Quisiera hacer una modesta participación a este debate desde el punto de vista de la literatura. Creo que hay algunos puntos que no se han tenido en cuenta en los mails que he leído. El primero se refiere a las competencias de los lectores en cuanto a la discriminación entre un género ficcional (la novela, en este caso) y uno científico (como podría ser el tratado o el ensayo). Al respecto considero que se los ha subestimado un poco . Las teorías que se manejan actualmente sobre la lectura plantean, entre otras cosas, un pacto implícito entre el lector y el autor respecto a cómo considerar lo que se va a leer. Sólo un lector inexperto , muy inexperto, confundiría la novela con la investigación histórica, y esos lectores no acceden generalmente a ninguna de las dos modalidades textuales. Por otra parte, la diferencia entre ambos tipos textuales tiene que ver con la referencia, en un caso con pretensión de verdad, como algo acontecido (la historia) y en el otro, sin esta pretensión y como una mirada nueva sobre "lo real" ( la literatura). Al mismo tiempo, comparten el cómo: tanto la literatura como la historia "narran", construyen o reconstruyen un mundo por medio del relato. Más allá de las obras de nulo valor literario y/o histórico, considero que las dos disciplinas pueden enriquecerse mutuamente, como lo han hecho a lo largo del tiempo, y que entre la tarea del escritor y la del historiador hay muchos puntos en común. ¿O acaso el historiador no utiliza su imaginación para reconstruir una época a partir de los datos, sin por ello faltar a la verdad? Y hablando de "la verdad",se me ocurre en este momento, ¿el éxito comercial de la novela histórica no tendrá que ver, entre otras cosas, con que algunos historiadores rompieron el pacto de lectura con sus receptores acomodando los datos a intereses espurios? Planteo esto como un interrogante, sin ánimo de ofender a nadie.
Laura Di Marzo
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