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19/4/05

1. HaD. Manifiesto 124

2. HaD. Novela Histórica 54

 3. HI. Ecuador 15


 

1. HaD. Manifiesto 124


[Nota: Difundimos un amigable intercambio de mensajes que hemos cruzado entre Domingo Marrero y yo, miembros activos del Grupo Manifiesto, por su público interés, sobre su propuesta -sorpresiva para algunos- en el III Congreso del "método hipotético-deductivo" como "nuevo paradigma", y nuestra apreciación sobre su origen neopositivista y nuestro posicionamiento epistemológico más allá de Ranke y de Popper, a diferencia de las escuelas renovadoras del siglo pasado. C. B.]

Domingo:

Te amplio ahora lo que te decía sobre el neopositivismo. Por lo que veo para ti el "método hipotético-deductivo" es una forma de enseñar a pensar a los alumnos. No dudo que eso de resultados. Ofrece incluso resultados la enseñanza positivista clásica, memorística y cronológica de grandes figuras y batallas. El caso es que historiográficamente dicho método es -junto con el cuantitativismo- la gran aportanción del neopositivismo a la renovación historiográfica del siglo XX (ver los dos manuales de Ciro de los 70 y el de Topoloski que citas), al alimón de Annales y el marxismo (echale una ojeada en mi web a "El paradigma común del siglo XX" para entender lo que digo). Marxismo y Annales, en mi opinión, heredaron el objetivismo empirista del positivismo sin cuestionar realmente sus bases epistemológicas , que fue reciclado en los años 50 por Popper y otros, hasta la posterior revolución de Kuhn que nos hizo entrar en la ciencia y la historiografía pospositivista. Cuando decimos en el Manifiesto "ni la historia obetivista de Ranke ni la historia subjetivista de la posmodernidad", incluimo por supuesto a Popper en el primer caso y a White en el segundo. Nuestra posición es reconstructora, más cerca por tanto del constructivismo que del (neo) positivismo.

Lo cual no quiere decir que tu encuentres perfectamente conciliable el metodo científico pre-kuhniano con el Manifiesto. También el paradigma newtoniano mantiene su vigencia en determinadas condiciones a pesar de resultar marginado por nuevos paradigmas de Heisenberg, Einsten y Planck ... Otros amigos del GM arriman el ascua al materialismo histórico o a los viejos Annales.
Tal vez tenga su lógica además que el (neo)positivismo surja de los Institutos, de la enñanza media de la historia (que tu representastes brillantemente en el III Congreso). Tu mismo dices que la enseñanza media no pasó por la renovación de Annales y el marxismo.
Somos por lo demás deudores de lo que hemos aprendido cuando nos formamos. Lo importante es compartir una base común suficiente para luchar por la reconstrucción paradigmática (aunque lo del "nuevo paradigma" nos lo creamos en realidad
unos pocos).

Carlos Barros (6-4-2005)
Universidad de Santiago de Compostela

++++++

RESPUESTA DE DOMINGO:

Algunas reflexiones sobre el método hipotético y el nuevo paradigma

Todos los métodos de enseñanza logran resultados, por supuesto. Aunque se trata de resultados sustancialmente distintos. No cabe aquí ser relativistas absolutos, no vale todo por igual: la escritura positivista de la historia también los obtiene, pero… ¿es la historia que queremos? Por tanto, de los tres modelos de enseñanza reglada producidos desde el XIX por los seres humanos (tradicional, tecnológico y globalizador), ¿cuál o cuáles se encuentran más cerca de nuestros postulados? ¿O no tenemos postulados?

Al menos desde el punto de vista curricular, el método hipotético (llamémosle así, sin deductivo) aparece como uno de los más coherentes con las tesis constructivistas, que ponen el acento, como nosotros para la investigación, en la reconstrucción social de un saber siempre subjetivo. Y, más allá, según autores como Rafael Porlán o Antoni Zabala, también confluye con las propuestas, más recientes, sobre el pensamiento complejo.

