Presentaciones


Actas II Congreso Internacional "Historia a Debate" y Manifiesto historiográfico

Pontevedra [26/10/01]


Presentación de las Actas del II Congreso Historia a Debate 26 de septiembre de 2001, Pontevedra

 

Carlos Barros
Universidad de Santiago de Compostela-Coordinador de Historia a Debate 

Reinaldo Rojas
Universidad Pedagógica Experimental Libertador de Venezuela 

Juan Paz y Miño,
 Pontificia Universidad Católica del Ecuador

Constantino Torres
Universidad de la Habana
 

Luz Varela
Universidad de Los Andes
, Mérida, Venezuela.

 

 

Carlos Barros 
Universidad de Santiago de Compostela-Coordinador de Historia a Debate 

Los que hayáis estado en la reunión de esta mañana  ya os anunciamos, como está en el programa, que íbamos a presentar las actas del congreso de Historia a Debate del año 1999, y esta mañana no nos extendimos demasiado en explicar qué es Historia a Debate porque contábamos con esta reunión. Y aquí está Juan Paz y Miño, de la Universidad la Pontificia Católica y de la Universidad Católica de Quito, Reinaldo Rojas de la Universidad Libertadores de Venezuela, y yo, Carlos Barros de la Universidad de Santiago de Compostela y coordinador de Historia  a Debate. Vamos a hablar también de qué es Historia  a Debate, y para eso le doy en primer lugar la palabra a Reinaldo Rojas. 

 

Reinaldo Rojas 
Universidad Pedagógica Experimental Libertador de Venezuela 

Buenas tardes. Estimados colegas, primero es muy placentero para mi compartir este fin de evento, en este congreso. Estamos muy satisfechos de la labor que se ha realizado. Compartir finalmente la presentación de estas Actas del congreso que se celebró en 1999, en la cual pude participar como ponente, y además compartir igualmente con Carlos, como colaboradores, amigos, españoles, este proyecto de crear un espacio crítico abierto al diálogo y al debate sobre el destino de la historiografía universal. Yo pienso que se trata especialmente de abrir un área, un espacio institucional , un espacio de diálogo, de debate, sobre un tema el cual a veces nosotros pasamos un poco por el lado, que es relacionado con el debate teórico, el debate conceptual y de método de nuestra disciplina. Y por eso me ha llamado siempre la atención. Se trata de un elemento realmente definitivo a tratar desde la historia, desde la labor historiográfica y de la praxis, la teoría, el método y todo lo que corresponde a la conceptualización de la historia. Hemos estado  acostumbrados, a veces, a mirar desde un espacio moderno, activo, el debate que se hace en el campo de la filosofía o de epistemología de la historia, pero se trata de una llamada que por cierto hacía muchos años el maestro Vilar, de que el historiador debe prepararse y debe integrarse, y debe participar en la reflexión teórica y de métodos sobre su disciplina.

Ese es el centro, uno de los centros fundamentales de Historia  a Debate: participar en ese debate, organizar, promover. Y nos hemos encontrado en ese sentido en un momento de crisis llamada crisis de la ciencia del pensamiento histórico, que hace que Historia  a Debate haya tomado en consecuencia un nuevo, un papel, un rol muy importante ya que el mismo debate ha venido generando este camino que en un primer momento, que en esta segunda fase se ha traducido en la elaboración del Manifiesto que queremos poner en manos de los historiadores del mundo para llamar la atención acerca de la llamada crisis de la historia y de la historiografía.

No queremos solamente mirar hacia atrás por mirar hacia atrás, y tampoco quedarnos en el presente del debate de la fragmentación y del inmovilismo de la historiografía actual, sino que pretendemos retomar del pasado lo que es retomable, elaborar conceptos, retomar el concepto de la crítica, del compromiso hacia el ser humano, hacia la historia misma de la cual somos parte, y entonces de allí que, pienso que la propuesta que estamos haciendo recorrer es un punto de referencia para el debate de una historia que no pretendemos que sea la única, sabemos que existen muchas tendencias y existen muchas escuelas y existen muchas maneras de pensar, pero creemos que sería terrible para la historiografía universal que nos quedemos en el momentos actual, un momento que llamo de fragmentación y de dispersión, que forma parte, casualmente, de una tendencia historiográfica que se está desarrollando en los grandes centros de producción de conocimiento histórico. Por eso el hecho de que haya sido en Santiago de Compostela, el hecho de que haya sido en España, y que nosotros los hispanoamericanos, los latinoamericanos, estemos formando parte de esto, y estemos respondiendo también de una manera activa a este llamado que nos ha hecho, entre otros, Carlos Barros, y estos colegas de otras latitudes de Europa y de América. Nos parece importante, máxime que nosotros creemos que es fundamental en este momento, en esta transición, en esta crisis, verla como la gran oportunidad de pensar la historia de otra manera, verla desde nuestras realidades, y por qué no decir, por qué no pensarla también en español.

