Entrevistas


Entrevista a Carlos Barros

Revista Cantareira, Universidade Federal Fluminense, Rio de Janeiro, 8ª edição on-line, nº 2, vol. 2, ano III, jul-nov 2005

http://www.historia.uff.br/cantareira/entrevista01.htm#

 
VERSIÓN ORIGINAL EN CASTELLANO DE LAS RESPUESTAS DE CARLOS BARROS A LAS PREGUNTAS DE LOS EDITORES DE LA REVISTA DIGITAL CANTAREIRA (OCTAVA EDICIÓN, JULIO DE 2005)  DE LA UNIVERSIDADE FEDERAL FLUMINENSE, RIO DE JANEIRO, BRASIL.

1) Gostaríamos que o senhor traçasse um panorama das iniciativas e atividades promovidas pelo Historia a Debate, bem como os motivos e incentivos que levaram à sua reunião. Gostaríamos, também, que o senhor apresentasse os planos e estimativas futuras para o Historia a Debate.

 
HaD nace en 1993 con motivo del I Congreso Internacional Historia a Debate, celebrado en Santiago de Compostela al igual que los posteriores. Reunimos entonces, entre otros, a lo que quedaba de las escuelas de Annales y Past and Present, con la idea de hacer balance y lanzar perspectivas, después de la “gran crisis”, sobre cuestiones cruciales de metodología, historiografía y teoría de la historia. Temática que ampliamos en ediciones ulteriores a relaciones historia / sociedad, enseñanza de la historia, Historia Inmediata, problemas y salidas profesionales de los historiadores, etc. En 1999 se produjo un salto cualitativo en nuestro movimiento académico al aterrizar en Internet con motivo de la preparación de nuestro II Congreso. Se crearon una web, www.h-debate.com, que ha tenido ya 1.576.739 visitas de colegas y  a continuación dos listas de correo electrónico, HaD e HI, que suman en este momento unos 3.000 historiadores suscriptores diarios. Un fenómeno excepcional, pues, de la nueva sociabilidad académica, cuyo resultado muestra la justeza del cambio de estrategia de HaD del  eurocentrismo al nuevo paradigma global, promoviendo un  “giro latino” de la historiografía mundial. El I Congreso nos enseñó (ver “La historia que  viene” en www.cbarros.com) la urgencia de pensar la historia por nosotros mismos, sin mimetismos, orientándonos hacia el futuro de la historiografía,  construyendo alternativas sin despreciar nuestras raíces nacionales, continentales e intercontinentales: procurando, desde Europa, nuestros primeros aliados académicos en el mundo iberoamericano. Estrategia que se hizo más visible y autónoma en el II Congreso, consolidándose en el III Congreso en julio de 2004, sin duda el mejor de todos los que hemos hecho, porque sitúa con más claridad en un primer plano la reconstrucción de un nuevo consenso (paradigma) historiográfico internacional. Proceso inacabado de reformulación historiográfica que, sin hacer tabla rasa del materialismo histórico, Annales y el neopositivismo historiográfico, reconoce sin reservas sus (nuestros)  errores, incapacidades y fracasos, a la vez que busca colectivamente, en permanente debate, respuestas a las nuevas preguntas, es decir, una nueva forma de escribir la historia que conteste a los desafíos de la historiografía y de la historia después de la crisis de las “grandes escuelas” y de las sucesivas “caídas”  del Muro de Berlín y de las Torres Gemelas. En esta dirección constituye un hito fundamental el Manifiesto historiográfico de HaD dado a conocer en la red el 11 de  septiembre de 2001, suscrito hasta el presente por 397 historiadores de 35 países, y cuya revisión colectiva está pendiente de la edición de las Actas del III Congreso.
 
2) O Manifesto de Historia a Debate, ao tratar de uma "Nova erudição", dizser a favor "de uma nova erudição que amplie o conceito de fonte histórica para além da documentação oficial, alcançando (...) as 'não-fontes', como os silêncios, erros e lacunas, que o historiador e a historiadora terão que valorizar". No entanto, uma crítica que se faz ao pós-modernismo é justamente à suposição de que a atenção dada às lacunas e silêncios na documentação levaria a um tamanho grau de subjetividade e imaginação no trabalho do historiador que colocaria em risco o rigor acadêmico da pesquisa. Na sua opinião, como é possível ao historiador utilizar estas "não-fontes" sem recorrer a um extremado subjetivismo?
 
