Presentaciones
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Actas II Congreso Internacional "Historia a Debate" y Manifiesto historiográfico |
Presentación en la Universidad Autónoma de Silanoa (México) [13/2/03]
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EL
MANIFIESTO DE HAD: FUSION DE LA HISTORIA, LAS CIENCIAS SOCIALES Y LAS
HUMANIDADES Rigoberto
Rodríguez Benítez[1] Hace
aproximadamente año y medio un grupo de historiadores
encabezados por Carlos Barros, profesor de la universidad española
de Santiago de Compostela lanzó al mundo desde su sitio en internet
un Manifiesto denominado Historia a Debate (HaD), con el propósito de
“contribuir a la configuración de un paradigma común y plural de
los historiadores que asegure para la historia y su escritura una
nueva primavera”. Estos historiadores parten del reconocimiento de
que vivimos una crisis en la investigación y en la escritura de la
historia y de que los nuevos consensos metodológicos y teóricos
entre los historiadores habrán de recuperar lo mejor del
neopositivismo, la escuela francesa de los Annales y el marxismo, y
asentarse sobre nuevas relaciones con las ciencias sociales y las
humanidades, particularmente la literatura. Si
tras las explosiones de Hiroshima y Nagasaki en 1945 la disciplina
histórica, junto a otras, empezó a disfrutar del poder heurístico
del estructuralismo, que prescindiendo del sujeto reemplazaba la
historia de los hombres por la historia de las estructuras económicas
y sociales, las movilizaciones de masa de 1968 en diversas partes del
mundo anunciaron el retorno del sujeto y con él los posmodernismos
que en historia, en algunos casos, se tradujeron en un subjetivismo a
ultranza. Se iniciaban los tiempos de los terceros Annalesii.
La caída del muro de Berlín y la desintegración de la URSS
sirvieron de marco a las publicaciones de Francis Fukuyama sobre el
fin de la historia, anunciando el triunfo del capitalismo, la economía
de mercado y la democracia liberal. Se intentaba presentar como modelo
mundial la economía y el sistema político norteamericano. Esos
acontecimientos políticos, también aceleraron los esfuerzos de
reflexión sobre la naturaleza de la investigación, la enseñanza y
la divulgación de la historia. Eric
Hobsbawm produjo su obra sobre el corto siglo veinte, el siglo de los
extremos, de 1914 a 1991. En esa obra, Hobsbawm señaló las
limitaciones del neoliberalismo y la necesidad de la protección del
Estado a los sectores vulnerables de la sociedad. Otros historiadores
como el grupo de HaD profundizaron la reflexión sobre un nuevo
paradigma para los historiadores, celebraron reuniones internacionales
en 1993 y 1999, difundieron sus elaboraciones e invitaron a los
historiadores del mundo a que se sumaran al proyecto. El
mismo día en que un acto terrorista derribó las torres gemelas y
rasguñó el sólido edificio del pentágono norteamericano, se lanzó
desde la red electrónica una bomba, en este caso de naturaleza
intelectual: el Manifiesto Historia a Debate. El Manifiesto describe
sucintamente la naturaleza de la crisis historiográfica, reconoce la
herencia en que se apoya y esboza planteamientos metodológicos, teóricos
e historiográficos que sustenten una nueva historia,
a la vez rigurosa académicamente y comprometida socialmente.
