VERSIÓN ORIGINAL EN CASTELLANO DE LAS
RESPUESTAS DE CARLOS BARROS A LAS PREGUNTAS
DE LOS EDITORES DE LA REVISTA DIGITAL
CANTAREIRA (
OCTAVA
EDICIÓN, JULIO DE 2005) DE LA
UNIVERSIDADE FEDERAL FLUMINENSE, RIO DE
JANEIRO, BRASIL.
1) Gostaríamos que o senhor traçasse um
panorama das iniciativas e atividades promovidas
pelo Historia a Debate, bem como os motivos e
incentivos que levaram à sua reunião.
Gostaríamos, também, que o senhor apresentasse
os planos e estimativas futuras para o Historia
a Debate.
HaD nace en 1993 con motivo del I Congreso
Internacional Historia a Debate, celebrado en
Santiago de Compostela al igual que los
posteriores. Reunimos entonces, entre otros, a
lo que quedaba de las escuelas de Annales y Past
and Present, con la idea de hacer balance y
lanzar perspectivas, después de la “gran
crisis”, sobre cuestiones cruciales de
metodología, historiografía y teoría de la
historia. Temática que ampliamos en ediciones
ulteriores a relaciones historia / sociedad,
enseñanza de la historia, Historia Inmediata,
problemas y salidas profesionales de los
historiadores, etc. En 1999 se produjo un salto
cualitativo en nuestro movimiento académico al
aterrizar en Internet con motivo de la
preparación de nuestro II Congreso. Se crearon
una web,
www.h-debate.com, que ha tenido ya 1.576.739
visitas de colegas y a continuación dos listas
de correo electrónico, HaD e HI, que suman en
este momento unos 3.000 historiadores
suscriptores diarios. Un fenómeno excepcional,
pues, de la nueva sociabilidad académica, cuyo
resultado muestra la justeza del cambio de
estrategia de HaD del eurocentrismo al nuevo
paradigma global, promoviendo un “giro latino”
de la historiografía mundial. El I Congreso nos
enseñó (ver “La historia que viene” en
www.cbarros.com) la urgencia de pensar la
historia por nosotros mismos, sin mimetismos,
orientándonos hacia el futuro de la
historiografía, construyendo alternativas sin
despreciar nuestras raíces nacionales,
continentales e intercontinentales: procurando,
desde Europa, nuestros primeros aliados
académicos en el mundo iberoamericano.
Estrategia que se hizo más visible y autónoma en
el II Congreso, consolidándose en el III
Congreso en julio de 2004, sin duda el mejor de
todos los que hemos hecho, porque sitúa con más
claridad en un primer plano la reconstrucción de
un nuevo consenso (paradigma) historiográfico
internacional. Proceso inacabado de
reformulación historiográfica que, sin hacer
tabla rasa del materialismo histórico, Annales y
el neopositivismo historiográfico, reconoce sin
reservas sus (nuestros) errores, incapacidades
y fracasos, a la vez que busca colectivamente,
en permanente debate, respuestas a las nuevas
preguntas, es decir, una nueva forma de escribir
la historia que conteste a los desafíos de la
historiografía y de la historia después de la
crisis de las “grandes escuelas” y de las
sucesivas “caídas” del Muro de Berlín y de las
Torres Gemelas. En esta dirección constituye un
hito fundamental el Manifiesto historiográfico
de HaD dado a conocer en la red el 11 de
septiembre de 2001, suscrito hasta el presente
por 397 historiadores de 35 países, y cuya
revisión colectiva está pendiente de la edición
de las Actas del III Congreso.
2) O Manifesto de Historia a Debate, ao tratar
de uma "Nova erudição", dizser a favor "de uma
nova erudição que amplie o conceito de fonte
histórica para além da documentação oficial,
alcançando (...) as 'não-fontes', como os
silêncios, erros e lacunas, que o historiador e
a historiadora terão que valorizar". No entanto,
uma crítica que se faz ao pós-modernismo é
justamente à suposição de que a atenção dada às
lacunas e silêncios na documentação levaria a um
tamanho grau de subjetividade e imaginação no
trabalho do historiador que colocaria em risco o
rigor acadêmico da pesquisa. Na sua opinião,
como é possível ao historiador utilizar estas "não-fontes"
sem recorrer a um extremado subjetivismo?
Tengo una propuesta para cambiar el título de
punto II, “Nueva erudición”, en la próxima
revisión del anifiesto, por lo que supone de
contradicción intertérminos y para adecuar mejor
este apartado sobre las fuentes a nuestra
redefinición de la historia en el punto I como
“ciencia con sujeto” (sujeto en un sentido
doble: actores históricos e historiadores).
