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LA BASE MATERIAL E HISTÓRICA DE LA NACIÓN EN MARX Y ENGELS.
INTRODUCCIÓN
Marx no dejó escrita una teoría acabada de la nación desde el punto de vista materialista, desde la posición metodológica, que le es propia, consustancial con el marxismo. Incluso en temas que precisaron más su atención, como las clases sociales y el Estado, tampoco encontramos en la obra de Marx un desarrollo explícito y sistemático de los respectivos conceptos materialistas. Engels, tan preocupado por las exposiciones didácticas y sintéticas, escribía en los borradores del Anti-Dühring:
“El sistematismo, según Hegel, imposible. Es claro que el mundo es un sistema unitario, es decir, un todo coherente; pero el conocimiento de ese sistema presupone el conocimiento de toda la naturaleza y la historia, conocimiento que los hombres no consiguen nunca. Por eso el que construye sistemas tiene que rellenar con sus propias invenciones las innumerables lagunas, es decir, tiene que fantasear irracionalmente, tiene que hacer idología.
Fantasía racinal: alias fútil combinación”[1]
Lo que sí hay en los escritos, y en la actividad política, de Marx y Engels son múltiples referencias al hecho nacional, omnipresente en la realidad política del siglo XIX, en la historia y en las relaciones sociales y económicas de aquel tiempo -y en el de hoy, aunque de forma diferente-. Nos proponemos en este trabajo localizar estas referencias, de tipo político, teórico y metodológico, por veces indirectas, ordenarlas y relacionarlas, en la medida de nuestras posibilidades y saber, partiendo de la hipótesis de que en los fundadores del marxismo tenemos elementos suficientes para aproximarnos e reconstruir el concepto materialista de la nación. Para tal fin echaremos mano de las ediciones disponibles de las obras de Marx y Engels, lamentando que, a esta altura, no esté terminada la edición de las obras completas; creemos que, en todo caso, ninguna de las obras importantes dejó de ser consultada. Como se verá, prácticamente no se utiliza la bibliografía marxista posterior, sobre la nación, de gran importancia, por la propia limitación del objeto del estudio a Marx y Engels; a excepción de algunos casos concretos, que si citamos, en relación con nuestra preocupación central: la nación desde el punto de vista materialista. Precisamente, los debates en la II y III internacionales, y en la actualidad, sobre nación y nacionalismo, requieren, para aclararlos, una mayor profundización en las aportaciones de Marx y Engels.
Los textos fueron sondeados en cuatro direcciones: a) en el uso del término nación y sinónimos; b) en las manifestaciones explícitas, o directamente explicitadas, del concepto de nación; c) en las posiciones políticas, y también metodológicas de los procesos que les tocó vivir a los autores, presentes, especialmente, el artículos escritos para Nueva Gaceta Renana y New York Daily Tribune; y d) en las relaciones teóricas entre realidades nacionales y realidades económicas, estudiadas en los Grundisse y en el Capital, y en textos metodológicos como la Introducción de 1857 y las cartas de Engels en los últimos años de su vida; apoyándonos para eso en la propuesta de Borojov de partir de la noción condiciones de producción. Este va a ser el orden que seguiremos en este trabajo, con la pretensión de acercarnos a la idea que tenían Marx y Engels sobre la nación y, sobre esa base, la necesaria construcción de la noción marxista de hecho nacional.
Antes de entrar en materia, debemos señalar tres consideraciones previas: Primera, entendemos que Marx es metodológicamente indivisible, es decir, no enfocaba un tema en clave materialista y otro en clave idealista; cierto que en aquellos problemas teóricos que tenía menos elaborados era más vulnerable a las concepciones dominantes, pero difícilmente las abrazaba. En el tema que nos ocupa veremos como Marx y Engels estaban en las antípodas de las concepciones idealistas que tenían de la nación los nacionalistas alemanes y la burguesía liberal, y como esto se refleja hasta en los artículos de Marx para los perdiódicos, que “le aburrían” y “llevaban mucho tiempo”, separándolos de los “trabajos puramente científicos”, reconoce, en 1853, en una cara a Cluss[2].
Segunda, Marx y Engels compartían un mismo enfoque teórico de la realidad social, y , también de la nación; otra cosa fueron las posiciones políticas personales, en cada coyuntura, respecto a movimientos nacionales concretos, y más allá: las simpatías (Marx y familia hacia los fenianos) y las antipatías (Engels hacia los eslavos y suizos).
Tercera, siendo nuestra preocupación el análisis de una relación social, la nación[3], desde las leyes y categorías del materialismo histórico, en búsqueda de errores y aciertos en Marx y Engels cuando enjuiciaban luchas nacionales, el futuro de determinadas naciones o de nación en general, o ritmo de los procesos revolucionarios y nacionales..., tienen interés en la medida en que afectan a sus posiciones teóricas sobre la cuestión nacional. Con todo, huyamos de apriorismos que impliquen hipercriticismo hacia los escritos de Marx y Engels, que, en ningún caso, fueron o pretendieron ser profetas.
Federico Engels, en el prefacio de 1874 a la segunda edición de Las guerras campesinas en Alemania, después de una crítica del libro de Zimmermann que le sirviera de base para su interpretación de la revuelta campesina de 1525, escribía que:
“La culpa es de los tiempos en los que se escribió el libro. No obstante, para su época, y comparado con obras de historia idealista alemana, se destaca como escrito en una actitud muy realista”[4].
Por ejemplo, hoy la historia económica y social predomina en la historiografía; en el siglo pasado, cuando románticos, eruditos e idealistas varios, estaban en la picota, Engels se quejaba, ¡en 1894!, del “desdén imperdonable que se advierte en la literatura hacia la historia económica”[5] en Alemania, 49 años después de que él y Marx escribieran en la Ideología Alemana la crítica a Hegel y de la historiografía idealista. El influjo decisivo de los creadores del marxismo en el desarrollo de la historia económica, sobre todo a partir de 1870[6], se comprende plenamente en el contexto del siglo XIX, no proyectando hacia atrás lo que en la actualidad sabemos. Lo que vale para los aciertos, vale para los errores: es necesario mantenerlos en su tiempo, no extrapolando al pasado el nivel de progreso material y científico del presente y, menos aún, el conocimiento de que sucedió después de la muerte de Marx y Engels, que podríamos exigir a éstos solamente al precio de considerarlos taumaturgos.
1. USOS DEL TÉRMINO NACIÓN Y AFINES.
Lo primero que se observa en el uso del vocabulario por parte de Marx y Engels y que nación, país, pobo, y patria son, por lo regular, voces sinónimas, intercambiables, a menudo utilizadas simultaneamente en una página, o en páginas sucesivas, para evitar repeticiones[7]. La voz pueblo y popular adquiere en otros lugares el significado (bien distinto de nación y nacional) del conjunto de clases dominadas[8]. Nación y nacionalidad: unas veces son términos equivalentes[9], y otras diferentes, compartiendo los autores la idea de que las naciones modernas se constituyen reuniendo nacionalidades diversas de origen pre-capitalista[10]. Normalmente el Estado (gobierno, administración) se distingue nitidamente de nación , sociedad civil[11]; pero en alguna ocasión parecen ter el mismo significado estado, patria y nación[12]. Por último, la palabra comunidad (Gemeinwesen), “una buena y antiguapalabra alemana que equivale a la palabra francesa ´comune´”, escribió Engels[13], que tiene para Marx y Engels varios usos: comunidad de aldea, de ciudad, de clase, modo de producción comunista; asociación del pueblo revolucionario, etc. Aparece también con aplicación de comunidad nacional[14], como una forma de asociación para intereses comunes.
Nación, nacionalidad, patria, país pueblo, estado, comunidad..., para Marx y Engels tienen indudablemente una acepción común, compatible con las acepciones específicas de cada vocablo. Lo que importa aquí es precisar el contenido de esa acepción común, más que tratar de delimitar el significado semántico de cada palabra. El contenido es más importante que las formas. Para identificar ese denominador común es preciso, en todo caso, referirlo a un término. Pensamos que nación es el de más aceptación y representatividad, tanto en la época de Marx como hoy. La voz nación se presta menos a la confusión terminológica que pueblo, estado, comunidad o etnia cuando hablamos de la división espacial, vertical de la humanidad. Por algo cuando se hace mención al problema nacional no se hace referencia al problema popular, estatal, comunitario o étnico, porque entonces estaríamos contemplando otra temática.
Los propios autores que han denunciado en la actualidad imprecisión y fluctuación terminológica, lo hacen bajo epígrafes que contienen la palabra nación o nacionalismo[15]. Si cien años después de Marx se admite que sigue habiendo confusión de términos, la razón hay que buscarla en que están sin aclarar los conceptos. El día que se le dedique al concepto de nación tanto esfuerzo teórico marxista como al concepto de clase o de Estado, desaparecerán los solapamientos con expresiones afines. Así pasó con el concepto de clase respecto de: estamento, orden, estado, casta, grupo, estrato, etc; la tendencia actual es la absorción de estas por aquel.
Los elementos descriptivos de la nación que Marx y Engels manejan son los normales en todas las definiciones, incluyendo la de Stalin: corresponden a regularidades empíricamente observables, con la salvedad de que los emplean de manera muy poco restrictiva. Reciben consideración de nacionales: A) El territorio[16]. B) La población y la raza, “la enorme capacidad de resistencia de la raza irlandesa”[17]. C) La lengua, la literatura y la cultura[18], que les sirven para definir las viejas nacionalidades de origen feudal: provenzal, alemana, eslava, escandinava. D) El carácter; escribe Engels: “por eso no podemos asombrarnos si encontramos en la descripción que César hace de los gallos una cantidad de rasgos que Giraldo atribuye también doce siglos después a los irlandeses y que, a pesar de todas las mezclas de sangre germánico, volvemos a a encontrar, todavía hoy, en el carácter nacional irlandés”[19]. E) La clase, según sea la clase dirigente se refieren a nación de capitalistas[20] y nación trabajadora[21] ; o nación de campesinos, para significar, en Irlanda, a la clase mayoritaria y sostenedora del Estado[22]. F) El Estado; “hacia finales del siglo VIII Irlanda estaba lejos de ser editada por una nación única. En la existencia de un reinado principal en toda la isla era mera apariencia[23]; poder político que aparece como el efecto que causa del proceso nacional, pero que no es condición imprescindible para la resistencia nacional.Engels destaca como después de siete siglos, a pesar de la dispersión teatral del poder político y frente al gobierno fuerte y unificado que los comandos pegar unilateral: Irlanda resiste a la eliminación, volviendo los a los extranjeros ocupantes más irlandesas que los irlandeses[24]. Engels Irlandesa. Quiere resaltar precisamente el factor subjetivo, la voluntad de suprimir coronación, que junto con factores económicos (nos perderemos más adelante), también parcialmente esforzados en su inconclusa historia de Irlanda, deciden y asegura la formación nacional de Irlanda. Concluyendo: territorio delimitado, por la acción homogénea, lengua y cultura propia, carácter específico, poder político, clase dirigente con mayoritaria, historia común (de lucha contra los extranjeros y por la consolidación de un poder independiente) y condiciones económicas particulares, son los rasgos que describe la nación irlandesa, y, en general, a toda nación, en marcas y en grandes, sin que necesariamente tendrán que darse todos ellos en todo los casos ni, de la misma de forma, en todos las épocas
En el ejemplo irlandés estudiado la característica nacional se menciona para los siglos VIII, IX, XVIII e XIX[25]. Siendo los momentos más señalados:
A) A principios del siglo XI, donde después de más de dos siglos de lucha, el “héroe nacional” Brian Borumha se “transforma en soberano de toda Irlanda y libra la batalla decisiva contra los normandos”, mientras en el siglo VIII cuando empezaron a llegar los normandos, las “guerras internas” de los pequeños “principes locales” les facilitaron “extraordinariamente a los normandos el pillaje, el establecimiento e incluso la conquista temporal de toda la isla[26]”. De nuevo Engels subraya, en primera instancia, la lucha política y militar contra los invasores por un reino unificado, nacional (condiciones subjetivas); en el contexto, en última instancia, de los siglos alto medievales, deformación del feudalismo (condiciones objetivas), en toda Europa. El resultado en el siglo XI es una nación feudal.
B) Finales del siglo XVIII, “cuando surgió en Irlanda una nueva vida nacional, y con ella un nuevo interés por literatura e historia irlandesa[27]”, renovación cultural nacional de impulso romántico que antecede en casi toda Europa a la creación de las naciones burguesas; estas nuevas naciones fueron realidad allá donde existía base material y fuerza política.
Marx y Engels se valen del concepto de nación en las diferentes épocas históricas de la antigüedad clásica hasta el mundo contemporáneo. Para ellos existe: 1)Naciones antiguas; así más habla de naciones desarrolladas de la antigüedad, en las que incluye al griegos y romanos; de las naciones sojuzgadas por los bárbaros.[28].. 2)Naciones asiáticas; la concentración de tierra por el Estado, en Asia, es considerada por Marx en el Capital como “ase nacional.[29]”. 3) Nacciones feudales; Engels pone a la nación provenzal como modelo, en la Edad Media, por razones culturales (lengua ilustrada, lírica), sociales (perfeccionamiento de la nobleza feudal) y económicas (en la industria y en el comercio no iban detrás de los italianos); Marx hace referencia en la Ideología alemana la “organización feudal de todo el país[30]”. 5) Naciones burguesas; Marx explica, en el Manifiesto comunista,, como la burguesía centraliza, medios de producción y administración, “para formar una nación”; diferenciando naciones civilizadas y naciones bárbaras, capitalistas y pre- capitalistas[31].
Los fundadores del marxismo consideraban la nación como un hecho que se manifestaba en los fundamentales medios de producción, como una categoría histórica, cambiante. Las características tipológicas van a depender, naturalmente, de cada modo de producción. Marx destaca la especificidad de la nación moderna creada, sobre la disolución y fusión de las viejas nacionalidades, por el modo de producción capitalista. Es preciso entonces articular el concepto nación en un sentido amplio, histórico, y en otros estricto, moderno; diferenciando “nación moderna” de “nación general”.