Sin embargo, mi aproximación a este método se produjo antes de trabajar en la enseñanza secundaria, mientras hacía la memoria de licenciatura en los años 90, 91 y 92. Tienes mucha razón, porque justamente se me coló leyendo a Cardoso y Topolsky, y desconociendo totalmente su origen neopositivista-popperiano. ¡¡Tan feliz que me sentí desarrollando un saber que creí materialista y cercano a los Annales!!

No obstante, en aquella ocasión la gran mayoría de la producción historiográfica española era precientífica, y meramente positivista, del siglo XIX. ¿Ha cambiado algo en los últimos quince años? Escuchando hace días al Presidente de la RAH y leyendo los mensajes de los debates de HaD sobre estos asuntos, es obvia la hegemonía del pensamiento positivista (sin neo), según el cuál la ciencia se hace con objetividad. Una hegemonía que se extiende, lógicamente, a las prácticas de investigación: ¿cuántos trabajos has conocido últimamente que hayan construido el saber historiográfico con este método?

Expuesto de otro modo, la actual crisis historiográfica (si realmente la hay: aunque lo del nuevo paradigma nos lo creamos unos pocos) no es de una ciencia normal neopositivista, sino simplemente positivista: ¿qué problemas historiográficos relevantes no ha sido capaz de resolver el método hipotético, si apenas hemos empezado a utilizarlo?

En mi opinión una parte del problema reside en cómo dar el salto desde el positivismo del siglo XIX al relativismo (quizás mejor complejidad) del XXI, sin atravesar el camino del método científico del XX (compartido por los Annales y el materialismo). No lo creo imposible (como en el caso de la obligatoria sucesión histórica de los modos de producción marxistas), pero me resulta difícil imaginarlo. Sobre todo porque, en otros ámbitos, la práctica del método hipotético (y no sólo la mera especulación ideológica) fue el medio que permitió poner en duda su propia validez, su capacidad para resolver problemas científicos en general. En este punto recuerdo vivamente la ponencia sobre Padma Sambhava y la historiografía occidental.

No he leído aún a Kuhn, sólo dispongo de muy pocas referencias de terceros. Aunque, si no lo interpreto mal, su concepto de crisis (revolución) científica es esencialmente el mismo que el conflicto cognitivo constructivista. Y, no sé si estarás de acuerdo, también es básicamente igual al de crisis del modo de producción. Por cierto, ¿hay sucesión histórica de los modos de producción del saber historiográfico? ¿Y cómo es, lineal o compleja? Actualmente conviven varios paradigmas historiográficos, entre los que uno es hegemónico.

Algo muy parecido sucede con su planteamiento de evolucionar a partir de lo que conocemos y no hacia lo que queremos conocer, que me parece aún más sugerente. Me recuerda las ideas o esquemas previos constructivistas como eje del aprendizaje, y al proceso de desarrollo de las fuerzas productivas marxista, como eje de la revolución social.

Kuhn no es marxista, pero pone el acento en el empleo de los instrumentos de que disponemos actualmente. Si tiramos a la papelera el método hipotético sin apenas explotarlo ¿con qué produciremos conocimientos, con la objetividad positivista del XIX? ¿Nos quedaremos sin herramientas para la ciencia en construcción?

Creo entender que, para Kuhn, un paradigma es un edificio siempre en reconstrucción (y en convivencia/competencia con otros), en reformas, aunque algunas sean más drásticas que otras, alumbrando al final un espacio totalmente distinto. Sin embargo, algún cimiento, algún fuste, algún ladrillo y alguna teja habrán formado parte de edificaciones previas.

