Reseñas de las Actas del II Congreso Internacional Historia a Debate


Autor: Micheline Cariño

Lugar de publicación: Clío, Baja California Sur, México

 
La frontera del debate de la historia, en los albores del nuevo milenio

Dra. Micheline Cariño[1]

[Se  publicará en las revistas de historia CLIO, de la Universidad Autónoma de Sinaloa, y CoBACH, Baja California Sur, México]

Una corriente relativamente amplia de historiadores consideramos que el siglo XXI comenzó en 1990. Su nacimiento se parece al de todo ser humano ya que comparte las terribles sensaciones de incertidumbre y desorientación. Pero así como los pequeños al reconocer a su madre sienten un asidero reconfortante, nosotros al nacer a un nuevo siglo y enfrentarnos a un nuevo milenio, nos remitimos a la historia: aquella madre que infaliblemente resguarda nuestra identidad y proyecta el sentido más profundo de nuestra existencia en tanto que humanidad.

No obstante, para que la historia sea capaz de tener esta función es indispensable que sufra una renovación que la llene del aliento vital innovador que las sociedades le requieren. Tales transformaciones deben llevarse a cabo desde lo más profundo de su ser hasta sus expresiones más generales.

Por ello, en tanto que manifestación de la cultura de la humanidad y área de conocimiento básico, la historia es hoy día -y desde hace algunos años-debatida y reconstruida por un amplio colectivo internacional de intelectuales que participan desde 1993 en el movimiento de La Historia a Debate. En esta ponencia nos proponemos hacer un balance de los trabajos presentados en los dos Congresos Internacionales de dicho movimiento, así como las discusiones y propuestas planteados en ellos y en torno a ellos.
Nos interesaremos en especial en extraer los principales elementos que definan el derrotero por el cual parece transitará en el futuro cercano el quehacer historiográfico y el estudio de la historia.

Debido a la amplitud del tema que nos ocupa es evidente que en el espacio aquí dedicado sólo será posible presentar un esbozo de la cuestión. No obstante, el planteamiento de las grandes líneas mostrará la orientación de la investigación que nos encontramos realizando. Grosso modo ésta tiene tres vertientes:

- El análisis y cuestionamiento de los paradigmas historiográficos del siglo XX.

- Los retornos de algunos géneros tradicionales bajo un renovado enfoque.

- El surgimiento de consensos que cimentarán la estructura y el sentido de la historia del presente siglo.

Es sobre el último punto que me parece más justificado centrar el interés de este trabajo, no porque los demás carezcan de interés, sino porque probablemente es el más polémico y, por lo tanto, el que puede dar pie a un debate más nutrido. Sin embargo, antes de comentar a grandes rasgos las tendencias que los más destacados historiadores del mundo consideran tendrá la construcción histórica en el siglo XXI, nos parece importante hacer una breve reseña del surgimiento y la evolución del movimiento de La historia a Debate, principal referencia del presente trabajo.

I. La historia a Debate.

Este movimiento debe su nacimiento a la iniciativa de un grupo de historiadores encabezados por Carlos Barros, profesor-investigador de la Universidad de Santiago de Compostela en España. El comité científico que organizó el I Congreso de La Historia a Debate, estaba formado por historiadores españoles, franceses, italianos, ingleses, mexicanos, brasileños y argentinos, representantes de las más destacadas instituciones de investigación y enseñanza superior.

Este I Congreso se celebró en julio de 1993 en el marco de las festividades del año Jacobeo y su principal financiador fue la Xunta de Galicia. En él fueron aceptadas más de 180 ponencias y comunicaciones de historiadores provenientes de los cinco continentes y colaboraron 44 entidades científicas. Hubo tres tipos de sesiones: las conferencias magistrales,  las ponencias y las mesas redondas. Esta última modalidad, poco usual en los congresos de tan amplia envergadura, tuvo por objeto suscitar el debate, principal objetivo perseguido por los organizadores y asistentes.

A través de las diferentes sesiones del congreso se pretendía hacer un balance crítico de la historiografía del siglo XX, discutir la eficacia de las principales corrientes teóricas y metodológicas, así como cuestionarse las razones y las formas en las que se manifestaban hacia finales del siglo XX los retornos de géneros historiográficos considerados obsoletos.