Sobre lo que dices de emparentar el natural
subjetivismo de las fuentes con el posmodernismo,
la verdad es que no entendí la pregunta a la
primera, tuve que volver a leerla, supongo que
alguien está llamando en Brasil posmodernismo a
otra cosa diferente que nosotros. La
subjetividad de las fuentes, tanto social como
mental, ya fue “descubierta” hace décadas por
las “nuevas historias” de la historia francesa
de las mentalidades (Annales fue creada en 1929,
y su historia de las mentalidades difundida en
los años 60 y 70), y de la historia social
anglosajona (Past and Present fue creada en
1952, y su antropología histórica de las luchas
sociales difundida en los años 70 y 80). Es un
por lo tanto un “viejo” descubrimiento
historiográfico eso de que las lagunas, los
silencios y los imaginarios constituyen parte
fundamental de la subjetividad humana presente
en todo tipo de fuentes y en la acción
histórica de los diversos sujetos, y no tiene
que ver, al menos historiográficamente, con la
influencia de la posmodernidad. Es inexacto,
injusto y por lo regular nada inocente
rebautizar como posmoderno a todo lo que suene a
nuevo y, menos aún, a todo lo que fue nuevo hace
décadas.
La posmodernidad es una propuesta filosófica de
origen europeo (Feyerabend, Lyotard, Vattimo)
que postula el fracaso irreversible de la
modernidad y de la Ilustración (no confundir con
la crítica constructiva de la escuela de
Frankfurt) y el “todo vale” metodológico de la
fragmentación. Reconvertida en “giro
lingüístico” en los Estados Unidos, se divulga
por medio del mundo académico nglófono como una
clara negación de la historia como ciencia,
incluso de la historia como profesión y
isciplina académica diferenciada, al proponernos
H. White y sus seguidores el retorno de la
escritura e la historia a la escritura en
general, a la literatura. La tardía y
sorprendente recepción académica de la novedad
posmoderna en países como Brasil o Venezuela es
el típico proceso residual de unas
historiografías dependientes (dicho con todos
los respetos, la historiografía española también
lo ha sido, para bien y para mal, durante
décadas) que reciben como “lo último” propuestas
intelectuales cuando ya no lo son en sus lugares
de origen. En Europa la posmodernidad no llegó a
prender (salvo en Gran Bretaña), y en los
Estados Unidos ha dejado de estar de moda hace
años.
Para Historia a Debate el posmodernismo sigue
siendo con todo un significativo interlocutor en
el debate internacional historiográfico y
teórico, dentro y fuera de nuestra red, pero no
sirve de mucho en la reconstrucción un nuevo
paradigma válido para el historia, por su
incapacidad congénita para aportar alternativas
epistemológicas factibles, que tengan en cuenta
nuestra realidad académica y profesional, y
coadyuven en la búsqueda colectiva de nuevas y
actualizadas modernidades por parte e los
pueblos, etnias y naciones, menos favorecidos
por la globalización. Asumimos, desde luego, la
contribución inicial del posmodernismo a la
crítica de los “grandes relatos”, del dogmatismo
y del sectarismo en la historiografía y las
ciencias sociales, pero no estamos dispuestos a
echar de la historia y disciplinas afines el
niño junto con el agua sucia por el desagüe de
la bañera, no nos lo podemos permitir, además.
Desde mediados de los años 90, la posmodernidad
se está convirtiendo, por otro lado, en América
Latina y en otros lugares, en complemento o
“coartada perfecta” de un neoconservadurismo
académico, tanto historiográfico como
ideológico, reactivo al retorno que estamos
viviendo en Europa, América y globalmente, de
nuevos y potentes sujetos sociales. Hay que
convencer a los colegas posmodernos
bienintencionados y “críticos” que también los
hay, de que la reivindicación del discurso en la
historia, o el redescubrimiento de los estudios
culturales, no compensan el suicidio
epistemológico que se nos propone, ni una nueva
escisión academia / sociedad cuando necesitamos
todo lo contrario.
De todas formas, se trata de un debate del siglo
pasado, con el siglo XXI hemos entrado,
felizmente, en una nueva etapa histórica
pos-posmoderna que hay que llenar de contenido
intelectual (sin volver al siglo XIX sea con
Ranke sean con la historia-ficción) cumpliendo
con la tarea inaplazable de reconstrucción
radical de la idea de progreso y de
racionalidad, del concepto de modernidad y de
ilustración, teniendo en cuenta la crítica
posmoderna, entre otras (léase a este respecto
el preámbulo de La historia que viene,1994, así
como el punto XIV del Manifiesto historiográfico
de HaD, 2001).
3) A interdisciplinaridade é uma realidade
nos estudos históricos recentes, no entanto, há
ainda alguma reticência da parte de alguns
historiadores quanto ao diálogo da história com
certas disciplinas, por exemplo, a literatura;
por outro lado, o Manifesto propõe ainda o
intercâmbio com as ciências da natureza, além de
disciplinas emergentes que tratam das novas
tecnologias. Esta proposta interdisciplinar com
áreas tão diferentes não implicaria em uma maior
fragmentação, ou mesmo pulverização, dos estudos
históricos neste novo século?