Tengo una propuesta para cambiar el título de punto II, “Nueva erudición”, en la próxima revisión del  anifiesto, por lo que supone de contradicción intertérminos y para adecuar mejor este apartado sobre las fuentes a nuestra redefinición de la historia en el punto I como “ciencia con sujeto” (sujeto  en un sentido doble: actores históricos e   historiadores). Sobre lo que dices de emparentar el natural subjetivismo de las fuentes con el posmodernismo, la verdad es que no entendí la pregunta a la primera, tuve que volver a leerla, supongo que alguien está llamando en Brasil posmodernismo a otra cosa diferente que nosotros. La subjetividad de las fuentes, tanto social como mental, ya fue “descubierta” hace décadas por las “nuevas historias” de la historia francesa de las mentalidades (Annales fue creada en 1929, y su historia de las mentalidades difundida en los años 60 y  70), y de la historia social anglosajona (Past and Present fue creada en 1952, y su antropología histórica de las luchas sociales difundida en los años 70 y 80).  Es un por lo tanto un “viejo” descubrimiento historiográfico eso de que las lagunas, los silencios y los imaginarios constituyen parte fundamental de la subjetividad humana presente en todo tipo de fuentes y  en la acción histórica de los diversos sujetos,  y no tiene que ver, al menos historiográficamente, con la influencia de la posmodernidad. Es inexacto, injusto y por lo regular nada inocente rebautizar como posmoderno a todo lo que suene a nuevo y, menos aún, a todo lo que fue nuevo hace décadas.
 
La posmodernidad es una propuesta filosófica de origen europeo (Feyerabend, Lyotard, Vattimo) que postula el fracaso irreversible de la modernidad y de la Ilustración (no confundir con la crítica constructiva de la escuela de Frankfurt) y el “todo vale” metodológico de la fragmentación. Reconvertida en “giro lingüístico” en los Estados Unidos, se  divulga por medio del mundo académico  nglófono como una clara negación de la historia  como ciencia, incluso de la historia como profesión y  isciplina académica diferenciada, al proponernos H. White y sus seguidores el  retorno de la escritura  e la historia a la escritura en general, a la literatura. La tardía y sorprendente recepción académica de la novedad posmoderna en países como Brasil o Venezuela es el típico proceso residual de unas historiografías dependientes (dicho con todos los respetos, la historiografía española también lo ha sido, para bien y para mal, durante décadas) que reciben como “lo último” propuestas intelectuales cuando ya no lo son en sus lugares de origen. En Europa la posmodernidad no llegó a prender (salvo en Gran Bretaña), y en los Estados Unidos ha dejado de estar de moda hace años.
 
Para Historia a Debate el posmodernismo sigue siendo con todo un significativo interlocutor en el debate internacional historiográfico y teórico, dentro y fuera de nuestra red, pero  no sirve de mucho en la reconstrucción un nuevo paradigma válido para el historia, por su incapacidad congénita para aportar  alternativas epistemológicas factibles, que tengan en cuenta nuestra realidad académica y profesional, y coadyuven en la  búsqueda colectiva de nuevas y actualizadas modernidades por parte  e los pueblos, etnias y naciones, menos favorecidos por la globalización. Asumimos, desde luego, la contribución inicial del posmodernismo a la crítica de los “grandes relatos”, del dogmatismo y del sectarismo en la historiografía y las ciencias sociales, pero no estamos dispuestos a echar de la historia y disciplinas afines el niño junto con el agua sucia por el desagüe de la bañera, no nos lo podemos permitir, además.
 
Desde mediados de los años 90, la posmodernidad se está convirtiendo, por otro lado, en América Latina y en otros lugares, en complemento o “coartada perfecta” de un neoconservadurismo académico, tanto historiográfico como ideológico, reactivo al retorno que estamos viviendo en Europa, América y globalmente, de nuevos y potentes sujetos sociales. Hay que convencer a los colegas posmodernos bienintencionados y  “críticos” que también los hay, de que la reivindicación del discurso en la historia, o el redescubrimiento de los estudios culturales, no compensan el  suicidio epistemológico que se nos propone, ni una nueva escisión academia / sociedad cuando necesitamos todo lo contrario.
 
De todas formas, se trata de un debate del siglo pasado, con el siglo XXI hemos entrado, felizmente, en una nueva etapa histórica pos-posmoderna que hay que llenar de contenido intelectual (sin volver al siglo XIX sea con Ranke sean con la historia-ficción) cumpliendo con la tarea inaplazable de reconstrucción radical de la idea de progreso y de racionalidad, del concepto de modernidad y  de ilustración, teniendo en cuenta la crítica posmoderna, entre otras (léase a este respecto el preámbulo de La historia que viene,1994, así como el punto XIV del Manifiesto historiográfico de HaD, 2001).

3) A interdisciplinaridade é uma realidade nos estudos históricos recentes, no entanto, há ainda alguma reticência da parte de alguns historiadores quanto ao diálogo da história com certas disciplinas, por exemplo, a literatura; por outro lado, o Manifesto propõe ainda o intercâmbio com as ciências da natureza, além de disciplinas emergentes que tratam das novas tecnologias. Esta proposta interdisciplinar com áreas tão diferentes não implicaria em uma maior fragmentação, ou mesmo pulverização, dos estudos históricos neste novo século?

