal vez no sea el
objetivo como tal, sí transformarla en una referencia de pensamiento y
de acción en el campo de la historiografía y del pensamiento social.
Y realmente creo que tenemos que trabajar, divulgar este documento para
transformarlo en un nuevo documento historiográfico fundador de una
visión de la historia más cercana a nuestras comunidades y nuestros
pueblos. Una historia menos individual, una historia que no se excede en
la representación y en el
discurso sino que también transforme en una herramienta de comprensión
y de cambio, y que a la vez sea un movimiento de construcción de un
movimiento positivo y constructivo, y porque así lo requieren, hoy más
que nunca, nuestros pueblos y nuestras comunidades.
Los acontecimientos que estamos viviendo son, realmente, retos para el
historiador e Historia a Debate, igualmente que ha discutido los
temas de la historia del presente, la historia inmediata, la historia
actual, etc. ha sido desbordada por la demanda de respuestas desde el
historiador para los problemas del presente. El pasado por el pasado
mismo, y creo que Historia a Debate está dando una importante
muestra de esa forma de hacer historia, sin tanta parafernalia sino con
acciones muy concretas. Vamos a incorporarnos ahora con mayor fuerza.
Hemos aprovechado la oportunidad de la visita de Carlos aquí, a
Pontevedra, para concretar, conocernos mejor con los compañeros de
Venezuela, y así quisiéramos nosotros que en otras partes pudieran
aprovecharse esta oportunidad y fortalecer esa ventana que se nos abre,
no sólo para hacer historia en nuestros países y traernos una muestra,
sino también para participar en la construcción del saber histórico.
Gracias
Carlos Barros
Y ahora darle paso a
Juan Paz y Miño, de la Pontificia Universidad Católica de Quito
Juan Paz y Miño
Pontificia Universidad Católica del Ecuador
Gracias
colegas historiadores e historiadoras. Yo me voy a referir a cuatro
cuestiones. En primer lugar cómo es que accedo a Historia a Debate.
Entre mis preocupaciones estuvo la de buscar
a través de Internet redes electrónicas de investigadores que
pudieran servirme para mi trabajo en América Latina y particularmente
en el Ecuador. Quizás fue para casualidad haber encontrado la red Historia
a Debate, pero me llamó la atención la rigurosidad
con que estaba trabajando
Historia a Debate, el hecho de que ya habían realizado dos
congresos, y que estaba en camino una serie de proyectos que se venían
hacia el futuro con el objetivo de desarrollar la historia y vehicular a
los historiadores, lo cual me parecía fundamental.
En segundo lugar mi experiencia dentro de Historia
a Debate. Esta fue a Raíz de la que se produjo en el Ecuador
el 21 de enero del 2000, cuando un movimiento de indígenas, militares y
pobladores derrocó al gobierno electo de Ecuador, y en el último
quinquenio era el segundo gobierno ecuatoriano que, en mi país, habíamos
derrocado. En ese momento, viviendo el calor del proceso envié un
e-mail simplemente relatando mi experiencia, diciendo esto, los indígenas
han tomado el poder y de repente parece que es
un cambio revolucionario. Carlos Barros, con la agilidad que
tiene, puso ese e-mail en Internet y circuló por todo el mundo y después
yo lo reclamé, muy amablemente, pero dije: “no esperaba que esto
circule siendo una nota muy personal”. Pero lo cierto es que lo que
Carlos hizo al mismo tiempo había dado inicio a un tipo de reflexión
que en Historia a Debate me sorprendió a mí mismo, apareciendo
como historia inmediata, y se hablaba de la “Rebelión de Quito”.
Entonces parece que esta información era más importante de lo que yo
mismo, en ese momento,
pensaba porque me llegaban e-mails y comunicaciones de muchos países
del mundo pidiéndome explicaciones ampliadas del asunto.
Como ustedes trabajan con historia saben que es mejor dejar que el
tiempo pase y maduren las condiciones para poder reflexionar algo sobre
ellas, y yo opté por dejar que el tiempo pase, y después de un mes
envié una especie de pequeña ponencia a Historia a Debate, y
consta en la red como lo que Carlos mismo había bautizado como
“Rebelión de Quito”. En aquel escrito yo hago pocas reflexiones teóricas
e históricas, pero naturalmente queda en evidencia que los indígenas
en el Ecuador eran un grupo muy organizado, el que adquirió más
importancia en América Latina, y el que tomaba además una presencia
histórica significativa a quinientos años de la conquista española.
