III Congreso Internacional Historia a Debate
Santiago de Compostela, 14-18 de julio de 2004


11 de setiembre


MESA N: 11 de Setiembre

El terrorismo globalizado hace un siglo

Rafael Cruz. Profesor de Historia de los Movimientos Sociales. UCM.

Después del atentado del WTC en Nueva York hemos leído que el terrorismo del 11 de septiembre es nuevo, que "ha vuelto anacrónica la guerra entre  Estados" (Mary Kaldor) o que es "la primera guerra mundial del siglo XXI" (Manuel Castells). El primer acto a gran escala de "la nueva globalización del terrorismo (Enrique Gil Calvo), que se caracteriza por una violencia transnacionalizada -su escenario es todo el mundo-, con mayores cotas de alarma social y promovido por idearios carentes de restricciones morales (Fernando Reinares), que permiten acciones indiscriminadas con muchas víctimas de civiles inocentes. Las redes terroristas poseen una articulación internacional,  que incapacita a los gobiernos de los Estados nacionales a prevenir e impedir su desarrollo y acción  criminal (Castells, Reinares). Sin embargo, como afirma Gérard Chaliand), el del 11 de septiembre es un ejemplo de terrorismo clásico; a pesar de su éxito, estos actos no han creado una nueva forma de terrorismo. Para ilustrar la afirmación de Chaliand puede compararse el terrorismo de 2001 con el de experiencias pasadas. En concreto, las de hace poco más de un siglo, cuando a finales de la centuria del Diecinueve los atentados terroristas hicieron temblar a la opinión pública europea y americana.

1. También en los años noventa del siglo XIX, además de magnicidios, las bombas de los anarquistas provocaron muchas víctimas en auditorios de música, procesiones católicas, parlamentos, suburbanos, desfiles patrióticos, la Bolsa, etc., y los atentados fueron interpretados como una guerra total (Rafael Nuñez Florencio). Tuvieron una verdadera dimensión internacional al producirse en EEUU, Francia, Rusia, Gran Bretaña, Alemania, Portugal, España e Italia. Si los terroristas de 2001 realizan sus acciones en países ajenos a sus lugares de origen, los atentados a finales del siglo XIX, los perpetraron italianos, franceses e italianos en España, o, polacos y rusos en los Estados Unidos.

2.Las interpretaciones sobre las "causas" del terrorismo actual se refieren al enfrentamiento entre dos mundos -el Islam y Occidente-, o, de forma más concreta, al conflicto palestino-israelí, la prepotencia estadounidense, la pobreza o la frustración modernizadora de ciertos países musulmanes, víctimas de la globalización. A finales del siglo XIX, se interpretó el terrorismo de manera parecida, producto de la colisión entre la burguesía y el proletariado, que empobrecía a la mayoría de la población en virtud del desarrollo del capitalismo. Los terroristas ácratas afirmaban responder a la violencia capitalista cotidiana y los islamistas radicales a la ofensa que supone la existencia de Israel. Mientras Bin Laden actúa en nombre de la umma, los anarquistas, en nombre de la clase, identidades ambas de alcance internacional.

3. Se insiste en estos días en que las redes terroristas son internacionales, fijándose, sobre todo, en el distinto origen de los terroristas. Pero, en realidad, casi todos ellos pertenecen a una red regional configurada a partir de las sucesivas guerras en Afganistán entre 1979 y 1996. Los integrantes de las redes islamistas radicales son veteranos de esas guerras, prolongando su intervención tanto en las guerras de Bosnia y Chechenia contra serbios y rusos, como en los atentados contra EEUU. Los terroristas de finales del siglo XIX se encontraban integrados, igualmente, en redes locales, los grupos de afinidad.

4. Se consideran nuevos los propios atentados, sobre todo por los medios utilizados y por la matanza indiscriminada de civiles inocentes. Pero recordemos que, a finales del siglo XIX, también era nueva la dinamita usada para provocar un sinnúmero de víctimas en espacios públicos, como en la barcelonesa calle Cambios Nuevos en 1896, o en la parisina Gare de St. Lazare en 1894.

5. El nuevo terrorista es un fanático hasta el suicidio. Los ataques suicidas, sin embargo, tienen una larga tradición. Lo mismo que los suicidas pueden decir ahora que "la muerte por la gloria de Alá es nuestra mayor ambición", hace un siglo el terrorista "buscaba su propia muerte..." (Núñez Florencio). Y tanto entonces como ahora, los suicidas son considerados mártires por sus correligionarios. Además, todos ellos están rodeados de un fanatismo, animados de profundas creencias: el anarcocomunismo e individualismo y la fe en la propaganda por el hecho en un caso, y el wahabismo y la yihad, en otro.

6. La demostración de la vulnerabilidad del enemigo ha sido apreciado también como un rasgo novedoso del terrorismo actual. Pero esa ha sido en numerosas ocasiones la función del terrorismo de siempre. Junto con ese objetivo, el terrorismo de ahora y de ayer ha pretendido demostrar y obtener poder ante adversarios de fuera -burguesía, Estado, EEUU, Israel-, adversarios de dentro -toda la clase obrera que no es anarquista, todos los musulmanes que no son wahabíes deobandistas-, y provocar la adhesión entusiasta y la movilización de sus seguidores. Además, los atentados han servido para llamar la atención sobre los conflictos existentes y han tenido un gran efecto simbólico al señalar gráficamente los fundamentos del adversario.

7. Un sentimiento de tensión se ha apoderado de Occidente (Anthony Giddens). Pero se pueden leer apreciaciones similares sobre las reacciones ante el terrorismo de hace poco más de un siglo: "amenaza global" u "obsesión" sobre la internacionalización del fenómeno (Eduardo González Calleja), psicosis de pánico en París, "verdadero terror en Barcelona"... En el capítulo de respuestas y medidas antiterroristas nada es comparable a las represalias de EEUU sobre Afganistán, pero en los comentarios periodísticos se ha insistido en la necesidad de coordinación internacional de las medidas, algo que también sucedió desde 1891 en Europa y América. The Times publicó en 1894: "contra un peligro internacional, es necesaria una entente internacional". A o más que se llegó entonces fue a coordinar los servicios de inteligencia de diferentes países y la ayuda mutua entre policías.

Muchos analistas consideran nuevo y global al terrorismo presente porque se inscribe en la llamada sociedad red o globalización, caracterizada por la interdependencia a escala planetaria de las relaciones sociales. Una realidad, se dice, diferente a la que existía en el mundo de la guerra fría. Pero hay que tener en cuenta que en el pasado también se produjeron procesos de internacionalización similares. Eric Hobsbawm lo explica al señalar que "el acontecimiento más importante en el siglo XIX es la creación de una economía global, que penetró de forma progresiva en los rincones más remotos del mundo, con un tejido más denso de transacciones económicas, comunicaciones y movimiento de productos, dinero y seres humanos que vinculaba a los países desarrollados entre sí y con el mundo  subdesarrollado". Hacia finales del siglo XIX, Europa era el centro de una interdependencia mundial, asistiendo a una oleada de terrorismo anarquista de carácter internacional, con características parecidas a las del terrorismo de 2001. Con magnicidios y matanza de civiles inocentes en muchos países, con la nueva dinamita a su disposición, una red muy extensa de grupos locales lograron amedrentar a una buena parte de la sociedad europea y americana.