Así es, tenemos sobre ello una prolongada buena
y mala experiencia. La interdisciplinaridad
promovida eficazmente en el siglo XX por
Annales y otras corrientes historiográficas,
produjo mucha renovación pero también fue el
comienzo de la desmesurada fragmentación
disciplinar que ahora padecemos. Por eso en el
punto IV del Manifiesto optamos por una “nueva
interdisciplinaridad” dirigida hacia el interior
de la historia con el objeto de comunicar “el
vasto archipiélago en que se ha convertido
nuestra disciplina en las últimas décadas”,
estableciendo para ello múltiples “puentes”
entre las diferentes especialidades históricas
por medio de una “historia mixta” y otras
metodologías de lo global.
Tal vez tengamos que insistir más en la radical
novedad de esta parte fundamental de nuestra
plataforma historiográfica: sin
INTRAdisciplinaridad no habrá buena
INTERdisciplinaridad con las viejas y nuevas
ciencias sociales, con las humanidades, con las
“ciencias duras”. Si no reconstruimos la unidad
perdida de nuestra disciplina (en parte por su
propio crecimiento) la cooperación con otras
disciplinas nos seguirá debilitando y
fragmentando más y más, condenándonos a una
posición
subalterna entre las ciencias humanas y
sociales, y a una situación inerme frente a los
poderes políticos, mediáticos e editoriales.
4) Aqui no Brasil, pelo menos na nossa
experiência recente de estudantes
universitários, ainda é bem maior o contato dos
alunos de graduação com os trabalhos de
historiadores europeus (além dos nacionais),
havendo pouco diálogo, excetuando uma ou outra
disciplina mais específica, com a produção dos
nossos vizinhos latino-americanos, por exemplo.
Pelo que o senhor pode perceber na Europa, na
Espanha pelo menos, como está o contato dos
historiadores do Velho Continente, incluindo aí
as leituras dos estudantes de graduação, com a
produção oriunda de países subdesenvolvidos?
Historia a Debate ha conseguido, en nuestra
primera década de trabajo, organizar una
comunidad académica de nuevo tipo basada en el
“intercambio igual”, en el debate y en el
consenso, entre miles de historiadores y
profesores de historia de cientos de
universidades de los dos lados del Atlántico,
incluidas algunas brasileñas. No nos
consideramos “subdesarrollados”, todo lo
contrario, y menos aún consideramos a Brasil
como un país académicamente “subdesarrollado”
que los historiadores europeos debamos
“recolonizar”. Somos contrarios a los
intercambios académicos desiguales, asimétricos,
por una cuestión de eficacia: no sólo por
razones de ética académica, cultural y política.
El conocimiento nuevo, también en el campo de la
historiografía, surge hoy ante todo por la vía
de la globalidad, la multilateralidad y la
horizontalidad que permiten las nuevas
tecnologías de la comunicación. El viejo sistema
centro-periferia del XX no sirve en el nuevo
siglo: los focos de innovación historiográfica
situados en los países “desarrollados”,
unilaterales y verticales, están agotados desde
hace años. El eurocentrismo está muerto y las
viejas dependencias académicas también, al menos
en medios académicamente avanzados, lo que
cuenta ahora es la interdependencia global.
Periferias del siglo XX pueden ser centros de
nuevo tipo (no “coloniales”) en el siglo XXI,
así pasa con España y América Latina en lo
tocante al foro-tendencia de HaD, así pasa con
Brasil en lo referido a los foros sociales de
la globalización alternativa (Porto Alegre),
otro ejemplo lo está ofreciendo Lula, vuestro
gobierno, al promover una nueva alianza política
con otros gobiernos latinos, americanos y
europeos (España).
¿Por qué la historiografía brasileña no tiene
más relaciones con el resto de las
historiografías latinas, incluida España? Nos
gustaría desde Historia a Debate debatir con
vosotros para comprender, y contribuir a
solventar, ésta y otras paradojas de la
historiografía brasileña, que refleja tal vez
mejor que otras historiografías nacionales la
encrucijada Norte / Sur en la que se encuentra
hoy la universidad, la historia inmediata y la
globalización. Nos hemos preguntado en ocasiones
porque la academia brasileña participa menos en
nuestras actividades digitales y presenciales
que, por ejemplo, México o Argentina: salvo
notorias excepciones como Ciro F. Cardoso de la
UFF, José Giraldo Vinci de Morais de la USP,
Jorge Nóvoa de la UFB, entre otros y otras
colegas. Al principio pensábamos en el problema
de la diferencia idiomática, pero no parece lo
fundamental ¿verdad?, y menos todavía si se
tiene en cuenta que HaD se coordina desde
Galicia. Vamos comprendiendo algo las razones
de fondo, como dices en la pregunta Brasil no
conecta académicamente con el resto de la
América Latina, y, hay ue añadir, tampoco con
España existe una gran tradición de intercambio:
queremos ayudar a resolver esta anormal
situación, es preciso que la historiografía
brasileña se incorpore más a la globalización
historiográfica alternativa que estamos
construyendo entre todos.
