Reseñas de las Actas del II Congreso Internacional Historia a Debate
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Autor: Alicia Itatí Palermo |
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Lugar de publicación: La
Aljaba. Revista de Estudios de la Mujer, Santa Rosa, Argentina,
vol V,
2000, pp. 226-228
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RESEÑA DE LA MESA REDONDA: “MUJERES Y HOMBRES ¿ UNA
HISTORIA COMÚN?”.
II CONGRESO INTERNACIONAL HISTORIA A DEBATE.
SANTIAGO DE COMPOSTELA . ESPAÑA.
14 al 18 de julio de 1999
[NOTA: Está prevista su publicación en el revista
"Andes. Antropología e Historia" (Salta, Argentina)
Entre el 14 y el 18 de julio de 1999 se llevó a cabo
en Santiago de Compostela, España, el Segundo Congreso Internacional
Historia a Debate, con una importante participación de
especialistas argentinos. En el contexto de este Congreso se realizó
la Mesa Redonda: “Mujeres y hombres, ¿una historia común?”. Sus
integrantes fueron Cristina Segura Graiño, de la Universidad
Complutense de Madrid; Alisa Ginio, de la Universidad de Tel Aviv;
Edelmira Mello y Claudia Harrington, de la Universidad Nacional de Río
Cuarto y Alicia Itatí Palermo, de la Universidad Nacional de Luján,
quien escribe esta reseña. Las panelistas plantearon tres posiciones
diferentes en relación con la pregunta de la Mesa: la de una historia
común, al amparo de la unidad de la ciencia; la de una historia de
las mujeres sin otra referencia que las propias mujeres y la de una
historia de las mujeres desde el punto de vista relacional.
La primera postura fue planteada por Edelmira Mello, quien afirmó que la división entre una historia de los hombres y una historia de las mujeres implica un paso atrás en la concepción de la ciencia en general y de la historia en particular. La Prof. Mello, basándose en la unidad de la ciencia, bregó por la necesidad de superar la división y la jerarquía actual existente en las ciencias y de estructurar un nuevo ordenamiento en función de categorías morales y políticas emancipadoras, que eliminen ideas sexistas, racistas y clasistas. Este cambio de orden se apoyaría en un concepto de racionalidad instrumental, diferente al sustentado por el pensamiento occidental en los últimos tres siglos y que incluye la esfera práctica de la vida, de modo que las decisiones o elecciones de los fines puedan y deban ser sometidos a discusión crítica. La Prof. consideró inaceptable la visión androcéntrica actual de la ciencia, pero planteó que ésta no puede ser sustituida ni por una perspectiva femenina ni por una posición de complementariedad entre ambos sexos sino que las ciencias deben ser consideradas como un proyecto humano, total y no
fragmentario.
La segunda postura es la que expuso Cristina Segura Graiño, coordinadora de la Mesa, quien se preguntaba por qué las mujeres tenemos que ser condescendientes y plantearnos una historia común, cuando ésta ha sido una historia androcéntrica, una historia de la que hemos estado ausentes, para la cual sólo existían las mujeres excepcionales o que habían ocupado puestos excepcionales. La Prof. señalaba que sin embargo se nos acusa de hacer una historia descontextualizada porque no tenemos en cuenta a los hombres y se preguntaba si la historia androcéntrica no es a su vez descontextualizada ya que no nos tiene en cuenta. Para Segura Graiño, la historia de las mujeres es lo que estamos haciendo o debemos hacer. Y desde nosotras, sin ninguna otra referencia que las propias mujeres y algunas otras categorías como puede ser la clase social. No es tiempo todavía de una historia común. A lo mejor en el futuro esta historia sea posible, pero para ello debe cambiar mucho la mentalidad dominante, tanto social como científicamente. La tercera perspectiva estuvo representada por Alisa Ginio, Claudia Harrington y Alicia Palermo. Alisa Ginio planteó la importancia de la investigación de género en el estudio de los judíos conversos de la Península Ibérica, a partir del siglo XV, que deseaban conservar su relación con el judaísmo. Si bien la Prof. no brindó una respuesta explícita al tema de la Mesa, puede deducirse su postura a partir del desarrollo que realizó de la temática ya que, utilizando la categoría de género, comparó las posiciones de los hombres y de las mujeres y sus distintas significaciones. Claudia Harrington señaló que hasta la década del sesenta, en la que la historia de las mujeres es incorporada como rama autónoma de la Historia, con un bagaje teórico y conceptual nuevo, la historia tradicional sólo ha hecho referencia al sexo femenino a partir de biografías de mujeres sobresalientes. Las características de esta nueva historia fueron: el rechazo del modelo androcéntrico y la ubicación de las mujeres en el centro del análisis, cumpliendo el objetivo de hacer visible lo que estaba invisible. Pero trajo aparejada a su vez la constitución de corrientes interpretativas que aislaban a la mujer del resto de la historia, cometiendo el mismo error que había cometido la historiografía que criticaba. En la actualidad se produjo un cambio el eje, considerándose como la historia de la relación entre ambos
sexos.