 
Así es, tenemos sobre ello una prolongada buena y mala experiencia. La interdisciplinaridad promovida eficazmente en el siglo XX por Annales  y otras corrientes historiográficas, produjo mucha renovación pero también fue el comienzo de la desmesurada fragmentación disciplinar que ahora padecemos.  Por eso en el punto IV del Manifiesto optamos por una “nueva interdisciplinaridad” dirigida hacia el interior de la historia con el objeto de comunicar “el vasto archipiélago en que se ha convertido nuestra disciplina en las últimas décadas”, estableciendo para ello múltiples “puentes” entre las diferentes especialidades históricas por medio de una “historia mixta” y otras metodologías de lo global.
 
Tal vez tengamos que insistir más en la radical novedad de esta parte fundamental de nuestra plataforma historiográfica: sin INTRAdisciplinaridad no habrá buena INTERdisciplinaridad con las viejas  y nuevas ciencias sociales, con las humanidades, con las “ciencias duras”.  Si no reconstruimos la unidad perdida de nuestra disciplina (en parte por su propio crecimiento) la cooperación con otras disciplinas nos seguirá debilitando y fragmentando más y más, condenándonos a una posición
subalterna entre las ciencias humanas y sociales, y a una situación inerme frente a los poderes políticos, mediáticos e editoriales.
 
4) Aqui no Brasil, pelo menos na nossa experiência recente de estudantes universitários, ainda é bem maior o contato dos alunos de graduação com os trabalhos de historiadores europeus (além dos nacionais), havendo pouco diálogo, excetuando uma ou outra disciplina mais específica, com a produção dos nossos vizinhos latino-americanos, por exemplo. Pelo que o senhor pode perceber na Europa, na Espanha pelo menos, como está o contato dos historiadores do Velho Continente, incluindo aí as leituras dos estudantes de graduação, com a produção oriunda de países subdesenvolvidos?
 
Historia a Debate ha conseguido, en nuestra primera década de trabajo, organizar una comunidad académica de nuevo tipo basada en el “intercambio igual”, en el debate y en el consenso, entre miles de historiadores y profesores de historia de cientos de universidades de los dos lados del Atlántico, incluidas algunas brasileñas. No nos consideramos “subdesarrollados”, todo lo contrario, y menos aún consideramos a Brasil como un país académicamente “subdesarrollado” que los historiadores europeos debamos “recolonizar”. Somos contrarios a los intercambios académicos desiguales, asimétricos, por una cuestión de eficacia: no sólo por razones de ética académica, cultural y política. El conocimiento nuevo, también en el campo de la historiografía, surge hoy ante todo por la vía de la  globalidad, la multilateralidad y la horizontalidad que permiten las nuevas tecnologías de la comunicación. El viejo sistema centro-periferia del XX no sirve en el nuevo siglo: los focos de innovación historiográfica situados en los países “desarrollados”, unilaterales y verticales, están agotados desde hace años. El eurocentrismo está muerto y las viejas dependencias académicas también, al menos en medios académicamente avanzados, lo que cuenta ahora es la interdependencia global. Periferias del siglo XX pueden ser centros de nuevo tipo (no “coloniales”) en el siglo XXI, así pasa con España y América Latina en lo tocante al foro-tendencia de HaD, así pasa con Brasil en lo  referido a los foros sociales de la globalización alternativa (Porto Alegre), otro ejemplo lo está ofreciendo Lula, vuestro gobierno, al promover una nueva alianza política con otros gobiernos latinos, americanos y europeos (España).
 
¿Por qué la historiografía brasileña no tiene más relaciones con el resto de las historiografías latinas, incluida España? Nos gustaría desde Historia a Debate debatir con vosotros para comprender, y contribuir a solventar, ésta y otras paradojas de la historiografía brasileña, que refleja tal vez mejor  que otras historiografías nacionales la encrucijada Norte / Sur en la que se encuentra hoy la universidad, la historia inmediata y la globalización. Nos hemos preguntado en ocasiones porque la academia brasileña participa menos en nuestras actividades digitales y presenciales que, por ejemplo, México o Argentina: salvo notorias excepciones como Ciro F. Cardoso de la UFF, José  Giraldo Vinci de Morais de la USP, Jorge Nóvoa de la UFB, entre  otros y otras colegas. Al principio pensábamos en el problema de la diferencia idiomática, pero no parece lo fundamental ¿verdad?,  y menos todavía si se tiene en cuenta que HaD se coordina desde Galicia. Vamos comprendiendo algo  las razones de fondo,  como dices en la pregunta Brasil no conecta académicamente con el resto de la América Latina, y, hay  ue añadir, tampoco con España existe una gran tradición de intercambio: queremos ayudar a resolver esta anormal situación, es preciso que la historiografía brasileña se incorpore más a la globalización historiográfica alternativa que estamos construyendo entre todos.
 
