La obra se centra en una zona bastante estudiada, al haber sido el asiento de grandes empresas mineras. Sin embargo, no solo en conjunto, sino en cada uno de los capítulos, Luis Oporto Ordoñez introduce y analiza problemáticas y temáticas totalmente novedosas y originales que proyectan una imagen mucho más global de la realidad de esas localidades en las primeras décadas del siglo. Dentro de ello, lo que seguramente es su principal acierto, es la reconstrucción cotidiana de las vivencias, experiencias, realidades sociales y culturales de los pobladores comunes y corrientes utilizando una documentación extraordinariamente rica y atractiva para ello. La relación de hechos aparentemente sin gran importancia permiten explicar procesos históricos claves para la comprensión tanto de las especificidades de la región, como de la construcción del poder de las empresas mineras, que no se limitan ni mucho menos, a la explotación de las riquezas estañíferas y su fuerza de trabajo, sino que avanzan hacia el control del espacio y de la vida de los habitantes urbanos. Considero que se constituirá en uno de los trabajos más importantes realizados hasta ahora en la Carrera de Historia.

 

Magdalena Cajías de la Vega, Historiadora, Ministra de Educación y Culturas.

 

Es relevante la concepción de Oporto al realizar un trabajo de larga mirada histórica sobre dos poblaciones mineras desde sus inicios hasta su decadencia, considerando la importancia vital que la minería ha tenido en la historia de Bolivia. Más aun si para lograr esta visión de largo plazo, más allá de la información económica, técnica y propiamente minera, ha considerado importante volcar la mirada hacia la vida de la población, compuesta fundamentalmente por empleados y mineros, verdadero sujeto histórico del emprendimiento minero. Oporto da la vuelta la cara de la historia oficial; Patiño y su equipo aparecen en el desarrollo del estudio como una parte del total; pero se abren aquí una especie de puertas o ventanas para asistir a la vida social, organizativa, las esperanzas, anhelos, limitaciones, debilidades de la población misma sin dejar de lado la vida cultural y de entretenimiento, los conflictos personales, las pequeñas historias humanas de ambiciones, deseos de construir el país de más de una generación de gentes que optaron por la zona minera como proyecto de vida junto a los viajeros y comerciantes que sólo pasaban ofreciendo mercaderías. Sostengo que el trabajo realizado es de un alto valor dentro de la historiografía boliviana.

 

Beatriz Rossells, Docente de la Carrera de Historia de la UMSA.