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ENTREVISTA SOBRE MENTALIDADES, ANNALES Y
FUTURO HISTORIOGRÁFICO A CARLOS BARROS POR ARIEL GUIANCE (Temas
Medievales, Buenos Aires, n1 3, 1993)
1) Desde hace algunos años Usted viene trabajando sobre la problemática
teórica y metodológica de una de las orientaciones actuales de la
historia como es la historia de las mentalidades. )Qué lo impulsó a
dedicarse a ella y de qué manera entiende que debe hacerse una "historia
de las mentalidades" en la década de los 90?
El afán por investigar temas nuevos y aplicar otras metodologías, y
también la búsqueda de respuestas sobre los hechos históricos -en mi
caso una revuelta social- que los enfoques tradicionales no daban.
Entiendo la innovación como un valor positivo en ciencias sociales, sin
dejarme llevar -ni paralizar- por la circunstancia de que la renovación
historiográfica tenga a menudo la connotación de moda intelectual
(también el marxismo estuvo de moda en el 68...). Debemos separar lo que
tuvo de fenómeno efímero la historia de las mentalidades -en Francia y
en los países anglosajones en absoluto está ya de moda con ese nombre-
de lo que ha entrañado y entraña en cuanto a adquisicións permanentes:
temáticas, conceptuales, metodológicas, conocimiento histórico
acumulado. Hacer historia de las mentalidades es, en primer lugar,
recorrer senderos inexplorados -lo cual no nos exime, claro está, del
riesgo de caer en la banalidad- tanto por la vieja historia de las ideas
y las instituciones como por la historia económico-social de los 60.
)Qué tipo de historia de las mentalidades puede ser más productivo en
los 90? Para mi, y con ello no pretendo desvalorizar orientaciones más
descriptivas, aquella que investigue el territorio común de la
mentalidad con la sociedad por un lado y de la mentalidad y la política,
los acontecimientos y los individuos, por el otro. Y no lo digo sólo por
la necesidad de completar investigaciones anteriores en estos campos, es
que el estudio de la historia desde la subjetividad arroja nuevas luces
interpretativas, plantea nuevas preguntas, permite avanzar en una
explicación científica que parta de la consideración de que historia la
hacen los hombres y no fuerzas ciegas, ocultas...
2) Particularmente me interesa un tema (que por cierto anticipara en su
libro Mentalidad justiciera...): )cómo se debe conciliar la historia de
las mentalidades con la historia social -especialmente, con la de
orientación marxista-?
Yo me hago a veces la pregunta al revés, )cómo se ha podido llegar a ver
como irreconciliables, en historia, aspectos tan inseparables como lo
mental y lo social? )Por qué la antropología y la psicología sociales
han triunfado unificando campos de la realidad que a la historia tanto
le cuesta investigar conjuntamente? Evidentemente hay una pérdida de la
visión de los hechos históricos como totalidades... y cierta incomodidad
-cuando no incapacidad- del historiador, hasta no hace mucho, para
analizar con rigor la dimensión más subjetiva de la historia.
Para mi está claro que del estancamiento actual, de la crisis de la
historia económico-social como eje intepretativo de la historia, sólo se
sale integrando el análisis objetivo con el subjetivo, revalorizando en
definitiva el estudio del sujeto social, humano, mental, sin dejarse
llevar por el péndulo... Superando dialécticamente lo anterior, hay que
hacer historia subjetiva sin renunciar a todo lo que nos ha enseñado y
nos enseña la historia objetiva, económica, estructural.
Somos muchos los que, pese a la moda imperante, seguimos valorando como
irreversible -y aún necesaria- la aportación del materialismo histórico
a la construcción de la historia como disciplina científica. El problema
está, a mi modo de ver, en la relación del marxismo con otras corrientes
historiográficas. Lo más fructífero es la cooperación, siempre que ello
sea posible. Debería incluso ser obligatoria, en los casos sobre todo de
compatibilidad teórica, como lo demuestra la antigua -y variable-
relación del materialismo histórico con la escuela de Annales. La
posibilidad de una historia social de las mentalidades es un ejemplo.
Sinceramente, no creo que exista futuro alguno para la historiografía
marxista sin permeabilidad a otras influencias intelectuales, sin
receptividad a las innovaciones que vienen de otros lados: no hicieron
otra cosa Marx y Engels mientras vivieron. Y al revés, la investigación
histórica más vanguardista )cómo puede prescindir del punto de vista
materialista si quiere sobrevivir al posmodernismo y eludir la muerte
anunciada a bombo y platillo de la historia?
3) Otro tema de su especialidad -vinculado al anterior- es el de la
famosa École des Annales francesa. Son bien conocidos sus trabajos sobre
este asunto, pero hay un punto que me gustaría profundizar: a su juicio,
)cuál ha sido la influencia de Annales en la historiografía española?
Mira, dentro de la historiografía del siglo XX, Annales ha supuesto la
ruptura más radical con la historia tradicional, para bien y para mal.
Los historiadores marxistas, por ejemplo, en no pocos casos han impuesto
la historia económico-social sin dejar de hacer historia política,
événementielle, narrativa, etc. Los annalistes, sin embargo, -hoy las
cosas están empezando a cambiar- al cortar de raíz con la historia
anterior, impactaron tarde o temprano tremendamente las historiografías
nacionales que seguían el viejo cauce. La influencia renovadora sobre
los historiadores españoles se produjo a finales de la época de Franco,
en los 60 y los 70, cuando ya era posible una relación con el exterior y
habían crecido lo suficiente los movimientos democráticos en la
universidad española. Merced a este impacto decisivo de Annales -en
combinación con el materialismo histórico- la historiografía española se
puso al día, la historia económico-social sustituyó provechosamente a la
historia episódica de las grandes batallas, las grandes indivudualidades,
las grandes instituciones.
