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28/1/03

1. HuD. Seminar in video 20/9/02+++

 2. HI. Chavez 142


 

1. HuD. Seminar in video 20/9/02+++

(28/1/03)


TERCERA PARTE DE LA TRANSCRIPCIÓN, REVISADA POR EL AUTOR, DEL PRIMER SEMINARIO DE HAD POR VIDEOCONFERENCIA UNIVERSIDAD DE SANTIAGO DE COMPOSTELA-INSTITUTO TECNOLÓGICO DE MONTERREY SOBRE "LA NUEVA HISTORIOGRAFÍA Y LA ENSEÑANZA DE LA HISTORIA" (20/9/2002), QUE SE PUEDE CONSULTAR COMPLETO EN http//www.h-debate.com/Spanish/seminario/2002/barros/videoconferencia.htm

DEBATE

PREGUNTA (no se escucha)

RESPUESTA (Carlos Barros) Bien, muchas gracias por tus preguntas. Decía antes que en el siglo XXI se entiende el tiempo histórico como un continuo pasado-presente-futuro. Lo nuevo hoy es el que el presente aparece como un nuevo objeto de investigación histórica, que llamamos Historia Inmediata en HaD, y otros han denominado Historia del Tiempo Presente, Historia Actual o Historia Reciente. Se trata de una contribución imprescindible desde la historia para entender el mundo actual y de una ampliación clave hasta el momento actual del ámbito cronológico de nuestras investigaciones. Como profesores es esencial la Historia Inmediata explicar a los alumnos lo que pasa a su alrededor desde un punto de vista histórico.

También el futuro empieza a ser objeto de investigación historiográfica, si bien es menos frecuente. Habría que incluir en la investigación y la enseñanza la prospectiva histórica, aunque pienso que en esto vamos también algo retrasados y no va a ser fácil. Así como filósofos políticos como Francis Fukuyama o Samuel Huntington han elaborado, sobre la base de la historia, propuestas de futuro como "el fin de la Historia" o el "choque de civilizaciones", los historiadores, con un mayor conocimiento de los datos históricos, deberíamos desarrollar una mayor capacidad para pensar el futuro y el presente desde la historia, deberíamos ampliar hacia delante, hacia el futuro, nuestra aportación al conjunto de la sociedad, al conjunto de las ciencias sociales. Decía en mi exposición que podemos atisbar futuros alternativos desde la historia, siempre y cuando apliquemos un concepto distinto de tiempo histórico poniendo al mismo nivel el pasado, el presente y el futuro, siempre que nos atrevamos a pensar la historia con todas las consecuencias.

PREGUNTA (no se escucha)

RESPUESTA (Carlos Barros) Con respecto a la pregunta sobre el constructivismo en la historia y en la enseñanza de la historia yo repetiría una frase que empleamos con cierta frecuencia en HaD el historiador construye la historia mientras la descubre, que también se puede decir al revés, el historiador descubre la historia al tiempo que la construye. Podríamos aplicar, en cierta medida, esa definición a nuestra actividad como docentes de la historia pues enseñamos la historia a la vez que colaboramos en su construcción. No sería el caso de un profesor tradicional de historia que recurre a lo memorístico para transmitir conocimientos sobre el pasado ­y el presente- sin pasarlos por el tamiz de la crítica. Debemos cooperar en la recuperación de lo mejor de nuestra tradición pedagógica e historiográfica con los ojos puestos siempre en el futuro. Quisiera acabar esta respuesta con un llamado final. Cuando nosotros hablamos de construir la historia como investigadores, y de construir la historia como docentes, volvemos al tema central de la necesaria colaboración entre historiografía y pedagogía, entre investigación y enseñanza, entre universidad y enseñanzas medias. Hay que reconocer autocríticamente que en las enseñanzas secundaria y primaria los colegas suelen tener, por necesidad y por tradición, mayor inquietud por la didáctica, y experiencia pedagógica, que en la enseñanza universitaria. Por lo tanto reitero aquí, como ya lo he hecho en mi exposición inicial, nuestra disposición a favorecer esa necesaria cooperación entre el maestro de escuela en cualquier montaña del suroeste mexicano, por ejemplo, y la universidad europea que a mí me toca representar en este contacto digital con vosotros. Espero que lo logremos.

PREGUNTA ¿Por qué es importante que el profesor, por ejemplo de historia del derecho, tenga un conocimiento sobre la historia, la historiografía y la teoría de la historia?