5) O Manifesto diz na parte dedicada à Sociedade: "Os efeitos mais notórios das políticas públicas de  esvalorização social da história são a falta de saídas profissionais, o decréscimo de vocações e os obstáculos à continuidade geracional. As comunidades de historiadores devem tomar como seus os problemas trabalhistas dos jovens que estudam e querem ser historiadores, cooperando na busca de soluções que passam pela revalorização do ofício de historiador e de suas condições de trabalho e vida". Aqui no Brasil, com a expansão das instituições de ensino superior, são atualmente milhares os  ovens que saem todos os anos das faculdades para ingressar no mercado de trabalho, cuja demanda não corresponde ao número dos recém-formados. Como tem sido conduzida nos congressos a questão da necessidade de articular a preocupação com a formação acadêmica de futuros historiadores e a cada vez mais difícil entrada desses no mercado de trabalho? Resolver esse problema através da abertura de novas possibilidades de atuação profissional do historiador não seria uma maneira de alargar sua  participação social e revalorizar sua função ético-social?
 
Me alegra que la traducción al portugués que hizo el profesor Vinci de Morãis del Manifiesto os haya  ervido, se va a publicar por primera vez en vuestro país en la revista amiga Intellèctus. En efecto, nos preocupa mucho como red, foro  y movimiento historiográfico formado mayoritariamente por  docentes universitarios que nuestros alumnos no puedan trabajar en aquello para lo que han sido formados. Estamos de acuerdo en que hay que buscar nuevas posibilidades de actuación profesional. El problema es no caer en una dependencia excesiva del mercado, que es lo que está generando precisamente la falta de trabajo de nuestros licenciados,  sería como poner el zorro a vigilar las gallinas. Hay que tener claro que el mundo de la empresa, cuyo mecenazgo cultural habría de todos modos que animar, no va a salvar el futuro de la historia y las humanidades, más bien lo contrario. El porvenir  de la investigación, la enseñanza y la divulgación de la historia, depende ante todo de nuestra capacidad colectiva como académicos para defender la universidad como servicio público y “templo del saber”. Es por eso en nuestro apartado de Academia Solidaria venimos apoyando, últimamente, las  luchas académicas contra la desaparición directa o indirecta de la historia en Nuevo León (México), La Matanza (Argentina) y España (posible desaparición de las licenciaturas de historia del arte y humanidades). Si se quiere que haya más puestos de trabajo para historiadores en las enseñanzas  medias, los archivos, las bibliotecas, los museos, la gestión y el turismo cultural, etc., es preciso luchar desde la academia para impedir que el libre mercado y la economía se transformen  en la principal razón de ser de la universidad, de la investigación y de la enseñanza. El academicismo excesivo,  clásico o posmoderno, está perjudicando gravemente a la universidad y a perspectivas de futuro, más todavía a la historia y a otras ciencias humanas y sociales que necesitan como el aire que respiramos de la razón de Estado, del apoyo de la sociedad civil que lo financia, en última instancia, para vivir y revivir.
 
 6) Ainda sobre o ponto manifesto na questão anterior, o senhor acha que uma possível solução para estas gerações de futuros historiadores passaria pela regulamentação do ofício de historiador pelo Estado? O que o senhor acha da idéia de se criar um Conselho de Historiadores, aos moldes dos conselhos de medicina, onde o ofício de historiador fosse regulado por regras elaboradas pelos próprios profissionais da área onde, por exemplo, fosse estipulado uma quantidade mínima de horas de aula, debatidas as questões salariais, éticas e etc?
 
En nuestro segundo macrocongreso de 1999 una colega planteó, justamente, la creación en España de  n “colegio oficial de historiadores investigadores”. La iniciativa no tuvo eco, tal vez porque no se le ve utilidad o porque otras asociaciones cumplen ya, o intentan cumplir, esa función. Es el caso  de los sindicatos o las asociaciones de profesores de las diferentes áreas universitarias de conocimiento histórico. En la universidad española los profesores estamos, desde la transición, mayoritariamente encuadrados en los “sindicatos de clase” (Comisiones Obreras, Unión General de los  Trabajadores, etc.), lo que resulta en principio útil para reivindicar y negociar colectivamente cuestiones salariares y  aborales junto con el resto del profesorado universitario. También tienen su sentido las sociedades o asociaciones de historiadores medievalistas, modernistas, contemporaneístas, de la educación, etc., si bien pueden inclinarse hacia el gremialismo, incluso a cierto “imperialismo” (presente, desde hace un tiempo, en el área de Historia Contemporánea) que puede enfrentar a los historiadores entre sí, en un momento por lo demás complicado  para la historia y las humanidades.
 
