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La base material e histórica de la nación en Marx

 

Carlos Barros

Universidad de Santiago de Compostela

 

 

INTRODUCCIÓN

 

                Marx no dejó escrita una teoría acabada de la nación desde el punto de vista materialista, desde la posición metodológica, que le es propia, consustancial con el marxismo. Incluso en temas que precisaron más su atención, como las clases sociales y el Estado, tampoco encontramos en la obra de Marx un desarrollo explícito y sistemático de los respectivos conceptos materialistas. Engels, tan preocupado por las exposiciones didácticas y sintéticas, escribía en los borradores del Anti-Dühring:

 

                “El sistematismo, según Hegel, imposible. Es claro que el mundo es un sistema unitario, es decir, un todo coherente; pero el conocimiento de ese sistema presupone el conocimiento de toda la naturaleza y la historia, conocimiento que los hombres no consiguen nunca. Por eso el que construye sistemas tiene que rellenar con sus propias invenciones las innumerables lagunas, es decir, tiene que fantasear irracionalmente, tiene que hacer idología.

                Fantasía racinal: alias fútil combinación”[1]

 

                Lo que sí hay en los escritos, y en la actividad política, de Marx y Engels son múltiples referencias al hecho nacional, omnipresente en la realidad política del siglo XIX, en la historia y en las relaciones sociales y económicas de aquel tiempo -y en el de hoy, aunque de forma diferente-. Nos proponemos en este trabajo localizar estas referencias, de tipo político, teórico y metodológico, por veces indirectas, ordenarlas y relacionarlas, en la medida de nuestras posibilidades y saber, partiendo de la hipótesis de que en los fundadores del marxismo tenemos elementos suficientes para aproximarnos e reconstruir el concepto materialista de la nación. Para tal fin echaremos mano de las ediciones disponibles de las obras de Marx y Engels, lamentando que, a esta altura, no esté terminada la edición de las obras completas; creemos que, en todo caso, ninguna de las obras importantes dejó de ser consultada. Como se verá, prácticamente no se utiliza la bibliografía marxista posterior, sobre la nación, de gran importancia, por la propia limitación del objeto del estudio a Marx y Engels; a excepción de algunos casos concretos, que si citamos, en relación con nuestra preocupación central: la nación desde el punto de vista materialista. Precisamente, los debates en la II y III internacionales, y en la actualidad, sobre nación y nacionalismo, requieren, para aclararlos, una mayor profundización en las aportaciones de Marx y Engels.

 

                Los textos fueron sondeados en cuatro direcciones: a) en el uso del término nación y sinónimos; b) en las manifestaciones explícitas, o directamente explicitadas, del concepto de nación; c) en las posiciones políticas, y también metodológicas de los procesos que les tocó vivir a los autores, presentes, especialmente, el artículos escritos para Nueva Gaceta Renana y New York Daily Tribune; y d) en las relaciones teóricas entre realidades nacionales y realidades económicas, estudiadas en los Grundisse y en el Capital, y en textos metodológicos como la Introducción de 1857 y las cartas de Engels en los últimos años de su vida; apoyándonos para eso en la propuesta de Borojov de partir de la noción condiciones de producción. Este va a ser el orden que seguiremos en este trabajo, con la pretensión de acercarnos a la idea que tenían Marx y Engels sobre la nación y, sobre esa base, la necesaria construcción de la noción marxista de hecho nacional.

 

                Antes de entrar en materia, debemos señalar tres consideraciones previas: Primera, entendemos que Marx es metodológicamente indivisible, es decir, no enfocaba un tema en clave materialista y otro en clave idealista; cierto que en aquellos problemas teóricos que tenía menos elaborados era más vulnerable a las concepciones dominantes, pero difícilmente las abrazaba. En el tema que nos ocupa veremos como Marx y Engels estaban en las antípodas de las concepciones idealistas que tenían de la nación los nacionalistas alemanes y la burguesía liberal, y como esto se refleja hasta en los artículos de Marx para los perdiódicos, que “le aburrían” y “llevaban mucho tiempo”, separándolos de los “trabajos puramente científicos”, reconoce, en 1853, en una cara a Cluss[2].

 

                Segunda, Marx y Engels compartían un mismo enfoque teórico de la realidad social, y , también de la nación; otra cosa fueron las posiciones políticas personales, en cada coyuntura, respecto a movimientos nacionales concretos, y más allá: las simpatías (Marx y familia hacia los fenianos) y las antipatías (Engels hacia los eslavos y suizos).

 

                Tercera, siendo nuestra preocupación el análisis de una relación social, la nación[3], desde las leyes y categorías del materialismo histórico, en búsqueda de errores y aciertos en Marx y Engels cuando enjuiciaban luchas nacionales, el futuro de determinadas naciones o de nación en general, o ritmo de los procesos revolucionarios y nacionales..., tienen interés en la medida en que afectan a sus posiciones teóricas sobre la cuestión nacional. Con todo, huyamos de apriorismos que impliquen hipercriticismo hacia los escritos de Marx y Engels, que, en ningún caso, fueron o pretendieron ser profetas.

 

                Federico Engels, en el prefacio de 1874 a la segunda edición de Las guerras campesinas en Alemania, después de una crítica del libro de Zimmermann que le sirviera de base para su interpretación de la revuelta campesina de 1525, escribía que:

 

                “La culpa es de los tiempos en los que se escribió el libro. No obstante, para su época, y comparado con obras de historia idealista alemana, se destaca como escrito en una actitud muy realista”[4].