La crítica de las fuentes es un producto del positivismo al que no han renunciado las corrientes historiográficas posteriores más relevantes. ¿Renunciaremos ahora a ella? El método hipotético es un producto neopositivista, pero es sólo un elemento de ese paradigma, y no el paradigma en su conjunto. A mi juicio, otra parte del problema reside en que podamos descontextualizarlo del entorno absolutista e integrarlo significativamente en un paradigma relativista, sin perder además su operatividad para la producción de conocimiento.

La crítica relativista al método hipotético se centra en el proceso de falsación. Éste constituye una doble estrategia, de deducción (al formular la hipótesis) y/o de inducción (al contrastarlas con las observaciones de la realidad, en este caso histórica). Este proceso se cuestiona, también doblemente, porque las teorías que sustentan la formulación de hipótesis son falibles, y porque los resultados observacionales con que se contrastan son igualmente subjetivos.

Creo que mi propuesta de empleo del método hipotético está despojada de los procesos de deducción e inducción. El objetivo de la producción del saber no ería formular teorías (entendidas como leyes universales) sobre la historia. Tales leyes no se pueden elaborar por la propia naturaleza de la materia estudiada (indeterminada y subjetiva por ser una creación humana), ni por la propia naturaleza del sujeto cognoscente y de los medios que utiliza.

La función de las hipótesis sería organizar, concretar y exponer la subjetividad del investigador y de su comunidad historiográfica. Pero también incluir las subjetividades de otros paradigmas alternativos y antagónicos, para integrar la intersubjetividad (¿complejidad?) en el proceso de producción.

Y la falsación de las hipótesis, su contraste con los resultados observacionales (siempre subjetivos) de una realidad que asimismo es (creación) subjetiva, serviría para producir un conocimiento también subjetivo y no predictivo. Pero estaríamos ante un saber complejo, por su capacidad integradora de las múltiples subjetividades que condicionan el desarrollo del conocimiento ¿científico-relativo? de la historia.

Domingo Marrero Urbín (11-4-05)
Instituto de Enseñaza Secundaria-IES Jinámar III, Gran Canaria, España




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2. HaD. Novela Histórica 54


Estimado señores,

Sobre el tema de la Novela Histórico, apunto una cita interesante:

"no es funcion del poeta contar hechos que han sucedido, sino aquellos que pueden suceder, es decir, aquello que es posible según la verosimilitud o la necesidad. El historiador y el poeta no difieren entre sí por el hecho de que uno escribe en prosa y otro en verso [...] La diferencia radica en el hecho de que uno narra lo que ha ocurrido y el otro narra lo que ha podido ocurrir. Por ello la poesía es más filosófica y elevada que la historia, pues la poesía canta más bien a lo universal, y en cambio la historia a lo particular".
Aristóteles, poética, IX.

Víctor Velezmoro
Universidad de Piura - Perú


Historia a Debate
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3. HI. Ecuador 15



“¡LUCIO… FUERA!”: LA CONSIGNA EN ECUADOR

Juan J. Paz y Miño Cepeda
Pontificia Universidad Católica de Ecuador

Especial para Historia a Debate

Quito, 18 abril 2005

Lo que sucede en el Ecuador actual debe comprenderse en perspectiva histórica. El gobierno de Lucio Gutiérrez se inició en enero de 2003 con gran apoyo general (de hecho ganó las elecciones de segunda vuelta), respaldado por el movimiento indígena, sectores de capas medias, trabajadores, partidos de “izquierda”. Hasta se creyó que su gobierno reeditaría una versión local del “chavismo” en Venezuela. Apenas a los pocos meses rompió con sus aliados, suscribió una carta de intención con el FMI, se proclamó el mejor “amigo” de los Estados Unidos y dio un giro espectacular a sus políticas enrumbándolas bajo el “neoliberalismo criollo”, cuyos objetivos inmediatos son la suscripción de un tratado de libre comercio (TLC) que hegemonizará gravemente sobre la economía del país y una serie de reformas legales que precarizarán aún más el trabajo de los ecuatorianos, que incluso han debido migrar por miles al exterior y particularmente a España. Las esperanzas iniciales se transformaron en decepción y en fiasco. Siguieron las movilizaciones de protesta y rechazo, la paralización de servicios públicos, la reacción contenida y creciente de amplios sectores. El desgaste se expresó en las elecciones de octubre de 2004, cuando el Partido de Gobierno (“Sociedad Patriótica 21 de enero”) y las figuras aliadas al gobierno alcanzaron una votación mínima.

