10 - 12 - 1999
Date: Fri, 10 Dec 1999 11:33:20 -0600
To: (Lista de destinatarios suprimida)
Subject: HaD. Qué hacer 7
Compañeros colegas de Historia a Debate. El cambio de cuatro cifras en el calendario, da que hablar. Desde los discursos "oficiales" se difunden augurios, esperanzas, temores, plegarias a diversos dioses, conjuros y magias, adivinos y profetas ante al inicio del 2000.
Nosotros los historiadores deberíamos aprovechar este fin de año para iniciar una labor mancomunada con el objetivo de oponer la ciencia a cada disparate. Hoy la humanidad necesita conocerse, interpretarse, saber qué pasa, cómo llegamos a esto, para saber qué conviene hacer sobre este planeta para beneficio de todos los humanos y no para pocos. Hoy se impone una mirada planetaria desde los intereses de los pueblos. ¿Por qué dejar esta mirada grande a los que sobrevuelan las naciones y los estados con sus intereses financieros transnacionales? El compromiso de los historiadores puede parecer modesto: un llamado de alerta hacia la historia que se está amasando en este presente, para ayudar a descubrir los protagonistas y los vectores de fuerza que se están moviendo en la trama compleja de intereses encontrados. Este debate por el protagonismo permitiría revertir aquello de que nada se puede hacer ante la fuerza y dominio de unos pocos, ¡tan pocos! que además se arrogan haber llegado al "fin de la historia" y se comprometen a hacerle algunos retoques que le faltarían.
Quizás al levantar la copa con el brindis de fin de año podamos sentirnos vinculados formando parte de una fraternidad de científicos al servicio de los pueblos del mundo, hermanados por la tarea gigantesca que tenemos por delante, por abrir y extender este DEBATE POR LA HISTORIA y colocarlo en el camino del HACER. Sí, sin que nos suene grandilocuente, es preferible esta mirada grande, -necesaria porque el mundo se ha ensanchado-, a la pequeña de arrinconarnos a minúsculos y triviales estudios. Es necesario que miremos al planeta como si hoy fuésemos los viajeros de un cohete espacial, tomando distancia para captar la totalidad /diversidad de tiempo y espacio y volver, para meter más y más las manos en el barro de la historia. Mientras desde el poder se apela a la magia y a la buena fortuna para alejar a los millones de disconformes que buscan qué hacer, en ese punto, en esa encrucijada de intereses, se encuentra la tarea profunda y solidaria que los historiadores y demás científicos sociales podemos asumir. Salgamos de la marginación en que nos han colocado los que nos dicen que es imposible conocer y que caducaron las teorías de lo social, mientras los grupos transnacionales usan "científicos" mercenarios. Difundamos a los cuatro vientos la consigna de que la historia la hacen los hombres y las mujeres en sus luchas y en sus encuentros; fundamentemos con ejemplos y con teoría para que los miles de millones de personas adquieran la convicción de que todos y cada uno somos dueños de este planeta y que la historia que hicimos hasta acá es todavía muy insuficiente para satisfacer las necesidades humanas. Que la historia es una construcción permanente y que no ha terminado aunque se huela el fétido aliento de un sistema social en decadencia que parecería dar razón al fin de la historia. Corrijamos falsos discursos, falacias que podemos desnudar, trampas de los mensajes masivos para adormecer, para desviar, para romper, para aislar. Sepamos distinguir las necesidades del poder financiero transnacional de las necesidades de los pueblos; pongamos nuestra ciencia al servicio de la humanidad a la que pertenecemos; ayudemos a recoger el inmenso caudal de cultura que se ha ido construyendo sobre este planeta y que es -debiera ser- riqueza de todos los humanos. Y estos pequeños y grandes descubrimientos pongámoslos en boca de todos, que recorran el mundo. Mostremos, por ejemplo, que se puede dilucidar quiénes son los actores que se esconden detrás de lo que personifican como "mercado"; que sabemos que los estados son aparatos de poder en manos de algún sector social; que los intereses de los grandes grupos financieros se dan de patadas con los intereses de la humanidad, y que si todavía las cosas son así, es porque no hemos dado en la tecla de cómo consolidar la fuerza potencial de los pueblos, cómo hacer para dar el gran viraje que la historia necesita ya. Rompamos nuestros propios prejuicios y nuestros propios miedos: llamemos a las cosas por su nombre: sabemos qué es el capitalismo y qué es el imperialismo.