RESPUESTA (Carlos Barros) Sí, yo creo que ese conocimiento es imprescindible no sólo para un profesor que venga de otra disciplina, sino también para los propios profesores formados en historia. El docente debe y puede conocer los entresijos de la historia que enseña aunque sólo sea por curiosidad, y por la ambición de ser un buen profesor. Debemos, cuando enseñamos a nuestros alumnos, aunque sea a los alumnos más pequeños, saber el porqué de tal enfoque, de tal tema, de tal interpretación que aparece en los libros que les damos para estudiar. Porque si el docente no sabe historia difícilmente puede comunicar conocimiento histórico, porque si el docente no piensa la historia difícilmente el alumno va a aprender a pensar la historia y a actuar como un sujeto libre, crítico, de la historia actual. Incluso es posible un aprendizaje crítico de la historia en aquellos países donde, lo cual pasa en mayor o menor grado en todos los lados, los profesores están obligados -sobre todo en los niveles inferiores del sistema docente- a utilizar textos oficiales, más o menos obligatorios. Puede ser incluso un buen pretexto. Si tenemos un texto oficial para una asignatura de historia, con intromisiones de tipo político del orden que sea que "falsifican" la historia, la libertad de cátedra ­suponemos un contexto democrático- permite que el historiador, al mismo tiempo que explica el libro, el análisis crítico de los orígenes de dicha interpretación, haciendo tremendamente rica la clase de historia. Es por eso que somos partidarios del docente como un sujeto activo a la hora de transmitir los conocimientos históricos, lo cual exige conocer lo que se explica, conocer lo que está detrás del telón, saber algo de metodología e historiografía, la razón porque el historiador utiliza determinados conceptos, determinados métodos, al redactar ese manual que, en muchos casos, el alumno ha de memorizar para un examen. Aún en dicha situación, podemos salvar nuestro honor profesional enseñando la materia histórica de manera crítica o autocrítica.

PREGUNTA (no se escucha)

RESPUESTA (Carlos Barros) Bueno, la mejor respuesta la ha dado Bloch en el año 43 cuando estaba escribiendo lo que se tradujo en el ámbito académico latino como Introducción a la Historia. Ese libro inacabado fue redactado en unas condiciones difíciles, sin su biblioteca, poco antes de morir fusilado como miembro de la resistencia contra la ocupación nazi. La obra se inicia con la pregunta que le hace un hijo a un padre historiador "Papá, ¿para qué sirve la historia?". La respuesta de M. Bloch viene a ser "para vivir mejor", y yo añadiría "para que vivan mejor las futuras generaciones". Se trata de una respuesta elemental, resulta increíble que historiadores clásicos (o posmodernos), de todas las edades, todavía se crispan hoy ante esta cuestión. ¿Cuál es si no la función de la universidad? Toda ciencia debe demostrar su utilidad social y cultural. No podemos compartir lo que se dijo durante mucho tiempo de una historia que tenía una función puramente erudita, ajena al tiempo que le tocaba vivir. Y citando de nuevo a Bloch, parte esencial de nuestra mejor tradición historiográfica, hay que recordar ese proverbio árabe que él recoge en su Introducción "El historiador se parece más a su tiempo que a sus padres". Aunque en el tiempo convulso, transitorio, que nos toca vivir, no basta con vivir como historiadores el presente, hay sembrar desde la historia la esperanza en el futuro.

PREGUNTA Desde la perspectiva de ser un historiador, en la práctica docente, ¿ no es necesaria una neutralidad?, ¿una neutralidad ideológica? ¿Qué compromisos tiene un maestro desde su propia situación social?