5) O Manifesto diz na parte dedicada à
Sociedade: "Os efeitos mais notórios das
políticas públicas de esvalorização social da
história são a falta de saídas profissionais, o
decréscimo de vocações e os obstáculos à
continuidade geracional. As comunidades de
historiadores devem tomar como seus os problemas
trabalhistas dos jovens que estudam e querem ser
historiadores, cooperando na busca de soluções
que passam pela revalorização do ofício de
historiador e de suas condições de trabalho e
vida". Aqui no Brasil, com a expansão das
instituições de ensino superior, são atualmente
milhares os ovens que saem todos os anos das
faculdades para ingressar no mercado de
trabalho, cuja demanda não corresponde ao número
dos recém-formados. Como tem sido conduzida nos
congressos a questão da necessidade de articular
a preocupação com a formação acadêmica de
futuros historiadores e a cada vez mais difícil
entrada desses no mercado de trabalho? Resolver
esse problema através da abertura de novas
possibilidades de atuação profissional do
historiador não seria uma maneira de alargar
sua participação social e revalorizar sua
função ético-social?
Me alegra que la traducción al portugués que
hizo el profesor Vinci de Morãis del Manifiesto
os haya ervido, se va a publicar por primera
vez en vuestro país en la revista amiga
Intellèctus. En efecto, nos preocupa mucho como
red, foro y movimiento historiográfico formado
mayoritariamente por docentes universitarios
que nuestros alumnos no puedan trabajar en
aquello para lo que han sido formados. Estamos
de acuerdo en que hay que buscar nuevas
posibilidades de actuación profesional. El
problema es no caer en una dependencia excesiva
del mercado, que es lo que está generando
precisamente la falta de trabajo de nuestros
licenciados, sería como poner el zorro a
vigilar las gallinas. Hay que tener claro que el
mundo de la empresa, cuyo mecenazgo cultural
habría de todos modos que animar, no va a salvar
el futuro de la historia y las humanidades, más
bien lo contrario. El porvenir de la
investigación, la enseñanza y la divulgación de
la historia, depende ante todo de nuestra
capacidad colectiva como académicos para
defender la universidad como servicio público y
“templo del saber”. Es por eso en nuestro
apartado de Academia Solidaria venimos apoyando,
últimamente, las luchas académicas contra la
desaparición directa o indirecta de la historia
en Nuevo León (México), La Matanza (Argentina) y
España (posible desaparición de las
licenciaturas de historia del arte y
humanidades). Si se quiere que haya más puestos
de trabajo para historiadores en las enseñanzas
medias, los archivos, las bibliotecas, los
museos, la gestión y el turismo cultural, etc.,
es preciso luchar desde la academia para impedir
que el libre mercado y la economía se
transformen en la principal razón de ser de la
universidad, de la investigación y de la
enseñanza. El academicismo excesivo, clásico o
posmoderno, está perjudicando gravemente a la
universidad y a perspectivas de futuro, más
todavía a la historia y a otras ciencias humanas
y sociales que necesitan como el aire que
respiramos de la razón de Estado, del apoyo de
la sociedad civil que lo financia, en última
instancia, para vivir y revivir.
6) Ainda sobre o ponto manifesto na questão
anterior, o senhor acha que uma possível solução
para estas gerações de futuros historiadores
passaria pela regulamentação do ofício de
historiador pelo Estado? O que o senhor acha da
idéia de se criar um Conselho de Historiadores,
aos moldes dos conselhos de medicina, onde o
ofício de historiador fosse regulado por regras
elaboradas pelos próprios profissionais da área
onde, por exemplo, fosse estipulado uma
quantidade mínima de horas de aula, debatidas as
questões salariais, éticas e etc?
En nuestro segundo macrocongreso de 1999 una
colega planteó, justamente, la creación en
España de n “colegio oficial de historiadores
investigadores”. La iniciativa no tuvo eco, tal
vez porque no se le ve utilidad o porque otras
asociaciones cumplen ya, o intentan cumplir, esa
función. Es el caso de los sindicatos o las
asociaciones de profesores de las diferentes
áreas universitarias de conocimiento histórico.
En la universidad española los profesores
estamos, desde la transición, mayoritariamente
encuadrados en los “sindicatos de clase”
(Comisiones Obreras, Unión General de los
Trabajadores, etc.), lo que resulta en principio
útil para reivindicar y negociar colectivamente
cuestiones salariares y aborales junto con el
resto del profesorado universitario. También
tienen su sentido las sociedades o asociaciones
de historiadores medievalistas, modernistas,
contemporaneístas, de la educación, etc., si
bien pueden inclinarse hacia el gremialismo,
incluso a cierto “imperialismo” (presente, desde
hace un tiempo, en el área de Historia
Contemporánea) que puede enfrentar a los
historiadores entre sí, en un momento por lo
demás complicado para la historia y las
humanidades.
