Vigo siglo XXI ¿Un futuro sin pasado? [*]
Carlos Barros
Universidad de Santiago de Compostela
No
cabe duda, la ciudad de Vigo y su comarca está viviendo un momento histórico importante,
pero la historia y la sociedad civil están escasamente presentes en las
reflexiones y los proyectos, fundamentalmente urbanísticos, económicos,
comunicacionales, lo que cuestiona su viabilidad y efectos futuros.
¿Economía sin sociedad?
Zona metropolitana y PXOM, alta
velocidad con el resto de Galicia, Portugal, Madrid y Europa, eje atlántico y
euroregión…, sobre la base de un impulso económico de la ciudad, inédito desde
el desarrollismo de los años 60 y muy superior en sus posibilidades: no estamos
ahora ante una revolución industrial a
destiempo sino ante la posibilidad de que Vigo camine hoy a la par de la
globalización (salvo en el tema del acceso universal y económico a Internet en
banda ancha; desde las instituciones no se está haciendo nada efectivo).
El caso es que la globalización en general está
recayendo en algo que los vigueses hemos conocido y conocemos: agudas
desigualdades de ritmo, desarrollo y participación que separan la economía y la
sociedad, por un lado, y la economía y la política, por el otro. Los
espectaculares avances tecnológicos y económicos de la sociedad de la
información combinados con retrocesos y fracturas sociales y subdesarrollo político e institucional, es lo
que está haciendo, o puede hacer fracasar (según se vea desde Porto Alegre o desde Davos), la
globalización, sea mundial, sea Europa como proyecto (pende sobre nuestras
cabezas el referéndum de los franceses), sea, a una escala menor pero
importante para nosotros, la conexión armónica entre lo local y lo global. La
incorporación de Vigo, y por extensión de Galicia, a la globalización que
consciente o inconsciente se está
proponiendo peca también del consabido economicismo de la peor
globalización. La globalización para mejorar y ser tal no tiene más camino que
ser más global, plural y multilateral en su protagonismo social y dirección
política, es decir, más democrática.
Lo mismo pero aumentado se puede decir de los
proyectos de Vigo-Siglo XXI. Los desfases entre economía, sociedad y política,
son susceptibles de agravarse en el caso de Vigo y sus proyectos de futuro, por
las peculiaridades de nuestra historia reciente –que tienen, atención, orígenes
más remotos-, dando al traste con las expectativas generadas en el inicio de
este nuevo siglo y milenio. Nuestra
tesis es sencilla: la contradicción que sufrimos los vigueses en siglo XX entre poder industrial y demográfico, por un lado, y poder social y
político, por el otro, puede agudizase en el siglo XXI al transformarse Vigo y su área de influencia en la gran
capital económica de Galicia, contribuyendo involuntariamente a frustrar que
Galicia repita y mejore, mutatis mutandis,
el ejemplo de Irlanda a fines del siglo XX.
He escrito hace tiempo con
motivo de los 150 años del Faro de Vigo (Suplemento 3/12/2002) sobre el peligro que supone un retroceso social y sindical como
consecuencia de la precarización del empleo, y la subsiguiente fragmentación de
la clase trabajadora, para un desarrollo económico sostenido de la ciudad. Una
potente base social, es decir bien organizada sindicalmente, con una fuerte
conciencia ciudadana de los problemas comunes de toda la sociedad, es
imprescindible para cualquier proyecto de futuro en Vigo, salvo que se quiera
dejar fuera de nuestro futuro a la mayoría de la ciudad.
Vigo y su problema político
Querría ahora decir hoy algo sobre lo que es un lugar
común en Vigo, en tertulias y conversaciones, desde la transición a la
democracia: la falta de iniciativas, realizaciones y “nivel” de la “clase
política” local. Deficiencias que son evidentes en comparación con otras
ciudades gallegas y españolas con una historia semejante, y afectan en Vigo a
las tres opciones políticas mayoritarias, de izquierdas y de derechas, que se
han ido sucediendo en el gobierno de la ciudad y nos representan con el apoyo
popular en otras instituciones. Para mí
está claro que no se trata tanto de mala suerte o fallas personales, algunas
curiosamente pertinaces, como la expresión política e individual de profundos
problemas colectivos que vienen de lejos, agravados o generados durante el
régimen de Franco y que la conquista de la democracia no fue capaz de resolver,
por ahora, pudiendo incluso ir a peor, como ya dijimos, si seguimos sin tener
en cuenta los desfases citados, y ciertos elitismos heredados, al pretender
abrir una nueva etapa para la ciudad aprovechando la nueva etapa histórica que
atraviesa el mundo.
