Queridos amigos Israel Sanmartín y Carlos Barros
Como ya me lo ha reprochado -cariñosamente- el amigo Barros, no he participado hasta hoy en estos foros de debate; las razones son múltiples (desde personales hasta algunos cuestionamientos hacia este "universo electrónico" como plano de debates), pero en realidad no vienen a cuento.
En este punto voy a intervenir brevemente. El tema me parece particularmente interesante, al punto tal que, durante el segundo Congreso Historia a Debate presentamos, José Javier Ruiz Ibáñez y quien suscribe, un trabajo en la mesa de "historia global" Vayan entonces algunas consideraciones.
1.- como señalara al comienzo de la intervención en el Congreso, me llamó poderosamente la atención que fuera la mesa con MENOR CANTIDAD de contribuciones y, por otra parte, LA ÚNICA mesa de todo el congreso que contaba solamente con UNA intervención en español. En ese momento, subrayé al comienzo de mi parte en la intervención este fenómeno, llamando a esta situación "...las condiciones de exposición..." de nuestro trabajo; situación que evidentemente supera la estrechez de esa coyuntura puntual y anecdótica y que da cuentas, sencillamente, del patente desinterés que ostenta este tema sobre todo entre historiadores hispanófonos. El síntoma parece hablar de algo más que un simple desinterés: ¿es que sabemos realmente de qué estamos hablando cuando decimos, por ejemplo, "historia global"? Mal podemos interesarnos por algo no sabiendo de qué se trata. En este sentido, y si se logra comenzar por este punto, este debate será muy saludable.
2.- las preguntas que "arriman" Barros y Sanmartín, para comenzar el debate, son -como siempre- muy orientadoras. Sin embargo, creo que la primera de las tareas es clarificar un poco hacia dónde va a orientarse el debate, puesto que, alguno de los supuestos, restringen o ensanchan la discusión, posibilitando creo, demasiadas zonas grises.
Voy a tomar por ejemplo solamente dos de ellos: ¿hablar de historia mundial es sinónimo de historia global? Hasta hoy no me ha parecido que esto fuera así. Vale decir: si hablamos de "sistema mundial", es evidente que ya estamos recortando y orientando fuertemente el tipo de objeto -cronológica e historiográficamente incluso- que parece ser global en tanto objeto mismo ¿pero qué sucede con el tipo de abordaje de "historia global" aplicable a "objetos pequeños"?
El de la comparatividad es otro supuesto que no puede ser ni parecer exclusivo de estas "historia mundial / global": de hecho, la ponencia de Elliot en el I Congreso planteaba varias cuestiones con gran claridad y existe una fuerte tradición que ha dado ya la vuelta al mundo, llamada historia comparativa.
La propuesta de los coordinadores está más clara en este párrafo "Su novedad reside en la propuesta firme de un ámbito global para los estudios históricos que supera y contextualiza las tradicionales historias locales y nacionales, impulsando de este modo las historias continentales, subcontinentales, intercontinentales."
No obstante, y atento además a la pertinencia de las preguntas que se proponen tras la bibliografía, creo que es urgente, previo incluso a la realización del debate, un marco de referencias más acotado aún. El hecho de que la globalización sea un objeto, no necesariamente implicará que quienes la aborden lo hagan desde la perspectiva de "historia global": bien por el contrario, las tradiciones neoliberales (desde su aspecto más ideológico cotidiano hasta los profesionales de la historia) muestran solamente la parte conveniente, a partir de un enfoque sesgado que bien se riñe con el enfoque global.
Me formulo otro tipo de preguntas: ¿son todos los trabajos microhistóricos de "pequeño" alcance por abordar objetos pequeños? ¿no es un error confundir la escala del objeto con la medida, y error más grueso aún confundir la escala del enfoque con la misma medida -ya confundida en la escala anterior- del objeto?
Sigo pensando que, para quienes hacemos por ejemplo historia moderna o como se dice habitualmente, de sociedades de antiguo régimen, varias de las metodologías y enfoques más o menos dominante durante los 1980s y 1990s. han servido -y aún sirven- como "puertas de entrada", para llevar a buen término una apreciación de la "sociedad". Creo que mientras tengamos en el horizonte el deseo de explicación -¿no es esa nuestra tarea, al fin y al cabo, se trate de la sociedad de que se trate?- y la perspectiva apunte no hacia el aislamiento de los niveles de análisis sino hacia su encabalgamiento, sus múltiples conexiones, sus zonas de conflicto, de contradicciones y de coincidencias, estamos apuntando a hacer una historia global. Lo más pertinente parece cargar las tintas sobre los aspectos relacionales y, en ese sentido, me siento más cómodo partiendo de los actores (que generan) para arribar a porciones o aspectos de sistemas.
Me sumo animosamente a la idea de que NO HAY historiografías nacionales Sí habrá, y esto está muy claro, condiciones locales -muy particulares- de producción (sobre todo en lo relativo a cuestiones de financiación, tiempo de dedicación medio de los investigadores a su actividad y de accesibilidad en general a la producción de otros colegas, de archivos, etc.). Lo que me parece no resulta, finalmente, en un eje vertebrador de un "tipo" de historiografía que es evidente, desde hace años, no puede definirse por la "nacionalidad" del investigador. Las generaciones y las tradiciones más encarnizadamente opuestas han surgido, generalmente, dentro de las fronteras político administrativas de lo que denominamos un país. Más aún ¿no hay blanco y negro dentro de cada microcosmos académico?
Por último, el arte nos ha mostrado suficiente y convincentemente (sobre todo el cine, y la lista de films podría ser interminable) que para ser universal (dígase, para realizar un estudio "global" que aporte a la comprensión de la historia del hombre y sus sociedades en este mundo) pintar la aldea no es el peor de los recursos. Creo que centrar la antinomia en Global/particular es volver a caer en el error de la consideración de la escala como el alfa y el omega del asunto.
Adelante entonces y espero aprender bastante de las colaboraciones de los colegas y las colegas que escriben habitualmente. Felicitaciones por el trabajo y un fuerte abrazo para mis amigos compostelanos.
Darío Barriera
Prohistoria director
Rosario, Argentina.