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27/1/03

1. HuD. Seminar in video 20/9/02++


 

1. HuD. Seminar in video 20/9/02++

(27/1/03)


SEGUNDA PARTE DE LA TRANSCRIPCIÓN, REVISADA POR EL AUTOR, DEL PRIMER SEMINARIO DE HAD POR VIDEOCONFERENCIA UNIVERSIDAD DE SANTIAGO DE COMPOSTELA-INSTITUTO TECNOLÓGICO DE MONTERREY SOBRE "LA NUEVA HISTORIOGRAFÍA Y LA ENSEÑANZA DE LA HISTORIA" (20/9/2002), QUE SE PUEDE CONSULTAR COMPLETO EN http//www.h-debate.com/Spanish/seminario/2002/barros/videoconferencia.htm

Historia con sujeto

La tercera proposición que queremos presentar a debate en esta comunidad circunstancial creada por la Universidad Virtual de Monterrey es, por consiguiente, que la historia es una ciencia con sujeto pero ciencia. Practicamos y propugnamos una historia científica con un doble sujeto los agentes históricos que la protagonizan y los historiadores que investigamos, analizamos y revisamos interminablemente, pues cada tiempo nuevo requiere su punto de vista historiográfico. Historia con sujeto ergo historia científica. Escribimos en el punto I de nuestro Manifiesto que no estamos de acuerdo ni con Ranke y el objetivismo ingenuo de la historia "tal como fue", ni con el subjetivismo extremo de la postmodernidad que dijo que la verdad de la historia no existe más allá del lenguaje, el discurso y el relato.

Tenemos todavía pendiente la asignatura de actualizar nuestro concepto de ciencia en su aplicación a la disciplina de la historia. Hace mucho que para un físico, un químico o un biólogo, ciencia no es sinónimo de verdad absoluta. Desde hace un siglo sabemos que el sujeto cognoscente influye en su objeto principio de incertidumbre de Heisenberg. Sin embargo el positivismo historiográfico no sólo ha sobrevivido en nuestro seno, sino que se ha reforzado últimamente. Por eso hay que seguir defendiendo y ejerciendo como docentes una historia científica condicionada por el sujeto cognoscente, sus circunstancias y su tiempo, sin caer por supuesto en un relativismo extremo.

Pero, ¿y el sujeto docente? El enseñante también influye en la historia y en su verdad. En HaD pensamos que el docente no ha de ser elemento pasivo en la transmisión del saber histórico entre la universidad y las enseñanzas medias, sino un transmisor activo ­mejor dicho, interactivo- entre la historiografía del hoy y los sujetos históricos del mañana, ya que mientras en la universidad se forman los profesores e historiadores del futuro, en las enseñanzas medias se forman los ciudadanos que harán la historia futura, que habrán de condicionar la historiografía futura. Por no hablar de los casos excepcionales, y por ello más valiosos, de profesores de historia de institutos y colegios que investigan la historia que enseñan.

Esta es la propuesta de la nueva historiografía, ampliar la comunidad académica de los historiadores a los profesores de enseñanza secundaria, estableciendo los puentes y las conexiones horizontales necesarias aprovechando Internet.

Del otro lado ¿qué nos han enseñado a nosotros? ¿Qué dice la historiografía tradicional sobre la función del docente? A menudo que ha de servir de enlace entre el poder y los futuros agentes históricos . Lo cual nos parece restrictivo en HaD, incluso peligroso para el futuro de nuestra disciplina por lo que supone de olvido de las grandes mayorías, por ello reivindicamos la autonomía del historiador frente a las grandes editoriales, frente a los grandes medios de comunicación, frente al poder político de cada momento. La universidad como correa de transmisión de tal o cual poder político o mediático, o de los grandes poderes económicos, perdería su razón de ser producir saber en libertad, formar alumnos y ciudadanos críticos.

Historia más global

La cuarta propuesta que queremos poner encima de esta mesa de historiadores y profesores de historia es que hoy, año II del segundo milenio, es preciso hacer y enseñar una historia más global en dos sentidos la historia mundial/global que ha puesto de actualidad la globalización, explicando todos los periodos históricos desde un punto de vista más internacional, macronacional, continental; y la historia integral, sintética, "total", que el marxismo y Annales quisieron y no supieron o pudieron hacer, el nuevo siglo de la comunicación global nos lo exige de nuevo al tiempo que lo posibilita. La fragmentación de la historia ha quedado atrás, e igual nos quedaremos los historiadores si no sabemos desfragmentar la historia que se investiga y la historia que se enseña.

En el mundo global que viene los historiadores no podemos fragmentar nuestra disciplina más de lo que ya está como demandan los críticos tradicionales o posmodernos de la reconstrucción del paradigma que proponemos. Más bien debemos invertir el proceso de superespecialización recomponiendo los lazos entre lo económico, lo social, lo político y lo mental, o entre la historia local, nacional, continental y mundial, a fin de conseguir síntesis de la historia que coadyuven a la humanización de la historia global del presente y el futuro, que nos ayudan a tomar nueva conciencia de que no podemos explicar la historia nacional sin el contexto mundial de cada momento. ¿Se pueden explicar las luchas por la independencia de las repúblicas del centro y del sur de América sin su relación dialéctica con la metrópoli española? No. La comprensión crítica de pasada relación colonial entre España y Latinoamérica, entre América y Europa, es hoy indispensable para entender las relaciones trasatlánticas presentes y planear mejores futuros globales.

