Reseñas de las Actas del II Congreso Internacional Historia a Debate
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Autor: Julio Antonio Vaquero Iglesias |
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Lugar de publicación: La Nueva España, Oviedo |
LA HISTORIA ANTE EL NUEVO SIGLO Julio Antonio Vaquero Iglesias Acaban de publicarse las actas de la segunda edición del Congreso internacional Historia a debate celebrado en Santiago de Compostela en el verano de 1999. Son tres tomos ( Carlos Barros, editor, Historia a debate I Cambio de siglo; II Nuevos paradigmas; III Problemas de historiografía) que contienen las conferencias plenarias, las ponencias y comunicaciones presentadas en los múltiples apartados sectoriales que se trataron, además del contenido de la 19 mesas de debate que se organizaron incluyendo, como muy buen criterio, la transcripción de todas las intervenciones en estos debates. En ellos han participado 800 historiadores de 40 países de los cinco continentes, entre los cuales se encontraban algunos de los más reconocidos representantes de la historiografía mundial en ese campo como, por solo citar algunos, Harvey J. Kaye, François Dossé, George G., Iggers, Ciro F. Cardoso... . Como ocurrió con las Actas de su primera edición celebrada en 1993, estamos ante un material que es una verdadera radiografía de la situación de la disciplina histórica en relación con la metodología, la historia de la historiografía y la teoría de la historia ante el nuevo siglo que acaba de comenzar. Se puede decir, sin duda, que Historia a debate se ha convertido en un los principales foros mundiales de la reflexión teórica sobre su disciplina de la comunidad internacional de historiadores. La importancia que ha adquirido esta plataforma hay que buscarla en varias razones. La primera, sin duda, que satisface gracias a su acertado planteamiento la necesidad de un debate mundial ante la situación de transición por la que pasa la disciplina histórica, en un momento, además, en que la demanda social y política de este conocimiento es cada vez mayor. La crisis de los viejos paradigmas historiográficos que tuvieron su auge en los años 60 y 70 del siglo pasado los de la escuela de Annales, el materialismo histórico y el neopositivista- no han dado lugar todavía al alumbramiento de otros nuevos que los sustituyan con cierto consenso entre la comunidad de historiadores. La influencia del posmodernismo, con "el giro lingüístico" y la concepción de la historia como mera narración, rebajó el estatus de ciencia social de la historia convirtiéndola para los seguidores de ese movimiento casi en un relato de ficción. La reacción no se hizo esperar y ha engendrado el llamado "giro positivista" o "gran retorno" de un importante sector de profesionales hacia una historia de orientación rankeana y raíz decimonónica cuyo ideal es la reconstrucción del hecho histórico a través de la estricta fidelidad al documento escrito, sin ninguna preocupación teórica explícita. Pero, como demuestra Historia a debate, cada vez son más numerosos los historiadores que consideran que la anterior es un falsa encrucijada. No se trata de elegir entre lo nuevo, una historia "blanda" identificada con la ficción y la literatura y lo viejo como el retorno a una historia con un estatuto de cientificidad del siglo XIX, sino de superar esa situación manteniendo su condición de ciencia. social en consonancia con la teoría y la práctica de las ciencias actuales . Así pues, Historia a debate, asumiendo en sus planteamientos esa especial y delicada situación de la disciplina histórica, se está convirtiendo en un espacio privilegiado para ese necesario y clarificador debate de su futuro. Lo que ya de por sí es importante, puesto que no es habitual ni siquiera frecuente la reflexión de los historiadores sobre los fundamentos teóricos de su disciplina. Pero también, y ésta es otra de las razones de la importancia de este foro, porque ese debate se trata de no limitarlo a las reuniones presenciales cada Año Santo compostelano, y a reproducirlo únicamente en el soporte de papel. Sino de convertirlo en permanente entre la comunidad de historiadores y de extenderlo, además, a toda persona. interesada en soporte digital a través de la Red. Fórmula que está teniendo un importante éxito, como demuestran la gran actividad de los debates "virtuales" que se han desarrollado a través de ese medio después de la primera edición y los que ya está originando ésta segunda. Los poscongresos son así, por vía digital, una continuación o debate permanente de los intercambios de ideas y propuestas de mayor interés e importancia surgidas en las reuniones presenciales. Los ejes temáticos y los principales debates que se han desarrollado en esta edición han girado en torno a dos ejes el de historia en relación con la literatura y el problema de la ciencia; y el de historia y sus vínculos con la sociedad y el compromiso del historiador. La inquietud renovada por el compromiso ético del historiador con la sociedad y el rechazo hacia las versiones más extremas del posmodernismo historiográfico aceptando la narratividad mientras no comprometa el carácter de ciencia de la historia, parecen ser las posturas dominantes entre los historiadores participantes en el congreso ante esas dos importantes cuestiones historiográficas. Pero también, entre otros, se han tratado y despertado gran interés por su importancia y actualidad otros temas como los de globalización e historia, pasado y futuro, enseñanza de la historia, la historia poscolonial o la emergencia de las historiografías latinas. . Quizás sea la intervención de Carlos Barros, coordinador y organizador y " alma pater" de Historia a debate, la que mejor pueda servir como balance de esta edición, al combinar el análisis de lo debatido en la reunión con un conjunto de propuestas para superar ese estado de transición historiográfica en que se encuentra el conocimiento histórico. La historia que viene, según las propuestas del historiador gallego, algunas de las cuales ya aparecen como tendencias sólidas en este congreso, debería ser una historia más narrativa que conserve, como ya dijimos, su estatuto científico y esté más acorde con la revalorización del sujeto que traído la nueva historiografía. Más comprometida, sin caer en los excesos de la " historia militante" de los años 60 y 70. Más pensada, es decir, que plantee su práctica desde la reflexión teórica sobre la metodología, la historiografía y la teoría de la historia. Que supere los planteamientos interdisciplinares de aquella historia de impronta annalista de los años 60 y 70 limitados a la relación entre historia y ciencias sociales y se abra al diálogo no sólo con éstas sino también con las disciplinas humanísticas, las ciencias naturales y las nuevas disciplinas surgidas de las ciencias de la información. Y sea también más global en el doble sentido de superar tanto la "historia en migajas"del posmodernismo, como la fragmentación espacial rebasando la historia de los estados nacionales con una visión más global-mundial. Y, finalmente, una historia que reivindique más su papel específico en la sociedad y la cultura no sólo frente a otras disciplinas, sino también frente a los poderes políticos y los medios de comunicación. Como es obvio, nos sabemos si la historiografía de este siglo seguirá o no esos derroteros normativos. Pero, de hacerlo, si podemos decir que la historia mantendría la relevante función social que ha tenido en el siglo XX, y el conocimiento histórico continuaría también satisfaciendo la importante demanda política y social que todavía tiene en el momento actual. |