Pierre Vilar hizo notar las dificultades de vincular la formidable estabilidad de la nación con la noción de categoría histórica reciente, ligada solamente al ascenso del capitalismo[32]. El último Poulantzas afirma que “la nación no se identifica con la nación moderna y el Estado nacional, tal como aparece en la emergencia del capitalismo en Occidente. Hay algo que se designa bajo el término de nación, es decir, una unidad particular de reproducción del conjunto de relaciones sociales, mucho antes del capitalismo[33]. Samir Amir, por otra banda, localiza la nación en los modos de producción asiático y capitalista; señalando la ausencia de naciones de Europa feudal[34]; opinión muy discutible, y rechazada en la práctica por los historiadores medievales[35]. Todo esto nos lleva a la inexcusabilidad de profundizar en la idea de la nación en general, idea que está en Marx y Engels; ahora que ya el mejor conocida la nación que creó una burguesía, hoy por lo demás en crisis.
La diferencia cualitativa, que Marx ya señaló, entre naciones pre-capitalistas y naciones capitalistas, extendió (dentro del propio marxismo) una teoría reduccionista de la nación, que no compartimos, que sólo detecta la existencia de nación en época del capitalismo. Entonces se proponen nombres para las entidades pre-nacionales”, para lo cual se buscan dos soluciones: 1) derivados de la palabra nación, y 2) sinónimos del termino nación. En el primer caso, nacionalidad y nacionalitario. El término nacionalidad válido como sinónimo de nación, es hijo del periodo histórico, hoy superado, de formación de las naciones-Estado en Europa, siendo ahora difícilmente recuperable para significar algo realmente distinto de la palabra madre; en España, por ejemplo, se tiende al uso de nación frente a nacionalidad en el lenguaje político. El término nacionalitario, propuesto por Rodinson para evitar la definición restrictiva de nación (Mauss, Stalin)[36] aunque válido, sinónimo de nacional nos remite al punto de partida, sin resolver la cuestión principal: explicar el concepto amplio de nación. En el segundo caso, se acude a diversas palabras (pueblo, patria, estado, reino, comunidad, etnia) para expresar la existencia de una sociedad diferenciada con cierto grado de autoconciencia a lo largo de la historia, reservando nación para tiempos contemporáneos. Los etnólogos soviéticos denominaron etnos a todas las comunidades desde la tribu a la nación[37].
El problema no es de nombres sino de fondo, de saber por qué la humanidad que siempre se dividió en sociedad de separadas que compiten entre sí, de manera que “existe una dialéctica en lucha de grupos y lucha de clases en la que convergen en la historia clásica de los reinos y las potencias y las relaciones sociales de los hombres entre sí”, asegura el historiador y P. Vilar[38]. La cuestión reside en investigar cómo se forma, que características tiene, como se transforma y porque desaparece y reaparece el hecho nacional, en las coordenadas fijadas por la geografía y la historia, en cada lugar y cada modo de producción. El retraso, en este orden, es considerable; quitando, quizá, los procesos nacionales en la fase del capitalismo concurrencial, y recientes estudios sobre la construcción de nuevas naciones en el tercer mundo, ¿Qué sabemos de las peculiaridades de las condiciones de vida nacional, y de su dinámica, en las civilizaciones antiguas, Europa feudal, las sociedades asiáticas y, hoy mismo, la época del capitalismo trasnacional.? La historiografía, atenta a la historia económica, a los conflictos sociales, de historia “evenementielle”, produce pocas monografía sobre fenómenos nacionales, y menos aún síntesis válidas para períodos históricos.
2. ORIGEN Y DESARROLLO HISTÓRICO DE LA NACIÓN.
Buena parte de los intentos epistemológicos en relación con la nación se concentran en encontrar una definición correcta; la de Stalin es sin duda la más difundida; sin embargo, Engels opinaba que:
“las definiciones no tienen ningún valor para la ciencia porque son siempre insatisfactorias la única definición real es el desarrollo de la cosa misma, lo cual no es ya ninguna definición... En cambio, para el uso corriente puede que a menudo sea útil y necesaria una breve exposición de los caracteres más generales y, al mismo tiempo, más identificadores en una sedicente definición, y tampoco puede perjudicar si no se pide de ella más de lo que se puede decir[39]”
Pues bien, ni Marx ni Engels dejaron escrita una definición vulgarizadora de nación pero si notas sobre el desarrollo de la cosa misma, o sea, la definición real.
En lo tocante al origen de nación Marx escribió en la Ideología alemana:
“la más importante división de trabajo físico e intelectual es la separación entre la ciudad y el campo. La oposición entre el campo y la ciudad comienza con el tránsito de la barbarie a la civilización, del régimen privado al Estado, de la localidad a la nación[40]”
Explicando mas adelante como en la ciudad se manifiesta por primera vez la separación de la población en grandes clases, y que la oposición entre la ciudad y el campo sólo puede darse dentro de la propiedad privada. Para Marx la nación nace al mismo tiempo que la propiedad privada, las clases sociales y el Estado. Porqué:
“la división de trabajo lleva aparejada además, la contradicción entre el interés de individuo concreto, y una determinada familia y el interés común de todos los individuos relacionados entre sí, interés común que no existe, ciertamente, tan sólo en la idea, como algo general, sino que se presenta en la realidad, ante todo, como una relación de mutua dependencia de los individuos entre quienes aparece dividido el trabajo[41]”.
Cualquiera que sea el lugar de los individuos en el proceso de producción, hay una interdependencia, un interés común, que nace del propio proceso de producción y separa los hombres en conglomerado pluriclasistas, sociales, que limitan, por lo regular, unos con otros.
Sigue aclarando Marx como el interés común adoptada,
“en cuanto Estado... una forma de comunidad ilusoria, pero siempre sobre la base real de los vínculos existentes dentro de cada conglomerado familia y tribal como la carne y la sangre, la lengua con la división del trabajo mayor en escala y otros intereses de las clases, ya condicionadas por la división del trabajo, que se forman y diferencian en cada uno de los conglomerados humamos...[42]”
La división del trabajo genera, por lo tanto, además de una comunidad ilusoria, ideológica, estatal, una comunidad real, nacional, dividida en clases, y basada en relaciones de mutua dependencia: parentesco, cultura, economía...
Doce años después de la Ideología alemana, Marx insiste en la idea del individuo formando parte de un todo más grande, en primer lugar, de una manera algo muy natural, de una familia y de una tribu, que es la familia desarrollada; luego de una comunidad bajo sus diferentes formas, resultando do antagonismo y de la fusión de la tribu[43].
Aquí Marx subraya el paso de la tribu a las diferentes formas de comunidad, en las que predomina la relación con el territorio por encima de la relaciones de parentesco.
Engels ratifica esta idea de Marx sobre el origen de la nación, un año después de su muerte, en 1884, el escribir, En el origen de la familia y de la propina privada y del Estado, que:
“en ciertas comarcas tribus parientes en su origen, y separadas después, se reunieron de nuevo en federaciones permanentes, dando así el primer paso para la formación de nación[44]”.
Hoy en día, otros autores han insistido en situar el comienzo del fenómeno nacional en el paso de las sociedad sin clases a las sociedades capitalistas, en el momento de superar el nivel de clanes y tribus[45].
Engels relata, en la obra que acabamos de citar[46], como las primeras naciones europeas de origen tribal: 1) Desaparecen las lenguas nacionales tuvieron que ir cediendo el paso a un latín corrupto; desaparecieron las diferencias nacionales, y ya no había galos, íberos, ligures...; todo se convirtieron en romanos. 2) No son sustituidas, la flamante ciudadanía romana conferida a todos, no ofrecía compensación; no expresaban ninguna nacionalidad, sino que indicaba tan sólo la carencia de nacionalidad. 3) Se crean condiciones existían en todas partes elementos de nuevas naciones; los dialectos latinos en las diversas provincias fueron distanciándose cada vez más; las fronteras naturales subsistirán y se hacían sentir todavía. Pero en ninguna parte asistía a fuerza necesaria para formar con esos elementos naciones nuevas. Engels tiene muy en cuenta, de nuevo, el factor subjetivo en la formación de las naciones. 4) Emergen más naciones, cuatrocientos años después de las invasiones de los germanos, estos consiguieron infundir una fuerza vital nueva a la Europa agonizante, clave de refundición y la diferenciación de la humanidad en Europa occidental para la historia futura, formando de los lodos del mundo romano, nuevos Estados y nuevas nacionalidades; nacionalidades medievales que más tarde darán pie a las naciones burguesas.
La nación es para los fundadores del marxismo un hecho en continuo mutación, histórico, no transhistórico ni atemporal, muy lejos de las concepciones metafísica a las que estamos acostumbrados, que construyen, retrospectivamente una historia nacionalista donde tal pueblo aparece como predeterminado a mantener una relación de nacionalidad constante durante siglos y siglos. La realidad es que los cambios de modelo de producción, imperios y conquistas, luchas nacionales y luchas de clases, cambian a menudo las oraciones de nacionalidad, de modo que una parte de la sociedad puede cambiar de nación un tiempo relativamente breve (los gallegos que entre el Duero y el Miño después de la separación del condado Portucalense del siglo XII). Los factores nacionales de larga duración (fronteras naturales, poblamiento continuado, conexión de las sucesivas formaciones sociales, lengua, idiosincrasia y cultura) ni son eternos ni garantizan una historia nacional lineal o que equis nación no puede escindirse, incorporarse a otra, o absorber de aquella otra nación, por motivo de las contradicciones internas de la estructura económica y de las clases, y de los efectos de las conexiones internacionales.
Las relaciones de nacionalidad no tuvieron nunca un valor absoluto; dárselo es caer en ilusiones con las que ambas clases teñían de patriotismo y nacionalismo sus intereses determinados[47], escribía Marx, en noviembre de 1848, comentando la situación política en Francia, pero aplicable también a la crítica de la tradición historiografía que por ejemplo, en la misma Francia, no distingue en el espacio geográfico de la Francia actual de relaciones nacionales prerromana de las feudales, y éstas de la nación moderna (ahora sí) francesa; proyectando al pasado la homogeneidad nacional del presente (relativa, como indica, el resurgir de movimientos nacionales en Córcega, Bretaña, Occitania). Engels tenía, como vimos, una visión más dialéctica. Más adelante revisaremos el caso francés.
En este permanente tejer y destejer de los procesos nacionales llegamos a los tiempos más a: “en ningún país es posible la dominación de la burguesía sin la independencia nacional”, decía Engels en 1893 a los lectores italianos del Manifiesto comunista;[48] pero, casi cinco décadas antes, en 1847, afirmaba ya que “la propia burguesía trabaja, mediante su industria, su comercio, sus instituciones políticas, en el sentido... de formar, partiendo de las numerosas localidades y provincias independientes entre sí hasta la fecha, una gran nación[49]”, situando como ejemplo de centralización política al partido jacobino
En las guerras campesinas en Alemania al repasar la situación de Alemania en el siglo XVI, argumenta como,
“el incompleto desarrollo industrial, comercial y agrícola de Alemania hacia imposible toda centralización y unión de los alemanes en una nación, no permitiendo más que una centralización local o provincial”.
“ Mientras en Francia e Inglaterra el desarrollo del comercio y de la industria tuvo como consecuencia la creación de intereses generales en el país entero, y con esto la centralización política, Alemania no pasó de la agrupación de intereses por provincias[50]”.
En los siglos XVI, XVII y XVIII, lo que se entiende convencionalmente por Edad Moderna, aún sin romper con el feudalismo, la burguesía a través del comercio -“el sistema de libre cambio obra en forma destructiva, desintegra las viejas nacionalidades”[51]-, y de la monarquía absoluta, crea nuevas condiciones nacionales en Holanda Inglaterra, Francia, Portugal...; Alemania, Italia y las viejas nacionalidades de la Europa central y oriental no accederán a ellas hasta el siglo XIX y las dos primeras décadas del XX, por causa del retraso y de las singularidades de la formación del modo de producción capitalista, que aclara, por otro lado, el porqué en España la superación de las viejas nacionalidades no se dio en el mismo grado que en Francia o Inglaterra (salvo Irlanda)
En este período de transición del feudalismo al capitalismo, Marx tiene muy en cuenta la voluntad nacional, y su base material, de la burguesía comercial:
“el carácter nacional del mercantilismo es algo más una simple frase en boca de sus portavoces..., vive en ellos la conciencia de que el desarrollo de los intereses del capital... se erigió, en la sociedad moderna, en base a la potencia nacional de la supremacía de la nación [52]“
Marx como para Engels, la burguesía fabrica la nación moderna; la manufactura, “para llegar a ser la fuerza dominante de una época, las condiciones deben desarrollarse no sólo localmente, sino a una escala mucho mayor[53]”, a una escala nacional.
Se quiere decir que la burguesía mercantil primero, y la burguesía manufacturera e industrial después, precisaron transformar las relaciones nacionales para establecer la hegemonía del modo producción capitalista, que genera unos intereses generales, relaciones de mutua dependencia entre todos los individuos de la sociedad burguesa (civil), específicas de la nación moderna, que se diferencia de las condiciones nacionales anteriores, precapitalistas.
Marx y Engels distinguen la Ideología alemana cuando el vínculo entre los individuos y la familia, patria, la tierra; es “cuando se los supone independientes unos de otros y relacionado solamente por medio de intercambio[54]”. Destacando, en suma, el papel del mercado en las formaciones sociales capitalistas, lo que es especialmente cierto en el caso de la relación nacional, frente papel de la tierra (y de parentesco) en las relaciones sociales, y nacionales, precapitalistas. En el precapitalismo la tierra es el medio de producción principal y las formas de servidumbre y dependencia la norma de las relaciones de producción. En el capitalismo los medios de producción se convierte en capital, y hombres y productos concurren líbres al mercado, que relacionan las diferentes partes de la sociedad nacional, e internacional.
En el Capital Marx desarrolla las siguientes ideas sobre la especificidad de las relaciones sociales capitalistas:
1. Puramente económicas: cuando la relación de hegemonía y subordinación (capitalista) reemplaza a la esclavitud, a la servidumbre, al vasallaje, a las formas patriarcales, etc, de subordinación, tan sólo se opera un cambio en su forma. La forma se vuelve más libre porque es ahora de naturaleza meramente material, formada voluntariamente, puramente económica[55].
2. Voluntarias: “la continuidad de la relación entre el esclavo y el esclavista es tal que en ella el primero se mantiene sujeto por coacción directa. El trabajador libre, por contrario, está obligado a mantener el mismo la relación, ya que su existencia y la de su los suyos depende de que se renueve continuamente la venta de su capacidad trabajo al capitalista” [56].
3. Violencia excepcional: “la presión sorda de las condiciones económicas sella el poder de mando de capitales sobre el obrero. Aún se emplea, de cuando en vez, la violencia directa, extraeconómica; pero sólo en casos excepcionales[57]”.
