Mensajes enviados
(20/05/00)
HaD. Colonización y
perdón 36
(20/05/00)
Habiendo dado una conferencia directamente inspirada por el
debate que nos traemos, circulo un telegrama o resumen, con mi agradecimiento
renovado para quienes nos ofrecen la comunicación de este invento y mis saludos
siempore cordiales a tod@s. He aquí la exposición en dicha forma telegráfica
para no abusar de espacio:
De un acontecimiento histórico concreto al trato historiográfico y de aquí a
unas cuestiones.
1. ACONTECIMIENTO HISTÓRICO: a partir de 1609, en el Seiscientos, el siglo
XVII, expulsión casi completa por la Monarquía dicha entonces católica, la
española, de la población morisca, la de procedencia islámica que
generalmente mantenía costumbres y lengua aún siendo ya cristiana.
* Limpieza étnica de entre un 5 y un 8 % de la población peninsular, entre
trescientos mil y medio millón de personas, así diseminadas, las menos, por
Francia e Italia y, las más, por el mediterráneo musulmán, desde Estambul
hasta el Magreb, hasta Marruecos pasándose por Argelia y, sobre todo, Túnez.
* Expulsión total salvo un trío de personas mayores en los "pueblos de
moros" para transmitir las artes de la agricultura a repobladores
cristianos, y salvo también no sé sabe cuantos niños para que no perdiesen el
cristianismo.
* Con los bienes muebles que pudieran transportar personalmente, expoliándose
todo el grueso, como las tierras, para indemnización a los señores de los
lugares por la pérdida de vasallos. Y con fuertes penas para todos los vecinos
donde se descubriera ocultación y destrucción de bienes.
2. TRATAMIENTO HISTORIOGRÁFICO: el asunto de la presencia musulmana y luego
morisca no por sí mismo, sino por su significación y alcance para una historia
española. Piedra de toque fue el gran debate del exilio entre Américo Castro y
Claudio Sánchez Albornoz sobre la esencia histórica de España.
* A. Castro, "España en su historia: Cristianos, moros y judíos"
(1948), luego "La realidad histórica de España" (1954). La clave es
la tríada o trinidad, no de dioses, sino de cristianos, moros y judíos como
elementos formativos del carácter español.
* C. Sánchez Albornoz, "España un enigma histórico" (1956). El
enigma es certeza: de la España latina y cristiana, prejudía y premora,
resultando éstos, el hebreo y el islámico, unos factores de envilecimiento y
degradación de la nación española. Expulsión entonces providencial.
* Fuerte contraste de posiciones contrapuestas, pero algo en común que ahora
importa más: lo español como espacio y medida de una historia con
supeditación e incluso desprecio del resto. Los mismos elementos judío y
morisco, si interesan tras las expulsiones, es por el grado en que mantienen
características y usos españoles, con la lengua (mayor atención consiguiente
a los sefardíes, judíos hispanos, puesto que la tuvieron y en parte
mantienen).
* Resultado de doble expulsión, la del pasado y, lo que es peor, la del
presente, doble a su vez también ésta, en la representación historiográfica
o también social y en la realidad respecto a la población afectada que guarda
memoria.
Síndrome de extrañeza y extrañamiento no sólo español. Otro ejemplo
significado de por entonces: Fernand Braudel, "El Mediterráneo y el mundo
mediterráneo en la época de Felipe II" (1949-1966), con atención
creciente a la cuestión morisca por su importancia histórica no sólo en
efecto española y por asimilación anacrónica con el fiasco rotundo de la
Argelia francesa.
* Tercio de F. Braudel: "No se trata de saber si España lo hizo bien o mal
[si tiene razón Sánchez Albornoz o Castro],... sino de saber por qué lo
hizo... Porque el morisco permaneció absolutamente inasimilable". ¿Imputación
a la víctima? Más bien, en su visión, a nadie: choque que entiende inevitable
entre religiones o, como las conceptúa, civilizaciones. Choque imputable
entonces a la época.
* ¿Imputable entonces a todos? ¿Todas las religiones eran tan intransigentes y
así incompatibles? ¿Lo eran incluso todos los cristianismos? ¿Y no
constituyen los mismos moriscos, cristianos de costumbres islámicas, prueba de
otra cosa, de que las grandes religiones no lo son todo o que no son tan
cerradas por mucho que alguna, como la católica, lo intentase? ¿Hubo algo por
entonces equiparable a aquella expulsión en áreas musulmanas, alguna cosa
siquiera parecida por el imperio otomano?
* F. Braudel mira a Turquía como "mundo mediterráneo", pero con
atención desigual y desvaída que no dota de entidad a la presencia musulmana.