 En la convocatoria lanzada en 1992, los organizadores anunciaban ya las razones por las cuales era indispensable someter la historia a debate: "Vivimos un momento histórico e historiográfico particularmente apasionante y paradójico. Mientras unos anuncian el final de la historia, ésta se acelera. Mientras la colaboración con otras ciencias sociales estimula la renovación historiográfica, vuelven con inusitada fuerza temas y enfoques de la historia del siglo XIX. Mientras la especialización y multiplicación de los objetos fragmenta sin cesar la disciplina histórica, se alzan cada vez más voces en favor de la explicación y la comparación, la síntesis y la historia global, la teoría y la epistemología de la historia. El desenlace final dependerá no poco de la capacidad de los historiadores para optar, para encontrar que tienen en común renovaciones historiográficas a veces dispares, para influir sobre aquello que mueve la historia mundial hacia el futuro. Asimismo, enunciaban los objetivos mínimos a cubrir: delimitar problemas, informar de alternativas, encauzar debates, conocer planteamientos recientes, mostrar en suma, como pese a todo la historia continúa, lucha, se renueva".

Sin lugar a dudas, los resultados obtenidos fueron plenamente satisfactorios para asistentes y promotores. Se confirmó que las corrientes historiográficas dominantes en el corto siglo XX (1914-1989) habían sido las promovidas por las tres generaciones de Annales y aquellas suscitadas por las diferentes acepciones del marxismo. Otras corrientes historiográficas como las de origen estructuralista, las nacientes de la historia económica y otras un tanto originales como la microhistoria italiana y la historia contrafactual norteamericana, aunque con menos adeptos, fueron reconocidas como corrientes de relativa importancia. Los métodos sobre los que más se debatió fueron la historia comparada, la sociología, y la antropología históricas. También se formuló un consenso respecto a la necesidad de trabajar de forma colectiva e individual en la construcción de teorías propias de la disciplina histórica, como uno de los medios para superar la crisis paradigmática del oficio de historiar. En las discusiones sobre el tema de los retornos historiográficos se concluyó la falsedad de percepción en la que se había incurrido al considerar la vigencia de enfoques historicistas y positivistas, ya que en términos generales el renovado interés por la biografía, por la historia política, militar y narrativa, en la mayoría de los casos, se daba considerando los progresos de la historia global y multideterminada pero tomando en cuenta la importancia del sujeto.

Los seis años que transcurrieron entre el primero y el segundo congreso nofueron de inactividad. Por el contrario, lo que fue una iniciativa para la celebración de un congreso multitudinario se convirtió en un movimiento que mantuvo encendida la llama de la discusión y el debate del hacer y el quehacer de la historia. En Santiago de Compostela se formó un seminario para tal efecto, al cual acudieron historiadores de distintas partes del mundo que habiendo o no asistido al primer congreso compartían las inquietudes del comité científico que lo había organizado. La comunicación entre buen número de colegas se mantuvo también. Por ello no es de extrañar que la respuesta a la convocatoria para el II Congreso de La Historia a Debate, fuera amplia y entusiasta.

Antecediendo a la celebración de éste en julio de 1999 el comité organizador adoptó dos nuevos desafíos. Por un lado lanzó una encuesta internacional en la que se solicitó a la comunidad global de historiadores respuestas sobre los temas que se debatieron en el primer congreso y que serían debatidos en el segundo. Los resultados de esta encuesta aún no han sido revelados pero sin lugar a dudas fungieron como un aperitivo muy motivador para peregrinar nuevamente a Santiago. Por otra parte inauguraron una página electrónica de debate y análisis de los mismos temas. El uso de esta página antes, durante y después del II Congreso se ha convertido en un foro en el que esa comunidad se expresa activamente y comparte sus inquietudes, desafíos, problemas y demás temas de interés colectivo. Ambas iniciativas han enriquecido inconmensurablemente el movimiento internacional
de La Historia a Debate.

La asistencia al II Congreso fue mayor que al primero, pero éste se desarrollo inusitadamente de manera muy diferente. La participación en las mesas redondas fue mucho mayor. Asistieron menos personalidades del medio historiográfico pero hubo una más nutrida participación de todo tipo de colegas en todas las sesiones. Respecto a los temas debatidos se perfilo un cambio harto significativo: la dicotomía Annales-Marxismos cedió el lugar a una discusión en términos generales mucho más sólida desde el punto de vista teórico y metodológico, además las mesas dedicadas exclusivamente a estos temas revelaron considerables avances en la construcción de teorías y metodologías propias de la historia. Asimismo, los antes llamados retornos fueron ya considerados como corrientes historiográficas hasta cierto punto instituidas y autónomas. Finalmente el espacio dedicado a la enseñanza de la historia y a los problemas que presenta fue mayor que en el I Congreso y sin lugar a dudas fue uno de los temas que mayor interés suscitó entre los asistentes.