Nosotros hemos vivido siempre de los grandes centros de producción histórica, de la traducción que a veces nos llega a destiempo y hemos tenido el temor, quienes hablamos español, de pensar la historia desde nuestra propia lengua. Tenemos, muy importante en el caso de América Latina, una importante historia de la historiografía latinoamericana. Tenemos historiadores y un camino bastante amplio que hemos recorrido, hoy se aprecia casualmente en este tipo de encuentros, el que hemos tenido aquí, el que hemos tenido hace poco en Rusia. Tantos eventos que hemos tenido donde el historiador latinoamericano tiene que estar presente, no para que se estudien sino también para participar con nuestras propias versiones y perspectivas de lo que es la historia nuestra y lo que es la historia del mundo. Historia a Debate es una oportunidad, y yo quiero expresar a Carlos nuestro agrado, este espacio que se ha abierto, esta oportunidad. Quiero que el trabajo que se nos presenta ahora es grandísimo porque se ha hecho camino. No creo que haya existido nunca esa dimensión inicial, el trabajo que se ha abierto sino que la propia demanda de espacio de discusión de posiciones ha hecho de Historia a Debate una referencia, que hoy debemos de darle cauce, darle forma, sin transformarla en una tendencia específica porque tal vez no sea el objetivo como tal, sí transformarla en una referencia de pensamiento y de acción en el campo de la historiografía y del pensamiento social.

Y realmente creo que tenemos que trabajar, divulgar este documento para transformarlo en un nuevo documento historiográfico fundador de una visión de la historia más cercana a nuestras comunidades y nuestros pueblos. Una historia menos individual, una historia que no se excede en la representación  y en el discurso sino que también transforme en una herramienta de comprensión y de cambio, y que a la vez sea un movimiento de construcción de un movimiento positivo y constructivo, y porque así lo requieren, hoy más que nunca, nuestros pueblos y nuestras comunidades.

Los acontecimientos que estamos viviendo son, realmente, retos para el historiador e Historia a Debate, igualmente que ha discutido los temas de la historia del presente, la historia inmediata, la historia actual, etc. ha sido desbordada por la demanda de respuestas desde el historiador para los problemas del presente. El pasado por el pasado mismo, y creo que Historia a Debate está dando una importante muestra de esa forma de hacer historia, sin tanta parafernalia sino con acciones muy concretas. Vamos a incorporarnos ahora con mayor fuerza. Hemos aprovechado la oportunidad de la visita de Carlos aquí, a Pontevedra, para concretar, conocernos mejor con los compañeros de Venezuela, y así quisiéramos nosotros que en otras partes pudieran aprovecharse esta oportunidad y fortalecer esa ventana que se nos abre, no sólo para hacer historia en nuestros países y traernos una muestra, sino también para participar en la construcción del saber histórico. Gracias

Carlos Barros 

Y ahora darle paso a Juan Paz y Miño, de la Pontificia Universidad Católica de Quito

 

Juan Paz y Miño
 Pontificia Universidad Católica del Ecuador  

Gracias colegas historiadores e historiadoras. Yo me voy a referir a cuatro cuestiones. En primer lugar cómo es que accedo a Historia a Debate. Entre mis preocupaciones estuvo la de buscar  a través de Internet redes electrónicas de investigadores que pudieran servirme para mi trabajo en América Latina y particularmente en el Ecuador. Quizás fue para casualidad haber encontrado la red Historia a Debate, pero me llamó la atención la rigurosidad  con que estaba  trabajando Historia a Debate, el hecho de que ya habían realizado dos congresos, y que estaba en camino una serie de proyectos que se venían hacia el futuro con el objetivo de desarrollar la historia y vehicular a los historiadores, lo cual me parecía fundamental.

En segundo lugar mi experiencia dentro de Historia  a Debate. Esta fue a Raíz de la que se produjo en el Ecuador el 21 de enero del 2000, cuando un movimiento de indígenas, militares y pobladores derrocó al gobierno electo de Ecuador, y en el último quinquenio era el segundo gobierno ecuatoriano que, en mi país, habíamos derrocado. En ese momento, viviendo el calor del proceso envié un e-mail simplemente relatando mi experiencia, diciendo esto, los indígenas han tomado el poder y de repente parece que es  un cambio revolucionario. Carlos Barros, con la agilidad que tiene, puso ese e-mail en Internet y circuló por todo el mundo y después yo lo reclamé, muy amablemente, pero dije: “no esperaba que esto circule siendo una nota muy personal”. Pero lo cierto es que lo que Carlos hizo al mismo tiempo había dado inicio a un tipo de reflexión que en Historia a Debate me sorprendió a mí mismo, apareciendo como historia inmediata, y se hablaba de la “Rebelión de Quito”. Entonces parece que esta información era más importante de lo que yo mismo, en  ese momento, pensaba porque me llegaban e-mails y comunicaciones de muchos países del mundo pidiéndome explicaciones ampliadas del asunto.