La falta de consenso y la
inestabilidad que ha caracterizado durante demasiados años la vida municipal de
la mayor urbe de Galicia, refleja una desvertebración social y espacial de los
vigueses que tuvo su más reciente punto de partida hace medio siglo en un
crecimiento económico en aluvión que rompió la ciudad desde el punto de
vista social, poblacional y urbanístico,
borrándose su historia anterior, eliminándose su patrimonio histórico, sus
“lugares de memoria” y sus viejas formas de sociabilidad (la vieja calle del
Príncipe de nuestra niñez, por ejemplo) sin sustituirlas claramente por otras
nuevas. No olvidemos que ese crecimiento desordenado y especulativo tuvo lugar
bajo una dictadura que inició su andadura suprimiendo y/o neutralizando
físicamente y/o profesionalmente la elite progresista, social y cultural, de la República -¿para cuándo su
rehabilitación pública?- y negando cualquier vía de expresión democrática que
permitiera organizar racionalmente tamaño cambio urbano y económico, sin dañar
la ciudad, su cohesión social, su futuro.
Las condiciones políticas hicieron imposible, pues,
que el crecimiento desmesurado y
desordenado de Vigo a partir de los años 60 fuese acompañado de una conciencia
histórica y sociabilidad comunes –lo que
exige sensibilidad social, democracia y capacidad de consenso, insistamos- que
rebasando secuelas de elitismo burgués trasnochado incluyese progresivamente el
antiguo rural en la nueva ciudad (Coia como excepción), integrase plenamente a los nuevos vecinos
(todavía hoy se distingue “orensanos” de “vigueses de pro”), reconstruyendo
desde abajo el concepto de ciudad, lo que hubiera exigido cambiar su forma de
gobierno de la “democracia orgánica” a la democracia. El caso es que, una vez
conquistadas las libertades –para algunos desmemoriados sigue siendo algo que
cayó del cielo, ahí reside una parte del problema- y garantizado el acceso de
todos al gobierno municipal, también de los partidos de izquierda, la herencia
franquista en el diseño de la ciudad ha persistido en mayor grado que en otras
ciudades de historia parecida, sobre todo si consideramos el papel central del
Vigo en Galicia y en España en la lucha por la democracia, ¿por qué este sonoro
fallo generalizado de la política democrática?
A partir de 1977, un nuevo proyecto colectivo de
ciudad no podía triunfar sin trascender las diferencias sociales, económicas,
políticas e ideológicas -que constituyen, por lo demás, la sal de la vida
democrática- sin descansar abiertamente en una vasta y profunda mentalidad
colectiva (fruto de una historia común y plural que urge asumir y recobrar sin
sectarismos), en unos lugares de encuentro y acontecimientos compartidos que
habría que construir o reconstruir, en una elevación del nivel de la vida
cultural y asociativa en el ámbito del nuevo Vigo, como parte esencial de la
nueva vida democrática. No ha sido así, el problema político y social de Vigo sigue en buena medida pendiente
después de treinta años.
Sin un cambio profundo en la mentalidad urbana no
surgirán, o no se consolidarán, aquellos dirigentes políticos y sociales,
empresariales e intelectuales que de manera más o menos coincidente llevan ya un
tiempo planteando lo que aquí estamos defendiendo. El objetivo final es que los
partidos mayoritarios y minoritarios sigan alternándose en el poder municipal
sin poner en riesgo, como ha sucedido en el pasado reciente, la continuidad de
los elementos esenciales de un proyecto común de ciudad. Ciudades teóricamente
más “inmanejables”, incluso megalópolis como Barcelona o Madrid, New York o París, lo han conseguido
históricamente, o lo están consiguiendo, también en Galicia, ¿por qué no Vigo?
