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Historia a debate. América Latina, Santiago, Editorial Historia a Debate,1996, pp. 11-12 Presentación Carlos Barros
El libro que tiene el lector en sus manos es el
volumen sexto, y último, de los editados con motivo del I
Congreso Internacional Historia a Debate, que tuvo lugar en
Santiago de Compostela del 7 al 11 de julio de 1993, y está
formado por las comunicaciones y ponencias que allí
presentaron historiadores latinoamericanos -con tres
excepciones- sobre cuestiones generales a discusión o sobre la
historiografía de los países representados.
Para el historiador español una muestra, pues, de
una historiografía latina que es menos conocida en España, fuera
de los especialistas en historia de América, que, por ejemplo,
la historiografía francesa, inglesa o italiana (y algo parecido
sucede en Iberoamérica con la historiografía española). Una
historiografía en español que aportó al Congreso de Santiago
tres notas distintivas, de orden diverso y que se corresponden
con la singularidad del contexto socio-político de América
Latina. En primer lugar, una atención al marxismo mayor de lo
que es usual en la Europa de los 90. Los que creemos que sin la
contribución, autocrítica y crítica, de la historiografía
marxista no superaremos la crisis finisecular de la historia y
de la escritura de la historia, valoramos altamente las
posibilidades de los aportes latinoamericanos al indispensable
balance que nos lleve, historiográficamente hablando, al siglo
que viene. En segundo lugar, la historia regional. Mientras la
historiografía europea está de vuelta de la historia regional, y
cuando en España el gran problema es precisamente lo contrario,
recuperar una historia -democrática, plurinacional- de España y
rebasar el marco regional o local de las investigaciones, la
historiografía latinoamericana redescubre una historia regional
que quiere ser nueva y que, si no cae en los mismo errores que
la historiografía española, beneficiándose de la ventaja de su
aparición más tardía, puede indicarnos caminos futuros sobre
cómo hacer una historia regional que sea, a la vez, una historia
global. En tercer lugar, un cosmopolitismo profundo. La
latinoamericana es una historiografía abierta, ampliamente
receptiva a todo tipo de influencias culturales, sin las
Afilias@ y las Afobias@ típicas de las historiografías más
Adesarrolladas@. Esta predisposición al diálogo radical con el
otro, recíproco y respetuoso, y al mestizaje de lo viejo y lo
nuevo, son contribuciones indispensables para encontrar las
claves definitivas del nuevo paradigma en formación de los
historiadores del siglo XXI.
La vitalidad de la historiografía latinoamericana
se reflejó en una amplia participación personal en el Congreso
de Santiago: la mayoría de los comunicantes estuvieron presentes
y aun asistieron bastantes profesores e investigadores que no
presentaron textos. Destacó principalmente la presencia de
colegas de universidades y centros de investigación de México y
la República Argentina. Aparte de España, de ningún otro país
estuvieron en Santiago de Compostela tantos historiadores, la
inmensa mayoría por sus propios medios, lo que subraya más el
espíritu joven de la historiografía latinoamericana.
Queremos poner de manifiesto este dinamismo, y
las posibilidades de la historiografía de América Latina, porque
raramente es reconocido: como todos sabemos las relaciones
historiográficas internacionales dependen no poco de unas
relaciones económicas, culturales y políticas que favorecen a
los países más potentes en dichos ámbitos. La propia
historiografía española conserva rasgos marcados de dependencia
exterior. Ahora bien, )qué aprendimos en el Congreso de
Santiago? Que la vieja y mecánica relación centro/periferia ya
no sirve para explicar la situación actual de la historiografía
mundial. Peter Burke, por ejemplo, hizo notar cómo hoy en día la
renovación historiográfica pasa por la periferia. Estamos ante
una realidad en que todas las historiografías nacionales son, o
pueden ser, centro y periferia, incluso las dos cosas a la vez,
según el tema de que se trate o el punto de vista que se adopte.
Es, por consiguiente, hora de pensar con la propia cabeza, desde
Latinoamérica y desde España, para lo cual es menester el
esfuerzo por estar al día, por conseguir la plena integración en
la historiografía internacional de los historiadores latinos más
avanzados. El Congreso Internacional Historia a Debate ha sido,
en este sentido, un hito para la historiografía española y, en
alguna medida, para la historiografía iberoamericana; una manera
de favorecer un mayor peso de las voces latinas en el concierto
historiográfico internacional.
Tenemos que privilegiar las relaciones
bilaterales entre las historiografías latinoamericanas y la
historiografía española. Los programas de movilidad de
estudiantes y profesores entre España y América Latina están
coadyuvando últimamente a cambiar la situación, deben mantenerse
e incluso incrementarse: hasta hace unos años era más fácil
encontrarnos en centros de investigación y de enseñanza de
terceros países que en nuestras universidades y países
respectivos. Es posible, y necesario, un eje historiográfico
iberoamericano basado en: 1) una lengua común que permite una
interrelación académica y personal especialmente fluida; 2) una
historia de la historiografía paralela, sobre todo a partir de
1968, en cuanto a confluencia vanguardista del materialismo
histórico y de la escuela de Annales; 3) un intercambio de
experiencias historiográficas menos desigual que el que, a ambos
lados del Atlántico, solemos establecer con las historiografías
de los países más avanzados. Este libro de historiografía
latinoamericana, editado en Santiago de Compostela, Galicia,
España, quiere ser un paso al frente es dicha dirección.
Carlos Barros
Universidad de Santiago de Compostela
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