Como ustedes trabajan con historia saben que es mejor dejar que el tiempo pase y maduren las condiciones para poder reflexionar algo sobre ellas, y yo opté por dejar que el tiempo pase, y después de un mes envié una especie de pequeña ponencia a Historia a Debate, y consta en la red como lo que Carlos mismo había bautizado como “Rebelión de Quito”. En aquel escrito yo hago pocas reflexiones teóricas e históricas, pero naturalmente queda en evidencia que los indígenas en el Ecuador eran un grupo muy organizado, el que adquirió más importancia en América Latina, y el que tomaba además una presencia histórica significativa a quinientos años de la conquista española. Quedaba en evidencia además que los militares ecuatorianos no eran aquellos que habían caracterizado a América Latina en los años setenta, sino que eran diferentes, parecían revolucionarios y parecían nacionalistas patrióticos y antiimperialistas. Pero también quedaba en evidencia que todas esas aspiraciones   quedaban frustradas porque el 21 de enero terminó a las tres o cuatro horas con el contra-golpe de los generales sobre los coroneles, y con el contra-golpe de la democracia sobre los generales, de tal manera que habría que resaltar el valor de la democracia en América Latina que había triunfado, evidentemente, sobre fuerzas que estaban en contra del movimiento de la historia y de la globalización y del capitalismo. Esa fue mi vinculación más a fondo con historia inmediata, y desde allí cultivé una amistad a la distancia con Carlos y con todas las cuestiones que venían de esta red.

En tercer lugar, y como se extendió Historia a Debate en mi país y en otros menos. Yo pienso que la experiencia de esta vinculación, de esta búsqueda de redes de historiadores me condujo también a forjarme ideas sobre cómo extender redes de historiadores en América Latina y en el Ecuador. En una publicación electrónica que se llama Boletín del Taller de Historia Económica de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, que se cuela a través de e-mail, no tenía todavía la capacidad de hacer todavía una página WEB, pero este boletín permitió integrar a la historia y a la economía en el ámbito académico del Ecuador, y en otros países de América Latina en lo que existía interés. En ese boletín  yo informé en michas ocasiones sobre Historia a Debate, y la re se fue extendiendo. Y veo que, ahora, que esa red que se inició en Historia a Debate es bien conocida en Ecuador, aunque todavía no se han integrado todavía historiadores, investigadores, de los  que Carlos me ha comentado, pero que van a integrarse seguramente en el futuro, pero veo que de lo que ha servido es de canal para que el debate de la historia, a propósito de Historia a Debate, se generalice, se amplíe y se profundice, más allá de las preocupaciones locales de la historia en el Ecuador y de lo que seguramente ocurre también en otros países, lo cual es significativo a propósito de esta red de historiadores.

En cuarto lugar el Manifiesto de Historia a Debate. Después de varios meses llegó el manifiesto en su versión original primera  para una revisión y, cuento mi experiencia personal, pues allí coincidían a su vez con algunas de las preocupaciones teóricas e históricas e historiográficas que había mantenido durante algún tiempo. Hice nada más que alguna leve sugerencia y me integré definitivamente a Historia a Debate. Veo hacia futuro que ese Manifiesto se va a constituir en una pieza de reflexión importantísima para los historiadores del mundo, y particularmente también para América Latina, porque el Manifiesto de Historia a Debate está tratando un nuevo paradigma en la interpretación, en la búsqueda histórica de América Latina, que creo que eso es fundamental ya que en nuestra región, además de las distintas corrientes que se puedan detectar hacia la modernidad, persisten algunas de las corrientes que a la época contemporánea parece que ya no son las mejores para explicar  la situación de América Latina y de sus proyecciones hacia futuro. Entonces  yo creo que la importancia del Manifiesto de Historia a Debate está precisamente en desafiar a la búsqueda del nuevo paradigma al mismo tiempo que constituirse en un referente para los paradigmas existentes, y naturalmente de reflexión sobre nuestro trabajo historiográfico.

Plantear que la historia no es una simple acumulación de datos y a propósito de ello desarrollar una historiografía positivista, sino también atreverse a decir que la historia puede ser también fundamentada con la propia interpretación, y hasta con la propia imaginación, es un desafío para la historiografía. Nunca quiere decir eso que no busquemos una historia con suficiente peso, fundamento, para reconstruirla, pero sí significa desde mi punto de vista que es un desafío al intelecto para entender al dato concreto, al hecho, más allá de su simple simbolismo y relacionarlo con el conjunto del proceso histórico que la humanidad sigue. Y ahí es donde me parece que el paradigma tiene que cambiar y tiene que ser observado de otra manera.

Estos son los cuatro puntos que yo quería referirles, agregando nada más uno. Sin duda a partir del 11 de septiembre  creo que la historia hacia futuro va a tener unos cambios que todavía no estamos viendo, pero me parece que va  a tener una influencia tremenda en nuestras realidades. De hecho el movimiento indígena del Ecuador que ocasionó la caída de un gobierno el 21 de enero de 2000, y que en ese momento era visto por mucha población como un movimiento, por lo menos, prerrevolucionario, hoy es un movimiento de presencia, ocupa.

