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6/4/02

1. HaD. Historia y Periodismo 5

 2. HI. Crisis argentina 28 


 

1. HaD. Historia y Periodismo 5

(6/4/02)


El tema es sin duda interesante, pero habría que aclarar qué es lo que Ud entiende por "tratamiento de la historia en forma periodística", porque el tratamiento historiográfico de un hecho, requiere de una profundidad que dificilmente daría "el tratamiento periodístico", mas inmediato y preciso. DDe alguna manera, la crónica de los acontecimientos en la prensa escrita es un relato historiográfico y de

hecho para muchas investigaciones, los historiadores nos valemos de la prensa escrita como fuente primaria. Por eso, y para iniciar un debate enriquecedor, ¿pudiera Ud. precisar un poco más su planteamiento?

Diana Rengifo
Universidad de Los Andes, Trujillo
dianarengifo@yahoo.com

 
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2. HI. Crisis argentina 28 

(6/4/02)


¿Por quién doblan las campanas Argentina? Ya empiezan a inundarnos los ingentes "análisis" sobre el "fracaso" del neoliberalismo, lo cual podrían compartirse sin ninguna reticencia a no ser que, los que se llenan la boca con mal disimulado alborozo son, en su mayoría, connotados representantes de los "fracasos" precedentes.

El neoliberalismo fracaso si pero junto al estrepitoso fracaso del "socialismo real" y a ellos habría que adosarles también la significativa contribución latinoamericana del fracaso del populismo; ese intento tan nuestro tratando de producir, simultáneamente, lo mejor del capitalismo y del socialismo para terminar dejándonos solo con lo peor de ambos.

Pero, como los simplismos solo sirven para caricaturizar la realidad quizás debemos advertir que de fracaso en fracaso los latinoamericanos deberíamos haber aprendido algunas cosas, la primera de todas es que no hay ninguna receta mágica, que la derecha y la izquierda históricas nuestras se equivocaron y con la debida humildad deberían comenzar por callarse un buen rato, retirarse a meditar sobre los enormes costos sociales y políticos de su fundamentalismo torpe e ineficaz.

La izquierda irredenta que paso buena parte del siglo XX creyendo en una revolución violenta eficazmente financiada durante toda la guerra fría por los intereses estratégicos de ese fiasco mayúsculo llamado la URSS, cuyo producto latinoamericano más acabado fue Cuba. Sin quitarle una sola gota de mérito al pueblo cubano a sus esfuerzos y a sus logros deberíamos preguntarnos ¿Cuánto tiempo hubiera durado Fidel sin los miles de millones de dólares y la asistencia y la protección soviética? Además del enorme apoyo que el cretinismo anticomunista de los norteamericanos con su política de bloqueo y hostigamiento convertidos en el más preciado regalo para perpetuar a un solo hombre en el poder.

¿Y la derecha latinoamericana? Mirando siempre hacía el "american way of life", hacia la meca mayamera. Incapaz de la mínima solidaridad y sin el arrojo y la eficacia de los verdaderos emprendedores. Niña mimada del populismo, del proteccionismo y de la corrupción; de los créditos impagados y la absoluta falta de competitividad; socia inescrupulosa de cuantos dictadorzuelos y canallas seudo democráticos nos gobernaron en el siglo que se fue.

Pareciera inevitable entonces mirar hacia la rica experiencia de gobiernos capaces de hacer la síntesis inteligente entre mercado y política. La suficiente dosis de reformismo y de pragmatismo sin los extremos seudo revolucionarios pero, al mismo tiempo, sin ese dogmatismo entrópico que condujo a la Argentina al dramático lugar en el que se encuentra

El capítulo argentino del fracaso latinoamericano no puede ser la bandera bobalicona de aquellos cuya única receta es el gastado repertorio socialista o populista que también fracasaron. Nos llego a los latinoamericanos la hora de inventar nuestras propias recetas.

La otra cosa maravillosa que se ha podido comprobar es que los latinoamericanos hemos aprendido a que el asunto será con democracia o no nos lo calamos. A los Pérez, a los Fujimori, a los De la Rúa, a los Bucarán y a todo gobernante (momentáneo delegado nuestro, cosa que olvidan rápidamente) que nos quieran venir a imponer recetas fracasadas o modelos inconsultos, los sacaremos del poder democráticamente, porque aunque sigamos equivocándonos -- ni modo-- hemos aprendido que es con el consenso de la mayoría y si no, que se vayan a su casa; sobran candidatos para seguir intentándolo, en Venezuela hay como 24 millones dispuestos. No se equivoquen.

Oscar Aguilera
(*) Sociólogo, Profesor Titular del HUMANIC, Centro de Investigaciones en Ciencias Humanas, Universidad de Los Andes, Mérida, Venezuela.
odagui@ula.ve



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