En las líneas que siguen pretendo destacar las ideas principales de
esos planteamientos. En
el terreno de la metodología, el Manifiesto destaca la relación
sujeto/objeto, la diversificación de las fuentes, la
interdisciplinariedad y el carácter integral de la producción
historiográfica a que se aspira. Aquí se destaca también la
necesidad de la innovación, del empleo del método hipotético-deductivo
y de la reflexión metodológica e historiográfica. Los
adelantos de la física del siglo XX y los problemas prácticos de la
investigación en las ciencias sociales y las ciencias del hombre, en
los que no es posibles la separación tajante del sujeto y del objeto
de investigación, se reflejan en el Manifiesto, recordándonos el
principio de incertidumbre de Heisenberg. El físico alemán
Heisenberg, al estudiar el átomo encontró que no podían conocerse
simultáneamente los distintos parámetros que describen el movimiento
de un electrón alrededor del núcleo. Los instrumentos utilizados
para el estudio de las partículas electrónicas afectaban el objeto
de estudio. Contrariamente a la creencia de que en las ciencias
naturales había una marcada separación sujeto/objeto. Los
experimentos de Heisenberg mostraron que la influencia del sujeto en
el objeto no impedía el conocimiento del objeto. El paradigma metodológico
en construcción concibe la necesidad de hacer consciente la
subjetividades de los sujetos históricos--agentes históricos e
historiadores--en la ruta hacia la objetividad de la ciencia histórica. En
materia de las fuentes, el Manifiesto invita a la diversificación de
ellas y enumera algunas que tal vez no se nos hubiera ocurrido
considerar. Más allá de las fuentes oficiales que generalmente se
privilegian, se nos invita a incursionar en forma sistemática en el
empleo de fuentes no gubernamentales, de los restos de la cultura
material, de la iconografía y de fuentes orales. Pero también se nos
sugiere prestar atención a los silencios y ausencias en los textos,
las imágenes y las voces y
a leer los textos entre líneas. Se nos invita a aprovecharnos de la
nueva mirada a las fuentes provenientes de la historia de las mujeres,
de la historia oral, de las historia ecológica y ambiental. Las
fuentes de internet. Pero también se nos recuerda que esta
multiplicidad de fuentes serían letra muerta sin las necesarias
ideas, tanto en forma de hipótesis que preceden y acompañan a la
investigación, como de explicaciones e interpretaciones que le
suceden. No hay mirada ingenua a las fuentes, las hipótesis nos guían
por el mar de la información y nos ayudan a construir las fuentes. Hacer
conscientes las subjetividades inherentes al trabajo de investigación
histórica, diversificar las fuentes y adelantar atrevidas hipótesis
representan la base para una fructífera innovación en métodos,
problemas de investigación, preguntas y respuestas. Esta innovación
se sustentaría en la integración creadora de las ciencias sociales,
particularmente la antropología, y la literatura, pero también en el
aprovechamiento de la filosofía de las ciencias naturales y sociales
y de las nuevas tecnologías. De esta manera la biografía y la
microhistoria, por ejemplo, se abordarían desde nuevas perspectivas
capaces de ofrecernos resultados interesantes y significativos para la
historia regional, nacional y mundial, para el pasado, el presente y
el futuro y para la economía, la política y la cultura. Cualquier
objeto de investigación se estudiaría en el tramado complejo de una
matriz en la que los niveles de la realidad se estudiarían en su
movimiento temporal y espacial. Se advierte que nadie en lo individual
intentaría reconstruir o imaginar la matriz completa en su
complejidad, sería una obra colectiva y en un tiempo prolongado. Lo
que si se intentaría por investigadores individuales sería
determinar el interés y el significado de un objeto de estudio
delimitado temática, espacial y temporalmente en la matriz
multidimensional de la historia global. Conocimiento previo e
imaginación nutrirían las hipótesis que guiarían la investigación. Al