Y tampoco se debe analizar y enseñar en el siglo XXI la Antigüedad romana o griega, o el feudalismo europeo, de manera preferentemente "nacional", como nos enseñaron los historiadores siglos de la llamada Edad Contemporánea marcados en la historia y la historiografía por el Estado-nación. A esto nos referíamos antes cuando hablábamos que si cambia la historia ha de cambiar la escritura de la historia, o cuando resaltábamos la responsabilidad del docente en la educación de los sujetos históricos del presente y el futuro global.

Debemos hacer converger ambas dimensiones de la nueva historia global, mundial e integral, a fin de que la explicación histórica sea más científica y actual. Así como tenemos que ser capaces de investigar y explicar lo local y lo nacional en un contexto mundial, es menester combinar en nuestras indagaciones y enseñanzas concretas el sujeto individual y el sujeto colectivo, el papel histórico interrelacionado de lo social y lo político, de la gente común y de los grandes hombres. No se trata de un enfoque deseable pero "utópico" como se dijo, sino algo posible y urgente. Por ejemplo, los historiadores españoles estamos sufriendo en los últimos años por parte de determinados medios de comunicación, instancias políticas e historiadores tradicionales una explicación de la transición española fundamentada en el papel jugado por tres o cuatro grandes personajes históricos, que entraña una "falsificación" reduccionista de la historia del tránsito de la dictadura a la democracia en nuestro país. O somos capaces de ofrecer y divulgar ya una interpretación global de la transición de los años 70 que incluya a los protagonistas colectivos, los aspectos sociales, económicos y mentales, el contexto internacional, etc., o habremos fracasado en alguna medida como historiadores, sin que nos sirva de mucho la vieja coartada intelectual de cierta historiografía marxista y annaliste que proclamó a los cuatro vientos la imposibilidad de una historia total.

Historia de nuestro tiempo

En quinto y último lugar queremos poner a discusión, sobre la base de los diez años de experiencia de HaD, la recuperación del carácter crítico de la historiografía y de la enseñanza de la historia que a lo largo de los años 80, y en la primera mitad de los años 90, se ha ido perdiendo conforme avanzaban en los claustros académicos las posiciones neorankeanas y posmodernas, dos caras de una misma moneda "descomprometedora" y desvitalizadora de la historia que se investiga y que se enseña.

Cuando hablamos en HaD de una nueva historiografía estamos pensando, por consiguiente, en una historiografía re-comprometida. En el siglo que comienza la universidad no puede permanecer ajena a los problemas del mundo humanamente atroces en el llamado Tercer Mundo, preocupantes en el caso de las nuevas guerras, terribles por el creciente fundamentalismo y terrorismo globales. La historia académica no puede situarse al margen de este nuevo mundo que se mueve, que busca, que pregunta, que sufre, y menos aún la historia que se escribe y la historia que se enseña. Decimos sí, en consecuencia a una historiografía nuevamente comprometida, aunque pensamos en un compromiso distinto al de los años 60 y 70, en un compromiso historiográfico más (auto)crítico y más profesional.

De manera que los historiadores aportemos a las ciencias sociales, al mundo de la política, al mundo de los movimientos sociales, la verdad histórica que conocemos, incluso cuando ello contradiga nuestra ideología o nuestro compromiso político individual (que no puede basarse en mentiras históricas). Por encima de todo ha de estar la verdad relativa pero cierta que los historiadores conocemos en lo que sea actualmente relevante. Esa es la mejor contribución que podemos hacer a la historia vivida.

Hablamos de un nuevo tipo de compromiso historiográfico a) que reivindique, ante todo, el papel de la historia en las ciencias humanas y sociales, en el sistema de enseñanza, en el conjunto de la sociedad; b) que no se reduzca al ámbito local o nacional, ya que hoy es imprescindible explicar y asumir la historia y los problemas del mundo desde el lugar más pequeño, de la región, del país, del continente... c) que se distinga del que practicamos en los años 60 y 70 con su frecuente determinismo simple, mecánico, economicista, y los fines preestablecidos para la historia. Nosotros, historiadores de oficio y profesores de historia, que sabemos sobre el devenir de la sociedad, de la cultura, de la política, tenemos mucho que aportar a fin de informar al sujeto o a los sujetos libres de la historia, a fin de que otro mundo sea posible, de que otra universidad sea posible, de que otra historia sea posible.

En total, comprender el presente por el pasado y comprender el pasado por el presente, como decían Bloch y Febvre y los primeros Annales, si bien hoy a seis décadas de dicha formulación ( Apologie pour l’histoire ou Métier d’ historien), debemos incluir el presente y el futuro como materia de trabajo del historiador desde la historia escrita urge analizar el presente en sí mismo y entrever aquellos futuros alternativos para que los sujetos libres de la historia vivida puedan elegir lo mejor para las generaciones futuras que estamos formando en colegios y universidades. Asumamos entre todos, investigadores y docentes, la responsabilidad colectiva, historiográfica y educativa, desde Europa y América, de hacer, pensar y enseñar la nueva historia del siglo XXI.

Nada más y muchas gracias.

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Melba Julia Ribera
Muchísimas gracias por estas palabras Dr. Barros.


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