Quedaba en evidencia además que los militares ecuatorianos no eran
aquellos que habían caracterizado a América Latina en los años
setenta, sino que eran diferentes, parecían revolucionarios y parecían
nacionalistas patrióticos y antiimperialistas. Pero también quedaba en
evidencia que todas esas aspiraciones
quedaban frustradas porque el 21 de enero terminó a las tres o
cuatro horas con el contra-golpe de los generales sobre los coroneles, y
con el contra-golpe de la democracia sobre los generales, de tal manera
que habría que resaltar el valor de la democracia en América Latina
que había triunfado, evidentemente, sobre fuerzas que estaban en contra
del movimiento de la historia y de la globalización y del capitalismo.
Esa fue mi vinculación más a fondo con historia inmediata, y desde allí
cultivé una amistad a la distancia con Carlos y con todas las
cuestiones que venían de esta red.
En tercer lugar, y como se extendió Historia a Debate en mi país
y en otros menos. Yo pienso que la experiencia de esta vinculación, de
esta búsqueda de redes de historiadores me condujo también a forjarme
ideas sobre cómo extender redes de historiadores en América Latina y
en el Ecuador. En una publicación electrónica que se llama Boletín
del Taller de Historia Económica de la Pontificia Universidad Católica
del Ecuador, que se cuela a través de e-mail, no tenía todavía la
capacidad de hacer todavía una página WEB, pero este boletín permitió
integrar a la historia y a la economía en el ámbito académico del
Ecuador, y en otros países de América Latina en lo que existía interés.
En ese boletín yo informé
en michas ocasiones sobre Historia a Debate, y la re se fue
extendiendo. Y veo que, ahora, que esa red que se inició en Historia
a Debate es bien conocida en Ecuador, aunque todavía no se han
integrado todavía historiadores, investigadores, de los
que Carlos me ha comentado, pero que van a integrarse seguramente
en el futuro, pero veo que de lo que ha servido es de canal para que el
debate de la historia, a propósito de Historia a Debate, se
generalice, se amplíe y se profundice, más allá de las preocupaciones
locales de la historia en el Ecuador y de lo que seguramente ocurre
también en otros países, lo cual es significativo a propósito de esta
red de historiadores.
En cuarto lugar el Manifiesto de Historia a Debate. Después de
varios meses llegó el manifiesto en su versión original primera
para una revisión y, cuento mi experiencia personal, pues allí
coincidían a su vez con algunas de las preocupaciones teóricas e históricas
e historiográficas que había mantenido durante algún tiempo. Hice
nada más que alguna leve sugerencia y me integré definitivamente a Historia
a Debate. Veo hacia futuro que ese Manifiesto se va a constituir en
una pieza de reflexión importantísima para los historiadores del
mundo, y particularmente también para América Latina, porque el
Manifiesto de Historia a Debate está tratando un nuevo paradigma
en la interpretación, en la búsqueda histórica de América Latina,
que creo que eso es fundamental ya que en nuestra región, además de
las distintas corrientes que se puedan detectar hacia la modernidad,
persisten algunas de las corrientes que a la época contemporánea
parece que ya no son las mejores para explicar
la situación de América Latina y de sus proyecciones hacia
futuro. Entonces yo creo
que la importancia del Manifiesto de Historia a Debate está
precisamente en desafiar a la búsqueda del nuevo paradigma al mismo
tiempo que constituirse en un referente para los paradigmas existentes,
y naturalmente de reflexión sobre nuestro trabajo historiográfico.
Plantear que la historia no es una simple acumulación de datos y a propósito
de ello desarrollar una historiografía positivista, sino también
atreverse a decir que la historia puede ser también fundamentada con la
propia interpretación, y hasta con la propia imaginación, es un desafío
para la historiografía. Nunca quiere decir eso que no busquemos una
historia con suficiente peso, fundamento, para reconstruirla, pero sí
significa desde mi punto de vista que es un desafío al intelecto para
entender al dato concreto, al hecho, más allá de su simple simbolismo
y relacionarlo con el conjunto del proceso histórico que la humanidad
sigue. Y ahí es donde me parece que el paradigma tiene que cambiar y
tiene que ser observado de otra manera.