formular las bases historiográficas del nuevo paradigma en construcción,
los proponentes originales del Manifiesto ponen el acento en las
características del historiador, las escuelas historiográficas que
habrán de servirle de base y el nuevo contexto en que está y estará
desarrollando su trabajo. Cómo acercarse a la literatura, cómo
entender los cambios en toda la disciplina científica, qué hacer
ante la variedad de tendencias al seno de nuestra disciplina. Al
responder a estas interrogantes el Manifiesto el manifiesto tiene
presente la libertad intelectual del historiador, las aportaciones de
Thomas Kuhn a la historia de la ciencia y las contribuciones de la
escuela de los Annales y del marxismo a la historiografía del último
medio siglo. El
historiador, gozando de una autonomía crítica, sin la interferencia
de los mercados editoriales, los medios de comunicación y las
instituciones públicas, debe decidir libremente con el concurso de
sus pares qué investigar, y cómo y para qué hacerlo. Al abrirse
camino por el mar de autores y sus obras, el historiador los
clasificará en grupos, escuelas y tendencias historiográficas, de
acuerdo a los métodos y teorías que utilizan y los temas que
cultivan para comprender mejor sus propuestas y ubicar su propio
trabajo dentro de la producción historiográfica. La apertura
intelectual del practicante de la disciplina histórica le permitirá
entender tanto lo saludable de las distintas tendencias historiográficas
para el progreso mediante el debate franco de la disciplina, como la
necesidad periódica de experimentar la revolución científica al
seno de nuestra disciplina. Parte
medular de la propuesta del Grupo Manifiesto, entendiendo por tales a
los proponentes originales del Manifiesto y a quienes lo han signado
posteriormente, descansa en la propuesta Kuhniana de la revolución
científica. Como bien saben Thomas Kuhn, físico de origen, incursionó
en la historia de la ciencia y desarrolló a principios de los 60s,
hace 40 años, conceptos claves para comprender el proceso de la
actividad científica. La ciencia, dice, experimenta periodos de práctica
normal, periodos de crisis y periodos de revolución, hasta arribar a
nuevas prácticas normales derivadas de la revolución científica
inmediatamente precedente. En los periodos de práctica normal de la
actividad científica, en los días de lo que podríamos llamar la
ciencia normal, los científicos y sus discípulos comparten un
paradigma, un conjunto de valores para investigar y para validar el
producto de esas investigaciones. Pero llega un momento en que ese
paradigma no puede responder a todas las interrogantes de la comunidad
científica; entra en crisis. En esos momentos de crisis se generan
metodologías y teorías emergentes que se alzan como la mejor
alternativa para una nueva primavera, parafraseado al texto que
comentamos, para la actividad científica. Así pasó en el tránsito
de la física aristotélica a la newtoniana primero y a la relativista
de Einstein después, así pasó en el tránsito de la química del
flogisto a la de Lavoisier primero y a la de Mendeleiev
posteriormente, hasta llegar a la revolución del siglo XX, con el
modelo mecánico cuántico del átomo. Así ha pasado en el tránsito
de la historia positivista rankeana a la historia de los Annales y
marxista que utilizan el método hipotético deductivo. Una vez
aceptada y reconocida la revolución científica por la comunidad de
especialistas, se reinicia la ciencia normal en un nuevo estadio de su
desarrollo. El
paradigma en construcción para nuestra disciplina recupera lo mejor
de los paradigamas precedentes respecto a la crítica de fuentes y al
rigor científico, basándose en la formulación de hipótesis. El
Manifiesto reconoce particularmente y expresa especial gratitud a los
Annales y al marxismo. De esas tradiciones destaca su apertura a lo
nuevo y su compromiso social, rasgos primordiales, se afirma, “que
habremos de recuperar ahora en otro contexto académico, social y político,
con unos medios de comunicación muy superiores a los existentes en
los años 60s y 70s”, décadas de auge de esas escuelas historiográficas.