 

                Por ejemplo, hoy la historia económica y social predomina en la historiografía; en el siglo pasado, cuando románticos, eruditos e idealistas varios, estaban en la picota, Engels se quejaba, ¡en 1894!, del “desdén imperdonable que se advierte en la literatura hacia la historia económica”[5] en Alemania, 49 años después de que él y Marx escribieran en la Ideología Alemana la crítica a Hegel y de la historiografía idealista. El influjo decisivo de los creadores del marxismo en el desarrollo de la historia económica, sobre todo a partir de 1870[6], se comprende plenamente en el contexto del siglo XIX, no proyectando hacia atrás lo que en la actualidad sabemos. Lo que vale para los aciertos, vale para los errores: es necesario mantenerlos en su tiempo, no extrapolando al pasado el nivel de progreso material y científico del presente y, menos aún, el conocimiento de que sucedió después de la muerte de Marx y Engels, que podríamos exigir a éstos solamente al precio de considerarlos taumaturgos.

 

 

1. USOS DEL TÉRMINO NACIÓN Y AFINES.

 

                Lo primero que se observa en el uso del vocabulario por parte de Marx y Engels y que nación, país, pobo, y patria son, por lo regular, voces sinónimas, intercambiables, a menudo utilizadas simultaneamente en una página, o en páginas sucesivas, para evitar repeticiones[7]. La voz pueblo y popular adquiere en otros lugares el significado (bien distinto de nación y nacional) del conjunto de clases dominadas[8]. Nación y nacionalidad: unas veces son términos equivalentes[9], y otras diferentes, compartiendo los autores la idea de que las naciones modernas se constituyen reuniendo nacionalidades diversas de origen pre-capitalista[10]. Normalmente el Estado (gobierno, administración) se distingue nitidamente de nación , sociedad civil[11]; pero en alguna ocasión parecen ter el mismo significado estado, patria y nación[12]. Por último, la palabra comunidad (Gemeinwesen), “una buena y antiguapalabra alemana que equivale a la palabra francesa ´comune´”, escribió Engels[13], que tiene para Marx y Engels varios usos: comunidad de aldea, de ciudad, de clase, modo de producción comunista; asociación del pueblo revolucionario, etc. Aparece también con aplicación de comunidad nacional[14], como una forma de asociación para intereses comunes.

 

                Nación, nacionalidad, patria, país pueblo, estado, comunidad..., para Marx y Engels tienen indudablemente una acepción común, compatible con las acepciones específicas de cada vocablo. Lo que importa aquí es precisar el contenido de esa acepción común, más que tratar de delimitar el significado semántico de cada palabra. El contenido es más importante que las formas. Para identificar ese denominador común es preciso, en todo caso, referirlo a un término. Pensamos que nación es el de más aceptación y representatividad, tanto en la época de Marx como hoy. La voz nación se presta menos a la confusión terminológica que pueblo, estado, comunidad o etnia cuando hablamos de la división espacial, vertical de la humanidad. Por algo cuando se hace mención al problema nacional no se hace referencia al problema popular, estatal, comunitario o étnico, porque entonces estaríamos contemplando otra temática.

 

                Los propios autores que han denunciado en la actualidad imprecisión y fluctuación terminológica, lo hacen bajo epígrafes que contienen la palabra nación o nacionalismo[15]. Si cien años después de Marx se admite que sigue habiendo confusión de términos, la razón hay que buscarla en que están sin aclarar los conceptos. El día que se le dedique al concepto de nación tanto esfuerzo teórico marxista como al concepto de clase o de Estado, desaparecerán los solapamientos con expresiones afines. Así pasó con el concepto de clase respecto de: estamento, orden, estado, casta, grupo, estrato, etc; la tendencia actual es la absorción de estas por aquel.

 

                Los elementos descriptivos de la nación que Marx y Engels manejan son los normales en todas las definiciones, incluyendo la de Stalin: corresponden a regularidades empíricamente observables, con la salvedad de que los emplean de manera muy poco restrictiva. Reciben consideración de nacionales: A) El territorio[16]. B) La población y la raza, “la enorme capacidad de resistencia de la raza irlandesa”[17]. C) La lengua, la literatura y la cultura[18], que les sirven para definir las viejas nacionalidades de origen feudal: provenzal, alemana, eslava, escandinava. D) El carácter; escribe Engels: “por eso no podemos asombrarnos si encontramos en la descripción que César hace de los gallos una cantidad de rasgos que Giraldo atribuye también doce siglos después a los irlandeses y que, a pesar de todas las mezclas de sangre germánico, volvemos a a encontrar, todavía hoy, en el carácter nacional irlandés”[19]. E) La clase, según sea la clase dirigente se refieren a nación de capitalistas[20] y nación trabajadora[21] ; o nación de campesinos, para significar, en Irlanda, a la clase mayoritaria y sostenedora del Estado[22]. F) El Estado; “hacia finales del siglo VIII Irlanda estaba lejos de ser editada por una nación única. En la existencia de un reinado principal en toda la isla era mera apariencia[23]; poder político que aparece como el efecto que causa del proceso nacional, pero que no es condición imprescindible para la resistencia nacional.Engels destaca como después de siete siglos, a pesar de la dispersión teatral del poder político y frente al gobierno fuerte y unificado que los comandos pegar unilateral: Irlanda resiste a la eliminación, volviendo los a los extranjeros ocupantes más irlandesas que los irlandeses[24]. Engels Irlandesa. Quiere resaltar precisamente el factor subjetivo, la voluntad de suprimir coronación, que junto con factores económicos (nos perderemos más adelante), también parcialmente esforzados en su inconclusa historia de Irlanda, deciden y asegura la formación nacional de Irlanda. Concluyendo: territorio delimitado, por la acción homogénea, lengua y cultura propia, carácter específico, poder político, clase dirigente con mayoritaria, historia común (de lucha contra los extranjeros y por la consolidación de un poder independiente) y condiciones económicas particulares, son los rasgos que describe la nación irlandesa, y, en general, a toda nación, en marcas y en grandes, sin que necesariamente tendrán que darse todos ellos en todo los casos ni, de la misma de forma, en todos las épocas