Estos son los cuatro puntos que yo quería referirles, agregando nada más
uno. Sin duda a partir del 11 de septiembre
creo que la historia hacia futuro va a tener unos cambios que
todavía no estamos viendo, pero me parece que va
a tener una influencia tremenda en nuestras realidades. De hecho
el movimiento indígena del Ecuador que ocasionó la caída de un
gobierno el 21 de enero de 2000, y que en ese momento era visto por
mucha población como un movimiento, por lo menos, prerrevolucionario,
hoy es un movimiento de presencia, ocupa.
Ya hay voces que claman contra la detención de la subversión en mi país
a propósito de su vinculación al Plan Colombia, y está
ocurriendo, denunciado precisamente por unas organizaciones indígenas,
que en la Amazonia hay ciertas, no quiero generalizarlos pero, ha habido
ciertas inculpaciones de vínculos terroristas de los indígenas con
guerrillas o con el narcotráfico,
etc., que dejan la inquietud. Hacia futuro esa podrá o no convertirse
en una fórmula de ataque ideológico para detener a un proceso de
consolidación de estas poblaciones. Y así es que el movimiento, lo que
ocurrió ese 11 de septiembre, parece que podría alterar algunas de las
cuestiones hacia las que va nuestra historia inmediata. Espero pues que
estas ideas hayan abierto, que es mi intención también, la inquietud
respecto a Historia a Debate para que todos continuemos vinculándonos a
esta tan interesante e importante red. Muchas gracias.
Carlos
Barros
Bueno, ahora le toca
intervenir a Constantino Torres, de la Universidad de La Habana
Constantino
Torres
Universidad de La Habana
No
se asusten, yo voy a ser breve porque cuando uno es el último en
intervenir uno dice: “¿qué voy a decir yo si ya todo el mundo casi
lo ha dicho todo? Realmente nosotros estamos concluyendo prácticamente
un congreso que ha sido muy productivo, muy largo y muy agotador. Tan
agotador que veo aquí algunos cabizbajos, pensativos, no están
dormidos, están pensando simplemente, reflexionando de lo que se ha
hecho en el congreso. En el congreso este que acabamos de terminar hemos
podido encontrarnos los que hacemos historia, lo que nos preocupamos de
la historia, los que enseñamos historia, en latinoamérica y en
España, fundamentalmente. Sin embargo Historia a Debate tiene la
peculiaridad, característica que ha permitido la reunión de
historiadores de las más diversas partes del mundo. Con nosotros han
tenido la ocasión de participar en Historia a Debate y nos
encontramos allí desde historiadores israelíes hasta historiadores de
cualquier otro lugar menos imaginado del mundo.
Y con todo esto la ventaja es que nos permitió confrontar el
pensamiento de distintas zonas y de distintos historiadores, de ver qué
se pensaba sobre todo en unos momentos en que el tema de moda era la
crisis de los grandes paradigmas de la ciencia histórica. Aquello
permitió dar un aliento. Los que allí asistimos vimos que la historia
no estaba tan en crisis, que lo que prácticamente se estaba discutiendo
era la historia que viene y la tarea que nos correspondía a los
historiadores. Pero en todos los congresos nos pasa algo siempre, y creo
que esa experiencia la tenemos todos aquí; usted quiere oír todas las
ponencias, usted tiene varias ponencias que le interesan, ve un programa
donde todo está muy bien organizado, usted marca la noche antes: “voy
a asistir a esta a las 9, a las 11 voy a esta otra sala a a oír este
otro trabajo, después al mediodía me voy a ver a aquel”, pero cuando
usted llega todo muy bien organizado, todo muy bien planificado, el
retroproyector hace falta en tal sala a tal hora y entonces vamos a
poner a fulano que no necesita el retroproyector a primera hora y usted
no pudo oír allí lo que usted quería oír. Se trasladó a la otra
sala pero fulano, que tenía que llegar a tal hora no estaba y entonces
tampoco lo pudo oír. Resumidas cuentas usted oye dos o tres ponencias y
no todas las que usted quisiera.
En Historia a Debate
creo que el logro mayor que se ha podido obtener, o entre los muchos que
se han obtenido, es este: las Memorias de Historia a Debate. ¿Por
qué? Porque independientemente del intercambio que hemos podido tener
en medio de los debates, en medio de las sesiones, en los pasillos, en
el almuerzo, en el contacto directo con los colegas, hemos tenido la
ventaja de leer, sino todas si algunas de las más importantes ponencias
o trabajos presentados en Historia a Debate. O es aún, estos
materiales tienen, a mi entender, la gran riqueza que no sólo tienen la
fría exposición de una ponencia sino que tienen también el debate que
se suscita en las distintas mesas redondas y podemos ver aquí las
confrontaciones de las distintas opiniones.
