Publicado en
http://historia.fcs.ucr.ac.cr/boletin/2004/ago2004/EntrevistaaCarlosBarros_LaHistoria.htm
Diario de Sevilla, 30 de Julio de 1999
Recientemente se ha clausurado en Santiago de Compostela la segunda edición del congreso internacional "La Historia a debate", en el que se ha pasado una exhaustiva revista a las cuestiones más candentes del debate historiográfico actual
LA
HISTORIA
Y LOS HISTORIADORES
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"Sería mucho pedirle a la humanidad, sobre todo a la más doliente, que se contentara con esto que tiene, que por otro lado es pan para unos y hambre para otros". Historiadores andaluces Congresos como Historia a debate abundan poco en el panorama historiográfico español, más preocupado por la efeméride de turno -y de la peseta, claro- que de los problemas de la ciencia histórica. La participación de historiadores andaluces, si bien no llegó a ser cuantitativamente muy abundante, cualitativamente fue muy significativa. Media docena de investigadores de distintas universidades u otras instituciones se dieron cita en simposios tales como Crisis de la Historia, cambio de paradigmas; Sexualidad, Historia y política; o El historiador, la ética y el compromiso social. Es de destacar la ponencia de Fco. Vázquez, La Historia social española y los nuevos paradigmas, encuentros y desencuentros, en donde se elabora una visión de conjunto sobre la recepción española de algunas tendencias recientes (sociología histórica o la historia del género, entre otras) y de algunos de los debates metodológicos y teóricos que afectan a esta disciplina. Reseñar también el trabajo presentado por la Escuela Libre de Historiadores (Sevilla), titulado La Historia urgente: la Universidad en la calle, en el que se replantea el papel - social y político- que el historiador debe cumplir en la sociedad. / J.M.R.T. |
JOSÉ MARÍA RODRÍGUEZ TOUS. -La sombra de Fukuyama todavía deambula por los pasillos de la
comunidad científica. ¿Hasta qué punto está vivo el debate -si es que lo
ha sido- del fin de la Historia? – Visto el fracaso de la
transición al capitalismo en Rusia, Fukuyama se dio cuenta de que no sólo
la Historia continuaba, sino que la propuesta neoliberal no era la panacea
para resolver los problemas políticos y sociales del mundo. Sin embargo,
tras la guerra de Yugoslavia, vuelve por sus fueros e insiste en que el
final de la Historia se encuentra en un mundo unificado alrededor de un
mismo sistema económico y político. Los historiadores sabemos mejor que
nadie que la Historia continúa, y que el descontento con el tipo de
sociedad que tenemos y las ansias de progreso permanecen. Sería mucho
pedirle a la humanidad, sobre todo a la más doliente, que se contentara
con esto que tenemos, que por otro lado es pan para unos y hambre para
otros. -En este congreso se ha puesto especial énfasis en la crisis de la Historia y los nuevos paradigmas. ¿Cuál es el compromiso de los historiadores del siglo XXI? – Estamos viviendo un retorno
hacia géneros tradicionales, hacia el archivo. No obstante, en muchos
lugares vuelve con enorme fuerza la Historia comprometida. Es el caso de
Latinoamérica o Francia, donde el debate, desgraciadamente, está siendo
asumido por la Sociología, de la mano de Pierre Bourdieu, ocupando el
papel que siempre tuvo la Historia como disciplina vertebradora de las
exigencias sociales. El debate planteado por Lucien Fevbre entre la
Historia ciencia (conocimiento) y la Historia compromiso (acción) sigue
vigente, aunque pienso que se debe resolver de forma distinta, de modo que
la Historia siga siendo ciencia, sin que renuncie a ser narración, y de
manera que la Historia siga siendo comprometida sin que renuncie a la
objetividad y a la verdad. Debemos ser autocríticos con una ciencia
histórica artificiosa y demasiado estructuralista, al igual que con una
Historia comprometida muchas veces militante y al servicio de una
ideología o el poder establecido. Por ahí va el reto del nuevo paradigma.
-¿Cuál es, entonces, el sentido de
hacer un congreso de Historia para debatir la Historia?
– Es preciso hacer avanzar
nuestra disciplina en un sentido científico y, por supuesto, en un sentido
de utilidad social. Y para ello es necesario debatir. La estructura
jerárquica y vertical que subyace en la producción del saber académico es
difícil de transformar en una relación horizontal donde todos expresemos y
contrapongamos nuestra opinión. Esto, que en un régimen democrático es el
pan de cada día, en el medio académico no es tan usual. -¿Cuál debe ser el diálogo de la
Historia con otras ciencias? – Estoy cansado de oír a otros colegas que el diálogo con otras ciencias es peligroso porque diluye la Historia en otras disciplinas. Somos muchos los que estamos insatisfechos con el tipo de interdisciplinariedad actual. Pensamos que el diálogo entre Historia y Ciencias sociales debe darse, en primer lugar, entre los propios géneros historiográficos; la Historia como disciplina se ha fragmentado tanto que nos gustaría reconstruir de alguna manera el diálogo con nosotros mismos. Además, debemos ampliar nuestros horizontes hacia las ciencias de la naturaleza; la historia de la ecología es inseparable de la historia de la humanidad. -Hemos advertido la presencia de historiadores no occidentales en este congreso. ¿Puede esto traducirse en nuevas interpretaciones de los hechos históricos? – La presencia de otras
historiografías ha sido, si no cuantitativamente, sí cualitativamente, muy
relevante. Es el fruto de nuestro interés por conocer lo que se llama
historiografías postcoloniales. Esta iniciativa, originaria de Gramsci,
viene a hacer una revisión de la historia, incluso de la historia
occidental, desde las ex colonias. Creo que occidente ha monopolizado el
discurso historiográfico hegemónico en el mundo hasta ahora. Nos viene
bien una cura de humildad en este sentido y que se revise, por ejemplo,
desde la India, la revolución industrial inglesa. - ¿Cuáles son las ventajas o desventajas de construir la historia de Europa en estos momentos? – Tal y como está la situación
geopolítica del mundo, casi todo son ventajas. Se ha creado una gran
incertidumbre sobre el papel político de Europa tras la guerra de
Yugoslavia. Si como historiadores contribuimos con nuestra obra a la
reivindicar Europa a través de su historia, estaremos favoreciendo que el
proyecto europeo no fracase en la tempestad de la globalización.
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