Estamos a tiempo, hay indicios
que apuntan visiblemente en la buena dirección, por eso me he animado a
escribir este artículo, que trata de articular vivencias e ideas propias con
otras recogidas aquí y allí. La sociedad civil viguesa ha ido generando
iniciativas culturales e intelectuales significativas como el Club Faro de
Vigo, el Instituto de Estudios Vigueses, la Fundación Carlos Casares o el
Informe Ardora promovido por PSA Peugeot-Citröen. Desde las instituciones sean han creado
nuevos museos, planes de conservación de edificios históricos e incluso, con
considerable retraso respecto de otras villas y ciudades de Galicia, está
empezando por fin la socialización y
peatonalización del centro urbano o la recuperación del centro histórico, cuyo
abandono ha simbolizado más que cualquier otra cosa durante los últimos cien
años el elitismo histórico de nuestra clase media y la falta de mecenazgo
cultural y interés por la historia del empresariado local (las excepciones son
Gaspar Massó, José Fernández, Valentín Paz Andrade, Caja de Ahorros de
Vigo), reflejo de un déficit general al que hay que
remitirse continuamente si queremos
resolver el problema de raíz. Los que nos gobernaron en el siglo pasado desde
el prejuicio social han transformado aquellos barrios donde se originó nuestra
ciudad, entre la Edad Media y la Edad Contemporánea, el Berbés, el Barrio del
Cura o la Herrería, en sitios malditos por-donde-no-hay-que-pasar (lo que les
salvó, todo sea dicho, de la especulación urbanística). En esto, hay que reconocerlo,
casi tres décadas de democracia no han
servido para enmendar y superar la obra el franquismo, cuyo puritanismo
exacerbado fomentó estos lamentables apartheids en pleno centro urbano,
separando la ciudad de su centro histórico. Estamos a tiempo de alcanzar cuando
menos, en restauración del patrimonio arquitectónico y monumental, a Santiago,
Pontevedra o Allariz, pero no será suficiente, Vigo necesita llegar más allá
que ninguna urbe gallega en la recuperación de su memoria y de su patrimonio,
si queremos dejar atrás nuestro retraso histórico-cultural y conseguir en el
siglo XXI aquello que no conseguimos en el siglo XX.
Recuperar nuestra historia
Por razones profesionales y
biográficas tiendo a enfocar históricamente ( pasado / presente / futuro ) el
“problema de Vigo”, pero ¿es qué hay otro modo? ¿Es posible construir un futuro
sin hacer balance crítico y autocrítico de la
historia de la ciudad, aunque sea doloroso, en todas sus vertientes?
Estaríamos fabricando un gigante con pies de barro. La oportunidad actual de
colocar a Vigo en el mapa del mundo global se verá de nuevo frustrada si no hay
detrás un proyecto de ciudad realmente nuevo e integrador, en su contenido y en
su continente, que una a la sociedad viguesa y metropolitana en la diversidad,
que nos reconcilie con la historia, dejando atrás estrechos localismos.
No hay futuro sin pasado, y
además es imposible. Para construir un nuevo futuro es imprescindible
enfrentarse simultáneamente con la historia de la ciudad y su comarca: recuperarla,
asimilarla, darla a conocer, sobre todo darla a conocer sin sectarismo año tras
año, a todos vigueses originarios e inmigrantes, trabajadores y empresarios,
sociedad civil y sociedad política. La conciencia ciudadana se forma o deforma
en la historia, ya está todo descubierto, llenémosla de nuevos contenidos y
actores apoyándonos en la historia.
Se me ocurre, al respecto y para terminar este
trabajo, una propuesta concreta que está dando excelentes resultados en otras
ciudades para ayudar a resolver el mismo
problema: mantener vivo al tiempo que cambiante el “espíritu de la ciudad” y
sus protagonistas en plena expansión económica, urbanística, poblacional. Me
refiero a la creación de un gran Museo de Historia de Vigo. No abundan los
museos de historia local, si hay una ciudad de Galicia que lo necesita, para
reconciliarse consigo misma y ganar el futuro, es Vigo. El proyecto más
ambicioso en marcha en la España democrática es, en mi opinión, el “Museu
d’Història de la Ciutat” de Barcelona, organizado como un “museu de museus”.
Objetivos de menor a mayor importancia, que debería
cumplir un hipotético “Museo de Historia
da Cidade” de Vigo: 1) ampliar y mejorar la escasa oferta que ofrece Vigo
en turismo cultural, fundamental en la
Galicia actual, lo será todavía más en
este nuevo siglo; 2) informar y refrescar la memoria a los vigueses
concienciados y cultos, social o políticamente interesados y participativos,
sobre la historia multifacética de Vigo y su relación con Galicia, España y el
mundo (una perfecta desconocida que nadie nos enseñó); 3) formar año tras años
a los alumnos de EGB y Bachillerato en los hechos y los procesos de Vigo y su
zona de influencia desde la prehistoria hasta hoy.