Ya hay voces que claman contra la detención de la subversión en mi país a propósito de su vinculación al Plan Colombia, y está ocurriendo, denunciado precisamente por unas organizaciones indígenas, que en la Amazonia hay ciertas, no quiero generalizarlos pero, ha habido ciertas inculpaciones de vínculos terroristas de los indígenas con guerrillas  o con el narcotráfico, etc., que dejan la inquietud. Hacia futuro esa podrá o no convertirse en una fórmula de ataque ideológico para detener a un proceso de consolidación de estas poblaciones. Y así es que el movimiento, lo que ocurrió ese 11 de septiembre, parece que podría alterar algunas de las cuestiones hacia las que va nuestra historia inmediata. Espero pues que estas ideas hayan abierto, que es mi intención también, la inquietud respecto a Historia a Debate para que todos continuemos vinculándonos a esta tan interesante e importante red. Muchas gracias.

  

Carlos Barros 

Bueno, ahora le toca intervenir a Constantino Torres, de la Universidad de La Habana

  

Constantino Torres
Universidad de La Habana

No se asusten, yo voy a ser breve porque cuando uno es el último en intervenir uno dice: “¿qué voy a decir yo si ya todo el mundo casi lo ha dicho todo? Realmente nosotros estamos concluyendo prácticamente un congreso que ha sido muy productivo, muy largo y muy agotador. Tan agotador que veo aquí algunos cabizbajos, pensativos, no están dormidos, están pensando simplemente, reflexionando de lo que se ha hecho en el congreso. En el congreso este que acabamos de terminar hemos podido encontrarnos los que hacemos historia, lo que nos preocupamos de  la historia, los que enseñamos historia, en latinoamérica y en España, fundamentalmente. Sin embargo Historia a Debate tiene la peculiaridad, característica que ha permitido la reunión de historiadores de las más diversas partes del mundo. Con nosotros han tenido la ocasión de participar en Historia a Debate y nos encontramos allí desde historiadores israelíes hasta historiadores de cualquier otro lugar menos imaginado del mundo.

Y con todo esto la ventaja es que nos permitió confrontar el pensamiento de distintas zonas y de distintos historiadores, de ver qué se pensaba sobre todo en unos momentos en que el tema de moda era la crisis de los grandes paradigmas de la ciencia histórica. Aquello permitió dar un aliento. Los que allí asistimos vimos que la historia no estaba tan en crisis, que lo que prácticamente se estaba discutiendo era la historia que viene y la tarea que nos correspondía a los historiadores. Pero en todos los congresos nos pasa algo siempre, y creo que esa experiencia la tenemos todos aquí; usted quiere oír todas las ponencias, usted tiene varias ponencias que le interesan, ve un programa donde todo está muy bien organizado, usted marca la noche antes: “voy a asistir a esta a las 9, a las 11 voy a esta otra sala a a oír este otro trabajo, después al mediodía me voy a ver a aquel”, pero cuando usted llega todo muy bien organizado, todo muy bien planificado, el retroproyector hace falta en tal sala a tal hora y entonces vamos a poner a fulano que no necesita el retroproyector a primera hora y usted no pudo oír allí lo que usted quería oír. Se trasladó a la otra sala pero fulano, que tenía que llegar a tal hora no estaba y entonces tampoco lo pudo oír. Resumidas cuentas usted oye dos o tres ponencias y no todas las que usted quisiera.

En  Historia a Debate creo que el logro mayor que se ha podido obtener, o entre los muchos que se han obtenido, es este: las Memorias de Historia a Debate. ¿Por qué? Porque independientemente del intercambio que hemos podido tener en medio de los debates, en medio de las sesiones, en los pasillos, en el almuerzo, en el contacto directo con los colegas, hemos tenido la ventaja de leer, sino todas si algunas de las más importantes ponencias o trabajos presentados en Historia a Debate. O es aún, estos materiales tienen, a mi entender, la gran riqueza que no sólo tienen la fría exposición de una ponencia sino que tienen también el debate que se suscita en las distintas mesas redondas y podemos ver aquí las confrontaciones de las distintas opiniones.

Cuando a mi me llegaron los primeros tomos de Historia a Debate de la anterior edición, yo doy historiografía, los que enseñamos historiografía, y los que enseñamos historiografía en un país sometido a un bloqueo durante años, donde además el dólar no abunda para comprar los libros  a los precios exorbitantes a los que están los libros, a veces, me encontré con el tesoro de la fortuna. Podía darle a mis alumnos algo a leer que tenía :visiones historiográficas contrapuestas, visiones historiográficas desde diferentes puntos de vista, visiones historiográficas desde distintos países del mundo, con distintas posiciones, unas más pesimistas, otras más optimistas, unos que criticaban la historia de las mentalidades, otros que alababan la historia de las mentalidades, unos que hablaban de una historia global o total, otros que además decían que nunca se iba a llegar a una historia global o total, donde se hablaba de la microhistoria, de la historia regional o de la historia local, de la historia política, de la historia de género, de la enseñanza de la historia. Y realmente es un material muy rico. Si Carlos Barros se decidiera a vender algún día este material en Cuba, en dinero cubano, sería, como decimos nosotros, un best-seller en Cuba. Lamentablemente tenemos que tenerlo en biblioteca porque todavía no se vende en pesos cubanos, pero a los que tengan aquí la posibilidad de comprarlo yo les aseguro que vale la pena  no sólo participar en los congresos de Historia a Debate sino tener el material de la revista Historia a Debate y el acceso a Historia a Debate por Internet en estos momentos.