Este peligro corporativo que siempre amenaza al
asociacionismo profesional puede quitar fuerza a
esa idea de un colegio de historiadores que
propones, aunque todo dependería de la
orientación que se le iese. En Bolivia existe,
por ejemplo, un Colegio de Historiadores
conectado con la Universidad, con el que HaD
tiene buenas relaciones precisamente por sus
posiciones abiertas... En Brasil tenéis ya, por
otro lado, la Associação Nacional de Història,
con una importante implantación regional, fruto
de cuatro décadas de actividad, la participación
de profesores de las diferentes áreas y
especialidades y una doble orientación de
organización de simposios (nacionales y
regionales) e interlocución reivindicativa con
el Gobierno en temas de historia, educación y
universidad. No es poca cosa. Si acaso el futuro
de la ANPUH dependerá de su capacidad por
resolver el problema común a las historiografías
nacionales en la era global: desinterés por las
relaciones exteriores, escaso y subsidiario uso
de la red de redes. Está en el mismo caso la
American Historical Association, pese sus
irtudes federativas e integradoras hacia el
interior de los USA. En Europa la situación es
si cabe peor - mejor según se mire-, el
asociacionismo de los historiadores, y en
general de los académicos, suele estar
organizado por áreas especialidades cronológicas
o temáticas, como ya dije.
Como se puede suponer, nos oponemos a que sea el
Estado quien regule unilateralmente las reglas
laborales y profesionales de nuestro oficio, y
menos si lo hace en contubernio con las
“oligarquías” de raíz corporativa y/o política
que existen en todas las disciplinas académicas
y actividades profesionales. Disciplinas y
actividades que precisan para su buen
funcionamiento contrapesos democráticos, hacia
adentro y hacia fuera, fluidas relaciones
horizontales y transversales, lo cual hoy s
posible, además de necesario, con Internet, no
sobra repetirlo.
En el origen de HaD se valoró, ciertamente, la
idea de crear una asociación de colegas
interesados por a historiografía y temáticas
afines, afortunadamente no hemos ido por ahí.
Optamos tempranamente por un nuevo tipo de
asociacionismo académico a través de Internet
que permite que más de 6.000 historiadores,
investigadores, profesores y estudiantes de
historia, estemos en contacto diario, dentro u
fuera de cada historiografía nacional, para
debatir sin jerarquías institucionales ni (auto)
censuras previas sobre el oficio, con el fin de
favorecer, en la universidad y en la sociedad,
la mejor escritura de la historia para el siglo
XXI.
Asociacionismo digital que no implica, en
nuestro caso, la renuncia a importantes
actividades presenciales como nuestros
macrocongresos en Compostela de cada cinco o
seis años. En el caso de uevas sociedades de
historiadores aconsejamos, en conclusión,
valerse preferentemente de Internet en
combinación con otras formas de intercambios más
convencionales (y más caras). Si queremos ir
preparando nuestra disciplina para el futuro que
viene, ¿no debemos ir transformando y
democratizando las formas de organización
profesional?
7) O Historia a Debate tem devotado,
especialmente em sua última edição, uma especial
importância aos processos de luta e negociação
nas esferas institucionais, entre sociedade
civil e Estado. Ou seja, como os grupos se
constituem institucionalmente em Organizações
Não-Governamentais, mobilizados pela política
de identidades e pelo multiculturalismo atuais,
produzindo ações públicas e políticas de
afirmação. Reconcilia-se, dessa forma, o
cultural, o político e o econômico. No entanto,
como é possível pensar uma ação
institucionalizada, a partir de grupos
identitários organizados (naturalmente,
identidades outras que não as de hoje, mas sim
construídas historicamente, não havendo
assumidamente nenhum sentido em falar de
consciência negra na escravidão moderna ou de
perseguição aos homossexuais enquanto tais na
prática inquisitorial) para formações históricas
que não conheceram a sociedade civil hegeliana e
contemporânea?
Desde luego que sí, uno de los efectos benéficos
de la integración no “colonial” de los
historiadores atinoamericanos en nuestra nueva
historiografía global es la aceptación
creciente, entre los historiadores del llamado
“primer mundo”, de los nuevos movimientos
indígenas como una dimensión fundamental,
histórica e historiográfica, de la sociedad
civil, global y emergente, lo que tuvo su
plasmación en el programa de las secciones y
mesas de nuestro III Congreso: “Estado y
sociedad civil en la historia”, “Retorno de la
sociedad civil”, “Pueblos indígenas,
historiografía y actualidad”.
La autoidentificación como “sociedad civil” de
los nuevos movimientos sociales en México y
otros países latinoamericanos, y del propio
movimiento “antiglobalización”, cuyo origen
remoto nos conduce al 1 de enero de 1994 en
Chiapas, nos pone en la pista de la última
evolución de ese viejo concepto hegeliano,
desarrollado después por el marxismo de manera
irreversible. La relativa confusión de Hegel
entre sociedad civil y sociedad política
(Estado) se aclaró posteriormente con Marx, a
partir de La ideología alemana; la relación
dialéctica entre ambas “sociedades” se
puntualizó con Gramsci en los Cuadernos de la
cárcel. Lo más importante para nosotros es, así
y todo, la “apropiación” actual
étnico-identitaria y global, por parte de los
nuevos movimientos sociales del siglo XXI, de
este casi olvidado concepto de la filosofía, la
historia y las ciencias sociales.