4. Coacción extraeconómica, precapitalismo: sin embargo en los modos de producción precapitalista, basados en el trabajo esclavo, servil, para el Estado despótico, “sólo la coacción extraeconómica, cualquiera que sea la forma que revista, puede arrancar a estos productores y trabajo sobrante”; aquí “el imperio de las condiciones de producción sobre el productor queda oculto tras las relaciones de hegemonía y subordinación que aparecen y son visibles como los resortes inmediatos de proceso de producción [58]”.
5. Libertad oculta dominación: todo lo contrario de lo que sucede en el capitalismo: donde la relaciones de dominación están ocultas tras condiciones económicas, que hacen que “en apariencia... sociedad burguesa es la mayor libertad libertad, por ser independencia aparentemente consumada del individuo... El derecho sustituyó al privilegio”, denuncia que Marx y Engels hicieran tempranamente en Sagrada familia, primera obra que redactaron juntos[59].
La apariencia de libertad en la sociedad capitalista tiene una base real: la dominación directa del hombre es sustituida por el trabajo asalariado libre, por una relación económica voluntaria, en principio. Ahora es posible, y necesario, reemplazar coacción por consenso en las relaciones sociales. Esto tiene dos consecuencias históricas: a) la viabilidad de un régimen político democrático que extiende las libertades, política y de conciencia a los productores directos, b) el nacimiento de unas relaciones nacionales apoyadas en un pacto, en un consenso, entre las clases fundamentales de la sociedad.
Con la burguesía la nación es patrimonio de todos, ideal común, categoría abstracta[60], no discrimina hombres libres y hombres siervos, ni tiene por símbolo máximo un monarca feudal, o déspota oriental, al que los demás están vinculados por relaciones de dependencia. Con el capitalismo se desenvuelve plenamente una voluntad colectiva, una conciencia común, sentimiento nacional, que abarca no por la minoría si no a toda la sociedad. Que la burguesía hegemonice la nación no contradice la participación en la nación, de motu propio, de las clases subalternas. Si el primero tiene una causa económica, el segundo también: en la integración en la nación (siempre conflictiva) de las clases dominadas refleja el interés por la continuidad de un proceso de producción, del que se depende para sobrevivir. La relación social que nacionalidad juega un rol capital de la reproducción del sistema capitalista; de ahí su arraigo en las conciencias, en pugna., y entrelazadas, con las relaciones sociales de clase.
Resumiendo: si en los modos precapitalistas de producción de las sociedades clásicas, llegaba con el poder estatal fuerte, que descansa en una comunidad nacional débil y confundida con el Estado, para hacer posible la coacción extraeconómica sobre la población trabajadora es la reproducción social global; en el modo de producción capitalista es indispensable una poderosa sociedad civil, separada del Estado, unos lazos nacionales que aten a los individuos, entre sí, al territorio, a una cultura, tradición, a unas instituciones, para asegurar, sin coacción directa, un marco estable (la nación moderna) de compraventa de fuerza de trabajo y demás mercancías, de realización de plus valía.
Gramsci apuntó esta semejanza, aunque no la dedujo teóricamente de la propia naturaleza del capitalismo, sino como consecuencia del fracaso de la revolución en occidente:
“En oriente el Estado en todo, la sociedad civil era primitiva y gelatinosa; en occidente, entre Estado y sociedad civil existía una justa relación y bajo el temblor del Estado se evidenciaba una robusta estructura de la sociedad civil. El Estado sólo era la trinchera adelantada, tras detrás de la cual existía una reja recia cadena de fortalezas y casamatas[61]”.
Ahí va clave esencial para comprender la capacidad histórica de la resistencia del capitalismo desarrollado a las ofensivas del movimiento obrero, hasta hoy. Precisamente en las crisis cíclicas del sistema, se evidencian al margen del consenso social y de hegemonía ideológica de la burguesía. Incluso cuando las cosas van mal. Margen que se deriva del sitio que ocupa, 1) de los aparatos ideológicos y 2) los intereses, y conciencia, nacionales, en la reproducción énfasis tema, por razón del carácter puramente económico, voluntario, de la nación entre los independientes agentes de la producción capitalista, en palabras de Marx citadas anteriormente. El factor nacional como factor de cohesión del cuerpo social fue subestimado muchas veces, por pensar que era de orden solamente superestructural, ilusorio o consecuencia exclusiva de la dominación de la burguesía. Pero resulta que, sin contemplar su dimensión nacional, no se entiende la robusta estructura de la sociedad civil burguesa, ni las divisiones retrocesos del movimiento obrero, y de los partidos marxistas como desde 1848, en las naciones que hicieron, en otro tiempo, la revolución burguesa por una u otra vía.
Marx identifica nación con sociedad civil o burguesa (“bürgerliche gesellschaft” significa “sociedad civil” y “sociedad burguesa”), y las separaba, en el contexto capitalista, del Estado, siendo éste la expresión oficial y política de la sociedad civil, y de la nación. “Los elementos constitutivo de la sociedad burguesa se encuentran divididos en naciones, haciéndose la competencia fuera del control de Estado”. La sociedad civil particular es en aquel tiempo nacional, pues “tiene necesariamente que hacerse valer al exterior como nacionalidad y vista cara interior como Estado[62]”. Marx ubica estas afirmaciones en las décadas cuarenta y cincuenta del siglo pasado, estando de actualidad el libre cambio entre naciones, de lo que él era partidario, siendo contrario al proteccionismo, y la intervención del Estado, por considerarlo conservador.
Para Marx un objeto social notable era la sociedad civil nacional, que parecía separado del Estado, como un “hecho moderno”. La sociedad civil en el feudalismo tenía un carácter directamente político. La propiedad, la familia, la organización del trabajo eran “elementos de la vida del Estado” a través del señorío, del testamento, de la corporación gremial. De forma que en la época moderna existía “antítesis entre el Estado democrático representativo y la sociedad burguesa[63]”.
Marx diferenciaba tres tipos de conflictos: a) “entre los poderes gobernantes y sus súbditos, entre el Estado y la sociedad”, b) “entre las diferentes clases”, c) “entre las potencias[64]”. C. Marx hizo estas distinciones, en 1853, en un artículo para el periódico New York Daily Tribune al enumerar los síntomas de una probable crisis comercial, financiera e industrial, que, como 1789 y 1848, habría precedido a otra época de guerras y revoluciones en Europa. Pasaron sólo seis años desde que escribiera, en su Manifiesto, que la “historia es la historia de la lucha de clases”, pero, precisamente, en un texto ocasional, periodístico, teniendo que encarar la historia cotidiana, concreta, con todas sus complejidades y matices (más allá de los estudios teóricos que obligan a cierta abstracción), Marxs reconoce: contradicciones entre clases, contradicciones entre el conjunto nacional de las clases y el Estado, y contradicciones entre naciones-Estado, en definitiva, luchas de clases y nacionales, originadas las dos por una crisis general del capitalismo, que un tardaría veinte años en hacerse realidad. Parafraseando a las dos primeras líneas del Manifiesto podemos asegurar que la historia de toda las sociedades existentes hasta hoy el de historia de lucha de clases y naciones. La determinación última de las luchas de naciones por las luchas de clases no anula la dialéctica entre unas y otras, y tampoco que, a cada poco, las luchas nacionales llenen el escenario de la historia humana.
Con respecto a la dialéctica nación-sociedad civil (campo de lo privado) y Estados-sociedad política (campo de lo público), en el 18 de brumario de Luis Bonaparte[65], Marx analiza como, escamoteada la revolución de febrero de 1848, con el golpe de Estado Napoleón, “le petit” lejos de ser es la sociedad quien se conquista para sí misma un nuevo contenido, parece como si simplemente el Estado volviese a su forma más primitiva, anotando que luego del 2 de diciembre, “el Estado tiene atada, fiscalizada, vigilada, y tutelada la sociedad civil”. Marx califican de primitiva esta absorción de sociedad civil por el Estado por que era propia de las formaciones sociales precapitalistas. Lo que pasó después en Francia del segundo imperio, a caballo de la expansión capitalista de 1848-1873, con la relación Estados-sociedad civil se generaliza, en el occidente capitalista, en la era de los monopolios y del imperialismo. El Estado va ocupando espacios de la sociedad civil, pero sin debilitarla. La simbiosis sociedad civil-sociedad política en el capitalismo avanzado no niega, no impide, la fortaleza y el desarrollo de la primera, mientras que en los tiempos pre-modernos sucedía al revés: el poder político y religioso, la relaciones (públicas para paréntesis dependencia, ahogaban a la organización autónoma (privada) de la sociedad, dificultando un sentimiento nacional que estuviera más allá de la obediencia debida a la pirámide jerárquica.
En el proceso de derrotas, 1848-1851, que llevó a la prepotencia del Estado bonapartista , Marx critica como la Asamblea Nacional rompe ”fundamentalmente y definitivamente con la base de la nación” ... “nada teme tanto como que la nación se mueva”. Como “sin pueblo, sin opinión pública, sin ser ya... representantes de la nación soberana... deben entregar la iniciativa al gobierno”. Valorando que “en el parlamento, la nación levantaba su voluntad general a ley, es decir, levantaba la ley de la clase dominante a su voluntad general”, y que “el poder ejecutivo, por oposición al legislativo, expresaba la heteronnimia de la nación por oposición a su autonomía”. Quedando claro, entonces: 1) identidad nación-social civil, 2) contraposición y equilibrio inestable, nación-Estado, que se refleja, 3) en la confrontación parlamento nacional y gobierno estatal, 4) teniendo el parlamento una doble representatividad, voluntad general de la nación y ley de la clase dominante, y, 5) rematando el proceso del bonapartismo en la imposición del ejecutivo sobre legislativo, con el fin de la autonomía de la acción social civil, ahora dependiente y representada políticamente por la ley de la clase dominada expresada en el nuevo Estado burocrático.
La primera revolución francesa, rerazonaba Marx, en 18 de Brumario, que continuamos citando, creó “la unidad civil de la nación”, desarrollando “lo que la monarquía absoluta iniciara: la centralización... Napoleón perfección está maquinaria del Estado... todas las revoluciones perfeccionaron esta máquina en vez de destrozarla... y bajo el segundo Bonaparte cuando el Estado parece tener haber adquirido una completa autonomía... frente a la sociedad burguesa”. Sobre la base de desplazar a sus anteriores representantes, ganándose el apoyo de la burguesía extraparlamentaria y representando a la clase de los campesinos proletarios, “la masa de la nación francesa”. Así fue como una revolución modelo (1789) de la sociedad civil contra el estado absoluto, que reivindica la soberanía de la nación para conseguir la unidad civil de la sociedad burguesa, segregando un Estado, que, dominado por la fracción más alta de la burguesía, acaba por fusionarse con la nación, deviene un Estado intérprete de la soberanía de la nación, construyendo si la nación-Estado. Si bien, en el presente, por la macrocefalia de este conjunto de aparatos en instituciones que es el Estado (en especial a partir de la tercera década siglo XX), habría, quizás, que cambiar el orden y hablar de Estado-nación.
Pero volvamos al hilo de nuestros razonamientos iniciales. “La anatomía de la sociedad civil hai que buscarla en la autonomía política”, sentenciaba Marx, en el prólogo a la Contribución crítica de la economía política, de 1859[66]. Engels remarcaría posteriormente, esta idea indicando que la historia moderna: “el Estado, el régimen político, es el elemento subalterno, y la sociedad civil, el reino de las relaciones económicas, el principal[67]”. La identidad nación sociedad civil nos conduce por consiguiente, a la conclusión de que la anatomía de la nación conviene buscarla en la economía política. La representación estatal, oficial, política, de la nación es lo secundario; lo principal es la nación como reino de las relaciones económicas.
La nación no cae del cielo, tampoco es un mero invento objetivo de las clases dominantes o que aspiran a serlo, tiene su explicación, según vamos haciendo de los textos de Marx y Engels que citamos anteriormente (tarea muy apurada mente, pero necesariamente), en que hay un problema: interés común, interés general, relación de mutua dependencia, comunidad real, voluntad general etc, que afecta a los individuos de una sociedad dada, independientemente de la clase social a la que pertenezca. La razón de ser de este nexo social nacional -conviene añadir para completar este primer aproximación al concepto de nación que tenían Marx y Engels-, está en la economía, en las relaciones económicas. La nación, en última instancia, es un hecho económico. Marxs y Engels explicitaron esta afirmación en el caso de la nación moderna: el modo de producción capitalista hizo la nación, pensaban, y de esto dejaron constancia en las páginas pasadas. En los últimos años otros autores aceptan, en efecto, que en Marx y a Engels, hay elementos en materia de la nación moderna[68]; pero después de estas aportaciones las preguntas siguen siendo: ¿Cómo se articula el concepto materialista de la nación con las categorías fundamentales del materialismo histórico? ¿Cómo se articula los factores objetivos con los factores subjetivos en los procesos nacionales? ¿Cómo se articula el concepto de nación en general con el concepto de nación moderna? ¿Cómo se articula las clases y la nación?
A la tercera pregunta plantea un problema metodológico: ¿Qué validez histórica tienen los conceptos de sociedad burguesa?, “La anatomía del hombre es la clave de la del mono”, escribió Marx en la Introducción de 1857 después de afirmar que,
“La sociedad burguesa es la organización histórica de producción más desarrollada, más diferenciada. Las categorías que expresan sus relaciones y permiten la comprensión de su estructura, posibilitan al mismo tiempo, comprender las relaciones de producción de todas las forma de sociedad desaparecidas[69].”
Las categorías y principios metodológico que explican la sociedad capitalista, y que nacen en su seno, son esenciales para el conocimiento del pasado.
