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(11/04/00)
HaD. Colonización y perdón
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(11//04/00)
Estimad@s contertuli@s y lister@s, la cuestión vasca europea nos ha llevado a
la indígena americana y ésta al asunto de las responsabilidades históricas
que merece a mi entender tratamiento de por sí. Comienzo por despejar el
planteamiento que me parece extraviado. No se trata en ningún caso de que l@s
hij@s y descendientes más remot@s puedan considerarse responsables de
genocidios cometidos por sus ancestros, como fuera ciertamente el caso de la
invasión europea de Abya Yala o América. Un principio sano del
constitucionalismo es el de la negación categórica de cualquier tipo de sucesión
en la resposabilidad criminal, lo que no estaría mal que aplicásemos también
a nuestrios juicios históricos. No creo que importe por lo tanto que l@s
descendientes de quienes cometieron genocidio estén hoy por América o por
Europa. En términos individuales, tod@s somos inocentes de aquello. Pero esto
no liquida el asunto. La responsabilidad puede ser otra y ésta además actual.
No sólo hay sucesión individual y familiar, sino también cultural y política.
Ahí entramos nosotr@s, l@s europe@s, y en primera línea, l@s de España y
Portugal, l@s de unas entidades políticas que no existen más arriba del siglo
XIX, pero que como tales fueron sucesoras en lo político y en lo cultural de
unas Monarquías y de una Iglesia promotoras del genocidio. Unos Estados heredan
responsabilidades y así también, como sus ciudadan@s, lo hacen unas gentes,
nosotr@s. Sentado el principio, la respuesta no está dada, sino que surgen las
preguntas.
Primero pregunta, ¿responsabilidades con quienes? No desde luego con
los hermanos y cómplices, como diría el poeta, con quienes pasaron a
improvisar Estados por América excluyendo a la humanidad indígena, sino con ésta
preciamente, con quienes fuera víctimas del colonialismo europero y lo serán
ahora del criollismo americano.
Segunda pregunta, ¿responsabilidad, cómo? Aquí entra lo del perdón.
Pero una cosa es pedirlo y otra merecerlo, pues por medio anda todavía la
inconsecuencia. ¿Qué sentido tiene manifestación alguna sin secuela
ninguna? Un daño como el de aquel genocidio no puede desde luego repararse,
pero esto no quiere decir que no quepa hacer nada, sobre todo porque existen
pueblos que descienden de los invadidos y masacrados. No tod@s somos mestiz@s.
Por América hay entre treinta y cuarenta millones de indígenas, de gentes con
este sentidos de la identidad porque conservan lenguas y culturas anteriores a
la invasión europea. Son ell@s con respecto a quienes ha de plantearse la
responsabilidad de España y Portugal por el colonialismo pretérito, de los
Estados americanos por el presente y de la Iglesia católica por ambos, pero
¿cómo?
Hay medios. Hoy por ejemplo, desde 1989, existe un convenio de la Organización
Internacional del Trabajo sobre pueblos indígenas que, dadas sus limitaciones,
no levanta entre ellos precisamente entusiasmo, pero que se está convirtiendo
en un primer paso para el reconocimiento comprometido de la responsabilidad
pendiente. Como guía para una ayuda exterior que comience por respetar y dar
voz a los pueblos indígenas dejando de considerarles como apéndices de los
Estados en cuyas fronteras se encuentran, tiene sentido la adopción de dicho
convenio por parte europea. Y así lo han hecho algunos Estados proponiendo además
que la misma Unión Europea se comprometa. España y Portugal se niegan. La
Iglesia católica ni se lo plantea. Y no es otra la actitud que muestran ante el
proyecto pendiente en Naciones Unidas de una declaración de derechos de los
pueblos indígenas ante el que éstos están manifestando satisfacción y apoyo.
España y Portugal cierran filas con los Estados americanos que se resisten.
Pretenden incluso que otra cosa, una política independiente de sus herederos
coloniales por América, sería una forma de neocolonialismo. Se contentan con
contribuir mezquinamente a un fondo de desarrollo indígena que no cuenta con
otra interlocución que la de los mismos Estados, en el plan así todavía
caritativo que ahora se dice solidario.
He ahí toda una política que para España se definió y organizó en tiempos
del gobierno socialista cobrando sobre todo cuerpo con la inconsciente celebración
del 92. No creo que esté de más recordarlo porque representa exactamente lo
contrario de lo que estoy argumentando. La cuestión es de conciencia en su
doble sentido de reparar como darse cuenta y reparación como hacer justicia. El
perdón no está fuera de lugar, pero por sí solo es una broma sangrante. Salvo
mejor opinión. Saludos a tod@s.
Bartolomé Clavero
Facultad de Derecho
Universidad de Sevilla
E-41004, Sevilla, España
Tf y Fax: 34 95 455 1304
clavero@fder.us.es
Historia a Debate
E-mailhad@cesga.es
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