 

En el ejemplo irlandés estudiado la característica nacional se menciona para los siglos VIII, IX, XVIII e XIX[25]. Siendo los momentos más señalados:

 

A) A principios del siglo XI, donde después de más de dos siglos de lucha, el “héroe nacional” Brian Borumha se “transforma en soberano de toda Irlanda y libra la batalla decisiva contra los normandos”, mientras en el siglo VIII cuando empezaron a llegar los normandos, las “guerras internas” de los pequeños “principes locales” les facilitaron “extraordinariamente a los normandos el pillaje, el establecimiento e incluso la conquista temporal de toda la isla[26]”. De nuevo Engels subraya, en primera instancia, la lucha política y militar contra los invasores por un reino unificado, nacional (condiciones subjetivas); en el contexto, en última instancia, de los siglos alto medievales, deformación del feudalismo (condiciones objetivas), en toda Europa. El resultado en el siglo XI es una nación feudal.

 

B) Finales del siglo XVIII, “cuando surgió en Irlanda una nueva vida nacional, y con ella un nuevo interés por literatura e historia irlandesa[27]”, renovación cultural nacional de impulso romántico que antecede en casi toda Europa a la creación de las naciones burguesas; estas nuevas naciones fueron realidad allá donde existía base material y fuerza política.

 

Marx y Engels se valen del concepto de nación en las diferentes épocas históricas de la antigüedad clásica hasta el mundo contemporáneo. Para ellos existe: 1)Naciones antiguas; así más habla de naciones desarrolladas de la antigüedad, en las que incluye al griegos y romanos; de las naciones sojuzgadas por los bárbaros.[28]..  2)Naciones asiáticas; la concentración de tierra por el Estado, en Asia, es considerada por Marx en el Capital como “ase nacional.[29]”. 3) Nacciones feudales; Engels pone a la nación provenzal como modelo, en la Edad Media, por razones culturales (lengua ilustrada, lírica), sociales (perfeccionamiento de la nobleza feudal) y económicas (en la industria y en el comercio no iban detrás de los italianos); Marx hace referencia en la Ideología alemana la “organización feudal de todo el país[30]”. 5) Naciones burguesas; Marx explica, en el Manifiesto comunista,, como la burguesía centraliza, medios de producción y administración, “para formar una nación”; diferenciando naciones civilizadas y naciones bárbaras, capitalistas y pre- capitalistas[31].

 

 Los fundadores del marxismo consideraban la nación como un hecho que se manifestaba en los fundamentales medios de producción, como una categoría histórica, cambiante. Las características tipológicas van a depender, naturalmente, de cada modo de producción. Marx destaca la especificidad de la nación moderna creada, sobre la disolución y fusión de las viejas nacionalidades, por el modo de producción capitalista. Es preciso entonces articular el concepto nación en un sentido amplio, histórico, y en otros estricto, moderno; diferenciando “nación moderna”  de “nación general”.

 

Pierre Vilar hizo notar las dificultades de vincular la formidable estabilidad de la nación con la noción de categoría histórica reciente, ligada solamente al ascenso del capitalismo[32]. El último Poulantzas afirma que “la nación no se identifica con la nación moderna y el Estado nacional, tal como aparece en la emergencia del capitalismo en Occidente. Hay algo que se designa bajo el término de nación, es decir, una unidad particular de reproducción del conjunto de relaciones sociales, mucho antes del capitalismo[33]. Samir Amir, por otra banda, localiza la nación en los modos de producción asiático y capitalista; señalando la ausencia de naciones de Europa feudal[34]; opinión muy discutible, y rechazada en la práctica por los historiadores medievales[35]. Todo esto nos lleva a la inexcusabilidad de profundizar en la idea de la nación en general, idea que está en Marx y Engels; ahora que ya el mejor conocida la nación que creó una burguesía, hoy por lo demás en crisis.

 

                La diferencia cualitativa, que Marx ya señaló, entre naciones pre-capitalistas y naciones capitalistas, extendió (dentro del propio marxismo) una teoría reduccionista de la nación, que no compartimos, que sólo detecta la existencia de nación en época del capitalismo. Entonces se proponen nombres para las entidades pre-nacionales”, para lo cual se buscan dos soluciones: 1) derivados de la palabra nación, y 2) sinónimos del termino nación. En el primer caso, nacionalidad y nacionalitario. El término nacionalidad válido como sinónimo de nación, es hijo del periodo histórico, hoy superado, de formación de las naciones-Estado en Europa, siendo ahora difícilmente recuperable para significar algo realmente distinto de la palabra madre; en España, por ejemplo, se tiende al uso de nación frente a nacionalidad en el lenguaje político. El término nacionalitario, propuesto por Rodinson para evitar la definición restrictiva de nación (Mauss, Stalin)[36] aunque válido, sinónimo de nacional nos remite al punto de partida, sin resolver la cuestión principal: explicar el concepto amplio de nación. En el segundo caso, se acude a diversas palabras (pueblo, patria, estado, reino, comunidad, etnia) para expresar la existencia de una sociedad diferenciada con cierto grado de autoconciencia a lo largo de la historia, reservando nación para tiempos contemporáneos. Los etnólogos soviéticos denominaron etnos a todas las comunidades desde la tribu a la nación[37].