En HaD partimos de la base de que, para estar al
día científicamente, es imprescindible practicar
una historia y una historiografía de lo
inmediato, impregnarnos de lo que sucede a
nuestro alrededor, así como evitar borrar de la
memoria historiográfica las revolucionarias
contribuciones de las ciencias humanas y
sociales del siglo pasado, respecto de la
historia tradicional, por mucho que exijan ahora
un severo balance (auto) crítico. Desde esta
doble óptica matizaría, a efectos de debate, una
afirmación y un interrogante que haces en tu
pregunta sobre la sociedad civil hegeliana: 1)
Sería en mi opinión desacertado e inmerecido-
ubicar a las ONG en el ámbito institucional,
político y estatal, pues las más importantes
forman parte la nueva sociedad civil, nacional e
internacionalmente, teórica y prácticamente. 2)
Los “grupos identitarios organizados” en América
Latina (incluido Brasil) son obviamente más que
“grupos”, son verdaderos y potentes movimientos
sociales y parte muy principal de algunas
sociedades civiles nacionales (en este momento:
Bolivia y Ecuador) con creciente influencia
sobre la sociedad política. Movimientos
comunitarios de prolongada acción histórica que
sobrevivieron, en las épocas colonial y
contemporánea, como sociedad civil en
resistencia y que tienen, por consiguiente, una
prolongada memoria histórica que evocar y
recuperar, con nuestra ayuda, incluyendo los
vastos Estados y civilizaciones destruidos por
las conquistas y colonizaciones europeas.
Pero no quisiera terminar esta respuesta escrita
a la pregunta 7 de vuestra revista Cantareira
sin daros a enhorabuena por esos “processos de
luta e negociação nas esferas institucionais,
entre sociedade civil e Estado” que, según
dices, existen en el Brasil de Lula, porque en
otros países iberoamericanos las instituciones
políticas y el Estado, están más bien cerradas a
la sociedad civil. Y tampoco creáis que en
Europa las cosas están maravillosamente bien,
fijaros si no en los resultados de los
referendos sobre el tratado constitucional
europeo en Francia y Holanda, verdaderas
“insurrecciones electorales” de la sociedad
civil contra una sociedad política, nacional y
europea, que ha subordinado más de lo debido en
opinión de la mayoría de los electores- la
Europa social y cultural a la Europa de los
mercaderes, lo que vaticina también, si no
cambia esta orientación, un rosario de
conflictos con las universidades en el proceso
de unificación de la educación superior en toda
Europa (Declaración de Bolonia).
8) O novo paradigma pensado pelo movimento
Historia a Debate é, sobretudo, digital. Segundo
artigo recente do senhor, tal significa dizer
que as inovações da tecnologia informacional
permitem introduzir a simultaneidade das
evidências escritas, orais e visuais,
contribuindo para uma reconstrução global do
objeto e para a superação das limitações
técnicas e epistemológicas que teriam nos
impedido de dar conta da realidade histórica em
sua globalidade. Entretanto, apesar destes novos
e importantes facilitadores, não seria
justamente a antiga falta de uma unidade
teórica, subjacente à diversificação do campo e
ao distanciamento entre as especializações, o
principal obstáculo para a construção de um novo
consenso historiográfico comprometido com as
bases de uma história total? De que forma o
movimento Historia a Debate pode efetivamente
contribuir para superar as diversas concepções
acerca do que seja em essência a História, cuja
função social se perdeu nas sucessivas
fragmentações de nosso objeto e nos discursos
auto-referenciais?
Habéis recogido bien nuestro diagnóstico sobre
la situación de la historia, la necesidad de un
nuevo paradigma (consenso disciplinar según
Kuhn) y la posibilidad que nos ofrecen las
nuevas tecnología para lograr una historia y una
historiografía más globales.
El obstáculo principal para el avance del oficio
de la historia en el nuevo siglo está, sin
duda, en la galopante fragmentación de las áreas
y las especialidades, los temas, los métodos y
los enfoques, lo que coloca objetivamente a la
historia académica al margen de los tiempos
globales que vivimos, signo evidente de
decadencia.