La época es para él "de Felipe II" y la medida del tiempo la era
cristiana. Yo mismo he empezado hablando de Seiscientos y siglo XVII.
* Amago ligerísimo de giro en algún momento posterior (1977, prólogo a
"Moriscos y cristianos" de Louis Cardaillac): religiones,
civilizaciones... o culturas, término éste menos global y mucho menos cerrado,
más dúctil, múltiple e intercomunicable. En todo caso y en el significativo
de Braudel: encierro en la propia cultura muy poco consciente pese a las mismas
pretensiones en contrario. La clausura se apuntala con la misma categoría de
las civilizaciones, que nunca abandonó.
Por aquellos años de AC, SA, FB,... por los cincuenta y los sesenta, para
encontrar otra posición en la historiografía europea, una más sensible, hay
que ir a sectores menos profesionalmente historiográficos, así a la
"Historia del antisemitismo" de Leon Poliakov, cuyo segundo volumen,
"De Mahoma a los marranos" (1961), no deja de ocuparse de los
moriscos.
3. UNAS CUESTIONES. ¿Qué historiografía y cómo?, pero también, ¿qué
derecho y cómo? Existen, ante la historia, ambas cuestiones, no sólo ¿por
qué se hizo?", sino también, pese a Braudel y a tantos, "si se hizo
bien o mal", y no exactamente en el caso por España. Veamos.
* Una historia entre culturas mejor que entre civilizaciones, historia de
reconocimiento y comunicación interculturales, lo cual resulta imposible para
una historiografía que comienza por retroproyectar, como naciones, Estados
(España, Francia,... o también Turquía), y más en general, como
civilizaciones, unas religiones así además cerradas sobre sí mismas y
abocadas entonces al choque, al famoso clash of civilizations. Tal historia, la
intercultural, no puede ser producto de una persona, ni de Braudel siquiera,
porque no cabe que lo sea de una cultura, ni de Felipe II ni de la era
cristiana. Nadie ni ninguna tiene las claves, sino el diálogo y la
colaboración en pie de igualdad entre culturas, tampoco exactamente entre
Estados ni tampoco entre civilizaciones que se entienden superiores.
* Un derecho por razón entonces de historia. ¿Cabe? Síntoma: cuando los
cristianos hispanos expulsan a otros hispanos, a judíos y moriscos, entendían
estar ultimando una re-conquista, actuando con este derecho, tras más tiempo
del que ha transcurrido desde entonces, desde las expulsiones, a hoy. Háganse
los cálculos entre la presencia musulmana desde el siglo VIII, la expulsión en
el XVII y la actualidad en el XXI. Mas no es ahora cuestión proponible la de
una contra-re-conquista o re-re-conquista. Hoy, la guerra no es procedimiento
jurídico, o no debiera, y los descendientes de conquistadores también tienen
sus derechos. Pero ¿no puede plantearse resarcimiento o reparación
comenzándose por el derecho al retorno? En la caza del emigrante por el
Mediterráneo puede que se estén cometiendo re-expulsiones, rechazos de
descendientes de aquellos otros expulsados.
* ¿Hay todavía algún derecho para la parte agraviada? ¿Los crímenes de lesa
humanidad, como lo fuera aquel, prescriben? ¿Existen aún unos sujetos? La
responsabilidad ni fue entonces ni sería hoy individual, por lo que tanto da
que Felipe II o Felipe III, quien rubricó la expulsión, lleven tiempo bien
muertos. ¿Existen los sujetos colectivos, el culpable beneficiado y el inocente
damnificado? Unos agentes del crimen: Monarquía e Iglesia católicas, la
primera hoy, por sucesión, el Reino de España. Unas víctimas: comunidades
humanas que aún existen y guardan memoria (Miquel de Epalza desde 1973,
"Los moriscos andaluces en Túnez"). ¿Crédito también en forma
política y económica para unos Estados por representación de unas
comunidades? Esto último es dudoso, pero cabe igualmente plantearse si se
ofrecen garantías.
* Enseñanzas de la historia frente a la segunda expulsión, la del presente, la
que ahora importa: también la historiografía sirve para hacer justicia y no
sólo para pedir perdón, toda una broma lo segundo si no va acompañado por lo
primero o no se dirige ni conduce a ello, a la justicia, cosa más importante
desde luego que ninguna ciencia. Pese a la propia pretensión de asepsia y
neutralidad como profesión científica, la historiografía puede encerrar hoy
más valor para el derecho que para otra cosa ninguna.
Bartolomé Clavero
Facultad de Derecho
Universidad de Sevilla
E-41004, Sevilla, España
Tf y Fax: 34 95 455 1304
E-m: clavero@fder.us.es
Historia a Debate
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