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 Carlos Barros, organizador del II
Congreso "La Historia a debate"
"Sería mucho
pedirle a la humanidad, sobre todo a la más doliente, que se
contentara con esto que tiene, que por otro lado es pan para
unos y hambre para otros".
Historiadores
andaluces
Congresos como
Historia a debate abundan poco en el panorama
historiográfico español, más preocupado por la efeméride de
turno -y de la peseta, claro- que de los problemas de la
ciencia histórica. La participación de historiadores
andaluces, si bien no llegó a ser cuantitativamente muy
abundante, cualitativamente fue muy significativa. Media
docena de investigadores de distintas universidades u otras
instituciones se dieron cita en simposios tales como Crisis
de la Historia, cambio de paradigmas; Sexualidad,
Historia y política; o El historiador, la ética y el
compromiso social. Es de destacar la ponencia de Fco.
Vázquez, La Historia social española y los nuevos
paradigmas, encuentros y desencuentros, en donde se
elabora una visión de conjunto sobre la recepción española de
algunas tendencias recientes (sociología histórica o la
historia del género, entre otras) y de algunos de los debates
metodológicos y teóricos que afectan a esta disciplina.
Reseñar también el trabajo presentado por la Escuela Libre de
Historiadores (Sevilla), titulado La Historia urgente: la
Universidad en la calle, en el que se replantea el papel -
social y político- que el historiador debe cumplir en la
sociedad. / J.M.R.T. |
JOSÉ MARÍA
RODRÍGUEZ TOUS. En Historia
a Debate ha existido una especial preocupación por ver la
Historia desde fuera de la Universidad. Diario de
Sevilla ha podido conversar con el coordinador del evento,
el profesor de Historia medieval Carlos Barros. A partir de
sus investigaciones, desde un punto de vista de Historia de
las mentalidades, y una tradición intelectual surgida al calor
de la lucha política contra la dictadura, su labor se ha
centrado en la preocupación por el papel que el historiador
debe desarrollar en el medio académico y, sobre todo, en el
medio social donde se encuentra.
-La sombra de
Fukuyama todavía deambula por los pasillos de la comunidad
científica. ¿Hasta qué punto está vivo el debate -si es que lo
ha sido- del fin de la Historia?
– Visto el fracaso
de la transición al capitalismo en Rusia, Fukuyama se dio
cuenta de que no sólo la Historia continuaba, sino que la
propuesta neoliberal no era la panacea para resolver los
problemas políticos y sociales del mundo. Sin embargo, tras la
guerra de Yugoslavia, vuelve por sus fueros e insiste en que
el final de la Historia se encuentra en un mundo unificado
alrededor de un mismo sistema económico y político. Los
historiadores sabemos mejor que nadie que la Historia
continúa, y que el descontento con el tipo de sociedad que
tenemos y las ansias de progreso permanecen. Sería mucho
pedirle a la humanidad, sobre todo a la más doliente, que se
contentara con esto que tenemos, que por otro lado es pan para
unos y hambre para otros.
-En este congreso
se ha puesto especial énfasis en la crisis de la Historia y
los nuevos paradigmas. ¿Cuál es el compromiso de los
historiadores del siglo XXI?
– Estamos viviendo
un retorno hacia géneros tradicionales, hacia el archivo. No
obstante, en muchos lugares vuelve con enorme fuerza la
Historia comprometida. Es el caso de Latinoamérica o Francia,
donde el debate, desgraciadamente, está siendo asumido por la
Sociología, de la mano de Pierre Bourdieu, ocupando el papel
que siempre tuvo la Historia como disciplina vertebradora de
las exigencias sociales. El debate planteado por Lucien Fevbre
entre la Historia ciencia (conocimiento) y la Historia
compromiso (acción) sigue vigente, aunque pienso que se debe
resolver de forma distinta, de modo que la Historia siga
siendo ciencia, sin que renuncie a ser narración, y de manera
que la Historia siga siendo comprometida sin que renuncie a la
objetividad y a la verdad. Debemos ser autocríticos con una
ciencia histórica artificiosa y demasiado estructuralista, al
igual que con una Historia comprometida muchas veces militante
y al servicio de una ideología o el poder establecido. Por ahí
va el reto del nuevo paradigma.
-¿Cuál es,
entonces, el sentido de hacer un congreso de Historia para
debatir la Historia?
– Es preciso hacer
avanzar nuestra disciplina en un sentido científico y, por
supuesto, en un sentido de utilidad social. Y para ello es
necesario debatir. La estructura jerárquica y vertical que
subyace en la producción del saber académico es difícil de
transformar en una relación horizontal donde todos expresemos
y contrapongamos nuestra opinión. Esto, que en un régimen
democrático es el pan de cada día, en el medio académico no es
tan usual.
-¿Cuál debe ser el diálogo de la
Historia con otras ciencias?
– Estoy cansado de oír
a otros colegas que el diálogo con otras ciencias es peligroso
porque diluye la Historia en otras disciplinas. Somos muchos
los que estamos insatisfechos con el tipo de
interdisciplinariedad actual. Pensamos que el diálogo entre
Historia y Ciencias sociales debe darse, en primer lugar,
entre los propios géneros historiográficos; la Historia como
disciplina se ha fragmentado tanto que nos gustaría
reconstruir de alguna manera el diálogo con nosotros mismos.
Además, debemos ampliar nuestros horizontes hacia las ciencias
de la naturaleza; la historia de la ecología es inseparable de
la historia de la humanidad.
-Hemos
advertido la presencia de historiadores no occidentales en
este congreso. ¿Puede esto traducirse en nuevas
interpretaciones de los hechos históricos?
– La presencia de
otras historiografías ha sido, si no cuantitativamente, sí
cualitativamente, muy relevante. Es el fruto de nuestro
interés por conocer lo que se llama historiografías
postcoloniales. Esta iniciativa, originaria de Gramsci, viene
a hacer una revisión de la historia, incluso de la historia
occidental, desde las ex colonias. Creo que occidente ha
monopolizado el discurso historiográfico hegemónico en el
mundo hasta ahora. Nos viene bien una cura de humildad en este
sentido y que se revise, por ejemplo, desde la India, la
revolución industrial inglesa.
- ¿Cuáles son las
ventajas o desventajas de construir la historia de Europa en
estos momentos?
– Tal y como está
la situación geopolítica del mundo, casi todo son ventajas. Se
ha creado una gran incertidumbre sobre el papel político de
Europa tras la guerra de Yugoslavia. Si como historiadores
contribuimos con nuestra obra a la reivindicar Europa a través
de su historia, estaremos favoreciendo que el proyecto europeo
no fracase en la tempestad de la globalización.
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