Cuando a mi me llegaron los primeros tomos de Historia a Debate
de la anterior edición, yo doy historiografía, los que enseñamos
historiografía, y los que enseñamos historiografía en un país
sometido a un bloqueo durante años, donde además el dólar no abunda
para comprar los libros a
los precios exorbitantes a los que están los libros, a veces, me
encontré con el tesoro de la fortuna. Podía darle a mis alumnos algo a
leer que tenía :visiones historiográficas contrapuestas, visiones
historiográficas desde diferentes puntos de vista, visiones historiográficas
desde distintos países del mundo, con distintas posiciones, unas más
pesimistas, otras más optimistas, unos que criticaban la historia de
las mentalidades, otros que alababan la historia de las mentalidades,
unos que hablaban de una historia global o total, otros que además decían
que nunca se iba a llegar a una historia global o total, donde se
hablaba de la microhistoria, de la historia regional o de la historia
local, de la historia política, de la historia de género, de la enseñanza
de la historia. Y realmente es un material muy rico. Si Carlos Barros se
decidiera a vender algún día este material en Cuba, en dinero cubano,
sería, como decimos nosotros, un best-seller en Cuba.
Lamentablemente tenemos que tenerlo en biblioteca porque todavía no se
vende en pesos cubanos, pero a los que tengan aquí la posibilidad de
comprarlo yo les aseguro que vale la pena
no sólo participar en los congresos de Historia a Debate
sino tener el material de la revista Historia a Debate y el
acceso a Historia a Debate por Internet en estos momentos.
Luz
Varela
Universidad de Los Andes, Mérida, Venezuela.
Yo sabía que debíamos hablar
unos cinco minutos. La verdad es que es poco tiempo para todo lo que
podríamos decir sobre el Manifiesto pero afortunadamente tenemos la página
para continuar debatiendo, hablando, opinando y discutiendo. Y quisiera
un poco hablar de mi experiencia personal. Voy a ser rapidita. Cuando yo
descubrí Historia a Debate, para mi, fue una sorpresa muy
positiva, como lo fue para varias colegas en Venezuela, y
particularmente yo me sentía sumamente sola, me sentía así como,
aparte de que me habían quitado el piso, de que se habían caído todos
los esquemas y todo eso por lo que hemos pasado muchas que nos dedicamos
a la historia desde hace unos quince, veinte años, y este, me
encontraba sin respuestas, pero sabía que podía haber respuestas, y no
creía en esa postura de poder que decían que no, que de adoptar
posturas románticas o nostálgicas, que eso es ser dogmático y que lo
que había que hacer era investigar, investigar y ya está, sin ver para
ningún otro lado, sino sólo ver el dato y se acabó. Y, por supuesto,
nunca estuve de acuerdo con esto, y la impresión que había además
era que las respuestas tenían
que venir desde otras disciplinas; parecía que de los historiadores de
la cultura, desde los sociólogos, sistemólogos, lo que fuera, pero que
los historiadores teníamos que ocuparnos del asunto empírico. Y a mi
me pareció, como latinoamericana, como historiadora, como estudiosa de
la realidad social, que no podíamos desvincularnos tanto del hecho de
tratar de dar respuestas desde la historia, como de ocuparnos de esa
problemática social que nos rodeaba y de continuar con un sentido de
compromiso social. Para mi eso era fundamental.
Y realmente me ví como en un diálogo de sordos, nadie me paraba. Yo
hablaba y discutía, y todo el mundo llegó a decir una vez: “esa
mujer le gusta pelear sola”. Y la verdad es que es eso, es que nadie
me oía porque a nadie le interesaba esa discusión, hasta que conocí Historia
a Debate. A los que le interesaba, bueno mi grupo de investigación,
afortunadamente tenía un buen grupo. Yo soy la única que trabaja con
historia, y algunos historiadores pero de otras partes fuera de mi
facultad. El caso de Diana, de Trujillo, otras personas en Caracas, pero
éramos como, algo así, éramos como tres gatos regados por el país.