“Pero en el segundo método de las economistas que borran todas las diferencias históricas y ven la forma burguesa en todas las formas de sociedad... si es cierto, por consiguiente, que las categorías de la sociedad burguesa resultan ciertas para todas las demás formas de sociedad..., pero siempre esencialmente distintas.[70]”
Por lo tanto, las nociones científicas elaboradas en y para la sociedad burguesa son válidas para las sociedades precapitalistas (no es casual que la primera sea resultado del desarrollo histórico de la segunda), pero esencialmente distintas. Válidas, pero esencialmente distintas, viene diciendo Marx, que veía ineludible establecer comparaciones que evoquen el pasado sistema capitalista: “estas evocaciones, al mismo tiempo que la correcta concepción del presente, nos proporciona la clave del pasado[71]”. De acuerdo con esto, los fundamentos teóricos de la sociedad de hoy, siendo aplicables al pasado, hay que saber en qué y por son distintos (en su esencia, acordemonos) en cada modo producción comparándolos con su realización plena en el modo de producción capitalista y, añadimos nosotros, estudiandolos en cada contexto histórico. La descripción atómica del homo sapiens, ¿hace innecesaria la paleontología? No. Antropoides y homínidos tenían los mismos órganos que el hombre actual, pero con características, capacidades y funciones esencialmente distinto. Podríamos testificar, siguiendo el símil de Marx. Sin embargo, tenemos que decir que al concentrarse, sobre todo Marx, en el análisis de capitalismo, en detrimento de reconocimiento de las formaciones precapitalistas (en todo caso poco y mal estudiadas en la historiografía de aquel momento), a veces, éstas se encuentran, no tanto en su individualidad como en función de las aportaciones del mundo europeo contemporáneo, a la formación del modo de producción capitalista. Los modos de producción pretéritos necesitan herramientas meteorológicas propias, a su vez, comunes y dispares con las propias del capitalismo.
Nada más usual en el método de Marx que contemplar un doble significado de las categorías: genérico y restringido, histórico y actual, acomodable a todas las formas de sociedad y a la sociedad capitalista. Pero ¿hay algo extraño en que, en lo que llevamos estudiado de Marx y Engels, encontramos la categoría de nación en un doble sentido: nación general y nación moderna? Así resulta que el tránsito de la localidad a la nación, de la barbarie a la civilización, se revela dos veces: en el momento de formación de las clases y en el momento de formación de la burguesía. Marx emplea de un modo normal esta dimensión dual de las naciones, tanto en lo que afecta a: 1) producción y relaciones económicas, como, más globalmente, 2) sociedad y relaciones sociales. En el primer grupo de categorías podemos comprobar lo que los casos: “producción[72]”, “trabajo[73]”, y “dinero[74]”, acudiendo a esa guía metodológica que es Introducción general a la crítica de la economía política, que Marx redactó en 1857, pero que para no crea adelantar sus resultados, no público, sustituyendo la por un prólogo (1859), que también estamos manejando en este trabajo.
En el segundo grupo de categorías, interesa enfocar los conceptos básicos: “clase”, “nación”, “sociedad civil” y “estado”. Marx y Engels en la Ideología alemana, obra de ajuste de cuentas con la herencia hegeliana, escrita con el propósito de “ver claro en nosotros mismos”, abordan, en páginas sucesivas[75], el desarrollo pleno de clase, la nación, la sociedad civil y el Estado como un hecho histórico moderno, simultáneo e interdependiente.
Así tenemos que mientras en el Manifiesto dice que, en todas las épocas históricas, encontramos una total división de la sociedad en diversas clases, en la y Ideología alemana[76] mantiene que las clases son un producto de la burguesía, diferenciando clase de estamento: ser noble o plebeyo es una cualidad inseparable del individuo, independiente, en lo inmediato, de las condiciones económicas. Aseverando que, en la Alemania de la época, “los estamentos aún no se desarrollan totalmente hasta convertirse en clase”.
Pues bien, génesis de clase y génesis negación so procesos paralelos, lo fueron las primeras sociedades clasistas, y lo son en la formación de las enteramente desarrolladas sociedades de clase:
“La burguesía, por ser de una clase, es no un estamento, encontrándose obligaba a organizarse un plano nacional, y no ya solamente un plano local y a dar sus intereses comunes una forma general[77]”.
Seguidamente Marx denota que: “el Estado cobra una existencia propia junta la sociedad civil y al margen de ella”. Poniendo como ejemplo de Estado moderno a Norteamérica, donde las clases están completamente desarrolladas a diferencia de Alemania, afirmaba Marx. Por sus conexiones materiales: clases, nación y Estado, madurando conjuntamente, en época moderna, a la par de la sociedad civil, campo en el que se encuadra en clases y naciones:
“El término social civil apareció en el siglo XVIII,... la sociedad civil en cuanto tan sólo se desarrolla con la burguesía; sin embargo, la organización social que se desarrolla directamente a base de la producción y de la relación, y que forma en todo las épocas de la base del Estado y que toda superestructura idealista, se designó siempre, invariablemente, un mismo nombre[78]”.
Invariablemente, Marx y Engels aplican, en sus textos, los nombres (y los conceptos) descubiertos de la sociedad de hoy: ora a todos las épocas (en las que existe propiedad privada de los medios de producción), ora a la época de la burguesía. Se trata de una opción no solamente terminológicas si no teórica, y bien consciente, no desde luego fruto de una ambigüedad en el uso descuidado los vocablos. Tampoco observamos variación cronológica, en la obra de Marx y Engels, y el empleo dúplice de estas nociones sociales, y de las estrictamente económicas.
Dilucidar el fondo de esta sistemática distinción conceptual es de primordial interés; caben varias posibilidades:
· General/particular; la nación moderna sería un caso particular de nación que acabaría luego singularizada, y subdividida, según épocas históricas y condiciones espaciales.
· Amplio/estricto; la nación moderna sería la nación propiamente dicha, en un sentido riguroso, estricto; siendo los demás arquetipos tributarios de una concepción por extensión mas baja, amplia, y puede que menos exacta.
· General/pleno; la nación moderna sería resultado maduro de un proceso histórico. ¿Quién podría negar que la nación burguesa es fruto de un desarrollo nacional anterior?. Marx llegar más lejos, calificar este cabo de obra como nación plena (o integral) respecto de la nación en general, categoría histórica universal.
Estas tres maneras de relacionar nación moderna (algo semejante acontece con las restantes categorías antes mencionadas) no son contradictorias, sino complementarias. En la tercera de ellas está el fondo la cuestión, la aportación específica de Marx que se vale de la lógica dialéctica., a fin de cuentas, para perfilar el desarrollo histórico de la nación (“el desarrollo de la cosa misma”, “la definición real”) mostrando estar en las antípodas de una diferenciación formal o arbitraria, de los términos: nación y nación moderna, Estado y Estado capitalista, producción y producción burguesa, etc.
Vienen, a propósito de esta relación conceptual dialéctica tres precisiónes: a) la línea espimólógica conviene situarla no tanto entre naciones precapitalistas y naciones capitalistas, como entre nación y nación capitalista; el primero concepto atañe al segundo y aquellos otros ulteriores como las naciones en las realidades potcapitalistas y/o no capitalistas. B) huyamos de concederle al sentido pleno de los conceptos modernos un sentido absoluto que, cuando menos, entraría en contradicción con la historicadad del método de Marx y, pensamos nosotros, con su base materialista; negar la relatividad de los conceptos modernos, dándole un valor independiente, incondicionado (el absoluto siempre es un absoluto), supondría “ideologizar” sus contenidos. C) Además de la casuística corresponde, a la idea general de la nación, en los fundadores del marxismo, nos lleva, al cabo, a un concepto amplio y a otro concepto pleno, articulados dialéticamente; lo mismo para clase y Estado.
Refiriéndose a “trabajo en general”, Marx generaliza acreditando que:
“Las categorías más abstractas, a pesar de su validez -precisamente por causa de su naturaleza abstracta-, para todas las épocas, son, no obstante, en lo que determinado en esa abstracción, asimismo producto de las condiciones históricas, y no posee plena validez sino para estar estas condiciones y dentro del marco de estas mismas[79]”.
La categoría nación es adecuada para todas las épocas por su carácter general y abstracto, que, subrayemos, sólo consigue una validez plena en las condiciones capitalistas de producción, dada la naturaleza predominantemente económica, más que corporativa o política, de la relaciones sociales burguesas. Tenemos, de esta manera, una concreción de cómo el modo de producción determina las relaciones sociales, en este caso la nación. El modo de producción capitalista introduce en la vida social, e ideal, un máximo de abstracción (separar lo general de lo individual) al considerar los hombres: cosas, efectos de trato mercantil. Creando condiciones históricas para que surja: 1) una conciencia nacional integral y 2) una teoría de la nación y el nacionalismo.
Una mentalidad nacional verdaderamente abstracta, indiferente (hasta cierto punto) a las relaciones de clase y con tendencia a la larga duración, donde los hombres se abstraen de sus situaciones individuales tomando conciencia de intereses comunes frente a terceros, solo puede ser realidad plena en un modo producción en el que los hombres figuran como iguales siendo desiguales. La base material de la conciencia nacional está en que, en el capitalismo, la relaciones económicas entre los hombres adopta cabalmente la forma abstracta del general. Esto es, además de conciencia nacional, afecta a la conciencia de clase: no existen separadamente, por otra parte. Tener conciencia de los intereses comunes consiste en el capitalismo un desarrollo máximo sólo relativamente hablando, refiriéndonos al pasado, no al futuro, porque con la superación de carácter contradictorio del capitalismo se logra, en opinión de Marx, el fin de los conflictos antagónicos, entre clases y entre naciones, de la comunidad material de intereses y, en consecuencia, una conciencia comunitaria más que plena: total.
Marx diferencia la conciencia y gregaria o trival, el instinto consciente, de la autoconciencia colectiva posterior, es decir, conciencia nacional en el sentido amplio; verificando que la conciencia, también la conciencia nacional, es un “producto social”, “preñado de materia”, que se plasma en la en el lenguaje que “es la conciencia práctica, la conciencia real[80]”. Dejemos de lado, en este momento en este momento, la vertiente ilusoria y de clase de la conciencia general, y de la conciencia nacional particular. Lengua, ideosincrasia, sentimiento del grupo, conciencia de que se vive en una sociedad diferente, son elementos (ordenados según el índice subjetividad) de la cultura nacional, presentes en todos los sociedades clasistas. ¿Qué interfiere, en los modos precapitalistas de producción, el completo desarrollo de la autoimagen colectiva de la homogeneización cultural nacional? El hecho de que los hombres, además de ser desiguales, figuran como tales en las normas jurídicas y sociales: esclavos y siervos, castas y estamentos, etc. La interferencia de otros tipos de comunidades: familia patriarcal ampliada, comunidad de aldea y urbana, señorías territoriales y jurisdiccionales, etc,. La debilidad de los lazos de clase y la fortaleza de los mecanismos materiales, económicos y políticos de obediencia al Estado (monarca, Emperador...), depositario de la soberanía y vertebrador, por regular, de la voluntad nacional. La influencia de las religiones universalistas, en la antigüedad y en la edad media, debilita los vínculos ideológicos nacionales, si bien, por veces los fortalece. Al final de nuestra argumentación está en mayor o menor grado de articulación y fragmentación de las condiciones de producción, de la vida económica de la comunidad, factores determinantes in extremis de la conciencia nacional. El mercado nacional es la base material de la conciencia nacional integral; se tiene dicho, con toda razón.
La nación es una categoría tan moderna como son las condiciones que engendrar esta abstracción. La nación como idea abstracta nace en el contexto del capitalismo, pero como realidad es muy anterior. Con su forma histórica burguesa, la nación produce la conciencia propia conciencia, las teorías sobre sí misma y el nacionalismo. La clase dominante presenta su propio interés como el interés nacional, construyendo unas concepciones que, sobre una base real, introducen lo ilusorio, lo irreal, la fantasía.
Mientras los hombres no dominen la naturaleza, y su propia historia, habra un desfase entre lo que dicen ser y lo que realmente son. Sigamos entonces, este consejo de Marx y juzguemos a la nación más que “por su palabra, por lo que ella dice acerca de si misma y lo que figura ser[81]”, por lo que realmente es, condición previa para desenmascarar la vertiente ilusoria (“en la conciencia como las cosas están puestas cabeza bajo”) y de clase (“las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes[82]”), de la conciencia nacional y, con más motivo, del nacionalismo. Marx y Engels produjeron una teoría crítica de la nación, especialmente de la nación moderna, y, en general, de la sociedad contemporánea. Crítica que se resume en la denuncia, evidente, de la virtualidad alienante de la nación por su base material interclasista, de una parte, y clasista (dependencia de la clase dominante), de otra.
Escribiendo, en el primer apartado de la Introducción[83], sobre la “producción en general”, Marx razona de un modo perfectamente transferible a la “nación en general”, a la nación sin más. De esta forma a la nación sería una abstracción, pero una abstracción razonable que pone de relieve los rasgos, las determinaciones, los caracteres comunes de la nación en todas las épocas. Así y todo habría que discernir: a) rasgos y características comunes de una (elementos distintivos) b) determinaciones comunes de otra (elementos decisorio). El meollo de la cuestión está en separar las determinaciones comunes, de contenido primordialmente material a nuestro entender, para distinguir mejor los tipos particulares de la nación. Algunos de los rasgos y indeterminaciones nacionales son comunes a todas las épocas, otros nada más que algunas. Lo mismo se podría decir de la importancia de cada elemento; por ejemplo, el Estado en los modos de producción: asiático, capitalista y del socialismo real; el comercio en la antigüedad (fenicios y cartagineses) y en la época de la burguesía, etc. Mismamente, los rasgos comunes a todas las épocas: cultura, territorio y economía..., generalizados por el pensamiento, la unidad de lo abstracto, hay que añadir la diferencia esencial de lo particular, histórica y especialmente considerando.
¿Puede una cosa es ser, al mismo tiempo, unidad y diferencia, general y particular, abstracta y concreta?. En el pensamiento dialéctico de Hegel, Marx y Engels, sí; y en la vida real también. En el segundo apartado de la introducción, Marx examina, dialecticamente, como antinomia identidad/ diferencia, la relación producción/consumo. Item mas, diacrónicamente, detalla Engels en la Dialéctica de la naturaleza: “El abstracto es el concreto. La ley general de los cambios de forma del movimiento es mucho más concreta que cualquier ejemplo concreto singular de ella[84]”. La nación, abstrata, razonable es una realidad concreta, histórica; el método científico realmente correcto para reproducirla, por vía del pensamiento, viene siendo, según dice Marx en el apartado tercero de la introducción dedicado a “El método de la economía política”: ir de las categorías abstractas y simples a las concretas y complejas, aunque ése no sea, en rigor, el proceso de la génesis de lo concreto[85]; interpretando abstracto y concreto, simple y complejo, no como categorías fijas sino móviles, dialécticas. El desarrollo más concreto (y en otro sentido más abstracto) y más complejo de la nación es, hoy por hoy, la nación moderna; por eso, resulta imprescindible estudiar la nación partiendo de las determinaciones comunes más simples y abstractas, que expliquen su permanencia y cambio a lo largo de la historia. En la última parte de trabajo abordaremos esta tarea.