 

El problema no es de nombres sino de fondo, de saber por qué la humanidad que siempre se dividió en sociedad de separadas que compiten entre sí, de manera que “existe una dialéctica en lucha de grupos y lucha de clases en la que convergen en la historia clásica de los reinos y las potencias y las relaciones sociales de los hombres entre sí”, asegura el historiador y  P. Vilar[38]. La cuestión reside en investigar cómo se forma, que características tiene, como se transforma y porque desaparece y reaparece el hecho nacional, en las coordenadas fijadas por la geografía y la historia, en cada lugar y cada modo de producción. El retraso, en este orden, es considerable; quitando, quizá, los procesos nacionales en la fase del capitalismo concurrencial, y recientes estudios sobre la construcción de nuevas naciones en el tercer mundo, ¿Qué sabemos de las peculiaridades de las condiciones de vida nacional, y de su dinámica, en las civilizaciones antiguas, Europa feudal, las sociedades asiáticas y, hoy mismo, la época del capitalismo trasnacional.? La historiografía, atenta a la historia económica, a los conflictos sociales, de historia “evenementielle”, produce pocas monografía sobre fenómenos nacionales, y menos aún síntesis válidas para períodos históricos.

 

 

 

2. ORIGEN Y DESARROLLO HISTÓRICO DE LA NACIÓN.

 

 Buena parte de los intentos epistemológicos en relación con la nación se concentran en encontrar una definición correcta; la de Stalin es sin duda la más difundida; sin embargo, Engels opinaba que:

 

“las definiciones no tienen ningún valor para la ciencia porque son siempre insatisfactorias la única definición real es el desarrollo de la cosa misma, lo cual no es ya ninguna definición... En cambio, para el uso corriente puede que a menudo sea útil y necesaria una breve exposición de los caracteres más generales y, al mismo tiempo, más identificadores en una sedicente definición, y tampoco puede perjudicar si no se pide de ella más de lo que se puede decir[39]

 

Pues bien, ni Marx ni Engels dejaron escrita una definición vulgarizadora de nación pero si notas sobre el desarrollo de la cosa misma, o sea, la definición real.

En lo tocante al origen de nación Marx escribió en la Ideología alemana:

 

“la más importante división de trabajo físico e intelectual es la separación entre la ciudad y el campo. La oposición entre el campo y la ciudad comienza con el tránsito de la barbarie a la civilización, del régimen privado al Estado, de la localidad a la nación[40]

 

Explicando mas adelante como en la ciudad se manifiesta por primera vez la separación de la población en grandes clases, y que la oposición entre la ciudad y el campo sólo puede darse dentro de la propiedad privada. Para Marx la nación nace al mismo tiempo que la propiedad privada, las clases sociales y el Estado. Porqué:

 

“la división de trabajo lleva aparejada además, la contradicción entre el interés de individuo concreto, y una determinada familia y el interés común de todos los individuos relacionados entre sí, interés común que no existe, ciertamente, tan sólo en la idea, como algo general, sino que se presenta en la realidad, ante todo, como una relación de mutua dependencia de los individuos entre quienes aparece dividido el trabajo[41]”.

 

Cualquiera que sea el lugar de los individuos en el proceso de producción, hay una interdependencia, un interés común, que nace del propio proceso de producción y separa los hombres en conglomerado pluriclasistas, sociales, que limitan, por lo regular, unos con otros.

 

Sigue aclarando Marx como el interés común adoptada,

 

“en cuanto Estado... una forma de comunidad ilusoria, pero siempre sobre la base real de los vínculos existentes dentro de cada conglomerado familia y tribal como la carne y la sangre, la lengua con la división del trabajo mayor en escala y otros intereses de las clases, ya condicionadas por la división del trabajo, que se forman y diferencian en cada uno de los conglomerados humamos...[42]

 

La división del trabajo genera, por lo tanto, además de una comunidad ilusoria, ideológica, estatal, una comunidad real, nacional, dividida en clases, y basada en relaciones de mutua dependencia: parentesco, cultura, economía...

 

Doce años después de la Ideología alemana, Marx insiste en la idea del individuo formando parte de un todo más grande, en primer lugar, de una manera algo muy natural, de una familia y de una tribu, que es la familia desarrollada; luego de una comunidad bajo sus diferentes formas, resultando do antagonismo y de la fusión de la tribu[43].

 

Aquí Marx subraya el paso de la tribu a las diferentes formas de comunidad, en las que predomina la relación con el territorio por encima de la relaciones de parentesco.

 

Engels ratifica esta idea de Marx sobre el origen de la nación, un año después de su muerte, en 1884, el escribir, En el origen de la familia y de la propina privada y del Estado, que:

 

“en ciertas comarcas tribus parientes en su origen, y separadas después, se reunieron de nuevo en federaciones permanentes, dando así el primer paso para la formación de nación[44]”.