Este peligro corporativo que siempre amenaza al asociacionismo profesional puede quitar fuerza a esa idea de un colegio de historiadores que propones, aunque todo dependería de la orientación que se le  iese. En Bolivia existe, por ejemplo,  un Colegio de Historiadores conectado con la Universidad, con  el que HaD tiene buenas relaciones precisamente por sus posiciones abiertas... En Brasil tenéis ya, por otro lado, la Associação Nacional de Història, con una importante implantación regional, fruto de cuatro décadas de actividad, la participación de profesores de las diferentes áreas y especialidades y una  doble orientación de organización de simposios (nacionales y regionales) e interlocución reivindicativa con el Gobierno en temas de historia, educación y universidad. No es poca cosa. Si acaso el futuro de la ANPUH dependerá de su capacidad por resolver el problema común a las historiografías nacionales en la era global: desinterés por las relaciones exteriores,  escaso y subsidiario uso de la red de redes. Está en el mismo caso la American Historical Association, pese sus  irtudes federativas e integradoras hacia el interior de los USA. En Europa la situación es si cabe peor -  mejor según se mire-,  el asociacionismo de los historiadores, y en general de los académicos, suele estar organizado por áreas especialidades cronológicas o temáticas, como ya dije.
 
Como se puede suponer, nos oponemos a que sea el Estado quien regule unilateralmente las reglas laborales y profesionales de nuestro oficio, y menos si lo hace en contubernio con las “oligarquías” de raíz corporativa y/o política que existen en todas las disciplinas académicas y actividades  profesionales. Disciplinas y actividades que precisan para su buen funcionamiento contrapesos democráticos, hacia adentro y hacia fuera, fluidas relaciones horizontales y transversales, lo cual hoy  s posible, además de necesario, con Internet, no sobra repetirlo.
 
En el origen de HaD se valoró, ciertamente, la idea de crear una asociación de colegas interesados por  a historiografía y temáticas afines, afortunadamente no hemos ido por ahí. Optamos tempranamente por un nuevo tipo de asociacionismo académico a través de Internet que permite que más de  6.000 historiadores, investigadores, profesores y estudiantes de historia, estemos en contacto diario, dentro u fuera de cada historiografía nacional, para debatir sin jerarquías institucionales ni (auto) censuras previas sobre el oficio, con el fin de favorecer, en la universidad y en la sociedad, la mejor escritura de la historia para el siglo XXI.
 
Asociacionismo digital que no implica, en nuestro caso, la renuncia a importantes actividades presenciales como nuestros macrocongresos en Compostela de cada cinco o seis años. En el caso de  uevas sociedades de historiadores aconsejamos, en conclusión, valerse preferentemente  de Internet en combinación con otras formas de intercambios más convencionales (y más caras). Si queremos ir preparando nuestra disciplina para el futuro que viene, ¿no debemos ir transformando y democratizando las formas de organización profesional?
 
7) O Historia a Debate tem devotado, especialmente em sua última edição, uma especial importância aos processos de luta e negociação nas esferas institucionais, entre sociedade civil e Estado. Ou seja, como os grupos se constituem institucionalmente em Organizações Não-Governamentais,  mobilizados pela política de identidades e pelo multiculturalismo atuais, produzindo ações públicas e políticas de afirmação. Reconcilia-se, dessa forma, o cultural, o político e o econômico. No entanto, como é possível pensar uma ação institucionalizada, a partir de grupos identitários organizados (naturalmente, identidades outras que não as de hoje, mas sim construídas historicamente, não havendo assumidamente nenhum sentido em falar de consciência negra na escravidão moderna ou de perseguição aos homossexuais enquanto tais na prática inquisitorial) para formações históricas que não conheceram a sociedade civil hegeliana e contemporânea?

Desde luego que sí, uno de los efectos benéficos de la   integración no “colonial” de los historiadores  atinoamericanos en nuestra nueva historiografía global es la aceptación creciente, entre los historiadores del llamado “primer mundo”, de los nuevos movimientos indígenas como una dimensión fundamental, histórica e historiográfica, de la sociedad civil, global y emergente, lo que tuvo su plasmación en el programa de las secciones y mesas de nuestro III Congreso: “Estado y sociedad civil en la historia”, “Retorno de la sociedad civil”, “Pueblos indígenas, historiografía y actualidad”.
 