Mi participación se centró en dos cuestiones. En primer lugar, dar una respuesta al título de la Mesa redonda, y en segundo lugar, exponer una opción teórico metodológica en la investigación en historia de las mujeres, basándome en las reflexiones que surgieron a partir de un trabajo que realicé sobre el crecimiento significativo de la participación de las mujeres en los estudios universitarios (que publiqué en el Vol. III de la Revista la Aljaba, Universidades Nacionales de Luján, La Pampa y Comahue, 1999), ya que es el objeto de estudio, el problema de investigación, el que define en gran parte las opciones teóricas y metodológicas. Para responder a la primera cuestión, señalé que no existe ninguna investigación desde la historia general que se ocupe de la participación diferencial por sexos en los estudios universitarios. Es un tema ausente en esta historia. Los trabajos que abordan la temática lo hacen desde la historia de las mujeres o desde los estudios de género. Y esta ausencia es
común a diversos temas históricos.
Entonces, si las mujeres hemos estado y estamos aún ausentes de la llamada historia común, sin la historia de las mujeres , lo más probable es que sigamos estando ausentes. Por lo tanto, mi respuesta a la pregunta de la Mesa rescató la historia de las mujeres, desde una perspectiva relacional. Y más que justificar el porqué teóricamente, lo ejemplifiqué desde el tema de mi última investigación . El incremento marcado de participación de las mujeres en la universidad se dio en Argentina en un período en que también aumentó de manera significativa la participación de los hombres. Sin una perspectiva relacional, no se podría analizar e interpretar adecuadamente este fenómeno. En segundo lugar, planteé una segunda cuestión que se refiere a una opción metodológica fructífera para el estudio en historia de las mujeres. Esta metodología combina el análisis de los determinantes estructurales con un enfoque microsocial . Este tipo de análisis permite captar la heterogeneidad, las contradicciones y las tensiones entre los comportamientos concretos de las mujeres y las concepciones de género, permite describir las relaciones sociales concretas de los actores concretos en momentos históricos concretos, permite un análisis desde el punto de vista del poder en las relaciones entre los géneros, permite considerar a las mujeres como sujetos activos, con posibilidades de aceptar, modificar o reinterpretar las concepciones dominantes de género (Schmukler, 1986; Palermo, 1994). En síntesis, mi respuesta a la pregunta de la mesa apuntó al apoyo de la historia de las mujeres como una manera de rescatar lo que las mujeres hemos hecho, como una manera de que nuestra voz no siga quedando en el silencio, no siga siendo una voz ausente, y desde una perspectiva relacional, que integre las perspectivas de análisis estructural y la microsocial, como un modo de captar las significaciones heterogéneas y a veces contradictorios. El debate que siguió a la exposición de las panelistas fue largo y en él también se expresaron las mismas posiciones que surgieron entre los integrantes de la Mesa. Quizás la postura que más se planteó en el público fue la de una historia común, por considerar que la historia de las mujeres era parcial y no reflejaba la totalidad de la historia. Sin embargo, otros asistentes señalaron que no dejaba de ser sospechoso y también parcial el que se cuestionara la historia de las mujeres y no otras ramas de este saber, como la historia antigua o la medieval, las que, en cambio, tenían ya un espacio ganado. Por último, quiero hacer notar en esta reseña que la participación de las argentinas en esta Mesa fue mayoritaria. Alicia Itatí Palermo Coordinadora Area de Estudios Interdisciplinarios de Género y Educación Departamento de Educación Universidad Nacional de Luján |