La fidelidad de Marx y Engels al método dialéctico se observa en que, al tiempo que se constata la formación de la nación moderna por el modo de producción capitalista, destruyendo las relaciones nacionales heredadas del feudalismo, menudo se destaca la destrucción de las nuevas nacionalidades creadas: “la gran industria rompe por todas partes, en general, las mismas relaciones entre las clases de la sociedad, destruyendo con ello el carácter propio y peculiar de las distintas nacionalidades[86]”. Marx certifica en el Manifiesto comunista, por la “mutua dependencia general entre las naciones” y, en virtud del mercado mundial (inseparable la constitución de los mercados nacionales), una conformación cosmopolita de la producción y del consumo[87]. Idea sobre la que vuelve en Grundisse: “el capital crea la sociedad burguesa y la apropiación universal de naturaleza y de las relaciones sociales”, tendiendo a superar las “barreras y prejuicios nacionales[88]”.
El capitalismo produce, juntamente, la nación moderna y las condiciones para su superación: estamos delante de proceso objetivo que obligaba a Marx y Engels a tomar posición subjetiva, desde el punto de vista de clase económica. Lo hacen (con un enfoque común, destacamos) en textos varios escritos antes de la revolución de 1848. “¿Qué nos importa las naciones?”, se interrogar a Engels, “nos importa muchísimo”. Tras denunciar el egoísmo nacional y el cosmopolitismo hipócrita de la libertad de comercio, afirma que los proletarios tienen el mismo interés en todos los países, mientras que la burguesía defiende intereses particulares, de cada país, y “jamás puede trascender la nacionalidad... sólo los proletarios puede aniquilar la nacionalidad, sólo el proletario que despierta puede hacer confraternizar las diversas naciones[89]”. Opinión que Marx y Engels reiteran en la Ideología alemana: “la gran industria creaba una clase... en la que quedaba ya destruida toda nacionalidad[90]”.
Así llegamos al sabido texto del Manifiesto comunista, en el que nuestros autores, y respondiendo a eso de que “los comunistas querían abolir la patria, la nacionalidad”, afirma: 1) “los obreros no tienen patria”. 2) ”el proletariado debe levantarse en clase nacional [la clase dirigente de la nación, según la edición de Engels de 1888], construirse a si mismo en cuanto nación”. 3) el proletariado “es nacional, aunque en modo alguno en el sentido que le da la burguesía[91]”. La contradicción entre las aserciones es solamente aparente. A Marx y Engels les importaban las naciones, pero obviamente no se sentían solidarios con la nación, y el nacionalismo, de la burguesía, “generadora de el segregaciones y contradicciones” entre los pueblos, hostilidades y explotación de de unas naciones por otras. Las fuerzas productivas estaban haciendo desaparecer estas contradicciones (lo que es una verdad parcial), y “la hegemonía del proletariado las harán desaparecer aún más”. Es decir que cuando Marx y Engels hablan de destruir, aniquilar o a hacer desaparecer la nación, por parte de las fuerzas productivas de capital y de la acción unificada internacional de la clase obrera, se estaban refiriendo a los elementos negativos específicos de la nación moderna y proponiendo otro tipo de relaciones nacionales donde la fraternidad internacional sea un hecho. La clase obrera, conquistando la “hegemonía política”, o sea nacional, “derroga la explotación de una nación por otra. Con la desaparición de las contradicciones de las clases en el seno interno de las nciones, desaparecerá la posición hostil de las naciones entre si[92]”. De lo que se deduce que las contradicciones entre naciones tienen su origen (y son reductibles) en las contradicciones de clase, en última instancia.
Los obreros “no tienen patria” porque proponen otra patria diferente. Patria ficticia versus patria verdadera, resolvería Engels al esbozar lo que sería la futura sociedad comunista. Sin ejército permanente y los miembros de la sociedad defenderían la “verdadera patria”; por contra, los ejércitos regulares franceses 1792-1799 “luchaban sólo por la ilusión, por una patria ficticia[93]”. La nación moderna es 1) para las clases dominantes una base esencial para defender sus intereses y organizar su dominación, y 2) para las clases subalternos: a) una relación con objetiva, necesaria entre clases (comunidad real), b) una relación de aislamiento y dominación (comunidad ilusorio), y c) un marco para la lucha por la hegemonía nacional, y por un modelo de nación en el que los ciudadanos, además de iguales de derecho, lo sean de hecho. Cuestión en la que está objetivamente interesado, sobre todo, el proletariado.
Marx y Engels estaban contra la nación burguesa en nombre de una acción proletaria, que llevaría en su interior las bases para dar a cabo a las formas de opresión nacional. Anunciaban la desaparición de un tipo particular de nación, no de la nación general. ”La nación murió, viva la nación”, venían a decir. Llamaban a los trabajadores a desentenderse de la nación burguesa (ficticia) para que además de constituirse en movimiento internacional, luchasen por la hegemonía política en cada país para instaurar la nación de los trabajadores (verdadera).
Hagamos notar dos errores de apreciación en los textos que estamos comentando: primero, la revolución de 1848 no fue una revolución proletaria, como ellos esperaban, sino burguesa; y mientras las naciones burguesas estaban en formación, predecir un modelo más adelantado de nación, el fin de la nación moderna, era desde luego situarse avant la lettre; de hecho Marx y Engels participaran (y celebran), de 1848 en adelante, la constitución de las naciones de la burguesía. Segundo, en esa impugnación radical de la creación de ellos, de la nación de la clase dominante, con la bandera de internacionalismo proletario, hay cierta estimación en la práctica de las ligaduras de mutua dependencia (material) entre las clases fundamentales de la nación. La historia del movimiento obrero confirma a posteriori este aserto.
En una “sociedad en la que la comunidad de intereses pasará a ser el principio fundamental[94]”, la vertiente ilusoria de la comunidad desapareciera, junto con el Estado y con otras contradicciones de clase, y quedará a la comunidad real: el triunfo definitivo de la sociedad civil sobre el Estado. Este texto (1845) sobre la sociedad comunista, Engels se define en contra las guerras de anexión, y contempla la posibilidad de guerras defensivas contra “naciones anticomunistas”. Se quiere decir que, con todo, la nación sigue siendo realidad en la sociedad post revolucionaria. La previsión de Engels para el futuro era una sociedad sin clases organizada en comunas: “todas las localidades y comunas del país[95]”. Sacamos como consecuencia que las naciones sobreviven en la sociedad futura toda vez que hay contradicciones entre naciones comunistas y anticomunistas, o sea, porque la sociedad viene siendo aun parcialmente comunista; de ser plenamente comunista quedarían las comunes y desaparecerían las naciones que conocimos históricamente: comunidad de intereses comunes en conflicto con terceros. La duda está en saber si la articulación de nuevas comunidades tendría o no en cuenta las antiguas nacionalidades: nosotros nos inclinamos a responder afirmativamente, siempre dentro del desconocimiento lógico acerca de una sociedad hoy inexistente: reivindicada y entrevista por Marx y Engels como salida a las contradicciones del capital.
Engels vuelve sobre el tema en 1875 en una carta a Bebel, crítica a Lassalle, después de asimilar la experiencia de la comuna de París y de que Marx elaborara mejor la idea del período de transición socialista a comunismo (dictadura del proletariado). Engels se opone a la denominación lassaellana de “Estado popular libre”, pensando que el Estado obrero tendrá que someter por la violencia a los adversarios y, cuando no sea necesario, dejar de existir; proponiendo entonces que se le llame comunidad o comuna. Nuevamente: el Estado, y la nación, pensamos nosotros, sobreviven en el periodo de transición (que en el texto de 1845 se confunde con el objetivo final), pero se extingue en la sociedad comunista: quedan las comunes..., y las diferencias materiales:
“De un país a otro, de una región a otra, incluso de un lugar a otro, existirá siempre una cierta desigualdad en cuanto las condiciones de vida, que podrán producirse el mínimo, pero jamás suprimirse por completo. Los habitantes de los Alpes vivirán en condiciones distintas que los habitantes de la llanura[96]”.
Engels contrapone “la abolición de todas las diferencias de clase” (y de la nación) a la frase lasselliana: “supresión de toda desigualdad social y política”, que trata de “frase muy discutible[97]”, exponiendo cómo causa materialista de pervivencia de diferencias (no antagónicas) entre naciones, tensiones y localidades, las diferencias entre condiciones económicas de vida de los diversos territorios y de las comunes autogobernadas, en resumidas cuentas.
En el periodo socialista, la nación burguesa deviene en nación proletaria. Sobrevive la nación (igual que el Estado y la dictadura de clase) pero como patria verdadera, en palabras de Engels. Estableciéndose unas relaciones nacionales denegadoras de la explotación, de la hostilidad y de anexión de una nación por otra; excepto en lo relativo a la lucha contra el sistema capitalista aun s existente.
En la sociedad comunista propiamente dicha, se extingue la nación conocida. La nación nace, cambia y muere junto con otras clases y con el Estado. La nación, en un sentido amplio, es inseparable de las clases sociales y de los conflictos entre clases y, por supuesto, entre naciones. Los intereses comunes, la autoconciencia nacional, serán siempre respecto a otras comunidades nacionales. Cuando la comunidad de intereses se hace de veras universal y se borran las contrataciones y luchas internacionales, ¿Qué sentido tiene seguir hablando en nación?. La plenitud de la nación moderna se convierte en total en la sociedad sin clases, al hacerse realmente efectiva la comunidad de intereses, que sufre el capitalismo la interferencia de los intereses de clase, tanto en las relaciones interiores como exteriores. Al suprimirse el valor de cambio, e imponerse el valor de uso a su dominio y eclipsar a las clases, la relación entre los componentes de la comunidad dejadas de mercantil y pasa a ser de igual a igual, ajena a cualquier discriminación, no sólo en la apariencia (como el capitalismo) sino también, por vez primera, en la realidad.
La realización externa de lo que hay de abstracto en la nación es la manera que tiene esta disolverse en el comunismo. Este es el último sentido que tiene la posición de Marx y Engels sobre la desaparición futura de la nación.
Sin embargo, las desigualdades económicas entre las partes de la totalidad social subsiste, así como la subdivisión de la sociedad en comunidades autoorganizadas, y las diferencias lingüísticas y culturales que presumiblemente perdonará: “comunismo significa variedad[98]” Todo esto permite entrever un nuevo tipo de comunidad, que superará dialécticamente el tipo nacional de comunidad propia de la sociedad clasista. Afirmando hasta las últimas consecuencias la asociación de los individuos para la reproducción social. Negando la naturaleza conflictiva, “ideológica” y clasista, del hecho histórico nacional, detonante de cuántas guerras hubo en el mundo. El resultado será algo bien distinto de la nación que conocemos. Así todo, guardará cierta relación de continuidad con las realidades nacionales presentes en el mundo: nada se crea ex novo.
3. PROCESOS NACIONALES EN LA ÉPOCA DE MARX.
Como es sabido Marx y Engels eran hombres de estudio y de acción, compatibilidad labor teórica con la participación personal en la lucha política, por ser consecuentes materialismo activo que propugnaba en oposición al materialismo contemplativa o de Feuerbach, objeto de sus críticas. La práctica, el subjetivo, era para ellos criterio demostrativo de la verdad objetiva. La realidad o irrealidad de las interpretaciones del mundo, aisladas de la práctica subjetiva, de la transformación del mundo, se convierten, decían, en un problema puramente escolastico[99]. Por eso que el estudio del pensamiento de Marx y Engels quedaría marcado si se excluye la acción política reflejada en los escritos de coyuntura: artículos de prensa, cartas, prólogos, etc. La acción política es la prueba de la práctica de la teoría, en caso que nos ocupa de la teoría de la nación.
Marx y Engels (colonizadores del movimiento obrero internacional: “proletarios de todos los países, unidos”) toman parte activa de las luchas nacionales de la segunda mitad de siglo XIX, época de cambios revolucionarios en las relaciones de nacionalidad, siempre con los criterios de que una nación que oprime a otra no puede ser libre y, claro está, de que “los comunistas sólo se diferencia” de los restantes partidos proletarios” porque “hacer valer los intereses comunes de todo el proletariado, independientemente de la nacionalidad[100]”. La sensibilidad de Marx y Engels ante la opresión nacional es preciso, entonces, contestualizarla: estando en formación un nuevo sistema de grandes naciones por la vía de fusión y asimilación de las antiguas nacionalidades (el nacimiento y muerte de las naciones era un hecho cotidiano, es un todo Europa) difícilmente podía calar la idea, posteriormente defendida por Lenin de que cualquier nacionalidad, sin excepción alguna, tenía derecho a fundar estadio propio.
En los múltiples, y multilaterales, conflictos de nacionalidad que vivieron Marx y Engels, ¿A quién concederle el apoyo para construir un estado y, en muchos casos, absorber a otra nacionalidad?: al movimiento nacional que más favoreciese a la revolución y al desarrollo de las fuerzas producivas, razonaban Marx y Engels.
La tendencia objetiva, a caballo de la expansión del capitalismo concurrencial, llevaba a la formación de fuertes naciones estado: condición previa para el desarrollo de la gran industria, para la creación de un proletariado numeroso, firme y poderoso y para su unificación internacional[101]. La situación cambia radicalmente el final de siglo: aceptar la autodeterminación, el derecho a la secesión de la nacionalidad oprimidas y de las colonias, entonces luchar contra Estados multinacionales reaccionarios y contra el imperialismo. Aún así, en ningún Marx, Engels o Lenin le dieron un valor absoluto, ahistórico, a una comunidad nacional, sea oprimido, opresora, y cualquier otra modalidad de redacción social.
El interés metodológico del análisis concretas que sobre situaciones nacionales concretas hicieron Marx y Engels, está entre otros en la combinación del enfoque subjetivo con el enfoque el objetivo. Pronto le dan la máxima importancia a uno, otro. La primacía de lo político, de lo que depende de la voluntad de los hombres, de la lucha nacional de clase; coexisten con el heredado, con económico, con el que es independiente de la voluntad de los hombres, con los elementos materiales y positivos que sirven de apoyo, impulso a limitación de los proyectos nacionales.
Por otra parte, tratándose precisamente de posiciones de coyuntura tienen la mayor significación de referencias a las determinantes determinaciones materiales de los movimientos nacionales que nos han de facultar para aproximarnos a conceptos esenciales para la teoría materialista de la nación.
En principio, decir que nada mejor para mí poner a prueba y un método de análisis de nación, ni una práctica política cara a nación, que los momentos de cambio de nacionalidad: inestabilidad nacional causada por el tránsito del feudalismo al capitalismo, y el ulterior avance de este, como sistema mundial, en todos los continentes.
