Reseñas de las Actas del II Congreso Internacional Historia a Debate
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Autor: Gonzalo Pasamar (Universidad de Zaragoza) |
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Lugar de publicación: Historia Contemporánea, Universidad del País Vasco, Bilbao |
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Carlos Barros (eds.), Actas del Segundo Congreso de
"Historia a debate". La Coruña, 2000, 3 vols.
Entre los historiadores, la reflexión historiográfica
ha llegado a convertirse en los últimos años en un auténtico género
o tema relativamente autónomo. Creemos no exagerar ni un ápice si
afirmamos que el presente texto constituye la más ambiciosa de todas
las aportaciones de carácter colectivo sobre dicha materia editadas
en España hasta la fecha. Las actas son el resumen del Congreso
internacional que tuvo lugar en Santiago de Compostela hace algo más
de dos años (junio de 1999), del cual, hasta ahora, sólo se disponía
del Libro de abstracts repartido por los organizadores, y que recoge
nada menos que 236 resúmenes de intervenciones -nos hemos tomado la
molestia contarlos-, entre ponencias, comunicaciones y comentarios en
mesas redondas. Tal volumen de material requería una selección
acorde con la coherencia del grupo “Historia a debate”, y estas
actas constituyen la respuesta.
Acerca de este colectivo, que viene sosteniendo y ampliando el profesor de la universidad de Santiago, Carlos Barros, no es necesario una presentación compleja. Sin embargo, conviene mencionar algunos antecedentes y resultados para comprender mejor esa novedad a la que aludimos: el primero es que “Historia a debate” nació de un primer Congreso internacional celebrado en Santiago de Compostela en 1993 -las actas se publicaron en 1995-, lo que coincide aproximadamente con el período en que muchos historiadores españoles han experimentado un notable deseo de conocimiento de las corrientes historiográficas foráneas y necesidad de autorreflexión (este período abarca, grosso modo, desde finales de los años ochenta hasta mediados de los noventa ). En segundo lugar, que los organizadores de aquel Primer Congreso han impulsado desde entonces una serie de iniciativas que pueden seguirse en www.h-debate.com, página donde se alienta un auténtico foro virtual de carácter internacional y se mantienen abiertos diversos debates paralelos y permanentes (algún día también habrán de realizarse el balance o la reseña de esos intercambios de opiniones). En tercer lugar interesa recordar que la iniciativa más reciente del colectivo “Historia a debate” consiste, precisamente, en la publicación en la red de un Manifiesto (11-9-2001), construido sobre un sólido conocimiento de la actual situación de la historia a escala internacional, firmado por 23 profesores europeos y americanos, que se invita a suscribir y difundir a quien lo desee. En todas estas iniciativas, los impulsores de “Historia a debate” nunca han ocultado que no se conforman con un simple examen del pensamiento histórico o una mera historia de la historiografía. Pretenden tomarle el punto a la situación actual de la disciplina histórica y hallar el modo de influir sobre ella. Evidentemente el contenido de las actas del Segundo Congreso guarda relación con el de los volúmenes publicados en 1995. En ambos se aprecian problemas y referencias comunes sobre epistemología y “filosofía interpretativa” de la historia. Sin embargo, las actas ahora publicadas responden a un objetivo diferente y tienen también diferencias formales notorias: El Primer Congreso de "Historia a debate" puede ser considerado como una “toma de contacto” con la actual situación de la historia. Fue organizado con un doble objetivo: valorar el papel de las “nuevas historias”, nacidas en los años setenta, y relacionar algunas de sus conclusiones más inquietantes con el panorama político internacional coetáneo. Éste se hallaba aún bajo el efecto sorpresa causado por caída del imperio soviético, y bajo la todavía más sorprendente polémica desatada por las conclusiones sobre “el fin de la historia” que formulara Francis Fukuyama en 1989. Para cubrir esas expectativas y actividades entonces fueron llamados dos decenas, aproximadamente, de historiadores extranjeros de renombre internacional, destacados por sus inquietudes y reflexiones sobre la historia. Éstos procuraron suscitar “dudas, desafíos y propuestas”, como rezaba el título de una de las intervenciones de Roger Chartier, pero tuvieron una participación desigual y se limitaron a presentar opiniones que ya eran relativamente conocidas. La acogida dispensada por los historiadores españoles fue positiva, pero al mismo tiempo también equívoca: los más conocidos por sus reflexiones o los más inquietos, por aquel entonces, no desaprovecharon la ocasión para volver a manifestar de nuevo sus puntos de vista o para mostrar su interés. Así, en las