 

Hoy en día, otros autores han insistido en situar el comienzo del fenómeno nacional en el paso de las sociedad sin clases a las sociedades capitalistas, en el momento de superar el nivel de clanes y tribus[45].

 

Engels relata, en la obra que acabamos de citar[46], como las primeras naciones europeas de origen tribal: 1) Desaparecen las lenguas nacionales tuvieron que ir cediendo el paso a un latín corrupto; desaparecieron las diferencias nacionales, y ya no había galos, íberos, ligures...; todo se convirtieron en romanos. 2) No son sustituidas, la flamante ciudadanía romana conferida a todos, no ofrecía compensación; no expresaban ninguna nacionalidad, sino que indicaba tan sólo la carencia de nacionalidad. 3) Se crean condiciones existían en todas partes elementos de nuevas naciones; los dialectos latinos en las diversas provincias fueron distanciándose cada vez más; las fronteras naturales subsistirán y se hacían sentir todavía. Pero en ninguna parte asistía a fuerza necesaria para formar con esos elementos naciones nuevas. Engels tiene muy en cuenta, de nuevo, el factor subjetivo en la formación de las naciones. 4) Emergen más naciones, cuatrocientos años después de las invasiones de los germanos, estos consiguieron infundir una fuerza vital nueva a la Europa agonizante, clave de refundición y la diferenciación de la humanidad en Europa occidental para la historia futura, formando de los lodos del mundo romano, nuevos Estados y nuevas nacionalidades; nacionalidades medievales que más tarde darán pie a las naciones burguesas.

 

La nación es para los fundadores del marxismo un hecho en continuo mutación, histórico, no transhistórico ni atemporal, muy lejos de las concepciones metafísica a las que estamos acostumbrados, que construyen, retrospectivamente una historia nacionalista donde tal pueblo aparece como predeterminado a mantener una relación de nacionalidad constante durante siglos y siglos. La realidad es que los cambios de modelo de producción, imperios y conquistas, luchas nacionales y luchas de clases, cambian a menudo las oraciones de nacionalidad, de modo que una parte de la sociedad puede cambiar de nación un tiempo relativamente breve (los gallegos que entre el Duero y el Miño después de la separación del condado Portucalense del siglo XII). Los factores nacionales de larga duración (fronteras naturales, poblamiento continuado, conexión de las sucesivas formaciones sociales, lengua, idiosincrasia y cultura) ni son eternos ni garantizan una historia nacional lineal o que equis nación no puede escindirse, incorporarse a otra, o absorber de aquella otra nación, por motivo de las contradicciones internas de la estructura económica y de las clases, y de los efectos de las conexiones internacionales.

 

Las relaciones de nacionalidad no tuvieron nunca un valor absoluto; dárselo es caer en ilusiones con las que ambas clases teñían de patriotismo y nacionalismo sus intereses determinados[47], escribía Marx, en noviembre de 1848, comentando la situación política en Francia, pero aplicable también a la crítica de la tradición historiografía que por ejemplo, en la misma Francia, no distingue en el espacio geográfico de la Francia actual de relaciones nacionales prerromana de las feudales, y éstas de la nación moderna (ahora sí) francesa; proyectando al pasado  la homogeneidad nacional del presente (relativa, como indica, el resurgir de movimientos nacionales en Córcega, Bretaña, Occitania). Engels tenía, como vimos, una visión más dialéctica. Más adelante revisaremos el caso francés.

 

En este permanente tejer y destejer de los procesos nacionales llegamos a los tiempos más a: “en ningún país es posible la dominación de la burguesía sin la independencia nacional”, decía Engels en 1893 a los lectores italianos del Manifiesto comunista;[48] pero, casi cinco décadas antes, en 1847, afirmaba ya que “la propia burguesía trabaja, mediante su industria, su comercio, sus instituciones políticas, en el sentido... de formar, partiendo de las numerosas localidades y provincias independientes entre sí hasta la fecha, una gran nación[49]”, situando como ejemplo de centralización política al partido jacobino

 

En las guerras campesinas en Alemania al repasar la situación de Alemania en el siglo XVI, argumenta como,

 

“el incompleto desarrollo industrial, comercial y agrícola de Alemania hacia imposible toda centralización y unión de los alemanes en una nación, no  permitiendo más que una centralización local o provincial”.

 

“ Mientras en Francia e Inglaterra el desarrollo del comercio y de la industria tuvo como consecuencia la creación de intereses generales en el país entero, y con esto la centralización política, Alemania no pasó de la agrupación de intereses por provincias[50]”.

 

En los siglos XVI, XVII y XVIII, lo que se entiende convencionalmente por Edad Moderna, aún sin romper con el feudalismo, la burguesía a través del comercio -“el sistema de libre cambio obra en forma destructiva, desintegra las viejas nacionalidades”[51]-, y de la monarquía absoluta, crea nuevas condiciones nacionales en Holanda Inglaterra, Francia, Portugal...; Alemania, Italia y las viejas nacionalidades de la Europa central y oriental no accederán a ellas hasta el siglo XIX y las dos primeras décadas del XX, por causa del retraso y de las singularidades de la formación del modo de producción capitalista, que aclara, por otro lado, el porqué en España la superación de las viejas nacionalidades no se dio en el mismo grado que en Francia o Inglaterra (salvo Irlanda)

 

En este período de transición del feudalismo al capitalismo, Marx tiene muy en cuenta la voluntad nacional, y su base material, de la burguesía comercial:

 

 “el carácter nacional del mercantilismo es algo más una simple frase en boca de sus portavoces..., vive en ellos la conciencia de que el desarrollo de los intereses del capital... se erigió, en la sociedad moderna, en base a la potencia nacional de la supremacía de la nación [52]

 

Marx como para Engels, la burguesía fabrica la nación moderna; la manufactura, “para llegar a ser la fuerza dominante de una época, las condiciones deben desarrollarse no sólo localmente, sino a una escala mucho mayor[53]”, a una escala nacional.