 

Luz Varela
Universidad de Los Andes, Mérida, Venezuela.

 Yo sabía que debíamos hablar unos cinco minutos. La verdad es que es poco tiempo para todo lo que podríamos decir sobre el Manifiesto pero afortunadamente tenemos la página para continuar debatiendo, hablando, opinando y discutiendo. Y quisiera un poco hablar de mi experiencia personal. Voy a ser rapidita. Cuando yo descubrí Historia a Debate, para mi, fue una sorpresa muy positiva, como lo fue para varias colegas en Venezuela, y particularmente yo me sentía sumamente sola, me sentía así como, aparte de que me habían quitado el piso, de que se habían caído todos los esquemas y todo eso por lo que hemos pasado muchas que nos dedicamos a la historia desde hace unos quince, veinte años, y este, me encontraba sin respuestas, pero sabía que podía haber respuestas, y no creía en esa postura de poder que decían que no, que de adoptar posturas románticas o nostálgicas, que eso es ser dogmático y que lo que había que hacer era investigar, investigar y ya está, sin ver para ningún otro lado, sino sólo ver el dato y se acabó. Y, por supuesto,  nunca estuve de acuerdo con esto, y la impresión que había además era que las respuestas  tenían que venir desde otras disciplinas; parecía que de los historiadores de la cultura, desde los sociólogos, sistemólogos, lo que fuera, pero que los historiadores teníamos que ocuparnos del asunto empírico. Y a mi me pareció, como latinoamericana, como historiadora, como estudiosa de la realidad social, que no podíamos desvincularnos tanto del hecho de tratar de dar respuestas desde la historia, como de ocuparnos de esa problemática social que nos rodeaba y de continuar con un sentido de compromiso social. Para mi eso era fundamental.

Y realmente me ví como en un diálogo de sordos, nadie me paraba. Yo hablaba y discutía, y todo el mundo llegó a decir una vez: “esa mujer le gusta pelear sola”. Y la verdad es que es eso, es que nadie me oía porque a nadie le interesaba esa discusión, hasta que conocí Historia a Debate. A los que le interesaba, bueno mi grupo de investigación, afortunadamente tenía un buen grupo. Yo soy la única que trabaja con historia, y algunos historiadores pero de otras partes fuera de mi facultad. El caso de Diana, de Trujillo, otras personas en Caracas, pero éramos como, algo así, éramos como tres gatos regados por el país.

Y cuando conseguí Historia a Debate pues para nosotros fue un descubrimiento maravillosos. Luego cuando Carlos Barros propone el Manifiesto recuerdo que tiró la propuesta por la red de que el que quisiera se incorporara al Grupo Manifiesto para colaborar con la redacción. Estuve a punto de incorporarme pero como yo tengo fama de metida, a mi me han dicho que soy más metida que una gaveta, entonces yo dije que, preferí no meterme, pero resulta que Carlos me invitó directamente, personalmente. Entonces me sentí encantada y, por supuesto, maravillada de esa propuesta con la cual comulgaba totalmente, que me gustaría que hubiera ido un poco más allá en algunas cosas, pero entiendo que había necesidad de hacer un trabajo, como estaba diciendo hace rato Carlos, que no tuviese tanta fuerza política porque entonces iba a limitar, este, apoyos por parte de otras personas. Entonces había que tratar de hacer  algo, una propuesta a través de la cual los historiadores manifestamos, decimos, pensamos, decimos que estamos aquí, no estamos esperando a que sean los sociólogos u otra gente los que vengan  a darnos sus respuestas. Somos nosotros.

Además tenemos sentido de compromiso social y, sobre todo, algo que me parece extraordinariamente importante, que sea una iniciativa que haya partido del mundo hispano, que sea desde Galicia justamente. Bueno, aparte de que para muchos latinoamericanos Galicia es una provincia más de América Latina. Yo pensaba, hace años,  pensaba que todos los gallegos se habían ido a Venezuela. Después es que me enteré que apenas una pequeña parte de había ido a Venezuela, resulta que hay muchísima más gente en Cuba y en Argentina. Pero la verdad es que siempre veía los gallegos como hermanos más. Por eso me alegro mucho de que esa iniciativa haya salido de España, y particularmente de Galicia, que podamos comulgar de una forma tan coherente, para mi realmente tan hermosa, que me llena; con la cual puedo compartir, con la cual yo puedo debatir. Realmente es muy enriquecedor y me parece que, bueno, no sólo por mi gusto a nivel personal considero que he ayudado mucho en mi crecimiento sino que puede en verdad marcar un rumbo en el mundo de la historia a nivel mundial. Eso es todo, gracias.