actas de 1995 podemos hallar un auténtico abanico de artículos de presentación de esas “nuevas historias” que van desde la “historia de las mentalidades”, la “historia intelectual y el giro lingüístico”, o la “microhistoria”, pasando por la “historia de la familia”, la sociología y la antropología históricas, “historia y psicología” o la biografía. Los problemas teóricos más abordados fueron el futuro de los Annales y el significado del “tournant critique”, el papel del marxismo, la influencia del postmodernismo en la historiografía, y el problema de si existe una “crisis de la historia”. No faltó, además, un apartado dedicado a la “historia enseñada”, y, además, puede verse el reflejo del impacto de las “nuevas historias” entre jóvenes investigadores españoles. Los organizadores, por su parte, procuraron ser fieles a todo ese ingente material e interés haciendo un enorme esfuerzo de edición y publicándolo al completo, salvo los resultados de las mesas de debate, que sólo pudieron ser recogidos en parte. En total, seis volúmenes. El Segundo Congreso representa un notable esfuerzo de ir más allá y precisar cuáles son las nuevas inquietudes surgidas en los años noventa o que no se habían definido hasta entonces. El objetivo podría resumirse diciendo que se propone una historia sustentada en un amplio compromiso social del historiador, capaz de recrear una perspectiva global; una propuesta que valora favorablemente ciertos aspectos de las “nuevas historias” y rechaza la oleada "positivista" acontecida en los años noventa (Carlos Barros, I: 153-173). Se hacen votos en favor de una "historia global" basada, precisamente, en la crítica del sentido “presentista” (“el presente perpetuo”, que menciona uno de los participantes, Jerome Baschet, I: 312) que parece ser el rasgo más importante de las doctrinas y justificaciones de la “globalización”. Además de este objetivo, este Segundo Congreso tuvo una característica perfectamente reflejada en las actas: los historiadores conocidos internacionalmente se redujeron a los nombres de Jacques Revel, Georg. G. Iggers, Ciro F. Cardoso, Enrique Florescano o François Dosse, un pequeño número, en suma, que presentó trabajos auténticamente novedosos y mucho más elaborados que los de .las figuras presentes en el Primer Congreso. Junto a esos autores muy conocidos, estuvo presente un elevado número de historiadores -con una importante presencia de españoles y latinoamericanos- en los que se compaginaba el anonimato con un auténtico interés por participar no sólo como comunicantes, sino también como intervinientes de las mesas redondas. Este hecho, que no ha pasado desapercibido a los observadores -se destaca con frecuencia en las treinta reseñas que se hicieron de este Congreso-, es sobre todo una muestra de que la reflexión historiográfica es una tendencia internacional: un fenómeno no limitado a una serie de grandes figuras que publican en las revistas de las áreas francófona y anglosajona, sino algo mucho más extendido de lo que parece. ¿Giro filosófico?, ¿relevo generacional?, ¿crisis de la historia? Lo cierto es que los organizadores del Segundo Congreso, conscientes de que ese interés por la reflexión viene “desde abajo”, decidieron organizar las actas en tres volúmenes, procedieron a una escrupulosa selección de los artículos más innovadores y dedicaron una tercera parte de dichos volúmenes a transcribir en su totalidad los debates de las mesas. En las actas del Segundo Congreso se realizan diversos recorridos por la historiografìa de las últimas décadas, que normalmente adoptan una amplia perspectiva de historia de la historiografía. Hall S. Barron, por ejemplo, repasa la actual diversidad de la historia social que se escribe en los Estados Unidos, que se remonta a los años sesenta (I: 51-59); Sergio Guerra presenta una panorámica de la reciente historiografìa latinoamericana, y hace referencia a las "diversas posiciones políticas e ideológicas" de los historiadores, los cuales coinciden, sin embargo, en mostrarse "disconformes con la historiografía anterior (la “positivista”) y pretenden alcanzar una visión totalizadora de la sociedad” (I: 105). Mención especial merece, en nuestra opinión, el trabajo de Robert Bonnaud. Éste realiza un sugerente examen del modo en que los principales temas “sesentaiochistas” han impactado en la historiografía francesa de los años setenta a noventa, y han ayudado al auge de la misma (I: 181-190). No menos importante es el trabajo de Francisco Vázquez sobre las vicisitudes de la historia social en España de las dos últimas décadas, en el cual se capta a la perfección cuales son las preferencias teóricas actuales de los historiadores sociales españoles (I: 221-229). En la mayoría de los casos, los artículos de historiografía no son meros "balances". Precisamente uno de los rasgos más llamativos de estas actas es el intento de comprender determinados problemas