En breve podemos afirmar que el movimiento de La Historia a Debate es ya una referencia importante a nivel internacional que revela las tendencias presentes de un gran número de historiadores. Los medios de comunicación electrónica han hecho posible, como nunca antes lo fue, la participación constante de colegas ubicados en los cinco continentes. Sólo ante tal perspectiva podemos considerar que las conclusiones a las que se llegan en los largos y acalorados debates personales y electrónicos tienen una validez digna de ser tomada en cuenta, sin que por lo mismo éstas revistan carácter definitorio alguno. Por el contrario, el paradigma de la historia en construcción es actualmente, y por las condiciones antes mencionadas, más verdadero y dinámico que lo que pudo haber sido en cualquier otra época. La historia sigue el tiempo de la historia, el ritmo acelerado de los procesos sociales ha sido finalmente seguido por un contingente significativo de historiadores vanguardistas. La Historia a Debate revela así, hoy por hoy, la frontera de la historia.

II. Esbozo de los temas y paradigmas que se perfilan para la historia del siglo XXI.

Cuando Francis Fukuyama en el verano de 1989 publicó el artículo The end of History?, no debe haber imaginado que tal arenga lanzada a los historiadores daría origen a más de una década de polémicas y los motivaría a realizar trabajos capaces de demostrar la falsedad de sus propósitos. La crisis ideológica que desencadenaron los acontecimientos del periodo 1989-1991, además de colocar a la historia en el centro del huracán, favoreció la creación historiogáfica que, tras un breve lapso de estupor, reaccionó con un brío inusitado. Era indispensable encontrar en el pasado, analizado bajo la mayor cantidad posible de enfoques, elementos capaces de explicar aquellos trascendentes acontecimientos.

En la búsqueda de respuestas a innumerables interrogantes el oficio de historiar entró en crisis, no por incapacidad, sino por la variedad de alternativas que sugería el cuestionarse sobre la validez de éstas. Se perfiló así la necesidad de hacer balances críticos que permitieran examinar comparativa y críticamente las formas y los medios de hacer historia. Debido a que la historia "avanza a saltos y no por simple acumulación, según las decisiones consensuadas en cada momento por la comunidad de historiadores" el resultado de ese balance sugirió la necesidad de una nueva formulación de los criterios que deberían regir en adelante sobre la investigación y la enseñanza de la historia.

De esta manera se perfilará el paradigma común de los historiadores en el siglo XXI como un conjunto de compromisos compartidos respecto a elementos teóricos, metodológicos y normativos, creencias y valores,  formado por paradigmas parciales e integrador de una pluralidad de enfoques. Este carácter incluyente de la noción de paradigma es, además de inevitable, el factor que enriquecerá la creación historiográfica de este nuevo siglo, ya que la pluralidad teórica y metodológica permitirá la convivencia y mutuo enriquecimiento de las diferentes escuelas historiográficas y de las historiografías nacionales.

Algunas premisas parecen perfilar lo que podrá constituir el paradigma de la historia del siglo XXI; entre las más importantes podemos considerar las siguientes:

- superar las contradicciones y los fracasos del paradigma historiográfico del siglo XX.

- ahondar en la construcción teórica de la historia en tanto que disciplina autónoma, pero sin omitir la importancia de la inter, pluri y transdisciplinariedad que se requiere en su investigación y enseñanza, tanto con las ciencias sociales como con las naturales.

- pasar "de la determinación simple a la determinación global y compleja, concreta y revisable de los hechos históricos".

- combatir la fragmentación de la historia en múltiples objetos desconectados entre sí.

- hacer una historia más global y transnacional, que concrete el horizonte de la historia total.

- crear y aplicar estrategias globales de investigación y divulgación de los procesos históricos.

- que los historiadores se comprometan a demostrar la utilidad crítica y social de la historia, a través de la educación y de la divulgación.