Y cuando conseguí Historia a Debate pues para nosotros fue un
descubrimiento maravillosos. Luego cuando Carlos Barros propone el
Manifiesto recuerdo que tiró la propuesta por la red de que el que
quisiera se incorporara al Grupo Manifiesto para colaborar con la
redacción. Estuve a punto de incorporarme pero como yo tengo fama de
metida, a mi me han dicho que soy más metida que una gaveta, entonces
yo dije que, preferí no meterme, pero resulta que Carlos me invitó
directamente, personalmente. Entonces me sentí encantada y, por
supuesto, maravillada de esa propuesta con la cual comulgaba totalmente,
que me gustaría que hubiera ido un poco más allá en algunas cosas,
pero entiendo que había necesidad de hacer un trabajo, como estaba
diciendo hace rato Carlos, que no tuviese tanta fuerza política porque
entonces iba a limitar, este, apoyos por parte de otras personas.
Entonces había que tratar de hacer
algo, una propuesta a través de la cual los historiadores
manifestamos, decimos, pensamos, decimos que estamos aquí, no estamos
esperando a que sean los sociólogos u otra gente los que vengan
a darnos sus respuestas. Somos nosotros.
Además tenemos sentido de compromiso social y, sobre todo, algo que me
parece extraordinariamente importante, que sea una iniciativa que haya
partido del mundo hispano, que sea desde Galicia justamente. Bueno,
aparte de que para muchos latinoamericanos Galicia es una provincia más
de América Latina. Yo pensaba, hace años,
pensaba que todos los gallegos se habían ido a Venezuela. Después
es que me enteré que apenas una pequeña parte de había ido a
Venezuela, resulta que hay muchísima más gente en Cuba y en Argentina.
Pero la verdad es que siempre veía los gallegos como hermanos más. Por
eso me alegro mucho de que esa iniciativa haya salido de España, y
particularmente de Galicia, que podamos comulgar de una forma tan
coherente, para mi realmente tan hermosa, que me llena; con la cual
puedo compartir, con la cual yo puedo debatir. Realmente es muy
enriquecedor y me parece que, bueno, no sólo por mi gusto a nivel
personal considero que he ayudado mucho en mi crecimiento sino que puede
en verdad marcar un rumbo en el mundo de la historia a nivel mundial.
Eso es todo, gracias.
Carlos Barros
Bien, me toca a mi
completar con algunos datos. Historia a Debate ha nacido en
Galicia, pero hace ya tiempo que es un patrimonio mucho más amplio, y no
sólo de las universidades españolas y latinoamericanas. Yo voy a aportar
algunos datos que faltan en estas intervenciones que he seguido con atención
porque no tenemos tantas ocasiones como esta de vernos los que hemos
participado en la redacción del Manifiesto. Justifico la ausencia de
Sergio Guerra que tenía que estar presidiendo esta reunión, y tiene
tareas urgentes, organizativas, que le impiden estar aquí con nosotros.
Algunos datos: las actas son tres volúmenes que están aquí. Se ha
repartido ahora un folleto para que se puedan pedir para bibliotecas, y
quien pueda personalmente. Setenta y nueve ponencias; diecinueve mesas
redondas con debates transcritos; ciento cincuenta y siete autores; mil
doscientas treinta y cinco páginas en español; gallego, portugués, inglés,
francés e italiano; y estamos preparando una edición en Estados Unidos
con una selección de ponencias en una editorial americana.
La red; ya habéis visto como ha nacido la lista de historia inmediata,
que trata desde un punto de vista histórico, historiográfico, de debatir
cuestiones de actualidad que tengan relevancia histórica e historiográfica,
y es una lista con doscientos cuarenta y siete suscritos de veinticuatro
países, pero la lista básica
de correo electrónico que lleva dos años funcionando, somos en este
momento mil ciento treinta y un profesores de más de cien universidades
de cuarenta y cinco países. En la página Web, que tenéis la dirección
en los folletos que se han repartido, hay aproximadamente entre ocho mil y
diez mil visitas de colegas mensualmente.