La autoidentificación como “sociedad civil” de los nuevos movimientos sociales en México y otros países latinoamericanos, y del propio movimiento “antiglobalización”, cuyo origen remoto nos conduce al 1 de enero de 1994 en Chiapas, nos pone en la pista de la última evolución de ese viejo concepto hegeliano, desarrollado después por el marxismo de manera irreversible. La relativa confusión de Hegel entre sociedad civil y sociedad política (Estado) se aclaró posteriormente con Marx, a partir de La ideología alemana; la relación dialéctica entre ambas “sociedades” se puntualizó con Gramsci en los Cuadernos de la cárcel. Lo más importante para nosotros es, así y todo, la “apropiación” actual étnico-identitaria  y global, por parte de los nuevos movimientos sociales del siglo XXI, de este casi olvidado concepto de la filosofía, la historia y las ciencias sociales.
 
En HaD partimos de la base de que, para estar al día científicamente, es imprescindible practicar una historia y una historiografía de lo  inmediato, impregnarnos de lo que sucede a nuestro alrededor, así como evitar borrar de la memoria historiográfica las revolucionarias contribuciones de las ciencias humanas y sociales del siglo pasado, respecto de la historia tradicional, por mucho que exijan ahora un severo balance (auto) crítico. Desde esta doble óptica matizaría, a efectos de debate, una afirmación y un interrogante que haces en tu pregunta sobre la sociedad civil hegeliana: 1) Sería en mi opinión desacertado ­e inmerecido- ubicar a las ONG en el ámbito institucional, político y estatal, pues las más importantes forman parte la nueva sociedad civil, nacional e internacionalmente, teórica y prácticamente. 2) Los “grupos identitarios organizados” en América Latina (incluido Brasil) son obviamente más que “grupos”, son verdaderos y potentes movimientos sociales y  parte muy principal de algunas sociedades civiles nacionales (en este momento: Bolivia y Ecuador) con creciente  influencia sobre la sociedad política. Movimientos comunitarios de prolongada acción histórica que sobrevivieron, en las épocas colonial y contemporánea, como sociedad civil en resistencia y que tienen, por consiguiente, una prolongada memoria histórica que evocar y recuperar, con nuestra ayuda, incluyendo los vastos Estados y civilizaciones destruidos por las conquistas y colonizaciones europeas.
 
Pero no quisiera terminar esta respuesta escrita a la pregunta 7 de vuestra revista Cantareira sin daros  a enhorabuena por esos “processos de luta e negociação nas esferas institucionais, entre sociedade civil e Estado” que, según dices, existen en el Brasil de Lula, porque en otros países iberoamericanos las instituciones políticas y el Estado, están más bien cerradas a la sociedad civil. Y tampoco creáis que en Europa las cosas están maravillosamente bien, fijaros si no en los resultados de los referendos  sobre el tratado constitucional europeo en Francia y Holanda, verdaderas “insurrecciones electorales” de la sociedad civil contra una sociedad política, nacional y europea, que ha subordinado más de lo debido ­en opinión de la mayoría de los electores- la Europa social y cultural a la Europa de los mercaderes, lo que vaticina también, si no cambia esta orientación, un rosario de conflictos con las universidades en el proceso de unificación de la educación superior en toda Europa (Declaración de  Bolonia).
 
8) O novo paradigma pensado pelo movimento Historia a Debate é, sobretudo, digital. Segundo artigo recente do senhor, tal significa dizer que as inovações da tecnologia informacional permitem introduzir a simultaneidade das evidências escritas, orais e visuais, contribuindo para uma reconstrução global do objeto e para a superação das limitações técnicas e epistemológicas que teriam nos impedido de dar conta da realidade histórica em sua globalidade. Entretanto, apesar destes novos e importantes facilitadores, não seria justamente a antiga falta de uma unidade teórica, subjacente à diversificação do campo e ao distanciamento entre as especializações, o principal obstáculo para a construção de um novo consenso historiográfico comprometido com as bases de uma história total? De que forma o movimento Historia a Debate pode efetivamente contribuir para superar as diversas concepções acerca do que seja em essência a História, cuja função social se perdeu nas sucessivas fragmentações de nosso objeto e nos discursos auto-referenciais?

Habéis recogido bien nuestro diagnóstico sobre la situación de la historia, la necesidad de un nuevo  paradigma (consenso disciplinar según Kuhn) y la posibilidad que nos ofrecen las nuevas tecnología para lograr una historia y una historiografía más globales.
 
El obstáculo principal para el avance del oficio de  la historia en el nuevo siglo está, sin duda, en la galopante fragmentación de las áreas y las especialidades, los temas, los métodos y los enfoques, lo que  coloca objetivamente a la historia académica al margen de los tiempos globales que vivimos, signo evidente de decadencia.
 