 

Se quiere decir que la burguesía mercantil primero, y la burguesía manufacturera e industrial después, precisaron transformar las relaciones nacionales para establecer la hegemonía del modo producción capitalista, que genera unos intereses generales, relaciones de mutua dependencia entre todos los individuos de la sociedad burguesa (civil), específicas de la nación moderna, que se diferencia de las condiciones nacionales anteriores, precapitalistas.

 

Marx y Engels distinguen la Ideología alemana cuando el vínculo entre los individuos y la familia, patria, la tierra; es “cuando se los supone independientes unos de otros y relacionado solamente por medio de intercambio[54]”. Destacando, en suma, el papel del mercado en las formaciones sociales capitalistas, lo que es especialmente cierto en el caso de la relación nacional, frente papel de la tierra (y de parentesco) en las relaciones sociales, y nacionales, precapitalistas. En el precapitalismo la tierra es el medio de producción principal y las formas de servidumbre y dependencia la norma de las relaciones de producción. En el capitalismo los medios de producción se convierte en capital, y hombres y productos concurren líbres al mercado, que relacionan las diferentes partes de la sociedad nacional, e internacional.

 

En el Capital Marx desarrolla las siguientes ideas sobre la especificidad de las relaciones sociales capitalistas:

 

1.        Puramente económicas: cuando la relación de hegemonía y subordinación (capitalista) reemplaza a la esclavitud, a la servidumbre, al vasallaje, a las formas patriarcales, etc, de subordinación, tan sólo se opera  un cambio en su forma. La forma se vuelve más libre porque es ahora de naturaleza meramente material, formada voluntariamente, puramente económica[55].

 

2.        Voluntarias: “la continuidad de la relación entre el esclavo y el esclavista es tal que en ella el primero se mantiene sujeto por coacción directa. El trabajador libre, por contrario, está obligado a mantener el mismo la relación, ya que su existencia y la de su los suyos depende de que se renueve continuamente la venta de su capacidad trabajo al capitalista” [56].

 

3.        Violencia excepcional: “la presión sorda de las condiciones económicas sella el poder de mando de capitales sobre el obrero. Aún  se emplea, de cuando en vez, la violencia directa, extraeconómica; pero sólo en casos excepcionales[57]”.

 

4.        Coacción extraeconómica, precapitalismo: sin embargo en los modos de producción precapitalista, basados en el trabajo esclavo, servil, para el Estado despótico, “sólo la coacción extraeconómica, cualquiera que sea la forma que revista, puede arrancar a estos productores y trabajo sobrante”; aquí “el imperio de las condiciones de producción sobre el productor queda oculto tras las relaciones de hegemonía y subordinación que aparecen y son visibles como los resortes inmediatos de proceso de producción [58]”.

 

5.        Libertad oculta dominación: todo lo contrario de lo que sucede en el capitalismo: donde la relaciones de dominación están ocultas tras condiciones económicas, que hacen que “en apariencia... sociedad burguesa es la mayor libertad libertad, por ser independencia aparentemente consumada del individuo... El derecho sustituyó al privilegio”, denuncia que Marx y Engels hicieran tempranamente en Sagrada familia, primera obra que redactaron juntos[59].

 

La apariencia de libertad en la sociedad capitalista tiene una base real: la dominación directa del hombre es sustituida por el trabajo asalariado libre, por una relación económica voluntaria, en principio. Ahora es posible, y necesario, reemplazar coacción por consenso en las relaciones sociales. Esto tiene dos consecuencias históricas: a) la viabilidad de un régimen político democrático que extiende las libertades, política y de conciencia a los productores directos, b) el nacimiento de unas relaciones nacionales apoyadas en un pacto, en un consenso, entre las clases fundamentales de la sociedad.

 

Con la burguesía la nación es patrimonio de todos, ideal común, categoría abstracta[60], no discrimina hombres libres y hombres siervos, ni tiene por símbolo máximo un monarca feudal, o déspota oriental, al que los demás están vinculados por relaciones de dependencia. Con el capitalismo se desenvuelve plenamente una voluntad colectiva, una conciencia común, sentimiento nacional, que abarca no por la minoría si no a toda la sociedad. Que la burguesía hegemonice la nación no contradice la participación en la nación, de motu propio, de las clases subalternas. Si el primero tiene una causa económica, el segundo también: en la integración en la nación (siempre conflictiva) de las clases dominadas refleja el interés por la continuidad de un proceso de producción, del que se depende para sobrevivir. La relación social que nacionalidad juega un rol capital de la reproducción del sistema capitalista; de ahí su arraigo en las conciencias, en pugna., y entrelazadas, con las relaciones sociales de clase.