El mayor reto historiográfico del siglo XXI es
reemplazar con ventaja la hegemonía conjunta y
plural en los pasados años 60 y 70, en Europa y
América Latina, de las tendencias Annales,
materialismo histórico y neopositivismo
(historia cuantitativa), por un nuevo consenso /
paradigma que responda a
los desafíos históricos e historiográficos del
cambio de siglo. Tanto en su práctica como en su
teoría Historia a Debate es ya una plasmación
(relativa) de este nuevo paradigma en
construcción. En doce años de trabajo conjunto
euroamericano hemos logrado de nuevo gracias a
Internet- dejar atrás en una medida insuficiente
pero significativa la fragmentación disciplinar,
volver a sentir el oficio como algo colectivo,
debatiendo y consensuando, reflexionando e
investigando juntos sobre una temática de
interés compartido por las vanguardias
historiográficas de ayer, hoy y mañana:
metodología, historiografía, teoría, academia /
sociedad, actualidad.
Queremos aplicar en mayor medida este avanzado
proceso de reconstrucción historiográfica sobre
el terreno de la investigación histórica
“concreta”, experimentando con una “historia
mixta” -también multimedia- y otros enfoques
globales. Pretendemos también incrementar la
participación de ámbitos académicos no hispanos,
anglófonos y francófonos, pero no sólo,
importantes en todas nuestras actividades
congresuales, desde el principio de HaD, pero
insuficientemente representativos y activos en
nuestra red académica digital por cuestiones
idiomáticas y de otro tipo. Contamos con
vosotros.
9) A utilização da Internet e outras mídias como
forma de acesso inovadora à produção
historiográfica, em toda sua diversidade, e às
diferentes fontes de construção do conhecimento
histórico desde o início da educação escolar
seria uma maneira de formar um público novo, ou
até de aproximar um possível público já
existente, para uma produção
científico-intelectual que tende a ser mais
voltada para a academia? Até que ponto e de que
forma a utilização de novas mídias pode
aproximar a academia da sociedade como um todo?
El nuevo paradigma digital de las
comunicaciones está permitiendo dejar atrás el
academismo en el que recayó la generación del 68
a partir de los años 80. Academicismo
historiográfico de raíces tradicionales, aunque
se diga posmoderno, responsable del
conservadurismo historiográfico de no pocos de
nuestros jóvenes estudiantes y licenciados de
historia. Los efectos nocivos de esta vuelta al
academicismo, es decir el individualismo y la
disociación de lo social, se retroalimentan, por
lo que han de superarse al tiempo. De nada
vale, pues, el uso individual o en pequeños
grupos de las nuevas tecnologías de la
comunicación “hacia fuera” si no somos capaces
de incidir en nuestra disciplina “hacia dentro”
para sacar de su minoridad o marginalidad el
manejo de los actuales medios. Volver a conectar
con la sociedad y las instituciones está
permitiendo ya la revitalización de sectores
importantes de la historia académica, aquí y
allá, cuyo contacto con el “exterior” es
bilateral, están predispuestos a aprender, no
sólo a enseñar, rebasando así se componente
elitista que siempre ha tenido la universidad,
hoy especialmente peligroso para unas ciencias
humanas y sociales que no pueden avanzar sin el
cordón umbilical con la sociedad.
Dicho de otro modo, con ser importante, la
conexión digital no es suficiente, incluso es
claramente insuficiente, para restablecer unas
relaciones fluidas del oficio de historiador con
la sociedad “como um todo”, toda vez que el
desigual desarrollo de Internet implica un nuevo
tipo de separación entre la academia y la
sociedad. Internet nació en las universidades
que tienen, y siempre tendrán, mejores
condiciones de acceso que el resto de la
sociedad. Brecha digital y social que se agrava,
como es sabido, en los países de América,
África y Asia, donde amplios sectores de la
población no tienen todavía cubiertas sus
necesidades económico-sociales y derechos
humanos más perentorios. Por este, y otros
motivos, estamos obligados a combinar los nuevos
y los viejos modos de comunicación social a fin
de restaurar el vínculo natural entre
historiografía, sociedad y política. En
realidad, el nuevo paradigma (consenso) que HaD
propone y practica en cuanto a sociabilidad
historiográfica reside en la mezcla de lo
digital con lo convencional (viajes de
intercambio, presentaciones, congresos cada
cinco o seis años), siempre dentro de lo que es
nuestra dedicación prioritaria a la
autorreflexión, la investigación y la discusión
sobre el método, la historiografía y la teoría:
dirigimos nuestro esfuerzo
al interior de la disciplina con el objeto de
proyectar “extramuros” una escritura, una
divulgación y enseñanza de la historia más
adecuadas en sus enfoques y compromisos
colectivos a las necesidades presentes.
La innovación (tecnológica) y el compromiso
(interior y exterior) han de marchar juntos si
queremos de verdad una nueva historiografía para
una nueva sociedad de la información que
incorpore los últimos sujetos históricos. Es un
craso error pensar simplemente que lo digital es
el “futuro” y el compromiso de la universidad
con la sociedad civil es el “pasado”, porque los
más recientes agentes académicos y sociales
están retomando, en la práctica y en la teoría,
utilizando intensivamente la red, la vieja idea
contemporánea del compromiso intelectual (nacida
en Francia en 1898 con el J’acusse de Emile
Zola) con nuevos modos y contenidos, basados
en la diversidad, la pluralidad y los grandes
“valores universales de educación y salud,
justicia e igualdad, paz y democracia” (punto
XVI de nuestro Manifiesto historiográfico) que
la globalización está, paradójicamente,
promoviendo como nunca en la historia.