RESPUESTA (Carlos Barros) Sinceramente, esto de la historia neutral, de un conocimiento científico neutral, es una idea muy desfasada hoy en día. Ningún saber humano, científico o humanístico, es neutral. Vivimos y trabajamos en el presente, consciente o inconscientemente proyectamos nuestros valores, nuestras ideas, nuestras vivencias en todo lo que hacemos, y lo que investigamos, desde la física hasta la antropología. ¿Cuál es nuestro compromiso inconsciente? Hay que descubrirlo, aunque sea doloroso ¿Cuál debería ser nuestro compromiso consciente como docentes de historia? Enseñar a nuestros alumnos a vivir como sujetos históricos activos, colectivos y libres, tanto en el ámbito local como nacional, como continental, como global. No es poca cosa nuestra responsabilidad de historiadores. Imitando la mejor pedagogía de nuestro tiempo, deberíamos educar a nuestros alumnos, muchos lo intentemos hacer, muchos lo están haciendo, en valores históricos. Extraer toda la riqueza histórica de cada localidad, de cada región, de cada país, de cada continente, del mundo entero, que nos permita crear una conciencia patriótica en nuestros alumnos que no sea excluyente, sino incluyente, que no sea esencialista sino crítica y autocrítica, es decir histórica. Yo tengo grabado de uno de mis viajes a México, pasar por el Zócalo del Distrito Federal y encontrarme allí acampados a un grupo de indígenas con una pancarta que decía "Nosotros también somos México". Vosotros lo sabéis mejor que yo los indígenas no han ocupado en la historia oficial de México y otros países latinoamericanos el papel que les corresponde. A eso me refiero yo. Un patriotismo incluyente, un patriotismo global que no genere el odio y la guerra, que esparza en las mentes blandas de los alumnos más jóvenes los valores de la paz, de la tolerancia, del compromiso hacia los demás, hacia los más sufren, y sobre la base de ejemplos históricos rigurosos, propios y ajenos. Eso es nuestro compromiso mayor como docentes. Desde la historia, desde la mayor profesionalidad, desde el punto de vista de una universidad que tienen que saber vivir su tiempo, sin renunciar a la función clásica, desde la Edad Media, como "templo del saber".

Bien que he tratado de responder a vuestras preguntas, no sé si queda alguna más... Estoy, como le he dicho a la profesora Melba Ribera, a vuestra plena disposición.

Melba Julia Ribera

Doctor pues muchísimas gracias, ¿podría pronunciar unas últimas palabras?

Carlos Barros

Unas "últimas palabras"…. Hasta ahora la relación entre la historia investigada y la historia enseñada ha sido bastante unilateral, predominando académicamente la investigación sobre la enseñanza. La profesora Melba lo ha dicho, estamos persiguiendo a los investigadores para que nos den elementos para enseñar la historia. Yo os propongo reequilibrar esa relación, hacerla más interactiva, y que vosotros, profesores de historia en la enseñanza secundaria y primaria, nos deis pistas para investigar mejor la historia. Os animamos pues a participar en nuestra red. HaD es una red especializada en metodología histórica, historiografía, teoría de la historia y relación de los historiadores con la sociedad. En las actas del II Congreso de HaD hay unas valiosas aportaciones, desde España y América Latina, sobre enseñanza de la historia que insisten en lo que hemos comentado aquí unir enseñanza con historiografía. Reconozco que tenemos un gran déficit. Existe un vacío que vosotros, y nuestros profesores españoles de medias, podéis ayudar a llenar. Ya se están haciendo esfuerzos en ese sentido. ¿Cómo llega la historia investigada a las escuelas? ¿Cómo se ve lo qué se investiga y cómo se investiga en la universidad desde las escuelas? No son pocos los problemas a dilucidar bilateralmente.

Cuando me refería al comienzo de mi exposición a unas relaciones más igualitarias y horizontales, entre profesores e investigadores, entre universidad y enseñanza no universitaria, me refería también a esto, a enriquecernos mutuamente desde las diferentes etapas o eslabones del proceso de conocimiento histórico (que implica también la difusión). ¿Es qué los investigadores sabemos de los problemas que surgen en la transmisión de los conocimientos producto de nuestras investigaciones en las escuelas? Muchas veces, ni los podemos imaginar, nos los tenéis que decir vosotros, aun sabiendo que divulgación e investigación no es lo mismo, que enseñanza universitaria y enseñanza media no es lo mismo. Si no qué pasa con los conocimientos que nosotros generamos, ¿llegan a dónde tienen que llegar? Tienen que llegar a la gente que hace la historia, que somos todos, no exclusivamente la élite a la cual pertenecemos los historiadores, los universitarios, los docentes, sino los pueblos enteros. Hay que insistir en los protagonismos colectivos frente a una historia oficial que olvida o oculta quién hace la historia. No la deberíamos permitir, somos buenos profesionales y sabemos que la historia tiene muchos protagonistas, ¿verdad?

Nada más, le decía antes a Mabel que había que estudiar la posibilidad de transmitir en julio del año 2.004 el III Congreso Internacional HaD que está previsto que celebremos en Santiago de Compostela, a México a través de la Universidad Virtual del Tecnológico de Monterrey, ojalá ello sea posible. Espero con todo que nos veamos antes en Internet o tal vez presencialmente. Me despido agradeciendo de nuevo la amable invitación a la profesora a Melba Julia Ribera, y a todos los organizadores del curso "Modelos de enseñanza para el siglo XXI", a conectar con vosotros por medio del Tecnológico de Monterrey, y de la propia red Historia a Debate, pues éste ha sido nuestro primer Seminario de HaD por videoconferencia (se puede visionar en www.h-debate.com). Muchas gracias y que la historia os acompañe.