 

Resumiendo: si en los modos precapitalistas de producción de las sociedades clásicas, llegaba con el poder estatal fuerte, que descansa en una comunidad nacional débil y confundida con el Estado, para hacer posible la coacción extraeconómica sobre la población trabajadora es la reproducción social global; en el modo de producción capitalista es indispensable una poderosa sociedad civil, separada del Estado, unos lazos nacionales que aten a los individuos, entre sí, al territorio, a una cultura, tradición, a unas instituciones, para asegurar, sin coacción directa, un marco estable (la nación moderna) de compraventa de fuerza de trabajo y demás mercancías, de realización de plus valía.

 

Gramsci apuntó esta semejanza, aunque no la dedujo teóricamente de la propia naturaleza del capitalismo, sino como consecuencia del fracaso de la revolución en occidente:

 

“En oriente el Estado en todo, la sociedad civil era primitiva y gelatinosa; en occidente, entre Estado y sociedad civil existía una justa relación y bajo el temblor del Estado se evidenciaba una robusta estructura de la sociedad civil. El Estado sólo era la trinchera adelantada, tras detrás de la cual existía una reja recia cadena de fortalezas y casamatas[61]”.

 

Ahí va clave esencial para comprender la capacidad histórica de la resistencia del capitalismo desarrollado a las ofensivas del movimiento obrero, hasta hoy. Precisamente en las crisis cíclicas del sistema, se evidencian al margen del consenso social y de hegemonía ideológica de la burguesía. Incluso cuando las cosas van mal. Margen que se deriva del sitio que ocupa, 1) de los aparatos ideológicos y 2) los intereses, y conciencia, nacionales, en la reproducción énfasis tema, por razón del carácter puramente económico, voluntario, de la nación entre los independientes agentes de la producción capitalista, en palabras de Marx citadas anteriormente. El factor nacional como factor de cohesión del cuerpo social fue subestimado muchas veces, por pensar que era de orden solamente superestructural, ilusorio o consecuencia exclusiva de la dominación de la burguesía. Pero resulta que, sin contemplar su dimensión nacional, no se entiende la robusta estructura de la sociedad civil burguesa, ni las divisiones retrocesos del movimiento obrero, y de los partidos marxistas como desde 1848, en las naciones que hicieron, en otro tiempo, la revolución burguesa por una u otra vía.

 

Marx identifica nación con sociedad civil o burguesa (“bürgerliche gesellschaft” significa “sociedad civil” y “sociedad burguesa”), y las separaba, en el contexto capitalista, del Estado, siendo éste la expresión oficial y política de la sociedad civil, y de la nación. “Los elementos constitutivo de la sociedad burguesa se encuentran divididos en naciones, haciéndose la competencia fuera del control de Estado”. La sociedad civil particular es en aquel tiempo nacional, pues “tiene necesariamente que hacerse valer al exterior como nacionalidad y vista cara interior como Estado[62]”. Marx ubica estas afirmaciones en las décadas cuarenta y cincuenta del siglo pasado, estando de actualidad el libre cambio entre naciones, de lo que él era partidario, siendo contrario al proteccionismo, y la intervención del Estado, por considerarlo conservador.

 

Para Marx un objeto social notable era la sociedad civil nacional, que parecía separado del Estado, como un “hecho moderno”. La sociedad civil en el feudalismo tenía un carácter directamente político. La propiedad, la familia, la organización del trabajo eran “elementos de la vida del Estado” a través del señorío, del testamento, de la corporación gremial. De forma que en la época moderna existía “antítesis entre el Estado democrático representativo y la sociedad burguesa[63]”.

 

Marx diferenciaba tres tipos de conflictos: a) “entre los poderes gobernantes y sus súbditos, entre el Estado y la sociedad”, b) “entre las diferentes clases”, c) “entre las potencias[64]”. C. Marx hizo estas distinciones, en 1853, en un artículo para el periódico New York Daily Tribune al enumerar los síntomas de una probable crisis comercial, financiera e industrial, que, como 1789 y 1848, habría precedido a otra época de guerras y revoluciones en Europa. Pasaron sólo seis años desde que escribiera, en su Manifiesto, que la “historia es la historia de la lucha de clases”, pero, precisamente, en un texto ocasional, periodístico, teniendo que encarar la historia cotidiana, concreta, con todas sus complejidades y matices (más allá de los estudios teóricos que obligan a cierta abstracción), Marxs reconoce: contradicciones entre clases, contradicciones entre el conjunto nacional de las clases y el Estado, y contradicciones entre naciones-Estado, en definitiva, luchas de clases y nacionales, originadas las dos por una crisis general del capitalismo, que un tardaría veinte años en hacerse realidad. Parafraseando a las dos primeras líneas del Manifiesto podemos asegurar que la historia de toda las sociedades existentes hasta hoy el de historia de lucha de clases y naciones. La determinación última de las luchas de naciones por las luchas de clases no anula la dialéctica entre unas y otras, y tampoco que, a cada poco, las luchas nacionales llenen el escenario de la historia humana.

 

Con respecto a la dialéctica nación-sociedad civil (campo de lo privado) y Estados-sociedad política (campo de lo público), en el 18 de brumario de Luis Bonaparte[65], Marx analiza como, escamoteada la revolución de febrero de 1848, con el golpe de Estado Napoleón, “le petit” lejos de ser es la sociedad quien se conquista para sí misma un nuevo contenido, parece como si simplemente el Estado volviese a su forma más primitiva, anotando que luego del 2 de diciembre, “el Estado tiene atada, fiscalizada, vigilada, y tutelada la sociedad civil”. Marx califican de primitiva esta absorción de sociedad civil por el Estado por que era propia de las formaciones sociales precapitalistas. Lo que pasó después en Francia del segundo imperio, a caballo de la expansión capitalista de 1848-1873, con la relación Estados-sociedad civil se generaliza, en el occidente capitalista, en la era de los monopolios y del imperialismo. El Estado va ocupando espacios de la sociedad civil, pero sin debilitarla. La simbiosis sociedad civil-sociedad política en el capitalismo avanzado no niega, no impide, la fortaleza y el desarrollo de la primera, mientras que en los tiempos pre-modernos sucedía al revés: el poder político y religioso, la relaciones (públicas para paréntesis dependencia, ahogaban a la organización autónoma (privada) de la sociedad, dificultando un sentimiento nacional que estuviera más allá de la obediencia debida a la pirámide jerárquica.

