Los historiadores están necesitados hoy -tiempo de incertidumbre, tiempo de cambio expresado en múltiples fracturas- más que nunca, de foros abiertos en los que prime la discusión, y el debate, en los que la montaña de dudas, que se alza en el camino de la tarea docente e investigadora cotidiana, encuentre un resquicio de luz. Más que nunca, la comunidad internacional de Historiadores ha expresado -siendo este Congreso el vehículo- su voluntad de ahormar la ciencia historiográfica en propuestas teóricas. Es aquí donde el conocimiento mutuo entre las diferentes escuelas y disciplinas de la Historia, así como el conocimiento y aprendizaje de los lenguajes y métodos del otro, han puesto de manifiesto el punto de inflexión en el que se encuentra la disciplina histórica. Junto al momento de transformación, y de desconcierto, se insinúan la creciente fragmentación y la imparable interdisciplinariedad, de las que este Congreso ha sido también testigo e instrumento, a lo largo de sesiones de desarrollo en ocasiones imprevisible, desde el esfuerzo de los moderadores de las mesas por poner en orden los pedazos de los discursos imprevistos y de las intervenciones no calculadas. Pero esto es en definitiva lo que debe esperarse de un Congreso útil: un espacio vivo en el que la articulación -la organización- resulte escueta pero estructural, y proporcione los márgenes de seguridad que cualquier mirada valiente al vacío exige. Un espacio cómodo para la vacilación, la corrección de la ruta errada y finalmente, en el mejor de los casos tan solo, para el descubrimiento de los síntomas que expresan la naturaleza de esta enfermedad llamada cambio. Hemos oído de algunos asistentes escépticos la opinión de que este tipo de reuniones, macrocongresos señalan, produce escasos beneficios en relación con las energías que gastan. A quienes así opinan, oponiendo el modelo de pequeña reunión científica de expertos en el que se avanza más -dicen- acerca de temas puntuales de nuestra propia disciplina histórica, cabe decirles que también. Que ambas perspectivas son necesarias y complementarias. Pero sobre todo, que un gran Congreso exige de una dosis de generosidad y de humildad por parte del que a él acude que se ve recompensada con el aprendizaje y el descubrimiento de cosas insospechadas, las de la alteridad, sin ir más lejos.
Los asistentes al Congreso hemos podido comprobar que HAD se convertía en un foro en el que todo y todos cabríamos. Esto ha hecho que nos sintiéramos muy cómodos, en un clima de cordialidad casi festiva. En los tiempos que corren, en que las personas son escuchadas en función del rótulo que indica su grupo de pertenencia, no deja de ser esta singularidad, que algunos tal vez gusten de criticar, una muestra más de valentía y originalidad, una apuesta por el trabajo de las personas antes que por la arrogancia de lo que de las mismas se dice. Creo sinceramente que todos y cada uno de los profesionales de las Humanidades que acudieron a HAD, teniendo algo que comunicar, se han sentido razonablemente escuchados y lo que es más importante respetados en su labor profesional. Estudiantes de la Historia, profesores en formación y profesores experimentados con una amplia y reconocida trayectoria profesional, cada cual ha ofrecido lo mejor de su trabajo y ha puesto sobre la mesa el cúmulo de dudas y de inquietudes que le asaltaban. Mención hecha de alguna excepción, no por excepción menos ilustradora -siempre hay quien cifra el respeto que merece su persona y obra en su disposición a demostrar de lo irritado que es capaz de estar contra quienes están en el trance de aprender el oficio- en las mesas ha reinado la tolerancia, el sentido común y hasta la ironía elegante de la que esta profesión está ciertamente necesitada. Pero, no hablo de un tipo de tolerancia complaciente, fruto de la indiferencia ante el interlocutor, sino de una tolerancia activa que se sustenta en la asunción del principio de que el otro también puede tener razón. En HAD se ha exhibido el tipo de tolerancia que sabe escuchar y discrepar.
MONTSERRAT HUGUET.
Universidad Carlos III de Madrid
huguet@hum.uc3m.es
(extracto de la reseña del II Congreso a publicar en la revista Historia Contemporánea)