Seminario Historia a Debate


Curso 2006-2007


Resumen

"La novela fictórica, un método para salvar del olvido la inolvidable vida de Mustafá de Cárdenas, sheij de los andalusíes (Túnez, siglo XVII)."

 

           

La novela fictórica emplea un procedimiento que restaura o completa un espacio histórico que ha desaparecido de un contexto dado. 

El procedimiento se inspira en las artes plásticas, donde la restauración de los sectores dañados de una obra no puede llevarse a cabo de manera totalmente creativa, sino después de un estudio que determine los materiales, tintes y demás, que fueron utilizados en la obra, atendiéndose igualmente a las características del estilo a fin de replicarlo en las partes pendientes de restauración. 

Ahora bien, estos espacios dañados en la plástica no presentan todos los problemas que sí aparecen cuando la restauración se realiza en el terrero literario. 

En primer lugar, las faltantes en plástica suelen ser sencillamente causadas por la manipulación humana o el tiempo, entendiendo por lo primero un trato poco adecuado a la fragilidad de la obra. Son conocidos los riesgos y cascaduras que ocurren en dedos, orejas, alas y narices de piezas de escultura; los desprendimientos de pintura en zonas donde originalmente se había acumulado más óleo u otro tipo de cobertura; los rasguños y cortes de hilo que el tiempo causa en los lienzos, etc. 

También las restauraciones suelen descubrir, debajo del motivo visible, otros dibujos que luego fueron parcialmente borrados, alterados o repintados por encima con otro diseño. Y ahí tocamos un punto que acerca más la restauración a la fictoricidad literaria. Esas desapariciones pueden deberse sencillamente a un cambio de parecer del artista, basado en la estética, o bien responder a algo más político, si es que el artista sintió la necesidad de borrar algo por juzgarlo políticamente incorrecto.  

En historia, este último caso es todo menos desconocido. La desaparición de actores y hechos del escenario histórico ha formado parte de un modo de narrar la historia orientado a presentar la realidad de acuerdo a determinados fines  e intereses. En la práctica narrativa de la historia, esto se realiza exponiendo, sugiriendo u ocultando ciertos aspectos o personajes, o llanamente haciéndolos desaparecer.  

Tal nos ha parecido el caso de Mustafá de Cárdenas, sheik de los moriscos en el exilio de Túnez, en el siglo XVII, y alrededor de su existencia gira La puerta del tiempo (1989).  La vida de esta personalidad pública, exportador de aceite de oliva y almendras, traficante de armas y dueño de la primera finca comercial laboreada por esclavos negros en Túnez, presenta lagunas tan llamativas que, como historiadora sentí el deseo de hacer algo por ellas, y como novelista, no pude sustraerme a la fascinación de restaurarla, creando para ello un método capaz de completar la vida que silenciaron, quizá, los mismos a quienes el magnate andalusí había provisto de mercenarios y armas cuando lo necesitaron. 

Esta ocurrencia de restaurar, tiene pues tanto de literaria como de algo más, pensando que la desaparición no fue sólo interpretada como un extravío involuntario de los documentos que debían atestiguar la existencia de Cárdenas. Y no lo fue, porque en la historia argentina de las últimas décadas, el problema de los desaparecidos nos abrió los ojos, ganando un lugar en el debate ideológico, ético e histórico. Dejando de lado ahora esos aspectos, con las desapariciones forzadas se inauguró una categoría ontológica.

 Ni muerto, ni vivo: desaparecido.  

A partir de esto, los datos sobre el hecho mismo de la desaparición de los desaparecidos, es decir, lo que ignoramos de ellos en ese marco, de algún modo, se volvió fictórico, porque ¿qué cabe decir de alguien que no está ni vivo ni muerto? Al desconocerse su destino, ciertos aspectos o segmentos de su existencia no podrán probarse, por lo que cuanto se diga en esa instancia no sería ni enteramente falso ni totalmente verdadero. Los perpetradores de ese delito jugaron precisamente esa carta. La desaparición fue una estrategia concebida para que realmente deje de preguntarse por el destino de las víctimas, a las que se llegó a ignorar hasta el punto en que muchos conciudadanos pusieron en duda esas desapariciones. 

La restauración de ese período de la historia rioplatense no podrá hacerse con la facilidad con que en literatura se completan los datos que faltan de una biografía o crónica novelesca. Lo que diferencia fundamentalmente fictoricidad de historicidad es que lo fictórico actúa en el terreno literario y admite propuestas, es decir, hipótesis, una forma de creatividad para resolver los enigmas, mientras lo histórico se ancla en la carne y el hueso, o el cadáver, o sus cenizas, pero lo que llamamos enigma no existe, es sólo una realidad que se desconoce. 

La temática que gira en torno a las ausencias forzosas admite sin duda un tratamiento  afín  al del enigma en las novelas de suspenso; pero lo que el concepto de fictoricidad añade se sale un poco de lo literario porque a la vez explora el enigma desde el mismo escenario que lo generó, que tiene existencia real, lo que sugirió suplantar parte del caudal imaginario por datos de esa realidad presente o restaurada. 

 La desaparición de personas es un hecho real, actual, y sucedió también en el pasado. Las revisiones históricas se ocupan de ellas. La fictoricidad aporta en este sentido un instrumento capaz de dar más volumen, de dar otra sustanciación en literatura al tratamiento de las lagunas históricas. No se contenta con rellenar los blancos de cualquier manera, sino que le interesa, y explora, las causas de la ausencia de testimonios al ir a reparar las faltantes, recurriendo a plasmar un grado de ficción que sea bien tolerado por el resto de la historia (conocida) de la que pudieran haber formado parte. 

Se trata, pues, de una prótesis histórica, pero tan funcional y adaptada al cuerpo sobre el que se practica la operación, que no sólo le devuelva el movimiento, sino que al practicarse, no puedan distinguirse ni el dispositivo fictórico ni la sutura que lo adosó al resto. Y con este objetivo, algo de imaginación entra en juego, ya que en definitiva se trata de una técnica literaria, aunque recurra a la historia.