- relacionar la teoría de la historia con la práctica de la historia incrementando las asignaturas de metodología, historiografía y teoría de la historia, así como ampliando más el estrecho diálogo que existe entre la filosofía y la historia.

- potenciar el debate de la historia para lograr nuevos consensos y más amplios balances críticos de la historiografía del siglo XX, buscando constituir el paradigma de la historiografía del siglo XXI como una nueva síntesis.

Ni remotamente es nuestra intención comentar estos importantes elementos en el breve tiempo que nos resta, se requerirían varias horas para lograr medianamente explicar sus implicaciones. No obstante, el enunciarlos muestra la tendencia general de la renovación historiográfica que estamos viviendo.

Un comentario muy general sobre estos componentes del paradigma de la "historia que viene" nos muestra que se pretende aprender de los errores del pasado para consolidar los principios de una  nueva historia. Esta requiere ser más científica y comprometida, características que a pesar de tener causas distintas son indisociables [2].

Es indispensable que la investigación y la enseñanza de la historia se centren en torno del sujeto (social, mental y tradicional), evitando la fragmentación de temas, géneros y métodos, comprometiéndose a mostrar que analizando globalmente el pasado es posible encontrar explicaciones a los problemas del presente y respuestas a las incertidumbres del futuro. La validez de una historia con estas características dependerá de la profundidad que se logre en el análisis concreto de cada proceso con una base teórica sólida mas no rígida y mediante el empleo de la mayor cantidad pertinente de enfoques metodológicos. De esta manera será posible construir una historia socialmente útil, capaz de ofrecer explicaciones transdisciplinarias narradas amenamente que permitan la comprensión global del pasado.

"La disyuntiva del historiador del futuro es:  o dedicar una parte del tiempo de trabajo a conocer y producir obras de metodología, de historiografía y de teoría de la historia, en competencia y colaboración con las disciplinas vecinas, o sucumbir definitivamente a la marginalidad en el seno de la ciencia y de la sociedad. [3] Agotada en buena medida la innovación temática, a la historia le queda la metodología y sobre todo la teoría, continente persistentemente ignorado, para seguir progresando y para cumplir con sus responsabilidades científicas y sociales".

"Es tarea de la historia hoy en día, demostrar que siempre hubo futuros plurales; que nada es seguro, que todo cambia, a veces sorprendentemente. Hay pues futuro porque hay historia. Hay esperanza porque hay historia. Pensar históricamente el futuro, es luego transformar el presente, empezando por impedir que se repitan los grandes errores del siglo XX: el fascismo que rebota en Italia, y el racismo, en ascenso por todos lados. Se demanda un nuevo racionalismo, una nueva ilustración, que nos permita seguir progresando, y la historia y los historiadores no podemos permanecer al margen de esa demanda intelectual y social. El primer compromiso del historiador preocupado por el futuro es inquietarse por su propia disciplina: es menester volver a demostrar la utilidad crítica y social de la historia. La aldea global que viene, sin la historia y las ciencias humanas, será el  futuro de las cosas, jamás el futuro de los hombres" [4].

"La historia como disciplina científica no puede permitirse el lujo de renunciar a la comprensión global del pasado. El papel de la historia en la sociedad, en la educación, y en la investigación, es inversamente proporcional a su desmigajamiento disciplinar. Una piedra de toque del nuevo paradigma historiográfico será, en conclusión, su aptitud para crear y aplicar estrategias globales de investigación, y de divulgación, de los hechos de la historia" [5].

Coincidiendo plenamente con Carlos Barros diremos que "nuestra opción es clara: paradigma común con escuelas -posiblemente más numerosas y de menores dimensiones- que promuevan una ciencia histórica con sujeto, tolerante y con debate; innovadora y tradicional; empírica y teórica; unificada, interdisciplinar y global; beligerante contra el futuro inhumano que dicen que nos espera" [6]. Estos principios han sido formalizados en el Manifiesto de HAD que enseguida presentamos.

1 Micheline Cariño Olvera es porfesora-investigadora del Departamento de Humanidades de la Univresidad Atuónoma de Baja California Sur. Doctora en “Historia y Civilizaciones”de la École des Hautes Études en Sciences Sociales, París , Francia.

2 Carlos Barros, « La historia que viene », Historia a debate, Tomo I, HAD, España 1995, pp. 95-117.

3 Idem., p. 112.

4 Idem. pp. 110-111. 

5 Idem., p.107

6 Idem., p. 117.