En cada rincón del planeta se está haciendo la historia. La correlación de fuerzas es todavía desfavorable para los pueblos. Algunos pocos grandes grupos transnacionales definen casi todas las situaciones. Muchos de sus manejos ya han sido descubiertos pero no se ha creado todavía la fuerza capaz de contrarrestar la magnitud del dolor que producen a miles de millones de personas y la destrucción de las condiciones de vida del planeta. Sin embargo, la misma historia que generó ese monstruo tiene una contrapartida que es la fuerza en potencia de los pueblos. No está determinado que pueda la humanidad superar este trance hacia una sociedad mejor para todos. Pero tampoco está determinado lo contrario. Esta encrucijada de la historia en que una forma de organización social , el capitalismo, se ha vuelto aberrante para la humanidad, pero no se ha desarrollado todavía una forma nueva que la suplante llegando a ser hegemónica; este punto dramático de la historia de la sociedad humana, es el meollo que debemos abordar los historiadores y demás científicos sociales. No nos dejemos correr por aquella idea que pone una muralla entre la historia y la política cuando del campo popular se trata, mientras los dueños del poder usan a su servicio "científicos" creando una memoria histórica a favor de la reacción, el conservadurismo y el fascismo para facilitar sus negocios aún a sabiendas de que van contra los intereses de la humanidad. Los historiadores podemos ayudar a hacer un mundo mejor, no solo abriendo nuevos caminos de investigación, sino dando a conocer los más grandes descubrimientos que la ciencia de la historia ha hecho hasta ahora. Debiera preocuparnos que los pueblos sigan por el método de ensayo y error en épocas en que la ciencia ya ha avanzado pero es dominio de muy pocos. Los historiadores tenemos buenas razones para brindar este fin de año:
porque hemos puesto la HISTORIA A DEBATE y para que ese debate empiece a posicionarnos cada vez con más firmeza en este duro pero fascinante proceso de HACER LA HISTORIA.
¡¡SALUD POR LA HISTORIA!!
Desde Buenos Aires, Argentina, a un paso de iniciar el 2000.
Irma Antognazzi
Profesora de la cátedra Problemática Histórica de la Facultad de
Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario (Argentina)
Directora del Grupo de Trabajo HACER LA HISTORIA
E-Mail iantogna@sinectis.com.ar
Historia a Debate
E-mail: had@cesga.es
Website:<http://www.h-debate.com>
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Date: Fri, 10 Dec 1999 11:33:20 -0600
To: (Lista de destinatarios suprimida)
Subject: HuD. What to do? 7
Companions colleagues of History under Debate. The change of four numbers in the calendar, gives that to speak. From " the official " speeches auguries spread, hopes, fears, plegarias to diverse Gods, spells and magic, fortune tellers and prophets before a the beginning of the 2000.
We them historians would have to take advantage of this end year to initiate a joint work with the objective to oppose science to each silly thing. Today the humanity needs to know itself, to interpret itself, to know what happens, how we arrived at this, to know what agrees to do on this planet for benefit of all the humans and it does not stop few. Today a planetary glance prevails from the interests of the towns. Why to leave this glance great to which they fly over the nations and the states with his transnational financial interests?
The commitment of the historians can seem modest: a call of alert towards the history that is being kneaded in this present, to help to discover the protagonists and the vectors of force who are moving in the complex plot of found interests. This debate by protagonism would allow to revert that of which nothing can be made before the force and dominion of few, so few! that in addition they are arrogan to have arrived at the "aim of history " and jeopardize to do some adjustments to him that it would need. Perhaps when raising the glass with the toast of year end we pruned to feel to us tie comprising of a brotherhood of scientists to the service of the towns of the world, hermanados by the gigantic task that we have ahead, to open and to extend this DEBATE BY HISTORY and to place it in the way of DOING. Yes, without it sounds to us grandiloquent, it is preferable this glance great, - necessary because the world has been high and mighty -, to the small one to put in a corner to us to very small and trivial studies. It is necessary that we watch the planet as if today we were the travellers of a space rocket, taking distance to catch the totality / diversity of time and space and to return, to put more and plus the hands in the mud of history.
While from the power it is appealed to the magic and the good fortune to move away to the million disconformes that they look for what to do, in that point, that crossroads of interests, is the deep and shared in common task that the social historians and other scientists we can assume. Let us leave the marginalization in which those have placed us who say to us that it is impossible to know and that they expired the theories of the social thing, while the transnational groups use " mercenarios scientists ". Let us spread to four winds the slogan of which history makes the men and the women in their fights and their encounter; let us base with examples and theory so that the thousands of million people acquire the conviction of which all and each one we are owners of this planet and that the history that we did until here is still very insufficient to satisfy the human necessities. That history is a permanent construction and that has not finished although it smells the fétido breath of a social system in decay that would seem to give reason to the aim of history. Let us correct false speeches, deceits that we can undress, traps of the massive messages to induce sleep, to turn aside, to break, to isolate. Let us know to distinguish the necessities of the transnational financial power of the necessities of the towns; let us put our science to the service of the humanity to which we belong; let us help to gather the immense volume of culture that has gone away constructing on this planet and that is - it had to be wealth of all the humans. And these small and great pongámoslos discoveries in mouth of all, that cross the world. Let us show, for example, that can be explained who are the actors who hide behind which they personify like " market "; that we know that the states are apparatuses of being able into the hands of some social sector; that the interests of the great financial groups occur of kicks with the interests of the humanity, and that if still the things are thus, is because we have not given in the key of how consolidating the potential force of the towns, how to make to give the great turn that history needs already.