El Manifiesto; ya se ha dicho, hemos participado todos los que estamos en
esta mesa con la excepción de Constantino. Participó Sergio por la Universidad
de La Habana en su elaboración final, junto con profesores de varias
universidades españolas, de otros lugares de América Latina y de Estados
Unidos. Corresponde el Manifiesto con la línea editorial que tenemos,
oficial de Historia a Debate, para cual solicitamos tres cosas:
primero aquel que esté de acuerdo en lo esencial que lo suscriba, ayude
en su publicación y
divulgación en el mayor número de revistas posible y naturalmente una
opinión crítica. Está en preparación en Venezuela una edición del
Manifiesto con varios artículos, críticos o en defensa de las posiciones
del Manifiesto. Naturalmente en Historia a Debate si nuestros
propios planteamientos no entran a debate no tendría sentido. Hemos
descubierto en Argentina, yo vengo de una visita por varias universidades
argentinas, y hemos hecho reuniones de la lista y presentaciones en tres
lugares de Argentina: Buenos Aires, Mar del Plata y la provincia de Entre
Ríos, y he comprobado la eficacia del manifiesto en la docencia de
Introducción a la Historia, Metodología e Historiografía, y la
facilidad con la que los jóvenes captan
algo que está explícito en el mensaje: nosotros estamos
trabajando para la nueva generación, para nuestros alumnos, y previendo
que es un plazo de diez años, o quince, pues una gran parte de nosotros
ya no estará en un papel, estaremos en la jubilación. Y nos preocupa
enormemente qué va a ser de nuestra disciplina en ese plazo de tiempo. Historia
a Debate, con toda claridad, está trabajando en esa dirección, y
creemos que la generación a la que pertenecemos, que es la generación
del 68, tiene un gran papel que jugar para que la escritura de la historia
del siglo XXI no haga tabla rasa de las aportaciones historiográficas del
siglo XX, que han tenido, que han pasado por grandes fracasos pero también
grandes éxitos, y sobre todo en un momento en que se nos presenta como última
novedad en una serie de países el retorno a la historiografía del siglo
XIX, a Von Ranke y a un reduccionismo de la historia a las grandes figuras
que todavía a mi edad nos enseñaron que eran artificios de la gran
historia. La historiografía marxista, la escuela de Annales e
incluso la cliometría no pasaron en balde y no estamos dispuestos
a hacer tabla rasa de ese pasado historiográfico, del cual al mismo
tiempo somos muy críticos, de aquí el sentido que tiene de que hablemos
de un nuevo consenso para el estudio de la historia y de un nuevo
paradigma historiográfico.
Como vamos muy mal de tiempo vamos a repasar ahora rápidamente lo que yo
creo que son las novedades que en el panorama historiográfico
internacional ofrece o puede ofrecer Historia a Debate, y que
explica la continuidad en los últimos ocho años de nuestro movimiento
historiográfico y con su expansión en los dos últimos años, desde que
trabajamos y estamos en contacto diariamente a través de Internet.
Por lo tanto son cosas que estoy diciendo y ya están funcionando, y que
se está demostrando su viabilidad. Primero que somos un proyecto
colectivo, una red normal y explícita de interés historiográfico
intelectual. Sentimos un enorme respeto por las otras redes de ámbito más
reducido, ligado a intereses mutuos de tipo a veces académico y material
o de otro tipo, o proyectos de investigación reducidos pero nosotros nos
planteamos desde el principio Historia a Debate como un proyecto
muy amplio, muy abierto, vinculado a intereses historiográficos e
intelectuales en una época donde desde la academia y desde la sociedad se
nos presiona en una severa competencia para que actuemos individualmente,
en plan de superviviencia muchas veces.
De ahí el primer mérito de Historia a Debate. Somos u proyecto
colectivo, en marcha, cuyo perfil final no lo sabemos porque estamos
cabalgando sobre un cambio histórico que tampoco sabemos en qué va a
concluir ni a medio, ni a siquiera, corto plazo, sobre todo a partir del
11 de septiembre.
Segundo. Como ya ha quedado claro aquí, y por la composición de esta
mesa, somos un proyecto latinoamericano, y eso es una novedad porque por
razones que tienen que ver con la
historia de nuestros países respectivos, España por un lado, América
Latina por otro, y que tienen que ver con
la historia de la historiografía, por lo menos desde España nunca
hemos promovido una escuela historiográfica propia y me parece que América
Latina por lo menos podemos decir lo mismo si nos referimos a escuela
historiográfica de alcance internacional. Esto es la primera vez que
sucede, y es una gran novedad en la historia de la historiografía. Se
explica fundamentalmente por la descentralización historiográfica y la
crisis de los focos nacionales de renovación historiográfica del siglo
XX que está provocando la globalización, que tiene, como todos sabemos,
aspectos positivos y negativos, que es mucho más evidente para nuestro
conocimiento los negativos. Somos un proyecto digital que se inició con métodos
de intercambio tradicional (congresos, seminarios, etc.). Y yo ahí quiero
decir que nuestra red digital, que abarca muchas universidades y muchos
miles de colegas, ni son todos los que están ni están todos los que son.