Vamos a detenernos en los casos de Francia, Alemania, Polonia, Irlanda, India, China y nacionalidades eslavas; países que protagonizaron acontecimientos que acaparado la atención política, y periodística, de Marx y Engels de 1848 a la década de los ochenta. Los ejemplos históricos que proponemos son disímiles; entregamos una tipología.
En primer lugar, los modelos clásicos de formación de las naciones capitalistas, que superan dialécticamente a las nacionalidades medievales, integrando, asimilando y unificando, internamente, una sociedad civil concreta. Conviene subdividir: a) naciones que lograron una unidad nacional y estatal tempranamente, en los siglos XVII, XVIII, por medio de una revolución burguesa radical: Inglaterra y Francia; b) naciones que consiguieron independencia, y unificación, tardíamente en el siglo XIX a través de una revolución burguesa incompleta: Alemania en Italia; c) naciones que consiguieron el carácter de tales, escindiéndose de la metrópoli, sin pasar por la nacionalidad en: Estados Unidos, y también Canadá y Australia.
En segundo lugar, los modelos anómalos de formación de naciones, de economía capitalista subdesarrollada, o periféricas en el sistema capitalista mundial, que sólo pueden acceder al estatuto de naciones plenas por la vía de la secesión y de liberación nacional; distingamos entre: a) nacionalidades europeas oprimidas por uno o varios Estados: Polonia, Irlanda y pueblos esclavos; b) nacionalidades extraeuropeas reducidas a colonias por el capital comercial: India y China.
La diferencia que hay que un grupo de modelos otros es que en el primero de ellos, Marx y Engels conocieron el resultado final de los procesos de formación de las grandes naciones burguesas. En el segundo caso, no fue así:lLas nacionalidades europeas más atrasadas económicamente se confirmaron como Estados independientes, y las colonias rompieron con las respectivas metrópolis, en el siglo XX, tras la muerte de Marx y Engels. Tiene cierta entidad considerar la diferencia para comprender la inercia (que también influirá en los nuestros autores) de ver, mecánicamente, experiencia de las naciones adelantadas el futuro de las menos avanzadas.
Formación de Francia
En el debate sobre Polonia y la asamblea de Francfort el joven Federico Engels, desde la tribuna de Nueva Gaceta Renana[102], aborda el tema de la formación medieval de Francia en comparación con la situación polaca de 1848.
La Francia medieval estaba dividida, principalmente, en dos nacionalidades: Norte y Sur, que no estaban más emparentada es que Polonia y Rusia a mediados de siglo XIX, comenta Engels. Los hablantes de la lengua d’occ no se consideraban franceses (tampoco los de nacionalidad bretona); nombre que concernía, ante todo, a los amantes de la lengua d’oll, herederos, en la Galia septentrional, de francos y carolingios. La noticia está en que Engels tomarse en consideración la lucha de nacionalidades para esclarecer además, naturalmente, de la historia cultural, a la historia política-económica en el marco de la antiguagalia. Aún hoy no es normal ese enfoque. De esta forma la instalación de Inglaterra (los plantagenets), y la guerra entablada con los Valois (Guera de los cien años), en territorios el rey de Francia, son caracterizadas por Engels, de apoyo a la nacionalidad provenzal contra la nacionalidad propiamente francesa; circunstancia que acabó en derrota por la “expulsión de los invasores extranjeros y con el sometimiento del sur por el norte”. Del antagonismo nacional feudal, interno y externo, salió cierta unificación nacional a las puertas de la edad moderna: Juana de Arco, Luis XI, etc. Engels adjetiviza de guerras de sojuzgamiento de la nación provenzal, desde la cruzada contra la herejía albigense (1209-1229) hasta la restauración política y territorial del Luis XI (1461-1483). Monarcas despótico que, según Engels parafraseando a Ruge, interrumpió la “república nobiliar” (denominación correcta para la época de esplendor provenzal), dando un golpe de gracia a la nacionalidad d’occ. Lo que guardan ciertas semejanzas con la actuación de los Reyes católicos, al final del siglo XV, en el marco de la antigua Hispania.
La descripción de la nacionalidad occitana a que hace Engels ponen el acento en la lengua y literatura provenzales y que en el perfeccionamiento de su nobleza feudal que rivalizar con los “castellanos, francesas septentrionales y normandos ingleses"; y también en el desarrollo industrial y comercial. Falta el poder político: lógicamente, ya que el ámbito de la nación d’occ estaba parcelado políticamente en tocados y contados (gascuña, Guyena, Languedoc, Provenza, Auvernia, etc.). Engels no estimaba indispensable un poder político unificado independiente, como rasgo de una nación medieval.
Marc Bloch hacer notar en la misma dirección, "durante largos siglos los provenzales o gentes de Languedoc, que no poseía, de modo alguno, la unidad política, tuviesen nítidamente el sentimiento de constituir una colectividad bien aparte"; añadiendo que "nada hay más absurdo que confundir la lengua con la nacionalidad. Pero no lo sería menos negar su papel en la cristalización de las conciencias nacional[103]". Ahora bien, aunque era algo por decir: de las lenguas son un producto social; exigen un grado determinado de homogeneidad en la interrelación humana, unas relaciones sociales estables y limitadas, para hacer y conservarse.
Engels polémica sobre Polonia con A. Ruge, hegeliano de izquierda, con quien Marx editó en 1844 los Anales franco-alemanes y coincidían los dos en ver la nación como una categoría histórica, destacando la "brillante imagen" de la nación polaca medieval, pero divergían (no en vano Marx y Engels rompieron con los hegelianos de izquierda, ingresando la primavera de 1847 en el Liga de los comunistas) en que Ruge veía en la supresión de Polonia un problema casi moral, "una ignominiosa injusticia", y en Engels, como materialista, además y todo, un problema económico.
Engels pone encima de la mesa el caso francés, y se pregunta por qué "jamás se calificó de injusticia ignominiosa a la opresión de la Francia en su parte del francés del norte". Constata que la Convención aniquiló los restos de la independencia nacional occitana, y, por el contrario, tenemos mejores perspectivas nacionales de Polonia y la primera mitad del siglo XIX. ¿Dónde reside la diferencia entre proceso occitano y el proceso polaco?. La constatación de Engels es: en las condiciones sociales. Una nación desaparece o preaparece, no por el espíritu de raza o a la iniciativa política, sino por las condiciones sociales. Expresión que tiene aquí un carácter descriptivo, y que Marx y Engels empleo, primordialmente, para referirse a las condiciones económicas: estado de las fuerzas y relaciones de producción de una sociedad dada y (en este caso nacional), o sea, descripción de su anatomía económica. Las condiciones sociales hicieron: 1) de la nación provenzal un bastión de la reacción en la edad media (unificación nacional y centralización política eran para Engels sinónimo de progresista), y 2) de la Polonia moderna un "foco de democracia" y de la revolución europea. En la unificación nacional de Francia triunfó el feudalismo desarrollado y paradigmático de nación entre el Sena y el Loira, y perdió la nacionalidad un Midi menos feudalizado, con más campesinos independientes, resistente a la centralización. Las batallas políticas, militares, religiosas, alianzas internacionales..., de los siglos XIII, XIV y XV fueron concretando y precipitan de la asimilación de la nación d’occ que hasta casi desaparecer[104], pero la causa de fondo al que buscarla en las condiciones sociales que, en consecuencia, hacen o no viable una nación.
Unificación de Alemania.
El proceso nacional alemán contó con la presencia física de Marx y Engels en los años cruciales 1848-1849. Son bastantes las reflexiones escritas que dejaron, sobre todo Engels, alrededor de la unidad de Alemania, de la que era partidario de que impulsaron críticamente desde la Neue Rheinische Zeitung que publicaron en los mencionados años en Colonia. Interesa paramos en la concepción materialista que tenían de la reconstrucción nacional de Alemania y en el papel que le asignan a las clases sociales en este proceso, que tenía como modelo Francia y, en menor grado, a Gran Bretaña.
Para Marx la "base real" para las gloriosas guerra de independencia de 1813, estaba en la escasez sed de azúcar y café provocada por el bloqueo de Napoleón, y prohibió que 1806 el comercio alemán y europeo con Inglaterra[105]. En la misma línea, Engels entendía que, después de la disolución del Sacro Imperio Germánico por Napoleón, la lucha por la unidad alemana "fue expresión general del descontento por el orden establecido de las cosas, maximo en los Estados pequeños", que se concretaba, sobre todo, en el "peso muerto de los impuestos[106]". La propia germanización del este europeo implicaba "un avance lento, pero seguro, de la desnacionalización que operaba el desarrollo social", de manera que "tras el mercader y artesano alemán, se establecieron en tierras eslavas el cura alemán, el maestro alemán y el savant alemán[107]”.
Asimilación, unificación nacional y lucha contra el invasor napoleónico, tenían, para Marx y Engels, causas socioeconómicas. Este concepto materialista de nación contrasta con el idealismo y subjetivismo dominantes en el naciente nacionalismo alemán. Nada tiene que ver con el Volksgeist de Herder, esa fuerza superior inconsciente, objetiva, impresa en el alma de los pueblos; o con el nacionalismo metafísico y místico de Ficht; y, menos aún, con las ideas acerca de la predestinación y superioridad de la raza alemán. Marx y Engels no fueron nacionalistas alemanes, criticando la opresión de otras naciones por parte de Alemania[108] y pusieron en práctica elementos de una nueva teoría de mención a contracorriente de las teorías románticas del nacionalismo alemán.
La expansión de Alemania hacia el este del Elba se detenía en las fronteras de las naciones grandes: "los húngaros y, en cierto grado, los polacos". Para Marx y Engels la liberación de Polonia era un problema existencial para Alemania. Los restantes pueblos eslavos "perecieron de las primerísimas condiciones de existencia nacional, como son una población considerable y comunidad de territorio[109]". Cada nación tiene sus límites de las naciones vecinas: las naciones existen como sistemas de nación, no como entidades aisladas, como a "círculo nacional de relaciones", en expresión de Marx[110], que chocan entre sí, estableciendo relaciones que dependen del grado de desarrollo de las respectivas fuerzas productivas. Las condiciones de existencia nacional, además de internas, son externas (la política internacional tiene mayor importancia en los sucesos nacionales) y, en primer lugar, económicas. Las condiciones burguesas de producción son las condiciones fundamentales para la vida nacional de la nueva Alemania. Antes de las victorias prusianas contra Dinamarca, Austria y Francia, y de la definitiva unificación política del segundo Reich en 1871, tuvo lugar la unificación aduanera de los estados alemanes, anterior incluso a la revolución de 1848.
Engels concedía al espíritu nacional un valor pequeño: "no nos apasionemos por la gloria pasada ni presente de Alemania[111]". Lo mismo pasaba con la acción individual: "Hecker lo espera todo de la acción mágica de las personalidades individuales. Nosotros esperamos todo de las colisiones que emanan de las condiciones económicas[112]". Esta subordinación a los factores objetivos económicos, la comprobamos cuando comenta las pocas posibilidades que las actividades estatales tienen de cambiar las tendencias del desarrollo histórico.[113] El ritmo, la forma de los procesos nacionales son directamente afectados por la acción humana y los elementos no estrictamente económicos; factores económicos que, por contra, deciden el contenido de la nación y su constitución ineluctable. La diferenciación forma/contenido la entendemos siempre de manera muy relativa, pues se implican mutuamente.
La nación, marco obligado de existencia (por lo tanto de lucha) de clases está presente en los textos sobre la formación de Alemania. Engels relaciona la derrota de 1525 con la de 1848 razón de una incompleta constitución de las clases y de la nación. Las clases luchaban todas contra todas, formando una masa confusa, en el siglo XVI, ya que había un gran número de provincias que, a su vez, se dividían en numerosas clases y fracciones de clases. Fragmentación que estaba sin resolver totalmente en 1848, impidiendo una acción unificada, efectiva, nacional, que superase los combates ciudad por ciudad.
Cada clase social actuaba políticamente y estaba interesada en la conquista de la unidad alemana, propugnando un proyecto nacional específico. Con lo que se demuestra que: 1) La nación es producto de un conjunto de clases, no sólo de la burguesía ascendente, y 2) La lucha de clases, lucha de proyectos nacionales de vida en común, decide el resultado nacional final: ritmo, límites, forma de estado, peso de las diferentes clases, relaciones con otras naciones. En 1848 la formación de la nación alemana podía frustrarse o triunfar, seguir una u otra dirección, etc; Marx y Engels intervinieron con su propia posición nacional de clase.
Post festum, en 1851, Engels recordaba que en la unidad de Alemania era un problema de desunión y discordia interna, incluso de guerra civil; repasando los proyectos nacionales de las clases en pugna: burguesía, pequeña burguesía y clase obrera. La nobleza feudal era anacional; no participaba en la construcción de la nación, como no fuese defendiendo los particularismos medievales. La burguesía (la de Prusia a la del Rin, en primer término) luchaban por una Alemania sin Austria y bajo la hegemonía constitucional prusiana; luchaba por la unificación nacional para acabar con las trabas feudales y burocráticas que encadenaban su industria y su comercio; la nobleza mercantilizada hizo causa común con la burguesía. La pequeña burguesía (artesanos, comerciantes y campesinos) no tenían de entrada proyecto definido; entonces, unos reclamaron la vuelta del imperio, otros una República federal como la Suiza; luchaban contra los impuestos, las exacciones fiscales, las trabas a sus negocios, etc. El proletariado, el atrio "partido extremo", propugnaba la República alemana, una e indivisible, el fin del fraccionamiento, la "unificación definitiva de Alemania en una nación", "única forma de limpiar todos los mezquinos obstáculos heredados del pasado el marco en que medirían sus fuerzas el proletariado y la burguesía". El partido extremo exigió una Alemania unida, previo desmoronamiento de los Estados prusiano y austríaco, que combatieron contra la Vendee interior, declarase la guerra a Rusia y fuera beligerante en favor de la restitución de Polonia. Esta posición nacional de clase competía con el federalismo pequeño burgués y el prusianismo nacionalista de la burguesía. Con todo, las fuerzas nacionales, dentro de su diversidad, constituyen un frante antifeudal: "en suma, existía una masa heterogénea de elementos oposicionistas movidos por diversos intereses, pero más o menos dirigidos por la burguesía[114]".