El mayor reto historiográfico del siglo XXI es reemplazar  con ventaja la hegemonía conjunta y plural en los pasados años 60 y 70, en Europa y América Latina, de las tendencias Annales, materialismo histórico y neopositivismo (historia cuantitativa), por un nuevo consenso / paradigma que responda a
los desafíos históricos e historiográficos del cambio de siglo. Tanto en su práctica como en su teoría Historia a Debate es ya una plasmación (relativa) de este nuevo paradigma en construcción. En doce años de trabajo conjunto euroamericano hemos logrado ­de nuevo gracias a Internet- dejar atrás en una medida insuficiente pero significativa la fragmentación disciplinar, volver a sentir el oficio como algo colectivo, debatiendo y consensuando, reflexionando e investigando juntos sobre una temática de interés compartido por las vanguardias historiográficas de ayer, hoy y mañana: metodología,  historiografía, teoría, academia / sociedad, actualidad.
 
Queremos aplicar en mayor medida este avanzado proceso de reconstrucción historiográfica sobre el terreno de la investigación histórica “concreta”, experimentando con una “historia mixta” -también multimedia- y otros enfoques globales. Pretendemos también incrementar la participación de ámbitos académicos no hispanos, anglófonos y francófonos, pero no sólo, importantes en todas nuestras actividades congresuales, desde el principio de HaD, pero insuficientemente representativos y activos en nuestra red académica digital por cuestiones idiomáticas y de otro tipo. Contamos con vosotros.
 
9) A utilização da Internet e outras mídias como forma de acesso inovadora à produção historiográfica, em toda sua diversidade, e às diferentes fontes de construção do conhecimento histórico desde o início da educação escolar seria uma maneira de formar um público novo, ou até de aproximar um possível público já existente, para uma produção científico-intelectual que tende a ser mais voltada para a academia? Até que ponto e de que forma a utilização de novas mídias pode aproximar a academia da sociedade como um todo?

El nuevo paradigma digital de las comunicaciones está permitiendo dejar atrás el academismo en el que recayó la generación del 68 a partir de los años 80. Academicismo historiográfico de raíces tradicionales, aunque se diga posmoderno, responsable del conservadurismo historiográfico de no pocos de nuestros jóvenes estudiantes y licenciados de historia. Los efectos nocivos de esta vuelta al academicismo, es decir el individualismo y la disociación de lo social, se retroalimentan, por lo que han de superarse al tiempo.  De nada vale, pues, el uso individual o en pequeños grupos de las nuevas tecnologías de la comunicación “hacia fuera” si no somos capaces de incidir en nuestra disciplina “hacia dentro” para sacar de su minoridad o marginalidad el manejo de los actuales medios. Volver a conectar con la sociedad y las instituciones está permitiendo ya la revitalización de sectores importantes de la historia académica, aquí y allá, cuyo contacto con el “exterior” es bilateral, están predispuestos a aprender, no sólo a enseñar, rebasando así se componente elitista que siempre ha tenido la universidad, hoy especialmente peligroso para unas ciencias humanas  y sociales que no pueden avanzar sin el cordón umbilical con la sociedad.

 
Dicho de otro modo, con ser importante, la conexión digital no es suficiente, incluso es claramente insuficiente, para restablecer unas relaciones fluidas del oficio de historiador con la sociedad  “como um todo”, toda vez que el desigual desarrollo de Internet implica un nuevo tipo de separación entre la academia y la sociedad. Internet nació en las universidades que tienen, y siempre tendrán, mejores condiciones de acceso que el resto de la sociedad. Brecha digital y social que se agrava, como es  sabido, en los países de América, África y Asia, donde amplios sectores de la población no tienen todavía cubiertas sus necesidades económico-sociales y derechos humanos más perentorios. Por este, y otros motivos, estamos obligados a combinar los nuevos y los viejos modos de comunicación social a fin de restaurar el vínculo natural entre historiografía, sociedad y política. En realidad, el  nuevo paradigma (consenso) que HaD propone y practica en cuanto a sociabilidad historiográfica reside en la mezcla de lo digital con lo convencional   (viajes de intercambio, presentaciones, congresos cada cinco o seis años),  siempre dentro de lo que es nuestra dedicación prioritaria a la autorreflexión, la investigación  y la discusión sobre el método, la historiografía y la teoría: dirigimos nuestro esfuerzo
al  interior de la disciplina con el objeto de proyectar “extramuros” una escritura, una divulgación y enseñanza de la historia más adecuadas en sus enfoques y compromisos colectivos a las necesidades presentes.
 
La innovación (tecnológica) y el compromiso (interior y exterior) han de marchar juntos si queremos de verdad una nueva historiografía para una nueva sociedad de la información que incorpore los últimos sujetos históricos.  Es un craso error pensar simplemente que lo digital es el “futuro” y el compromiso de la universidad con la sociedad civil es el “pasado”, porque los más recientes agentes académicos y sociales están retomando, en la práctica y en la teoría, utilizando intensivamente la red, la vieja idea  contemporánea del compromiso intelectual (nacida en Francia en 1898 con el J’acusse de Emile Zola)  con  nuevos modos y contenidos,  basados en la diversidad, la pluralidad y los grandes “valores universales de educación y salud, justicia e igualdad, paz y democracia” (punto XVI de nuestro Manifiesto historiográfico) que la globalización está, paradójicamente, promoviendo como nunca en la historia.
 