Y yo aprovecho esta tribuna, como en otras presentaciones de Historia a
Debate, para anunciar a los colegas que por razones de edad, o por
dificultad técnica, n se manejan en Internet, de que en Internet no se
pierde el tiempo. Sencillamente tenemos que cambiar el chip porque la
difusión que nuestros trabajos de investigación adquieren por Internet
no tiene precedentes, y la experiencia de Historia a Debate. Yo
animo a todo el mundo a integrarse, no solo como si fuera un correo postal
o un teléfono, sino integrarse en Internet como una nueva forma de
comunicación social, como un nuevo medio de comunicación social académica,
recordamos que Internet nació en el mundo universitario, y porque es además
el contrapeso horizontal que necesitamos en unas
instituciones que se mueven, como sabemos, y en buena medida por
necesidad, en la transmisión del saber maestro-alumno de una manera jerárquica
en cada centro, a lo que se une la jerarquía entre universidades, la
jerarquía entre países, la jerarquía entre especialidades.
Nosotros hemos empezado principalmente reuniéndonos para discutir y
reflexionar sobre metodología de la historia, historiografía y teoría
de la historia. Ahora hemos introducido problemas profesionales, de
docencia de la historia, de problemas de relaciones de historia y
sociedad, buscando siempre territorios comunes que nos unieran colegas que investigamos e impartimos docencia en países tan
distintos y en especialidades tan distintas. Se trata de un movimiento
transversal que sigue muy de cerca los cambios históricos inmediatos, aquí
ya se ha explicó cómo nació la lista de historia inmediata, que nos
interesa lo que sucede a
nuestro alrededor desde el punto de vista histórico, pero también nos
interesa porque hemos llegado a la conclusión de que lo que nosotros
queremos hacer, y es que la transición histórica siglo XX-siglo XXI nos
lleva a no sabemos dónde, y si tenemos muy claro que el margen que tiene
el historiador para condicionar la historia de los acontecimientos es mínimo,
reivindicamos un margen mucho
más amplio, y es escribir en el siglo XXI la historia que queremos los
historiadores, no la que se nos imponga desde instancias políticas, los
medios de comunicación o las grandes editoriales. De ahí que tenemos que
seguir la historia inmediata, para no ser una pluma en el viento,
adelantarnos a la influencia que van a tener los grandes acontecimientos
históricos en nuestros debates historiográficos, metodológicos y teóricos
para, insisto, no ser una pluma en el viento, que es a lo que se refería
Juan Paz y Miño que decía que dentro de poco empezaremos a reflexionar
sobre cómo va a cambiar el 11 de septiembre y la guerra subsiguiente a la
escritura de la historia. Para que no nos lo digan ellos, ni siquiera de
otras ciencias sociales si no que nos lo digamos a nosotros mismos. Para
eso necesitamos este permanente de debate, de reflexión y de
consenso.
Desde que hemos lanzado el Manifiesto se puede plantear el interrogante
siguiente: si Historia a Debate era hasta ahora un faro plural, de
diversidad de opinión historiográfica, e incluso a veces política,
desde luego nacionales, de especialidades, etc. Qué pasa cuando Historia
a Debate, al menos el grupo dirigente que es multinacional por mucho
que la coordinación se haga desde Santiago
de Compostela, pues adopta una posición política definida, que yo llamaría
una especie de tendencia historiográfica de nuevo tipo, porque claro, dónde
está el nuevo tipo porque nosotros no podemos sobrevivir al margen de
aquellas tendencias historiográficas de facto que criticamos, que son
tres: el retorno al positivismo, la continuidad en la historiografía de
los años 60 y 70 y la historiografía posmoderna.