Las fuerzas sociales segregadas por el modo de producción capitalista, y con especial determinación la burguesía y proletariado, formaban parte de la edificación de la nación, por intereses inmediatos y también estratégicos (para construirse enteramente en clases), configurando para tal fin un bloque de clases heterogéneo.
El proyecto nacional alemán que salió adelante fue el de la burguesía. Engels valoraba positivamente[115], en 1886, la construcción de la nación alemana (marcado por la revolución en el 1848), porque abrió paso a la gran industria y removió obstáculos: profusión de pequeños estados, restos de feudalismo y régimen burocrático. A pesar de reducirse a la alternativa adversa a la "pequeña Alemania" (sin Austria), bajo la hegemonía prusiana, forma de estado monárquica, etc.; condiciones muy diferentes a las defendidas por la Nueva Gaceta Renana, pero con semejanzas de fondo fundamentales. Marx contaba con que, siendo ya una realidad la independencia y unidad interior de las grandes naciones europeas, con excepción de Polonia, la clase obrera no encontraría un obstáculo en las complicaciones nacionales[116]. No fue así, ellos mismos lo pudieron constatar posteriormente en Alemania.
Después de la revolución la burguesía se alió con la nobleza derrotada en marzo del 48. La nación y el estado modernos alemanes fueron "producto contractual: producto, primero, del contrato de los príncipes de sí y, segundo, de los príncipes con el pueblo[117]". Habría que entender, naturalmente, a la burguesía, factor esencial de la primera y segunda parte del contrato nacional. El proyecto nacional burgués, la "pequeña Alemania" inventada por los burgueses, no se estableció por la vía revolucionaria y parlamentaria, sino por la guerra exterior y el acuerdo con la nobleza[118]: Brismark significa, además de esto, un segundo pacto con el pueblo, forzado por la relación de fuerzas, pacto nacional entre burguesía, pequeña burguesía y proletariado.
La guerra franco-persiana de 1770 provocó: 1) la consumación de la unidad nacional alemana, la incorporación a la Confederación de los estados del sur, y 2) la fisura que supone la oposición de Bebel y Liebknecht, del Partido Obrero Socialdemócrata que tenía la confianza de Marx, a votar los créditos de guerra. Engels saludo la negativa de proletariado alemán a dejarse llevar por el "entusiasmo nacional", exigiendo una paz equitativa y sin emisiones con Francia: "su única meta siguió siendo la liberación de todo el proletariado europeo[119]". Después de escribir esto Engels, una vez conocido el programa del Gotha para la unificación de los dos partidos obreros alemanes, critica que se denegara, por influencia de Lassalle, del principio internacionalista al cumplirse cinco años (1870-1875) de mantenerlo bajo circunstancias más duras. Estas fluctuaciones indicaban las dificultades de la clase obrera alemana para imponer la conciencia internacional sobre la conciencia nacional, que provocaban subsiguientemente, las polémicas internas entre lassallanos y eisenachinos. De 1878 a 1890 la socialdemocracia alemana resiste y combate las leyes de excepción; pero en 1914 votan, ahora sí, los créditos de guerra. ¿Qué explicación tiene este retorno constante del proletariado alemán pacto nacional por la burguesía alemana, en condiciones de subordinación?. Visto desde hoy, está claro que no es suficiente con esta argumentación de desviacionismo ideológico, reformista y chovinista. El problema es más de fondo: así como hay intereses materiales comunes entre los obreros de todos los países, hay intereses materiales comunes entre la burguesía y el proletariado de cada país. Siendo imposible entender cabalmente la preeminencia última de los intereses de clase sobre los intereses nacionales sin ahondar en el concepto materialista de nación.
Marx censuraba la estrechez el punto de vista nacional de Lassalle opuesto, decía, a Manifiesto comunista; reiterando en 1875 que la lucha de clase obrera es nacional no por su contenido sino por su forma; lamentandose de que, después de la experiencia de la Internacional, siguiesen ejerciendo influencia estas ideas y la socialdemocracia alemana[120]. La verdad es que la clase obrera para ser clase necesita ser nacional, pero no sólo en la forma, también en el contenido. Forma y contenido se implican mutuamente. El contenido material del fenómeno nacional difícilmente puede aprehenderse formalmente. No vale decir "engaños por arriba, socialismo por debajo": reduciendo la independencia nacional a la mera condición previa para el movimiento internacional de los trabajadores[121]. La historia posterior de movimiento obrero, sus rupturas, las revoluciones obreras nacionales, mostraron, por la vía de la práctica, la importancia del hecho nacional precisamente por su contenido objetivo y material: la estimación de la fuerza de este vínculo de la clase obrera llevó al error de apreciación que ya comentamos páginas atrás.
Restitución de Polonia.
Polonia era la piedra de toque de la revolución liberal en Europa. Repartida en 1815 entre Rusia, Prusia y Austria, su unidad e independencia nacional heriría, al entender que Marx y Engels, en el corazón a la Santa alianza contrarrevolucionaria, creando condiciones para un proyecto nacional alemán realmente democrático, y para la necesaria guerra con Rusia, grande gendarme en aquel tiempo de la reacción europea.
La capacidad de los polacos de sobrevivir como nación, más allá de las sucesivas y prolongadas partición de su país, y el hecho de formar, una y otra vez, en la primera linea de las barricadas contra el Antiguo Régimen, los hacía merecedores -tal fue la práctica permanente de Marx y Engels- del apoyo del movimiento obrero. En el caso de Polonia, el factor subjetivo, el deseo de ser nación, y que el vínculo entre causa nacional y causa revolucionaria, no ofrecía dudas.
Si bien, en 1847, Marx proclamaba delante de un público cartista: "de ahí que a Polonia, no haya que liberarla en Polonia, sino en Inglaterra"; porque en ese país está más desarrollada la contradicción proletariado/burguesía y el triunfo del proletariado inglés sobre la burguesía inglesa será el triunfo de todos los oprimidos[122]. Por la misma época, escribía en el Manifiesto:
"entre los polacos, los comunistas apoyan al partido establece la revolución agraria como condición de liberación nacional, al mismo que suscitó la insurrección de Cracivia de 1846[123]".
Se trata de un apoyo externo, en esta ocasión a la Sociedad Democrática Polaca, pero Engels van más allá a situar en los polacos no emigrados el conocimiento de las necesidades de Polonia, "país que habitan de forma continuada". La continuidad histórica de la población en un territorio contribuye configurar cierta conexión nacional que como un hilo conductor traspasa las generaciones, informando las necesidades de los que habitan el país. Engels muestra su desacuerdo cuando un orador de patadas al derecho histórico de los polacos en su territorio, argumentando "sólo los vivos tienen razón": para Engels la historia en un punto de apoyo para reivindicar la nación polaca[124].
En 1882 Engels ya no insiste en que la señal para la liberación de Polonia vendra de Inglaterra, sino de la tarea de la clase obrera, por lo que los socialistas polacos tenían que poner la liberación de Polonia en primer punto de su programa, porque para "poder luchar, hay que tener un terreno, aire, luz y margen de maniobra"; hay que tener una nación para ser clase: la nación es el marco de existencia de las clases; mientras esté dividida, y sometida, no puede desarrollarse ningún partido socialista importante en el país:
"hay dos naciones europeas que tienen no solamente el derecho sino el deber de ser nacionales antes que internacionales: los irlandeses y los polacos[125]".
Nuestros autores pasan así de un apoyo externo a los movimientos nacionales progresivos a la asunción interna de la lucha nacional como tarea prioritaria de la clase obrera en los países oprimidos nacionalmente y susceptibles de jugar un papel revolucionario.
Volvamos a 1848. Engels de las páginas en Nueva Gaceta Renana, en el debate sobre Polonia en la Asamblea Nacional de Francfort[126], acometer la opinión allí expresada de que Polonia no subsistirá como nación, y afirma categóricamente que Polonia es una “nación necesaria” para romper la cohesión de la Santa Alianza ruso-austro-prusiana. Más allá de esto, sustenta que Polonia es, además, nada una "nación posible", pero no mecanicamente posible, siempre y cuando se luche por ella, haciendo realidad: un bloque nacional de clases y, en general, unas condiciones de liberación (o existencia) nacional, expresión utilizada por Marx de la cita de Manifiesto que te escribimos anteriormente.
Las particiones de Polonia fueron realidad gracias al pacto de la gran aristocracia feudal polaca con las tres potencias aliadas. Frente a una y otras convendría, y estaba cuajando en la realidad, una alianza de la mediana y pequeña nobleza, una burguesía y de los campesinos que diese la lucha por la independencia nacional y por la reforma agraria, contra los países ocupantes y por la caída de la gran nobleza polaca, que transformaría campesinos siervos y campesinos libres -al igual que en Francia en 1789-.
"No se trata de establecer una Polonia aparente, sino un estado de fundamentos viables", razona Engels en el aludido debate, refiriéndose a seguir una serie de condiciones económicas de tipo geográfico: recuperación del territorio de 1772, salida al mar Báltico y desembocadura de grandes ríos. Dentro de las condiciones de liberación nacional, que constituyen el proyecto nacional de lo que es portador el bloque de clases que constituye la lucha por la nación, son determinantes las condiciones económicas. Incluso las geográficas e históricas son relevantes en la medida en que inciden en la vida económica colectiva.
Engels desenmascara la anexión de Pomerania y, en general, los litigios de Prusia con Polonia, por encubrir "intereses comerciales y de redondeo". Denuncia que los alemanes, en suelo polaco, no superaron las limitaciones de la pequeña burguesía al no reunir grandes capitales ni crear la gran industria, dificultando la centralización y desarrollo de una burguesía polaca, y, por lo demás, comprando a precios irrisorios las haciendas polacas para, con la ayuda del estado, poner las manos de la nobleza alemana, que así cpomeranizaba, no germanizaba, Polonia[127].
Polonia resistió, desde la primera petición (1772) a la asimilación que ésta no cambió elementos básicos de su estructura económica (y por tanto de subsistencia nacional), callendo más bien en el despojos y expropiación de patrimonio, particularmente la tierra, como reacción también frente a las repetidas insurrecciones.
Engels fustigaba la "fraseología de los brindis y los sentimientos de generosidad", acerca de restituirla a los polacos los territorios de antes de 1772, cuando problema era intereses: "El lenguaje de la práctica fría en insensible". Quejándose de que "en la cuestión polaca casi toda la izquierda se deshace, como siempre, en declaraciones o más aun en idealizaciones fantásticas, sin entrar remotamente en el material de los hechos, en el contenido práctico de la cuestión"[128]. A partir de este punto de vista, Engels no considera el idioma como condición fundamental de la vida nacional: se opone a un tal Stenzel, para quien los judíos polacos son alemanes hablan alemán la vida familiar.
El estado prusiano perturbará las condiciones sociales de la vida nacional polaca, pero no va a anularlas. En el contexto alemán, sin embargo, el estado prusiano acelerará la unificación nacional favoreciendo la formación de nuevas condiciones sociales. Tampoco Polonia, durante más de un siglo repartida entre varios estados, el Estados es condición decisiva de la existencia nacional; si fuera así, ¿sobrevivió la nación polaca, sin estado propio, desde 1772 hasta el siglo XX?.
El punto de vista histórico, que para Engels legitima la lucha por la restauración de Polonia, también servía a otros intereses. Engels arremete en el debate de Francfort sobre Polonia[129], contra W. Jordan que desde una posición hegeliana justificaba la derrota de la nación polaca, y la imposibilidad de su liberación, porque este diputado, de la izquierda republicana "decidida", veía en el curso de la historia, "determinado por la necesidad", el fin inexorable de Polonia. "Eter puro de la idea que-es-en-sí-y-para-si” y "himno-histórico-universal-hegeliano". Así califica Engels de la concepción idealista de problema nacional polaco, que tenía lo que él llama el "Don Quijote parlamentario".
La historia no está predeterminado por la idea: la hacen los hombres. La nación no está predeterminado por la necesidad histórica: la hacen los hombres, pero bajo determinadas condiciones. Los hombres que habitaron de forma continua un territorio, estableciendo relaciones de producción, sociales y culturales, estables y específicas, pueden recrear la nación siempre y cuando exista, o puede existir, condiciones sociales adecuadas no en todo momento y lugar, sólo por que haya alguien que lo plante. El reduccionismo subjetivista conduce al absurdo.
Engels, en oposición al Sr. Jordan aplica una concepción materialista de la nación al caso polaco:
“¿En qué residía la necesidad férrea e inexorable que aniquiló momentáneamente a Polonia?. En la decadencia de la democracia nobiliaria fundada en la servidumbre, es decir en el surgirmiento de una gran aristocracia dentro de la nobleza[130]".
Efectivamente, las tres particiones (1772, 1793, 1795) que barrieron del mapa a Polonia, hecho que se volvió a repetir en el congreso de Viena y seguía siendo realidad 1848, tenían causa interna: un cambio en las relaciones de producción y por lo tanto en las condiciones de existencia nacional, dejó de asegurar esta en los términos normales de unidad e independencia. La república nobiliar (700.000 pequeños nobles en el siglo XVI) rompió, con la diferenciación en su seno, de una gran nobleza, incapaz de facilitar la constitución de un estado absoluto que mantuviese la independencia nacional, acabó por pactar con los absolutismos vecimos, declarándose incompatible conla nación: ahora recientemente absorbida por las clases subalternas.
“¿En qué reside la necesidad férrea y inexorable de que Polonia vuelva a ser liberada? En el hecho de que la dominación de la aristocracia, que no cesó desde 1815,..., est á hoy tan superada y su acabada como la democracia de la pequeña nobleza de 1772; en la circunstancia de que el establecimiento de la democracia agraria se convirtió, para Polonia, en una cuestión vital[131]”.
El propio cambio en las condiciones de producción crea nuevas condiciones de existencia nacional y los agentes sociales destinados a imponerlas, superando la inestabilidad –que puede ser muy prolongada- de la relación de nacionalidad.