Carlos Barros


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2. HI. Chavez 142

(28/1/03)


Estimados colegas de Historia a Debate

Llevo unas cuantas semanas siguiendo este interesante debate sobre la situación en Venezuela y el giro político que supone la irrupción del movimiento bolivariano en la escena pública. Bueno, de hecho, llevo interesado en ello desde las elecciones en que Chávez ocupó la jefatura del Estado. Como historiador, y también como periodista independiente (al menos eso creo), me encuentro inmerso en un gran estado de confusión a la hora de poder analizar, externamente, la situación del país caribeño. Siempre trato de mirar los fenómenos sociales con un grado de escepticismo suficiente para no caer en ese tipo de folclorismo revolucionario que, como bien acertadamente señalaba uno de los mensajes anteriores, se produce entre una parte considerable de una izquierda europea poco dada a los experimentos en casa. Pero mi escepticismo también me impide creerme todo lo que se escribe desde los medios ordinarios, especialmente cuando, en la actualidad, prensa, radio y televisiones suelen ser meros apéndices de poderosos conglomerados que son parte interesada en la inmensa tarta que supone el rico (adjetivo referente en su acepción de riqueza natural) país latinoamericano.

Soy consciente que Chávez, resulta, esencialmente, la última versión del cacique populista, una especie endémica (quizá no tanto) en las estructuras políticas latinoamericanas, que utiliza la demagogia como instrumento de movilización de masas en su favor. También me consta que este militar no ha cumplido apenas ninguna de sus promesas, y el radicalismo utilizado en su discurso político no parece haber ido más allá del ejercicio retórico sin praxis. Pero, como bien dije al principio, el presidente, quien por otra parte no controla todos los resortes del poder, fue aupado electoralmente de foma masiva como una forma de rechazo a los políticos y partidos tradicionales que habían hecho de la corrupción su modo de vida (y vaya vida!)

En la actualidad, (coincido con muchos de las intervenciones de colegas precedentes), se dicen bastantes tonterías sobre el movimiento de protesta (y de defensa) de eso pomposamente llamado revolución bolivariana (el núcleo del sintagma nominal ha sido demasiado devaluado en América Latina) No me acabo de creer que sea una lucha entre ricos y pobres, ni tampoco creo que sea una huelga general lo que se está produciendo (en ocasiones mucho más graves, las huelgas generales son cosas de días, o como mucho de un par de semanas) y más en unas sociedades donde la economía informal parece tener mucha más presencia que la real. Pero sí veo en los rostros de los contendientes (desde el otro lado del atlántico) una mirada de guerra civil que asusta.

Por todo ello me gustaría aclarar lo siguiente.

Qué es lo que en realidad motiva el movimiento de oposición a Chávez? Cuando pregunto esto no demando frases retóricas ni grandilocuentes. "Que se vaya", que dirían muchos, o cualquier otra respuesta con alto grado de abstracción. Pido cosas concretas y cotidianas; no sé, por ejemplo, que piensa multiplicar por diez los impuestos, o que va a expulsar de la función pública a todos los opositores, o que detiene y hace desaparecer a X personas, o cualquier otro hecho tangible que pueda justificar un movimiento de oposición tan crispado. Que sea un demagogo, un inútil, un incompetente, una mala persona, que incumpla sus promesas, o que abuse de su poder en favor de su familia no me parece suficiente para montar una situación como la que se vive allá. De hecho, en mi país, desde mi punto de vista, el señor Aznar me parece todo lo que acabo de describir y más, y eso no me motiva para hacer una huelga general de mes y medio. Por favor, les ruego que contesten con hechos concretos generalizados y generalizables, porque, en caso contrario, lo normal es dedicarse a reflexionar en abstracto y hacer especulaciones analíticas sobre el conflicto y pensar en varias de las cosas que periodistas serios escriben; interereses petrolíferos, temor a la creación de un estado con impuestos, conflicto de clases, miedo de las clases medias y altas ante la movilización de "clases peligrosas" o cualquier otra cosa que podamos imaginar historiadores y periodista europeos que tenemos preguntas y si no obtenemos respuestas tendremos que imaginarlas.

Atentamente;

Xavier Diez
Centre de Documentació Històrico-Social de Barcelona.
Girona, Cataluña, España


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