 

En el proceso de derrotas, 1848-1851, que llevó a la prepotencia del Estado bonapartista , Marx critica como la Asamblea Nacional rompe ”fundamentalmente y definitivamente con la base de la nación” ... “nada teme tanto como que la nación se mueva”. Como “sin pueblo, sin opinión pública, sin ser ya...  representantes de la nación soberana... deben entregar la iniciativa al gobierno”. Valorando que “en el parlamento, la nación levantaba su voluntad general a ley, es decir, levantaba la ley de la clase dominante a su voluntad general”, y que “el poder ejecutivo, por oposición al legislativo, expresaba la heteronnimia de la nación por oposición a su autonomía”. Quedando claro, entonces: 1) identidad nación-social civil, 2) contraposición y equilibrio inestable, nación-Estado, que se refleja, 3) en la confrontación parlamento nacional y gobierno estatal, 4) teniendo el parlamento una doble representatividad, voluntad general de la nación y ley de la clase dominante, y, 5) rematando el proceso del bonapartismo en la imposición del ejecutivo sobre legislativo, con el fin de la autonomía de la acción social civil, ahora dependiente y representada políticamente por la ley de la clase dominada expresada en el nuevo Estado burocrático.

 

La primera revolución francesa, rerazonaba Marx, en 18 de Brumario, que continuamos citando, creó “la unidad civil de la nación”, desarrollando “lo que la monarquía absoluta iniciara: la centralización... Napoleón perfección está maquinaria del Estado... todas las revoluciones perfeccionaron esta máquina en vez de destrozarla... y bajo el segundo Bonaparte cuando el Estado parece tener haber adquirido una completa autonomía... frente a la sociedad burguesa”. Sobre la base de desplazar a sus anteriores representantes, ganándose el apoyo de la burguesía extraparlamentaria y representando a la clase de los campesinos proletarios, “la masa de la nación francesa”. Así fue como una revolución modelo (1789) de la sociedad civil contra el estado absoluto, que reivindica la soberanía de la nación para conseguir la unidad civil de la sociedad burguesa, segregando un Estado, que, dominado por la fracción más alta de la burguesía, acaba por fusionarse con la nación, deviene un Estado intérprete de la soberanía de la nación, construyendo si la nación-Estado. Si bien, en el presente, por la macrocefalia de este conjunto de aparatos en instituciones que es el Estado (en especial a partir de la tercera década siglo XX), habría, quizás, que cambiar el orden y hablar de Estado-nación.

 

Pero volvamos al hilo de nuestros razonamientos iniciales. “La anatomía de la sociedad civil hai que buscarla en la autonomía política”, sentenciaba Marx, en el prólogo a la Contribución crítica de la economía política, de 1859[66]. Engels remarcaría posteriormente, esta idea indicando que la historia moderna: “el Estado, el régimen político, es el elemento subalterno, y la sociedad civil, el reino de las relaciones económicas, el principal[67]”. La identidad nación sociedad civil nos conduce por consiguiente, a la conclusión de que la anatomía de la nación conviene buscarla en la economía política. La representación estatal, oficial, política, de la nación es lo secundario;  lo principal es la nación como reino de las relaciones económicas.

 

La nación no cae del cielo, tampoco es un mero invento objetivo de las clases dominantes o que aspiran a serlo, tiene su explicación, según vamos haciendo de los textos de Marx y Engels que citamos anteriormente (tarea muy apurada mente, pero necesariamente), en que hay un problema: interés común, interés general, relación de mutua dependencia, comunidad real, voluntad general etc, que afecta a los individuos de una sociedad dada, independientemente de la clase social a la que pertenezca. La razón de ser de este nexo social nacional -conviene añadir para completar este primer aproximación al concepto de nación que tenían Marx y Engels-, está en la economía, en las relaciones económicas. La nación, en última instancia, es un hecho económico. Marxs y Engels explicitaron esta afirmación en el caso de la nación moderna: el modo de producción capitalista hizo la nación, pensaban, y de esto dejaron constancia en las páginas pasadas. En los últimos años otros autores aceptan, en efecto, que en Marx y a Engels, hay elementos en materia de la nación moderna[68]; pero después de estas aportaciones las preguntas siguen siendo: ¿Cómo se articula el concepto materialista de la nación con las categorías fundamentales del materialismo histórico? ¿Cómo se articula los factores objetivos con los factores subjetivos en los procesos nacionales? ¿Cómo se articula el concepto de nación en general  con el concepto de nación moderna? ¿Cómo se articula las clases y la nación?

 

A la tercera pregunta plantea un problema metodológico: ¿Qué validez histórica tienen los conceptos de sociedad burguesa?, “La anatomía del hombre es la clave de la del mono”, escribió Marx en la Introducción de 1857 desp