La revolución agraria, que en el Manifiesto parecía como condición de liberación nacional, "es imposible sin una conquista simultánea de la existencia nacional[132]". Se ve aquí la interdependencia de relaciones de protección/condiciones de existencia nacional. Las relaciones específicas de producción son parte determinante de las condiciones de existencia nacional. Engels explica, en suma, la desaparición de Polonia (momentánea) no tanto por las condiciones internacionales y la debilidad de estado polaco (hechos ciertos), como por las transformaciones internas en los modos de producción (especialmente la agricultura: "fuente existencial del pueblo polaco") que inciden en la lucha de clases de naciones.Después propone una alternativa de reconstrucción nacional de Polonia especificando la base económica que haga objetivamente viable las fuerzas sociales que la lleven a la práctica. Engels objetiviza el factor subjetivo: además de querer ser nación hay que poder ser nación, o sea, disponer (o conseguir por la lucha) de condiciones económicas existencia nacional. Cualquier proyecto nacional que no contemple esto cae fácilmente en el involuntarismo, en el combate por ser una nación históricamente inviable. Hay que destacar, en la aportación hegelesiana, que destaca, simultáneamente, los factores subjetivos y objetivos:1) apuesta por la capacidad de lucha del movimiento nacional polaco, a pesar de los 76 años de derrotas y contra pretendidas evidencias de sentido común; 2) nunca pierde de vista que una nación precise, sobre todo, base material para subsistir como tal; el desarrollo de esta base, el modo de producción en una palabra, decide el nacimiento, muerte y resurrección de una nación.
En el último artículo de Engels de la serie dedicada, en agosto del 48, al debate de Polonia, polémiza con RuGe, y niega que la restituación de Polonia puede producirse por acuerdo entre potencias: Alemania, Francia Inglaterra, según la idea de Ruge[133]. Dadas las condiciones de intereses comerciales y materiales, entre esos países. Ahora bien, 34 años después, visto el papel catalizador de la guerra a franco-prusiana para la reunificación de la “pequeña Alemania”, pensaba que:
"aún sin sublevación ninguna, por el simple juego de los choques meramente europeos, el restablecimiento de una pequeña Polonia independiente no es totalmente imposible[134]".
Engels prevé una segunda vía, no revolucionaria, para la conquista de independencia nacional: en función de las contradicciones internas internacionales, consustanciales con el modo de producción capitalista. En este supuesto cuentan más, en la coyuntura, los elementos externos, objetivos, que la propia lucha emancipadora de la nación, presente, como quiera que sea, los momentos difíciles del proceso nacional.
La realidad fue que la reconstrucción nacional polaca se impuso en 1919, por encima, gracias al resultado final de la primera guerra mundial, por la vía que Engels entrevió: una vez se desmoronaron los tres imperios centrales, Polonia y otras naciones en lucha devinieron viables. Polonia tuvo una salida al mar y la asamblea constituyente de 1919comenzó a resolver la "cuestión vital" de la nueva nación, la reforma agraria, y dictando una primera ley. Dos millones y medio de hectareas fueron repartidas hasta la segunda guerra mundial. Hoy en día, la resistencia nacional de Polonia sigue vinculada al pequeño campesino libre, tal como contara Engels, pero la primacía de la clase obrera es evidente.
En Prólogo a la edición polaca de manifiesto, 1892, Engels recogía ya este último aspecto señalando el progreso de la industria polaca, en la Polonia rusa sobre todo, como "nueva prueba de la indestructible fuerza vital del pueblo polaco y una garantía de su inminente restauración nacional". Repasando, seguidamente, la actitud de las diferentes clases cara a la nación: 1)"La nobleza no pudo mantener ni reconquistar la independencia de Polonia"; 2)"La burguesía misma le resulta indiferente, cuando menos"; 3)"sólo la puede conquistar el joven proletariado polaco, en esas manos se encuentra a buen recaudo"[135].
De esto de decimos que el desarrollo de las fuerzas productivas, respecto de 1848, transforma las condiciones de existencia y liberación nacional. Engels propone, en las nuevas circunstancias, un bloque de clases nacionales hegemonizado por la clase obrera. La emancipación nacional ha de pasar de las manos de la burguesía a las del joven proletariado: la democracia agraria ya no es suficiente: implícitamente exige la democracia socialista como condición futura para la existencia nacional de Polonia.
Liberación de Irlanda.
"Aquí en casa, como bien sabéis, los fenianos son la ley suprema", escribe Marx tres años después de la Insurrección de 1867 que dio popularidad a la "hermandad irlandesa republicana", los llamados fenianos. Su hija Jenny, cuenta a Kugelmann que Engels estaba escribiendo un libro sobre Irlanda y afirma: "nosotros somos todos fenianos convencidos". Otra hija, Tussy, escribía a favor de la liberación nacional de Irlanda en la Marseillaise y el propio Marx en la Internacionale. Por iniciativa de Marx y Engels la Primera Internacional, alrededor de 1870, reivindica la amnistía y la liberación nacional para Irlanda[136].
Este posicionamiento activo por la causa nacional irlandesa es una prueba de la sensibilidad para la cuestión nacional y del anticolonialismo militante, que practicaban Marx y Engels. Marx, poniendo como ejemplos a la India y Irlanda, condena a Inglaterra "para ser libre en su casa,... debe esclavizar a los pueblos[137]". Anticolonialismo que tenía en consideración las colonias interiores de los Estados metropolitanos. Especial atención que le prestó al caso irlandés, desde su exilio en Londres, permite disponer de más escritos de Mar sobre Irlanda que sobre los casos estudiados antes. Destacamos, infra, el criticismo de Marx para el colonialismo inglés en Asia. Aunque, en conjunto, aportación puntual de Engels sobre los temas nacionales es, quizá, cuantitativamente mayor. Estudiaremos primero como aplicanen el enfoque materialista al problema irlandés, y después enfoque político del mismo.
"Una revolución anglosajona está transformando radicalmente la sociedad irlandesa": Marx en una serie trabajos[138], analiza con un cambio en las fuerzas productivas inglesas -revolución industrial-presiona sobre la población, atacando las "clases y razas demasiado débiles" (irlandeses y escoceses), afectando al contenido de dominio inglés sobre Irlanda (suministrador de productos agropecuarias, y reclutas industriales y militares a Inglaterra) en el sentido de transformar las relaciones de producción,, en el campo, sustituyendo terratenientes por capitalistas.
Antes de 1843 suplantaban irlandesas por colonos ingleses, ahora irlandeses por "ovejas, cerdos y bueyes". Hizo falta un millón de muertos por el hambre 1847, otro millón de emigrados a Estados Unidos y Australia, la derrota de la insurección de 1848 y la ley del parlamento que expulsa de la tierra a la nobleza irlandesa endeudada, para que el capitalismo inglés se instale en Irlanda. Demostrándose así el carácter material del dominio inglés sobre este país: la primera colonia inglesa mientras, según Engels. Dominio que provoca un cambio en las condiciones económicas (relaciones de producción) de existencia de Irlanda, a mediados del siglo XIX. Esta "fase completamente nueva" el dominio inglés trae como consecuencia el nacimiento del feminismo (1858), movimiento de las "clases bajas", de tendencia socialista: "desde 1846 la opresión, aunque menos brutal por su forma, es aniquiladora por su contenido, y no permite otra salida que la emancipación voluntaria a Irlanda por parte de Inglaterra o la lucha a muerte".
El cambio de contenido (material) que la dominación cambia después de las condiciones de liberación nacional: por una banda, estaban los fenianos que se distinguían de los movimientos anteriores en que no estaban dirigidos por aristócratas, burgueses o curas católicos; por otra, las condiciones objetivamente necesarias para la existencia nacional de Irlanda, que para Marx eran, en 1867, tres: a) independencia, b) revolución agraria, y c) proteccionismo frente a Inglaterra. Las dos últimas están encaminadas a garantizar la viabilidad económica de la futura nación irlandesa.
La acción solidaria y política sobre Irlanda y ningún momento le hacían olvidar a Marx su concepción materialista del hecho nacional: junto con los factores subjetivos de las (fenianismo), hacía pesar los factores objetivos (contenido del dominio inglés y condiciones económicas de liberación nacional); creados ambos por el proceso económico e histórico: "las condiciones objetivas tanto como las subjetivas, no son más que dos caras opuestas de esas mismas condiciones".
Las condiciones objetivas y subjetivas son las dos caras opuestas de las condiciones de existencia nacional. En la obra de juventud, Crítica de la filosofía del derecho de Hegel, Marx aborda ya subjetivamente este tema:
"La revoluciones necesita un elemento pasivo, una base material. Un pueblo sólo pondrá por obra de la teoría cuanto ésta representa la realización de sus necesidades... no basta con que el pensamiento apremio su realización; la realidad misma tiene que requerir el pensamiento[139]”
Pensamiento que vale tanto para las revoluciones sociales como para las nacionales y los procesos de liberación y reconstrucción nacional.
En 1848 Engels escribía que camino de la liberación de Irlanda estaba en apoyar el movimiento democrático británico, las clases trabajadoras y los cartistas, en particular[140]. Marx tenía principio la misma opinión:
"durante mucho tiempo creí que era posible derribar el régimen irlandés mediante ascenso de la clase obrera. Siempre sostuve esta opinión en el New York Tribune. Un estudio más profundo me convenció de lo contrario. La clase obrera no conseguirá nada hasta que no se libre de Irlanda. Hay que poner la palanca en Irlanda[141]".
A partir de la Insurrección feniana de 1827 se produjo un cambio radical en la actitud de Marx y Engels sobre Irlanda; consideraban ahora inevitable su separación de Inglaterra. El punto más débil del sistema inglés, donde había que dar golpe decisivo, decían, está en Irlanda[142]. Este cambio tenía una motivación inmediata de tipo político: la voluntad reaccionaria manifestada por el pueblo irlandés frente al amodorramiento y falta de progreso de la lucha de clase en Inglaterra[143]. Sólo conociendo las esperanzas de Marx y Engels y movimiento obrero del país en que mejor esabas instauradas las condiciones materiales para la revolución social, se puede entender la amargura de Engels y las dos últimas décadas de siglo:
"Usted me pregunta qué piensan los obreros ingleses sobre la política colonial. Pues exactamente lo mismo que piensan acerca de la política en general: lo que piensa el burgués. Aquí no hay partido obrero; sólo hay conservadores y radicales liberales, y los obreros participan alegremente en el festival de monopolio ingles sobre el mercado mundial y colonial".
"No se me ocurrió suprimir del texto las muchas profecías que me inspiraba entonces mi ardor juvenil, en especial la de una revolución social inminente en Inglterra... Lo sorprendente es no que tengan fracasado tantas de esas profecías, sino que se hayan cumplido tantas de ellas[144]".
La idea de que la palanca hay que situarla en Irlanda, de que la dinamización de la lucha de clases en Inglaterra sería consecuencia de la liberación nacional de Irlanda no es tanto fruto de una constatación táctica, política, como resultado de un "estudio más profundo" (obligado por los acontecimientos políticos), de la base material del problema nacional irlandés, que sirve de base para la nueva preocupación estratégica que Marx y Engels en favor de la causa nacional de Irlanda.
El interés que puedan tener hoy las razones de Marx para trasladar la palanca de la revolución del centro la periferia del sistema inglés y el sistema europeo en general, puesto que Marx y Engels 1832 prevén la posibilidad de que "la revolución rusa sea la señal para una nueva revolución proletaria en occidente, de modo que las dos se complementen"; cometido catalizador que Marx entrevé en 1853, y Engels asegura en 1894, en relación con China, como veremos más abajo. El interés -decíamos- está en que supuso una anticipación de lo que aconteció en el sistema capitalista mundial en el siglo XX, proceso aun inacabado. Lenin generalizaría a la posición de Marx sobre Irlanda a todas las colonias y naciones oprimidas. La complementaríedad que sugería Marx de las revoluciones en occidente y oriente, en el centro y en la periferia, elucida que sea también, en las décadas y ochenta y noventa, cuanto Engels aventura: 1) que Inglaterra la revolución social podría implantarse mediante medidas pacíficas y legales, claro que "no era de esperar que la clase dominante inglesa se sometiese..., sin una rebelión proesclavista"; o, revisando críticamente la revolución de 1848, 2) que habria que pasar, en Europa, de la revolución minoritaria a la "revolución de la mayoría", apreciando que los “elementos subversivos" prosperen más por los medios legales que ilegales (Alemania): "no tendrán más camino que romper ellos mismos esta legalidad tan fatal para ellos", apostilla en Engels[145].
Engels no fue menos consecuente que Marx que la asunción estratégica de la lucha nacional irlandesa; el 14 de mayo de 1872, toma la palabra en el Consejo General de la Internacional para defender apasionadamente la independencia orgánica de la sección irlandesa, respecto del Consejo Federal británico: "en un caso como de los irlandeses, el verdadero internacionalismo debe fundarse necesariamente en una organización nacional autónoma[146]".
En la "comunicación confidencial" del Consejo General de la Internacional al Consejo Federal suizo del 28 de marzo de1870, y en la carta de Meyer a Vogt de 9 de abril de 1870,[147] Marx expone que la liberación de Irlanda es "condición previa de la emancipación de la clase obrera inglesa", concluyendo que "el pueblo que subyuga a otro pueblo se forja sus propias cadenas", porque:1) la cuestión agraria en Irlanda, cuestión de subsistencia para la mayoría del pueblo, además de una cuestión económica es una cuestión nacional: los terratenientes son ingleses, lo que multiplica la potencialidad revolucionario del pueblo; y 2) gracias a la explotación y dominación de Irlanda, la burguesía inglesas dispone de mano de obra barata, baja los salarios, divide la clase obrera, mantienen ejército permanente, con el pretexto de la rebelión irlandesa, que echa, cuando es necesario, contra los obreros ingleses, condenados, en ese contexto, a la impotencia como clase...
Esta impotencia que era grave ya que Inglaterra "en virtud que su dominio de mercado mundial, es el único país donde cualquier revolución en lo económico tiene que repercutir inmediatamente al resto del mundo". Inglaterra era, a su vez, la palanca para revolución mundial. Para Marx "el secreto que explica la impotencia de la clase obrera inglesa, a pesar de su organización", está en el antagonismo entre obreros ingleses e irlandesas: "es el secreto por el cual la clase capitalista conserva el poder". Esta función de los obreros ingleses, como miembros de la nación dominante, de instrumentos de la política colonial inglesa, que Engels ratifica cuando se opone a que representen a los irlandeses en los órganos de la internacional o cuando pone en evidencia la participación de los obreros (no sólo de una aristocracia obrera, sino de toda la clase) en el festín de los beneficios del comercio y del colonialismo inglés, nos conduce a concluir que: la clase obrera forma parte de la nación burguesa, de una manera consciente, alienante y conflictivo, a través de un contrato nacional implícito no sólo ideológicos sino económico, que se fortalece en momentos de auge económico y actua como colchón de las tensiones sociales en momentos de recesión económica.
En esto, como otros temas, conviene alabar la capacidad crítica (y autocrítica) del último Engels que, en 1885, muy lejo