Os envío mi reflexión sobre la historia inmediata que nos toca vivir a los
no cacionalistas en el País Vasco. Reflexión que, en buena medida, espero,
pueda ser compartida por muchos nacionalistas, o en cualquier caso suscitar un
sano debate de ideas, y no de descalificaciones o de muerte, a lo que
desgraciadamente ha quedado ligado el nacionalismo vasco y de lo que debe,
inmediatamente, salir.
Ante el último atentado terrorista en el País Vasco
El mensaje enviado por Pedro Barruso, abre una nueva línea de debate democrático
en estas páginas. Efectivamente, tiene razón cuando afirma que el nacionalismo
"moderado", de alguna manera ha dado cobertura a los violentos. El
nacionalismo "moderado" decidió romper las formas básicas de
consenso que unían a una mayoría de más del 85 % de las expresiones democráticas
de los vascos. Para integrar a menos del 15 %, rompe el consenso básico, que más
allá de Estatutos o Pactos concretos, que lo manifiestan, supone el
reconocimiento de la pluralidad vasca.
Sólo desde la idea de que existe una comunidad nacionalista, (ellos los
abertzales "patriota"- concepto que automáticamente excluye la
posibilidad de ser patriotas, es decir vascos dignos, de primera, al resto de
los vascos), puede entenderse el giro soberanista. Esta comunidad nacionalista
está por encima de la concepción "sociedad plural vasca" que es la
que debe primar en cualquier consideración en el País Vasco, como se comprueba
elección tras elección. Al apostar por la comunión nacionalista, y por la
"insatisfacción"respecto del marco jurídico político, se ha dado
objetivamente cobertura política al nacionalismo violento. Las vías
consensuadas durante años se rompen y se camina hacia el abismo en el que nos
sumimos hoy.
Porque, ellos saben bien que es muy difícil reducir lo plural a lo singular,
una Euskal Herria, que nunca existió como comunidad política y que trata de
integrar a territorios y sociedades con expresiones plurales, muchas de ellas
marcadamente diferentes de las marcadas por los nacionalistas, si se hace en
connivencia con quienes no condenan sino que, por el contrario alientan la
violencia, equipara a unos y a otros en la complicidad de la imposición de la
no democracia, sera una Eusko democracia, pero no una democracia pluralista,
como la que quieren la mayoría plural de los vascos.
Lizarra, al reconocer la necesidad de la integridad territorial por ejemplo, está
implícitamente señalando un proceso de imposición violenta, abierta o
soterrada, puesto que es de sobra conocido que hay territorios y partes
sustanciales de esta sociedad en todos esos territorios, que no desean esa
solución al problema vasco. Y que no nos hablen de alternativas, cuando se mata
a los portavoces de las mismas. La alternativa es la desaparición de la banda
armada ETA y, para ello, los nacionalistas moderados deben rectificar su política
de los últimos dos años y volver a buscar consensos básicos desde el
RECONOCIMIENTO DE LA PLURALIDAD DE LA SOCIEDAD VASCA. Ese es el método.
La VIOLENCIA explícita del terrorismo, brutal, no nos oculta otros tipos de
violencia que vienen sufriendo los no nacionalistas.
La exclusión de lo no nacionalista, de la lengua y la cultura españolas de los
nomenclátores, los eufemismos impuestos de no poderse pronunciar la palabra
España, sino Estado Español, la necesidad de adoptar símbolos nacionalistas,
los perfiles lingüísticos que no contemplan la realidad sociolingüística ni
las necesidades funcionales reales, etc. Son manifestaciones formales de este
tipo de violencia que no hemos sabido atajar. La uniformidad bajo una lengua (el
euskera) y una religión (la comunidad abertzale), despreciando y marginando la
riqueza plural de la sociedad y la cultura , ¿por qué no decirlo? (menuda
preguntita), muy ligada al castellano y a lo español, lengua abrumadoramente
mayoritaria de expresión de los ciudadanos vascos, están en la base de muchos
de los problemas. Por eso las soluciones deben de partir del reconocimiento de
esa pluralidad. Solamente ese hecho daría a los nacionalistas moderados carta
de naturaleza democrática hoy lamentablemente en entredicho. Ese reconocimiento
tiene unos contenidos claros en la acción política.
El paso dado por Ibarretxe de ruptura del pacto de legislatura o gobernabilidad era lo mínimo que se debía hacer, aunque tarde. El pacto de Lizarra y la asociación de municipios de mayoría nacionalista Udalbiltza, se hicieron desde la perspectiva de integrar al 15 % de hijos pródigos de "la comunidad nacionalista" a cambio de romper los consensos básicos con los demás sectores de la sociedad plural. Por esos los siguientes pasos deben ir a que estas instituciones sean desarticuladas, así como los pactos en las diputaciones de Vizcaya y Guipúzcoa y en 40 ayuntamientos donde el PNV y EA gobiernan con quienes pasan de la no condena, al aliento fascista de los atentados y las agresiones.
Por último, decir que la falta de libertad, el miedo es compañero
inevitable en la redacción de estas líneas. No se puede construir nada, con
miedo y con imposición. Hoy el grito unánime de las necesarias movilizaciones
sigue siendo: BASTA YA-ETA NO-ASKATASUNA-LIBERTAD
Gabriel Zurbano
En Guipúzcoa, 24 de febrero de 2000
josegabriel@euskalnet.net