Carlos Barros

Bien, me toca a mi completar con algunos datos. Historia a Debate ha nacido en Galicia, pero hace ya tiempo que es un patrimonio mucho más amplio, y no sólo de las universidades españolas y latinoamericanas. Yo voy a aportar algunos datos que faltan en estas intervenciones que he seguido con atención porque no tenemos tantas ocasiones como esta de vernos los que hemos participado en la redacción del Manifiesto. Justifico la ausencia de Sergio Guerra que tenía que estar presidiendo esta reunión, y tiene tareas urgentes, organizativas, que le impiden estar aquí con nosotros. Algunos datos: las actas son tres volúmenes que están aquí. Se ha repartido ahora un folleto para que se puedan pedir para bibliotecas, y quien pueda personalmente. Setenta y nueve ponencias; diecinueve mesas redondas con debates transcritos; ciento cincuenta y siete autores; mil doscientas treinta y cinco páginas en español; gallego, portugués, inglés, francés e italiano; y estamos preparando una edición en Estados Unidos con una selección de ponencias en una editorial americana.

La red; ya habéis visto como ha nacido la lista de historia inmediata, que trata desde un punto de vista histórico, historiográfico, de debatir cuestiones de actualidad que tengan relevancia histórica e historiográfica, y es una lista con doscientos cuarenta y siete suscritos de veinticuatro países,  pero la lista básica de correo electrónico que lleva dos años funcionando, somos en este momento mil ciento treinta y un profesores de más de cien universidades de cuarenta y cinco países. En la página Web, que tenéis la dirección en los folletos que se han repartido, hay aproximadamente entre ocho mil y diez mil visitas de colegas mensualmente.

El Manifiesto; ya se ha dicho, hemos participado todos los que estamos en esta mesa con la excepción de Constantino. Participó Sergio por la Universidad de La Habana en su elaboración final, junto con profesores de varias universidades españolas, de otros lugares de América Latina y de Estados Unidos. Corresponde el Manifiesto con la línea editorial que tenemos, oficial de Historia a Debate, para cual solicitamos tres cosas: primero aquel que esté de acuerdo en lo esencial que lo suscriba, ayude en  su publicación y divulgación en el mayor número de revistas posible y naturalmente una opinión crítica. Está en preparación en Venezuela una edición del Manifiesto con varios artículos, críticos o en defensa de las posiciones del Manifiesto. Naturalmente en Historia a Debate si nuestros propios planteamientos no entran a debate no tendría sentido. Hemos descubierto en Argentina, yo vengo de una visita por varias universidades argentinas, y hemos hecho reuniones de la lista y presentaciones en tres lugares de Argentina: Buenos Aires, Mar del Plata y la provincia de Entre Ríos, y he comprobado la eficacia del manifiesto en la docencia de Introducción a la Historia, Metodología e Historiografía, y la facilidad con la que los jóvenes captan  algo que está explícito en el mensaje: nosotros estamos trabajando para la nueva generación, para nuestros alumnos, y previendo que es un plazo de diez años, o quince, pues una gran parte de nosotros ya no estará en un papel, estaremos en la jubilación. Y nos preocupa enormemente qué va a ser de nuestra disciplina en ese plazo de tiempo. Historia a Debate, con toda claridad, está trabajando en esa dirección, y creemos que la generación a la que pertenecemos, que es la generación del 68, tiene un gran papel que jugar para que la escritura de la historia del siglo XXI no haga tabla rasa de las aportaciones historiográficas del siglo XX, que han tenido, que han pasado por grandes fracasos pero también grandes éxitos, y sobre todo en un momento en que se nos presenta como última novedad en una serie de países el retorno a la historiografía del siglo XIX, a Von Ranke y a un reduccionismo de la historia a las grandes figuras que todavía a mi edad nos enseñaron que eran artificios de la gran historia. La historiografía marxista, la escuela de Annales e incluso la cliometría no pasaron en balde y no estamos dispuestos a hacer tabla rasa de ese pasado historiográfico, del cual al mismo tiempo somos muy críticos, de aquí el sentido que tiene de que hablemos de un nuevo consenso para el estudio de la historia y de un nuevo paradigma historiográfico.

Como vamos muy mal de tiempo vamos a repasar ahora rápidamente lo que yo creo que son las novedades que en el panorama historiográfico internacional ofrece o puede ofrecer Historia a Debate, y que explica la continuidad en los últimos ocho años de nuestro movimiento historiográfico y con su expansión en los dos últimos años, desde que trabajamos y estamos en contacto diariamente a través de Internet.