Let us break our own prejudices and our own fears: let us call to the things by its name: we know what is Capitalism and what it is imperialism. In each corner of the planet history is being done. The correlation of forces is still unfavorable for the towns. Some few great transnational groups define almost all the situations. Many of their handlings already have been discovered but the force able has still not been created to resist the magnitude of the pain that produce to thousands of million people and the destruction of the conditions of life of the planet.
Nevertheless, the same history that that monster generated has a counterpart that is the force in power of the towns. He is not certain that can the humanity surpass this critical moment towards a better society for all. But the opposite is not certain either. This crossroads of the history in which a form of social organization, Capitalism, has become aberrant for the humanity, but have still not been developed a new form that supplants it getting to be hegemonic; this dramatic point of the history of the human society, is the marrow that we must approach the social historians and other scientists.
We do not let ourselves run by that idea that puts a wall between history and the policy when the popular field it is, while the owners of " the scientific " power use to their service creating an historical memory in favor of the reaction, the conservadurismo and the fascismo to facilitate their businesses still knowing full well that go against the interests of the humanity. The historians we can help to do a world better, nonsingle laying new ways of investigation, but presenting the greatest discoveries than science history it has done until now. It had to worry to us that the towns follow by the method of test and error at times at which science already has advanced but it is dominion of very few.
The historians we are good right to offer this year end: because we have put HISTORY under DEBATE and so that that debate begins to position every time with more firmness in this duro but fascinating process to us TO MAKE HISTORY. HEALTH BY HISTORY!
>From Buenos Aires, Argentina, to a step to initiate the 2000.
Irma Antognazzi
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Date: Fri, 10 Dec 1999 21:41:29 -0600
To: (Lista de destinatarios suprimida)
Subject: Seminario 29/11. Respuestas II (Debate latino 13)
Estimado Eugenio:
Efectivamente no había captado el sentido de tu pregunta final. En principio debo decir que coincido plenamente contigo: en América Latina podemos diferenciar dos (en sentido general) mentalidades: la "occidental" o "europea" y la amerindia, no obstante las diferencias que, a su vez, podríamos encontrar en ellas, y que, como tú dices, entender estas mentalidades (como "programas de percepción de la realidad") es crucial para tratar de comprender no sólo los conflictos sino las producciones culturales, las repuestas frente a los acontecimientos, o las vivencias de lo cotidiano. Me viene a la memoria el libro de Todorov, creo que se titula La imagen del Otro, en el que plantea (grosso modo) que la conquista de América no fue solo un enfrentamiento entre la flecha y la pólvora sino entre distintos modos de comunicación y percepción, planteo este último que, en términos generales y aplicados a las diferencias entre sociedades orales y escrituradas, proponen también otros autores como Jack Goody, Walter Ong o Paul Zumthor.
Y ya que citas a escritores permíteme mencionar a Juan Rulfo quien, en opinión personal (y sin valorar aquí sus enormes méritos literarios), logra expresar el tipo de estructura mental y comunicacional de, por lo menos, los indígenas del centro-norte de México. Los relatos de El llano en llamas y la novela Pedro Páramo son (al margen, repito, del valor literario) verdaderos documentos etnológicos. También mencionaría, en el mismo sentido, a Manuel Scorza, para las comunidades andinas, con su ciclo de novelas sobre los levantamientos campesinos en Perú (Redoble por Rancas, Garabombo el Invisible, El Cantar de Agapito Robles, etc.), y quizás a Augusto Roa Bastos, sobre las comunidades guaraníes (y cito arbitrariamente sólo basándome en gustos personales). Y para terminar, el "sup" Marcos, mentalidad "mestiza" si cabe la expresión, una por origen e inserción social, otra por decisión y voluntad personal, a partir de la primera.