de la historiografía actual huyendo de las imágenes estereotipadas y mostrando hasta qué punto está cargada de ambigüedades la terminología que los historiadores usan para referirse a las tendencias historiográficas actuales (Gonzalo Pasamar, III:30): Sobre el problema de la fragmentación y los cambios historiográficos de las últimas décadas, el Segundo Congreso intentó ofrecer explicaciones relativamente complejas (José . Piqueras, I: 123-26; Carlos Barros, I: 154-55, 161; Hall S. Barron, I: 345-46; Chenntouf Tayeb, III: 103-105). También se ensayaron explicaciones del problema de por qué se ha producido en las últimas décadas un inusitado interés por el tema de "la memoria" (François Dosse, I: 80; Jacques Revel, I: 356-357). La influencia del postmodernismo sobre la historiografía centró la atención de un elevado número autores, mucho más que en el Congreso de 1993. La mayoría de ellos se sintieron inclinados a rechazar el "relativismo" de las teorías de la postmodernidad, aunque juzgaron positivas las críticas a una visión lineal de la historia que suelen acompañar a dichas teorías (Juan M. Santana, II: 360). Sin embargo, lo más interesante es que algunos -desde luego no todos- consideraron que la presencia del postmodernismo en el mundo de los historiadores no podía tomarse simplemente como un axioma: no estaría claro que pudiera hablarse, sin más, de la existencia de una "historiografía postmoderna", aunque sí de influencias puntuales, vinieron a plantear Carlos Barros, Georg G. Iggers o Gonzalo Pasamar (II: 373-75, 381-82; III: 36). En materia de epistemología de la historia, el Congreso reflejó a las claras los cambios acaecidos en los últimos veinticinco años, las críticas a las concepciones mecanicistas del principio de causalidad, a la filosofía analítica y a la "ilusión cientificista". Por supuesto, también se rechazó el otro extremo: la "borrachera ficcional" (François Dosse, II: 309). De hecho, las apelaciones al "narrativismo" y a las tradiciones hermenéuticas fueron recurrentes, y los autores más ensalzados, Paul Ricoeur, Michel De Certeau, Henri I. Marrou, y Hans G. Gadamer. François Dosse, en concreto, ofreció un exhaustivo examen, y reivindicación, de las propuestas epistemológicas de los dos primeros, que presentó como manifestaciones privilegiadas de la presente "humanización de las ciencias humanas" (I: 86-88; II: 309). Prácticamente ninguno de los intervinientes defendió las tesis radicales de Hayden White que consideran la historia un “discurso en prosa narrativa" similar a los géneros de ficción. Georg G. Iggers, que dedicó su ponencia a examinar la Metahistory del norteamericano, llamó la atención sobre la importancia que poseen los componentes retóricos entre los historiadores, pero rechazó la confusión entre historia y ficción que aparece en dicha obra (III: 125). Sin embargo, es necesario subrayar que en el Segundo Congreso no faltaron las referencias favorables al "postestructuralismo". Estuvo presente la idea de que "no existe una frontera clara entre el discurso de ficción y las diversas formas del relato histórico" (Antonio García de León, II: 342), y fue evocada la importancia de la crítica foucaultiana contra las tradicionales nociones "verdad versus falsedad" y "objetivo versus subjetivo" (Harbans Mukhia, II: 336). De hecho, uno de los intervinientes, Pedro A. Piedras, defendió la importancia de la llamada "metaficción historiográfica"; un género emparentado con la novela histórica, e influido por criterios de la critica literaria postmoderna, que, por ejemplo, se halla representado por las novelas de Salman Rushdie (III: 129-136). Otros de los rasgos más novedosos de estas actas es la importancia que se concede a la "filosofía interpretativa" de la historia, a las reflexiones los acontecimientos históricos de los años noventa y su repercusión sobre la concepción de la historia. En realidad, esta vertiente está expresamente planteada en el proyecto de "Historia a debate". La idea que se intenta transmitir en este foro es que los principales acontecimientos internacionales acaecidos en los años noventa y que han interesado o conmocionado a la opinión pública, no sólo han desacreditado las tesis de "el fin de la historia", sino que han tenido consecuencias de mayor alcance. Podría decirse que dichos acontecimientos han planteado la necesidad de repensar las relaciones entre "el pasado, el presente y el futuro", invitan igualmente a repensar la historia mundial, e, incluso, han sido los responsables del auge de algunos nuevos "paradigmas historiográficos". De ahí que en la ponencia del coordinador del Congreso no sólo se valore el efecto de la "globalización" sobre la "aceleración de la historia", sino que, además se extraigan algunas consecuencias relacionadas con la necesidad de un análisis crítico del propio fenómeno de la "globalización". Esas consecuencias son, sobre todo, la necesidad