Al abordar las nuevas formas de la investigación y la escritura de la
historia, el Manifiesto tiene presente la intersección con las
ciencias sociales y las humanidades--de estas últimas especialmente
la antropología y la literatura--y el enorme apoyo de la tecnología
digital. No
se ignora en el documento la gran responsabilidad de las generaciones
actuales de historiadores maduros en la formación de las nuevas
generaciones de investigadores y docentes que habrán de generar
conocimientos y de difundirlos a las nuevas generaciones de
estudiantes y a un público cada vez más amplio. Público que acudirá
al consultorio del historiador, a atenderse de sus ansiedades
derivadas de los cambios insospechados, con la misma frecuencia conque
acudirá al psiquiatra o al médico en sus diversas especialidades. Si
algunos oyentes consideran esto una utopía, es responsabilidad
nuestra abrirnos espacios laborales para la prestación de nuestros
servicios culturales. El
Manifiesto expresa preocupación por la reflexión teórica y por los
múltiples futuros posibles. El documento invita a los historiadores a
pensar, a reflexionar permanentemente, desde el diseño de la
investigación, pasando por su realización y la publicación de sus
resultados, hasta las consecuencias teóricas y sociales de sus
hallazgos. Invita a reflexionar desde el trabajo de archivo hasta los
momentos de consumo de sus bienes y servicios culturales. Para esa
reflexión, las cátedras en metodología, historiografía y filosofía
son fundamentales. Al referirse a la necesaria integración de la
reflexión intelectual y del trabajo empírico, el Manifiesto se
pronuncia contra una práctica sin teoría y una teoría sin práctica La
idea del fin de la historia, que adquirió fuerza con la caída del
socialismo en la URSS y Europa oriental, pronto se debilitó. Así del
fin de la historia se ha pasado a los fines de la historia. La
impotencia del neoliberalismo de satisfacer las necesidades de los
sectores vulnerables y elevar sus niveles de vida y la vitalidad de
los movimientos sociales con nuevas demandas en el mundo muestran la
posibilidad de construir nuevos futuros, como ya lo empezó a hacerlo
Luis Inazio Lula en Brasil. En esos futuros una nueva idea de progreso
permitiría la democratización del disfrute de las avances científico-tecnológicos
y la convivencia bajo valores humanitarios. Además
el Manifiesto invita a expresar abiertamente el orgullo de ser
historiador y a reivindicar ante la sociedad y el poder la función ética
de la historia en la educación de los ciudadanos y en la formación
de las conciencias comunitarias. Invita también a que los
historiadores expresemos nuestra solidaridad con los estudiantes y
cooperemos en la búsqueda de soluciones a sus problemas, para que
puedan concluir exitosamente su formación profesional y se puedan
incorporara al mercado de trabajo. Finalmente uniendo academia y
compromiso, el documento nos invita a expresar abiertamente nuestro
compromiso con las causas sociales y políticas vinculadas a la
defensa de valores universales de educación y salud, justicia e
igualdad. Dicho
de otra manera, el Manifiesto nos invita a localizar el interés y el
significado de los problemas de investigación histórica en un
contexto de múltiple globalidad; esto es, reconociendo las
subjetividades de los agentes históricos y de los historiadores y la
ineludible interacción sujeto-objeto; integrando historia, ciencias
sociales y humanidades; enfocándolas globalmente en el aspecto temático
(economía, política, sociedad y cultura), en el aspecto espacial
(local, regional, nacional y mundial) y en el aspecto temporal ,
integrando pasado, presente y futuro. Haciendo una analogía con la
historia total del estructuralismo, no se trataría de saber todo de
todo, sino de construir e imaginar una relación plausible entre el
objeto de estudio, temática, espacial y temporalmente, y las múltiples
globalidades. Al
formular las hipótesis y al narrar el producto de la investigación,
racionalidad e imaginación se darían la mano para ofrecernos ideas
motoras y productos atractivos, sin detrimento del rigor académico.
Esos productos, verdaderas contribuciones a las ciencias y a las
humanidades, estarían animados por un elevado espíritu de servicio a
la comunidad que aliente el disfrute generalizado de la revolución
científico-técnica a través de naciones razas y posiciones
sociales. La
propuesta es un verdadero reto para asimilarla, aplicarla y
enriquecerla. Hoy estamos dando pasos en su socialización, mañana
será el alma de nuestros proyectos de investigación y pasado mañana
enriqueceremos el paradigma en construcción mediante la reflexión
permanente de métodos, teoría e historiografía, así como de las
distintas etapas de la investigación y del impacto científico y
social de nuestras conclusiones. [1] Dr. en historia por la Universidad de Arizona. Director de Clío, Revista de la Facultad de Historia de la UAS. Texto leído en la mesa redonda “Manifiesto internacional de Historia a Debate”, celebrada en el Auditorio de Humanidades en Ciudad Universitaria, Culiacán Rosales, Sin., 13 de febrero de 2003, en el marco de la presentación de Clío 1: 27 (Mayo-Agosto 2002). Este número de Clío contiene el Manifiesto comentado.
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