Historia a Debate es, en este sentido, un
laboratorio de experimentación que ha dado ya
buenos resultados conectando creativamente
universidad con sociedad, historia con
actualidad, preparando a la comunidad
internacional de historiadores para la historia,
el mundo y la universidad que vienen,
demostrando por la vía de los hechos, en suma,
que “otra historia es posible”.
10) Devido a grande importância atribuída
pelo Historia a Debate ao papel da Internet para
a produção historiográfica do século XXI, seja
como meio de democratização de reflexões sobre a
escrita da História, em contraponto ao
"colonialismo" de centros tradicionais de
produção, seja como forma de romper as amarras
impostas pelas exigências do mercado editorial,
instituições políticas e grandes meios de
comunicação, gostaríamos que o senhor citasse e
comentasse exemplos de trabalhos, ou projetos em
andamento, que têm utilizado a Internet dentro
dessas características.
Lamentablemente no conocemos otro ejemplo como
Historia a Debate que fusione así historiografía
e Internet, que investigue, reflexione y debate
en red lo inmediato con el objetivo de construir
una nueva alternativa historiográfica. Falta de
esfuerzos homólogos que limita nuestras alianzas
a aspectos parciales a la vez que explica que
nuestra expansión académica no hay encontrado
todavía techo. Paralelamente a nuestra
experiencia latina se han constituido o
reconstituido, en el ámbito anglosajón,
interesantes páginas webs y listas de discusión
de historia (el servidor de listas H-Net, por
ejemplo, si bien no pasa de ser una página de
servicios), los tradicionales congresos
mundiales de historia (organizados por el
International Committee of Historical Sciences,
no suelen tratar la temática historiográfica y
utilizan Internet de forma secundaria), redes
digitales de historiadores políticamente
comprometidos (la más reciente Historians
Against the War, aunque no lucha de manera
explícita por un cambio global de paradigmas en
nuestra disciplina), revistas dedicadas a la
teoría histórica y la metodología (un ejemplo
clásico es History and Theory, si ben usa
subsidiariamente Internet y no tiene un programa
claro e integrador de alternativa
historiográfica).
El parecido parcial con HaD de cada uno de
estos proyectos de influencia y origen
estadounidenses (salvo el CISH-ICHS) y
desarrollados también en la última década,
confirma el carácter universal y sintético de
nuestra apuesta académica, las posibilidades
inéditas que se le ofrecen al mundo académico
latino y la superioridad de nuestra estrategia
historiográfica de síntesis de futuro entre (A)
o mejor de la experiencia, en organización y
contenidos, de las vanguardias historiográficas
del siglo pasado con (B) las nuevas tecnologías
de la comunicación académica y social. No
conocemos en otras disciplinas, sea
humanidades sea ciencias sociales, un ejemplo
tan claro y organizado como el uestro de
paradigma disciplinar mixto y global en los
ámbitos (local/nacional/mundial), en los medios
(digital/presencial) y en los contenidos
(histórico/historiográfico, pasado/presente,
debate/consenso, innovación/compromiso).
Animamos, pues, a los colegas interesados a
converger con nosotros, dentro y fuera del
ámbito académico latino, dentro y fuera de la
historia como disciplina, completando con
nuevas dimensiones las experiencias aisladas
exitosas en los campos de Internet y de las
ciencias humanas, para lo cual es preciso
desprenderse definitiva y claramente de los
anacrónicos residuos de la mentalidad
“dependiente” o “colonial” imperante durante
décadas en nuestras relaciones internacionales
académicas. Internet está siendo ya un lugar de
encuentro multilateral de las mejores
experiencias internacionales de la
historiografía y las ciencias sociales. Se
puede decir que lo nuevo académicamente si no
está en la red es porque no es realmente nuevo.
Aprovechemos, pues, la posibilidad
democratizadora que supone la red de redes para
cambiar juntos la faz de nuestra profesión en el
mundo a través de alianzas historiográficas,
intra e inter disciplinares, cimentadas en el
respeto mutuo, el debate y consenso, sabiendo
que con ello contribuimos a un mundo mejor para
todos.
Como bien planteas en tu pregunta, la nueva
sociabilidad digital, hace posible, en la medida
en que vayamos más allá de la oferta académica
de nuevos servicios y lugares para publicar, la
democratización de la historiografía y de la
academia así como la recuperación de la
autonomía de los historiadores respecto de la
influencia fragmentadora y a veces incluso
mercenaria- de los poderes políticos, de los
medios de comunicación social, de las grandes
editoriales. Habrá que reflexionar y
experimentar más sobre ello, también desde el
Brasil. Estáis invitados, ánimo y muchas
gracias.