Didácticamente deberíamos enseñar historia a nuestros
niños y adolescentes en relación con su entorno histórico más familiar y
cercano, en contacto con los elementos
materiales, artísticos y cotidianos, gráficos y documentales de sus antecesores, a fin de que aprendan algo tan
esencial como ubicarse en el tiempo histórico, saber quienes son y de dónde
vienen para poder decidir cabalmente adónde quieren ir como ciudadanos. Las
instituciones deben facilitar las infraestructuras necesarias (está previsto
asimismo un Museo de Historia de Galicia en la Cidade da Cultura capitalina).
Vigo necesitará seguramente una generación para superar plenamente por esta, y
otras vías, su déficit democrático en
conciencia histórica ciudadana.
Algunas grandes ciudades reservan a su historia local
un lugar subalterno en su sistema museístico
(Nueva York, México D.F., Madrid…), será porque no lo precisen tanto
como nosotros para cumplir los tres objetivos antes citados. No valdría la pena cargar, en todo caso, al
erario público y/o al mecenazgo privado con un museo-almacén con más conserjes
que visitantes diarios, una eterna y cativa exposición permanente, una vida
opaca al margen de la ciudad y del
mundo: para ese viaje no se necesitan alforjas. Lo ideal sería un gran Museo de
nuevo tipo vinculado a la investigación histórica, por un lado, y a la
promoción de visitas, exposiciones, conmemoraciones y fiestas históricas, en
coordinación con el MARCO, Museo del Mar, el Museo Quiñones de León, el Museo
Liste, el Instituto de Estudios Vigueses, organismos de conservación y restauración
del patrimonio, fundaciones y
asociaciones, sindicatos, partidos, entidades financieras y empresas
interesadas, además del Concello y la
Consellería de Cultura de la Xunta. Con una sede central y/o locales,
parques e instalaciones descentralizadas, cuyos contenidos suscitasen la
curiosidad histórica y pedagógica del visitante, desde antes del Castro hasta después de la
transición democrática, utilizando todos los formatos y soportes de exhibición,
desde restos arqueológicos -recuperados
o in situ- hasta reconstrucciones físicas y
audiovisuales, pasando por objetos de todo tipo sobre el pasado
social-industrial-politico-militar-cotidiano, muebles, pinturas, esculturas,
documentos, planos, mapas, libros, revistas, grabados, fotografías, archivos
sonoros, películas de época (v.g., La Artística años 20) y vídeos
testimoniales. De forma que tanto las “grandes figuras” como los ciudadanos
corrientes estén bien representados, “salgan en la foto” de la historia, desde
el mundo de la política y la cultura savante
hasta el mundo del trabajo y cultura popular, informando de los “grandes acontecimientos” de la historia de
Vigo tanto como de la historia de la gente y de las mentalidades. El movimiento
obrero y nuestra rica historia industrial (conserveras, construcción naval,
metalgráfica, automóviles) han de tener un lugar destacado así como los breves
periodos de democracia habidos en la época contemporánea, que ha de equilibrase
rigurosamente con la prehistoria y las edades antigua, medieval y moderna. De
forma que se muestren, demuestren y enseñen las raíces centenarias y milenarias
de la ciudad de Vigo y alrededores al tiempo que se recupere generosamente la
memoria de los desaparecidos y olvidados en la República, la Guerra Civil y el
franquismo, hoy objeto de una importante Comisión Interministerial del Gobierno
de España. Todo ello previa recolección de un stock suficiente y original de
restos y huellas de nuestro pasado local y comarcal en diversas instituciones y
museos, así como mediante excavaciones, donaciones, depósitos o compra en el mercado anticuario. Todo
Vigo contribuirá a esta recuperación
histórica por su contenido e intencionalidad, particulares e instituciones,
estoy seguro.
¿Un proyecto más para el Vigo del siglo XXI? Un
proyecto indispensable: recuperemos ya
nuestra historia común y plural, de esta y/o de otras maneras, no desdeñemos
esta tarea esencial, política y ciudadana porque hay verdad en eso de que los
pueblos que no conocen y olvidan su
historia acaban por repetirla, en sus
peores errores, sobre toda si la ignorancia está marcada por el desprecio.
Estamos a tiempo. Hagámoslo juntos.
[*] Publicado en los suplementos dominicales “Vigo
Siglo XXI” del diario Faro de Vigo el
5 de junio de 2005.