Y con esto retomo el tema de la "ciudadanía universal", con lo que quería expresar, básicamente, dos cosas: un concepto amplio de ciudadanía que, además de los derechos políticos (cuando existen o se cumplen) incluya los sociales y económicos, comenzando por el respeto irrestricto a los derechos humanos elementales (contra los que no caben argumentos basados en supuestas razones culturales, históricas o confesionales) y, en segundo lugar, las "identidades múltiples", como concepto que se opone a las "identidades nacionales excluyentes" o aún a "identidades culturales excluyentes", conceptos éstos que, a su vez, no tienen que ver con el amor espontáneo a la tierra de los padres, o al lugar en que se nació, o a la "cultura materna", sino que son producto, en las sociedades "modernas", de la intervención sesgada del poder político que produce una cultura de base xenófoba.
Por "ciudadanía universal" no entiendo tampoco la homogeneización, la disolución en una "media standard", al modo de la presente expansión neoliberal, sino el respeto a la diversidad, a la pluralidad, a lo diferente, única probabilidad de supervivencia y crecimiento. También entiendo que la propia identidad no tiene porqué ser unilateral: podemos ser varias cosas al mismo tiempo: aymaras y occidentales, "sudacas" y europeos, calabreses y argentinos, irlandeses y yankees, bereberes cosmopolitas, ciudadanos, en definitiva, de aquél planeta "azul pálido".
Un saludo muy cordial Miguel Somoza
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Estimado Luis:
La historia de la educación parece haber seguido un curso algo diferente que el seguido por la disciplina "historia" en sentido tradicional: mientras la historia tradicional o "política" estuvo durante mucho tiempo vacía de teorización y volcada hacia los "acontecimientos" particulares, la historia de la educación, debido a su origen en las facultades de filosofía, luego a su inserción en las de pedagogía e, incluso, a la impronta que dejó en ella Durkheim ligándola a la sociología, contó desde el principio con un aparato teórico del que careció la primera (a nivel académico) hasta, prácticamente, la llegada de la escuela de Annales. Pero ambas formaron parte de los objetivos y de la división del trabajo propugnados por el positivismo; y si la historia de la educación estuvo sumida durante años, como tú dices, en una visión clerical y confesional debido al intento de legitimar el papel formador y de orientación moral de la Iglesia, la historia general estuvo y aún está terriblemente lastrada por la función que le fue asignada por los Estados Nacionales de principal disciplina escolar configuradora de conciencias, a través de la difusión e inculcación de un pasado mítico, sesgado o, directamente, inventado.
Estoy totalmente de acuerdo contigo que los fenómenos educativos sólo pueden comprenderse relacionados con la sociedad, política, economía, etc., pero no me parece que sea, principalmente, un problema del tipo de profesionales que se ocupan de la discplina, aunque la formación de grado y su vinculación a ciertas tradiciones institucionales, es obvio, influye, y mucho. En definitiva, tener título de historiador en vez que de pedagogo, o sociólogo o filósofo o antropólogo, no es garantía de gran cosa, en un campo que, como el de la educación (o, en otros términos, el campo de la "producción-reproducción social"), exige una colaboración inter-multi-disciplinar real, no sólo declamada.
Y dejo plena constancia que mi título profesional es de historiador.
Coincido sí contigo en que los historiadores y la historiografía, con su conjunto de técnicas y procedimientos, tienen algo importante que decir y hacer en la "historia" de la educación, así como los pedagogos tendrán mucho que decir del papel desempeñado por la disciplina "historia" (y por algunos historiadores) en los curricula institucionales y obligatorios.
Un saludo muy cordial Miguel Somoza.
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Estimado Rafael:
Primero, gracias por tus comentarios. Después, decirte que no he leído el libro de José Antonio Marina, pero lo leeré. Finalmente, que el mérito (uno de los "méritos", por así decir) de la Modernidad fue transformar el concepto de poder (la actuación del poder) desde la pura negatividad, represión, prohibición y exterioridad, hasta la "positividad", interioridad, prevención y formación, convenientemente combinadas con las anteriores, Foucault dixit. La "posmodernidad" parece orientarse hacia una supuesta tolerancia general, cimentada en realidad en una dinámica de aceptación-integración-recompensa versus crítica-exclusión-ostracismo. Es decir, reforzando notoriamente la recompensa ante la integración, y disimulando el seguro castigo ante la crítica; en otras palabras, "comprando" más que prohibiendo o reprimiendo.
Yo tampoco sé bien cómo conciliar lo "universal-plural", pero las formas mentales de "dicotomía excluyente" (o esto o lo otro), o el juego "premiar-castigar" (el policía bueno y el policía malo, pedagogía jesuítica y pedagogía rousseauniana) para inducir sumisión, acatamiento y lealtades pre-racionales, seguro que no son el camino.
Un saludo muy cordial. Miguel Somoza
Historia a Debate
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