de replantear el concepto de "historia mundial" o "global", tema que ha irrumpido con fuerza entre los historiadores anglosajones y alemanes; la atención a la "historia inmediata", a la eclosión de perspectivas como la "historia ecológica" y la "historia postcolonial"; así como la necesidad de reintegrar algunos paradigmas de la "historia de las mujeres" a la historia general. Por lo mismo, eso explica la critica que el coordinador realiza a la "microhistoria", entendida como alternativa a la "historia global", e incluso a "la falta de resultados del tournant critique" (Carlos Barros, I: 154, 161, 171-172). En consonancia con estos planteamientos, en las actas podemos observar un notable interés por extraer consecuencias "teóricas" -relacionadas con conceptos y corrientes que se acaban de citar. La filosofía histórica de referencia es bastante plural y está marcada por muchos matices. Podemos hallar desde posiciones marxista-leninistas hasta la teoría del "campo de experiencia" y "horizonte de expectativa" del historiador y filósofo Reinhardt Koselleck, pasando por abundantes referencias a la "historia de la sociedad": Se halla varias veces presente la tesis de que el análisis crítico del fenomeno de la "globalización" es un punto de partida para repensar la historia. Reinaldo Rojas lo convierte en el centro de su intervención (III: 73-83). Por su parte, Carlos Navajas, en su trabajo, resalta la conveniencia de que los historiadores se sirvan de la "prospectiva", se interesen por el "futuro histórico" (I: 338-40); otra manera de reivindicar nuevos modos de ampliar el pensamiento histórico o pensar la historicidad. Particularmente indicativo es también el trabajo de Jerome Baschet. Allí intenta mostrar el autor de qué modo el surgimiento de un nuevo movimiento social como el de los zapatistas mexicanos (1994), caracterizado por un complejo imaginario histórico que auna tradiciones indígenas e ideas modernas, invita replantear el concepto de historia y desacredita completamente las teorías sobre "el fin de la historia" o el "presente perpetuo" (I: 305-16). Las nuevas perspectivas historiográficas que han irrumpido en los noventa, también se consideran apoyos para pensar la noción de la historia "mundial" o "global". Así, en el trabajo dedicado a la "historia ecológica", su autora afirma que "si este enfoque se emplea en el marco de la historia global, considero que es posible aspirar a un enriquecimiento y hasta una revisión del conocimiento histórico" (Micheline Cariño, I: 134). La posición que ocupan las tesis de Fukuyama en estas actas, respecto a la que ocuparon en las de 1995, ha experimentado un cambio que no es ajeno a ese interés por la "historia mundial". En las actas del Primer Congreso, el examen de las implicaciones de la tesis de "el fin de la historia" fue uno de los temas centrales. Se intentaron examinar entonces, con cierto grado de equívoco, consecuencias en el terreno de las corrientes historiográficas -resonaban por aquellas fechas los ecos del libro de Josep Fontana La Historia después del fin de la historia (1992)-. En el Primer Congreso también se habló de las consecuencias de dichas tesis en el ámbito de las teorías sobre la historia (marxismo, funcionalismo, postmodernismo). En el Congreso de 1999, en cambio, las referencias a Fukuyama han experimentado un desplazamiento: de un lado, sus ideas se han convertido en una mera referencia, se han diluido; los autores apenas consideran necesario volver a recordarlas expresamente; pero por otro ado también se incorpora un estudio específico sobre el modo en que Fukuyama ha ido adaptando sus tesis dentro del género de la "Historia mundial", y sobre cómo se ha "desmarcado" del postmodernismo a lo largo de los años noventa (Israel Sanmartín, I: 199-212). Para concluir esta reseña conviene hacer una referencia al interés de los organizadores por el problema del "compromiso" y el oficio del historiador. Dicho interés se refleja en una diversidad de apartados y temas: "el historiador, la ética y el compromiso social", "historia, empleo y relevo generacional", o la "enseñanza de la historia". Este último apartado, que fue uno de los más importantes, contó con la intervención de algunos de los más notables especialistas españoles, quienes hicieron un sugerente examen de los problemas actuales de la enseñanza de la historia, y se remontaron a la del siglo XIX (Pilar Maestro, II: 161-172). El ensayo de Rafael Valls, en concreto, fue especialmente destacado ya que presentó una visión, inspirada por autores alemanes, enormemente desmitificadora, que se resume en la siguiente frase: "cualquier intento crítico de reformular la enseñanza de la historia debe navegar entre las ilusiones de los discursos (de la pedagogía y de la didáctica de la historia) y las rutinas de las aulas" (Rafael Valls, II: 176). Gonzalo Pasamar.
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