Por lo tanto son cosas que estoy diciendo y ya están funcionando, y que se está demostrando su viabilidad. Primero que somos un proyecto colectivo, una red normal y explícita de interés historiográfico intelectual. Sentimos un enorme respeto por las otras redes de ámbito más reducido, ligado a intereses mutuos de tipo a veces académico y material o de otro tipo, o proyectos de investigación reducidos pero nosotros nos planteamos desde el principio Historia a Debate como un proyecto muy amplio, muy abierto, vinculado a intereses historiográficos e intelectuales en una época donde desde la academia y desde la sociedad se nos presiona en una severa competencia para que actuemos individualmente, en plan de superviviencia muchas veces.

De ahí el primer mérito de Historia a Debate. Somos u proyecto colectivo, en marcha, cuyo perfil final no lo sabemos porque estamos cabalgando sobre un cambio histórico que tampoco sabemos en qué va a concluir ni a medio, ni a siquiera, corto plazo, sobre todo a partir del 11 de septiembre.

Segundo. Como ya ha quedado claro aquí, y por la composición de esta mesa, somos un proyecto latinoamericano, y eso es una novedad porque por razones que tienen que ver con  la historia de nuestros países respectivos, España por un lado, América Latina por otro, y que tienen que ver con  la historia de la historiografía, por lo menos desde España nunca hemos promovido una escuela historiográfica propia y me parece que América Latina por lo menos podemos decir lo mismo si nos referimos a escuela historiográfica de alcance internacional. Esto es la primera vez que sucede, y es una gran novedad en la historia de la historiografía. Se explica fundamentalmente por la descentralización historiográfica y la crisis de los focos nacionales de renovación historiográfica del siglo XX que está provocando la globalización, que tiene, como todos sabemos, aspectos positivos y negativos, que es mucho más evidente para nuestro conocimiento los negativos. Somos un proyecto digital que se inició con métodos de intercambio tradicional (congresos, seminarios, etc.). Y yo ahí quiero decir que nuestra red digital, que abarca muchas universidades y muchos miles de colegas, ni son todos los que están ni están todos los que son. Y yo aprovecho esta tribuna, como en otras presentaciones de Historia a Debate, para anunciar a los colegas que por razones de edad, o por dificultad técnica, n se manejan en Internet, de que en Internet no se pierde el tiempo. Sencillamente tenemos que cambiar el chip porque la difusión que nuestros trabajos de investigación adquieren por Internet no tiene precedentes, y la experiencia de Historia a Debate. Yo animo a todo el mundo a integrarse, no solo como si fuera un correo postal o un teléfono, sino integrarse en Internet como una nueva forma de comunicación social, como un nuevo medio de comunicación social académica, recordamos que Internet nació en el mundo universitario, y porque es además el contrapeso horizontal que necesitamos en unas  instituciones que se mueven, como sabemos, y en buena medida por necesidad, en la transmisión del saber maestro-alumno de una manera jerárquica en cada centro, a lo que se une la jerarquía entre universidades, la jerarquía entre países, la jerarquía entre especialidades.

Nosotros hemos empezado principalmente reuniéndonos para discutir y reflexionar sobre metodología de la historia, historiografía y teoría de la historia. Ahora hemos introducido problemas profesionales, de docencia de la historia, de problemas de relaciones de historia y sociedad, buscando siempre territorios comunes que nos unieran  colegas que investigamos e impartimos docencia en países tan distintos y en especialidades tan distintas. Se trata de un movimiento transversal que sigue muy de cerca los cambios históricos inmediatos, aquí ya se ha explicó cómo nació la lista de historia inmediata, que nos interesa  lo que sucede a nuestro alrededor desde el punto de vista histórico, pero también nos interesa porque hemos llegado a la conclusión de que lo que nosotros queremos hacer, y es que la transición histórica siglo XX-siglo XXI nos lleva a no sabemos dónde, y si tenemos muy claro que el margen que tiene el historiador para condicionar la historia de los acontecimientos es mínimo, reivindicamos un margen  mucho más amplio, y es escribir en el siglo XXI la historia que queremos los historiadores, no la que se nos imponga desde instancias políticas, los medios de comunicación o las grandes editoriales. De ahí que tenemos que seguir la historia inmediata, para no ser una pluma en el viento, adelantarnos a la influencia que van a tener los grandes acontecimientos históricos en nuestros debates historiográficos, metodológicos y teóricos para, insisto, no ser una pluma en el viento, que es a lo que se refería Juan Paz y Miño que decía que dentro de poco empezaremos a reflexionar sobre cómo va a cambiar el 11 de septiembre y la guerra subsiguiente a la escritura de la historia. Para que no nos lo digan ellos, ni siquiera de otras ciencias sociales si no que nos lo digamos a nosotros mismos. Para  eso necesitamos este permanente de debate, de reflexión y de consenso.