No tenemos la verdad absoluta porque no existe, es un problema más de
religión y dogmatismo que de ciencia, pero siempre vamos a desarrollar
nuestra posición historiográfica en diálogo crítico con aquellas
corrientes con las cuales discutimos. Sé que esto choca porque hasta
ahora es que tiene algo de poder académico, muchas veces lo sufrimos en
cada universidad a la que pertenecemos, lo utiliza para eliminar las
posiciones contrarias, las posiciones disidentes, las posiciones que no
nos interesan. Para nosotros es todo lo contrario. Si no hay posiciones
contrapuestas no existiría Historia a Debate. Y nuestra propia
posición oficial, que hoy por hoy está manifestada, plasmada en el
Manifiesto Historia a Debate, evolucionará conforma evolucione el
debate con otras corrientes históricas y la confrontación con la
realidad histórica que evoluciona diariamente.
Termino agradeciendo la presencia de historiadores latinoamericanos en
nuestra red porque nos han enseñado una cosa que desde Europa no es fácil
de ver: que la historia que escribimos y que enseñamos a los alumnos
guarda una estrecha relación con la sociedad que nos rodea, y esa relación
debe ser solidaria y de compromiso con los problemas de las grandes mayoría
sociales.
Decir, nada más que el compromiso, tal cómo lo plantea Historia a
Debate, es sobre todo un compromiso desde el oficio y con el oficio. Y
como he prometido al propio interesado y a los colegas argentinos quiero
terminar mi breve intervención, porque ahora tiene que iniciarse la
asamblea de ADHILAC, dando a conocer, mejor dicho denunciando el caso de
un colega de la Universidad de Santiago del Estero, en Argentina,
Raúl Dargoltz, que se atrevió desde hace años a hacer historia
inmediata, es decir, a utilizar los métodos y los enfoques historiográficos
sobre los acontecimientos que él acababa de vivir o que se estaban
produciendo en ese momento. Concretamente hizo una investigación
publicada en forma de libro sobre lo que allí se llama el “Santigüeñazo”,
una revuelta popular en Santiago del Estero en 1993 donde en un motín
espontáneo quemaron el tribunal de justicia, la casa el gobernador
provincial y el Parlamento provincial y las casa de lo políticos
corruptos de esa provincia, particularmente diríamos en palabras gallegas
“particularmente caciquil”. Fueron detenidas doscientas personas entre
rebeldes, y ninguno de ellos fue procesado, afortunadamente. Por supuesto
tampoco fueron procesados ninguno de lo políticos corruptos. El único
procesado fue el historiador que contó la historia en un libro. Se le
piden de uno a tres años de cárcel y una cuantiosa indemnización económica.
Historia a Debate ha iniciado una campaña y hemos explicado todo
esto en distintas universidades argentina, y animado a los colegas
argentinos a tomar esa bandera en su mano, no sólo por Raúl Dargoltz,
sino por todos nosotros. Porque en el mundo que se inició el 11 de
septiembre, si se cumplen las peores de la hipótesis, necesitamos una
asociación e historiadores sin fronteras que defienda a los colegas
cuando lo necesiten. Y en este caso de libertad de cátedra o, mejor
dicho, de libertad de investigación, de expresión y de divulgación de
los resultados de nuestras investigaciones y por ello sin por ello sin por
ello sufrir cárcel o represión alguna.
Nada más. En otras circunstancias responderíamos a vuestras preguntas
pero me parece que ADHILAC tiene prisa. Si hay alguna pregunta, alguna
cuestión que queráis plantear, por favor, somos todo oídos.
Pregunta (ininteligible)
Carlos Barros
En toda Argentina me han
planteado, cuando estuve explicando lo que es Historia a Debate,
que hay que recuperar la
historiografía latinoamericana en el contexto actual y con vistas a un
futuro. Os animamos a ello. Eso si que no lo podemos hacer desde Santiago
de Compostela, y estoy totalmente de acuerdo con esa parte de tu
intervención. De Von Ranke normalmente cuando discutimos no discutimos
tanto la complejidad de un autor como dos cosas: las grandes figuras de la
historia, también lo conoces ese libro, y otro es eso de que se ha
popularizado a través de el, lo haya dicho o no, por supuesto lo dijo,
que la historia es “conocer el pasado tal y como fue”. Esa idea
absolutista sobre la verdad histórica. Después yo sé que no es el
primer colega que en Historia a Debate dice que Von Ranke era mucho más
complejo que eso, y eso forma parte de un debate. Ni es el momento ni
lugar adecuado. Con esto terminamos la reunión, agradecemos vuestra
presencia y a la presidencia saliente de ADHILAC. Gracias
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