Historia a Debate es, en este sentido, un laboratorio de experimentación que ha dado ya buenos resultados conectando creativamente universidad con sociedad,  historia con actualidad, preparando a la comunidad internacional de historiadores para la historia, el mundo y la universidad que vienen,  demostrando por la vía de los hechos, en suma, que “otra historia es  posible”.

10) Devido a grande importância atribuída pelo Historia a Debate ao papel da Internet para a produção historiográfica do século XXI, seja como meio de democratização de reflexões sobre a escrita da História, em contraponto ao "colonialismo" de centros tradicionais de produção, seja como forma de  romper as amarras impostas pelas exigências do mercado editorial, instituições políticas e grandes meios de comunicação, gostaríamos que o senhor citasse e comentasse exemplos de trabalhos, ou projetos em andamento, que têm utilizado a Internet dentro dessas características.

 
Lamentablemente no conocemos otro ejemplo como Historia a Debate que fusione así historiografía e Internet, que investigue, reflexione y debate en red lo inmediato con el objetivo de construir una nueva alternativa historiográfica. Falta de esfuerzos homólogos que limita nuestras alianzas a aspectos parciales a la vez que explica que nuestra expansión académica no hay encontrado todavía techo. Paralelamente a nuestra experiencia latina se han constituido o reconstituido, en el ámbito  anglosajón, interesantes páginas webs y listas de discusión de historia (el servidor de listas H-Net, por ejemplo, si bien no pasa de ser una página de servicios),  los tradicionales congresos mundiales de historia (organizados por el International Committee of Historical Sciences, no suelen tratar la temática  historiográfica y utilizan Internet de forma secundaria), redes digitales de historiadores políticamente comprometidos (la más reciente Historians Against the War, aunque no lucha de manera explícita por un cambio global de paradigmas en nuestra disciplina), revistas dedicadas a la teoría histórica y la metodología (un ejemplo clásico es History and Theory, si ben usa subsidiariamente Internet y no tiene un programa claro e integrador  de alternativa historiográfica).

El parecido parcial con HaD de cada uno de estos proyectos de influencia y origen estadounidenses (salvo el CISH-ICHS) y desarrollados también en la última década, confirma el carácter universal  y sintético de nuestra apuesta académica, las posibilidades inéditas que se le ofrecen al mundo  académico latino y la superioridad de nuestra estrategia historiográfica de síntesis de futuro entre (A)  o mejor de la experiencia, en organización y contenidos,  de las vanguardias historiográficas del siglo pasado con (B) las nuevas tecnologías de la comunicación académica y social. No conocemos  en otras disciplinas,  sea humanidades sea   ciencias sociales, un ejemplo tan claro y organizado como el  uestro de paradigma disciplinar mixto y global en los ámbitos (local/nacional/mundial), en los medios (digital/presencial) y  en los contenidos (histórico/historiográfico, pasado/presente, debate/consenso, innovación/compromiso).

 
Animamos, pues, a los colegas interesados a converger con nosotros, dentro y fuera del ámbito académico latino, dentro y fuera de la historia como disciplina,  completando con nuevas dimensiones las experiencias aisladas exitosas en los  campos de Internet y de las ciencias humanas, para lo cual  es preciso desprenderse definitiva y claramente de los anacrónicos residuos de la mentalidad “dependiente” o “colonial” imperante durante décadas en nuestras relaciones internacionales académicas. Internet está siendo ya un lugar de encuentro multilateral de las mejores experiencias internacionales de la historiografía y las ciencias sociales.  Se puede decir que lo nuevo académicamente si no está en la red es porque no es realmente nuevo. Aprovechemos, pues, la posibilidad democratizadora que supone la red de redes para cambiar juntos la faz de nuestra profesión en el mundo a través de alianzas historiográficas, intra e inter disciplinares, cimentadas en el respeto mutuo, el debate y consenso, sabiendo que con ello contribuimos a un mundo mejor para todos.
 
Como bien planteas en tu pregunta, la nueva sociabilidad digital, hace posible, en la medida en que vayamos más allá de la oferta académica de nuevos servicios y lugares para publicar, la democratización de la historiografía y de la academia así como la recuperación de la autonomía de  los historiadores respecto de la influencia ­fragmentadora y a veces incluso mercenaria- de los poderes políticos, de los medios de comunicación social, de las grandes editoriales. Habrá que reflexionar y experimentar más sobre ello, también desde el  Brasil. Estáis invitados, ánimo y muchas gracias.

 

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