Desde que hemos lanzado el Manifiesto se puede plantear el interrogante siguiente: si Historia a Debate era hasta ahora un faro plural, de diversidad de opinión historiográfica, e incluso a veces política, desde luego nacionales, de especialidades, etc. Qué pasa cuando Historia a Debate, al menos el grupo dirigente que es multinacional por mucho que la coordinación se haga desde  Santiago de Compostela, pues adopta una posición política definida, que yo llamaría una especie de tendencia historiográfica de nuevo tipo, porque claro, dónde está el nuevo tipo porque nosotros no podemos sobrevivir al margen de aquellas tendencias historiográficas de facto que criticamos, que son tres: el retorno al positivismo, la continuidad en la historiografía de los años 60 y 70 y la historiografía posmoderna.

No tenemos la verdad absoluta porque no existe, es un problema más de religión y dogmatismo que de ciencia, pero siempre vamos a desarrollar nuestra posición historiográfica en diálogo crítico con aquellas corrientes con las cuales discutimos. Sé que esto choca porque hasta ahora es que tiene algo de poder académico, muchas veces lo sufrimos en cada universidad a la que pertenecemos, lo utiliza para eliminar las posiciones contrarias, las posiciones disidentes, las posiciones que no nos interesan. Para nosotros es todo lo contrario. Si no hay posiciones contrapuestas no existiría Historia a Debate. Y nuestra propia posición oficial, que hoy por hoy está manifestada, plasmada en el Manifiesto Historia a Debate, evolucionará conforma evolucione el debate con otras corrientes históricas y la confrontación con la realidad histórica que evoluciona diariamente.

Termino agradeciendo la presencia de historiadores latinoamericanos en nuestra red porque nos han enseñado una cosa que desde Europa no es fácil de ver: que la historia que escribimos y que enseñamos a los alumnos guarda una estrecha relación con la sociedad que nos rodea, y esa relación debe ser solidaria y de compromiso con los problemas de las grandes mayoría sociales.

Decir, nada más que el compromiso, tal cómo lo plantea Historia a Debate, es sobre todo un compromiso desde el oficio y con el oficio. Y como he prometido al propio interesado y a los colegas argentinos quiero terminar mi breve intervención, porque ahora tiene que iniciarse la asamblea de ADHILAC, dando a conocer, mejor dicho denunciando el caso de un colega de la Universidad de Santiago del Estero, en Argentina, Raúl Dargoltz, que se atrevió desde hace años a hacer historia inmediata, es decir, a utilizar los métodos y los enfoques historiográficos sobre los acontecimientos que él acababa de vivir o que se estaban produciendo en ese momento. Concretamente hizo una investigación publicada en forma de libro sobre lo que allí se llama el “Santigüeñazo”, una revuelta popular en Santiago del Estero en 1993 donde en un motín espontáneo quemaron el tribunal de justicia, la casa el gobernador provincial y el Parlamento provincial y las casa de lo políticos corruptos de esa provincia, particularmente diríamos en palabras gallegas “particularmente caciquil”. Fueron detenidas doscientas personas entre rebeldes, y ninguno de ellos fue procesado, afortunadamente. Por supuesto tampoco fueron procesados ninguno de lo políticos corruptos. El único procesado fue el historiador que contó la historia en un libro. Se le piden de uno a tres años de cárcel y una cuantiosa indemnización económica. Historia a Debate ha iniciado una campaña y hemos explicado todo esto en distintas universidades argentina, y animado a los colegas argentinos a tomar esa bandera en su mano, no sólo por Raúl Dargoltz, sino por todos nosotros. Porque en el mundo que se inició el 11 de septiembre, si se cumplen las peores de la hipótesis, necesitamos una asociación e historiadores sin fronteras que defienda a los colegas cuando lo necesiten. Y en este caso de libertad de cátedra o, mejor dicho, de libertad de investigación, de expresión y de divulgación de los resultados de nuestras investigaciones y por ello sin por ello sin por ello sufrir cárcel o represión alguna.

Nada más. En otras circunstancias responderíamos a vuestras preguntas pero me parece que ADHILAC tiene prisa. Si hay alguna pregunta, alguna cuestión que queráis plantear, por favor, somos todo oídos.


Pregunta (ininteligible)

 

Carlos Barros

En toda Argentina me han planteado, cuando estuve explicando lo que es Historia a Debate, que hay que recuperar  la historiografía latinoamericana en el contexto actual y con vistas a un futuro. Os animamos a ello. Eso si que no lo podemos hacer desde Santiago de Compostela, y estoy totalmente de acuerdo con esa parte de tu intervención. De Von Ranke normalmente cuando discutimos no discutimos tanto la complejidad de un autor como dos cosas: las grandes figuras de la historia, también lo conoces ese libro, y otro es eso de que se ha popularizado a través de el, lo haya dicho o no, por supuesto lo dijo, que la historia es “conocer el pasado tal y como fue”. Esa idea absolutista sobre la verdad histórica. Después yo sé que no es el primer colega que en Historia a Debate dice que Von Ranke era mucho más complejo que eso, y eso forma parte de un debate. Ni es el momento ni lugar adecuado. Con esto terminamos la reunión, agradecemos vuestra presencia y a la presidencia saliente de ADHILAC. Gracias