Pero después, al pasar los franceses de lo económico a lo mental,
sobrevino la fatal desconexión. En los 80 fue inclusive habitual entre
historiadores españoles hacer gala de cierto menosprecio -en ocasiones
veces basado en la ignorancia- hacia el conjunto de la historiografía
francesa, y en concreto hacia la historia de las mentalidades, prejuicio
que ahora, en los años 90, se está superando claramente. El debate
abierto en diciembre de 1989 por la dirección de la revista Annales
proponiendo el tournant critique, y la perspectiva de unos "cuartos
Annales", están facilitando una nueva relación entre los historiadores
españoles y franceses que según mi concepción, y en función de la
experiencia anterior, ha de fundamentarse en el intercambio igual,
habremos de guardar distancias tanto del mimetismo como del
hipercriticismo...
4) Siguiendo con el tema: si tuviera que caracterizar la evolución
general (ya saliendo de Annales y las mentalidades) de la historiografía
española de los últimos diez años, )cuáles serían -a su criterio- las
notas distintivas?
Primeramente, la maduración. No cabe dudar del alto nivel alcanzado por
la historia profesional en España y de la progresión en cantidad y
calidad de los estudios históricos, durante los años 80, en nuestras
universidades. El mayor defecto ha sido el retraso acumulado en la
renovación. Todavía hoy se está empezando a generalizar el paso
indispensable de la historia económica a la nueva historia social de lo
mental y lo cultural. La ruptura con los "terceros Annales" ha
perjudicado, indirecta pero objetivamente, el intercambio de los
historiadores españoles con otras historiografías renovadas
(angloamericanos e italianos, en particular) que, sin embargo, no han
dejado nunca de relacionarse críticamente con la nouvelle histoire,
influyendo positivamente sobre ella a la vez que se beneficiaron de sus
descubrimientos.
Con todo, la situación ha variado desde finales de los 80, en especial
gracias a los jóvenes recién llegados a la investigación, que viajan más
al extranjero, hacen su tesis doctoral en períodos más breves, se
encuentran con un contexto intelectual e ideológico menos rígido para
nuevos proyectos, etc.
Dos procesos macrohistóricos interrelacionados -cuyos efectos
intelectuales están en sus inicios-, caída del muro de Berlín y
unificación europea, van a precipitar el proceso en curso de renovación
y homologación internacional de la historiografía española. Una cuestión
clave es saber si las nuevas y viejas historias se van a articular
armónicamente o no.
5) Una crítica común que se hace al trabajo histórico de nuestros días
es el de su excesiva fragmentación -tanto temática como metodológica- y
la proliferación de nuevas "orientaciones" (léase historia del
imaginario, psicohistoria, historia antropológica, etc.). A su juicio,
)dicha proliferación es perjudicial o benéfica para la historia? )Se
está perdiendo la antigua "historia total", preconizada tanto por el
materialismo como por otras escuelas?
La fragmentación es, ante todo, un subproducto del crecimiento
historiográfico que es un fenómeno mundial, y presupone mayor pluralidad
no solamente en temas y métodos, sino también desde el punto de vista
nacional. Hoy la renovación historiográfica es multicéntrica, por eso
encontramos a menudo que cada historiografía nacional da un nombre
distinto a orientaciones muy cercanas que se alimentan mutuamente. El
denominador común de la historia francesa de las mentalidades (y sus
derivaciones actuales: historia del imaginario, de las representaciones,
de los valores...), la nueva historia cultural americana, la
antropología histórica y la psicohistoira anglosajonas, la michohistoria
italiana, etc., no es otro que enfocar la historia desde el sujeto. No
hay que sentir ninguna nostalgia por uniformidades nominales del pasado:
es más positivo científicamente compartir orientaciones comunes y
divergir fructíferamente en el resto (nombres y asimismo contenidos).
Por supuesto que una referencia teórica común que urge recuperar es el
horizonte de la historia total, sacudiéndonos de encima el típico
complejo del historiador que se declara frecuentemente vencido de
antemano ante un objetivo que, por el contrario, la sociología y la
antropología consideran en la teoría y en la práctica viable.
6) Entre sus actividades actuales sabemos que se cuenta la organización
del Congreso Internacional "La Historia a Debate", a celebrarse en
Santiago de Compostela del 7 al 11 de julio de 1993. En su opinión -y
como conclusión-, )cuál cree que será el futuro de la historia -aunque
reconozco que hablar de futuro en esta disciplina puede ser
antihistórico-?
Bueno, la "peregrinación" historiográfica a Compostela que proponemos
para el año jacobeo de 1993 responde a un doble objetivo: poner en
contacto a historiografías de vanguardia dispersas geográficamente, y
resituar al historiador ante un tiempo presente sumamente convulso.
Realmente el mundo intelectual está en un encrucijada, y creemos que el
historiador tiene algo que decir. Si la humanidad tiene un futuro, la
historia también, porque es imposible -y lo que voy a decir es una
perogrullada- entender el presente y entrever el futuro sin el auxilio
de la historia. Precisamente, las tendencias actuales a prescindir
prospectivamente del conocimiento de la historia (tecnocratismo, "el fin
de la historia", etc.) reflejan hasta que punto los acontecimientos van
por delante de nuestras investigaciones. Sin la historia y los
historiadores, no obstante, no se pueden dominar los acontecimientos
actuales y perfilar racionalmente un futuro; el rol en el Este de los
historiadores en la nueva actividad política (el caso de Geremek no es
único) es un paradigma de como la historia díficilmente se mueve sin los
historiadores. En suma, )puede haber un futuro sin un análisis genético
del presente y sin contar con los historiadores? Mi respuesta es no.
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