Cuando el 8 de diciembre de 2004 el gobierno logró una mayoría de diputados que impuso el nombramiento inconstitucional de una nueva Corte Suprema de Justicia, comenzaron a unificarse contra él y contra “los políticos” (visibles en la práctica inoperante del Congreso) las más diversas reacciones. El retorno al Ecuador de Abdala Bucaram, gracias a la anulación de los juicios en su contra por parte del Presidente de la Corte Suprema, indignó a la ciudadanía particularmente serrana y especialmente quiteña, que consideró un insulto a la dignidad nacional la presencia del exmandatario otrora prófugo en Panamá. Durante la semana pasada, las asambleas de Quito y de Pichincha iniciaron radicales manifestaciones antigubernamentales exigiendo el retorno a la constitucionalidad. El miércoles se realizó un paro local y por la noche los quiteños salieron a las calles para expresarse contra el gobierno de Gutiérrez a través del “cacerolazo”, que ha continuado en los siguientes días con movilizaciones nocturnas espontáneas y masivas, convocadas por Radio La Luna, que rebasaron a las dirigencias políticas. El gobierno intentó enfrentarlas con un decreto que, al mismo tiempo que estableció el estado de emergencia en Quito, declaraba cesante a la Corte Suprema, produciéndose así un nuevo acto inconstitucional de intervención del Ejecutivo en otra de las funciones del Estado. La ciudadanía quiteña ahondó su movilización, no hizo caso del decreto y rechazó la dictadura. El sábado, el gobierno tuvo que suspender el estado de emergencia. El domingo, el Congreso Nacional, reunido en sesión extraordinaria por fuerza de las circunstancias, aprobó una resolución que dejó sin efecto el nombramiento de la inconstitucional Corte Suprema de Justicia.

El gobierno minimizó las protestas, que progresivamente han prendido en otras ciudades bajo el ejemplo de Quito. En cambio, reivindica sus “logros” económicos y el apoyo popular visible en las contramanifestaciones y en la movilización de gente aliada. Gutiérrez hace cuentas sobre el número “reducido” de los opositores que se expresan en las calles. Pero quienes han rechazado las inconstitucionalidades del régimen son las cámaras empresariales, sectores organizados de los servidores públicos, organizaciones laborales e indígenas, universidades, estudiantes, amplias capas medias, académicos y elites culturales, medios de comunicación, la iglesia y, sin duda, los partidos políticos con mayor representación nacional así como diversos gobiernos seccionales. Sobre las inconstitucionalidades se ha pronunciado el delegado de las Naciones Unidas que visitó el país. Se ha unido la preocupación de la Unión Europea. También el pronunciamiento de la embajada norteamericana. Los cuestionamientos y preocupaciones de gobiernos, organismos y entidades internacionales. En contraste, el apoyo a Gutiérrez proviene del entorno gubernamental, del círculo de amigos y parientes que encabezan la “Sociedad Patriótica”, de aquellos pobladores que pueden ser movilizados por mecanismos populistas y clientelares, de los “garroteros” que aparecen en las contra-manifestaciones. Las cúpulas de las Fuerzas Armadas y la Policía son un factor en el esquema de manejos políticos del régimen, aunque se sabe que al interior de esas instituciones no parece haber completa calma. Para reprimir a la oposición el gobierno del coronel Gutiérrez ha debido acudir a las estrategias y tácticas militares derivadas de la Doctrina de Seguridad Nacional.

A pesar de la resolución del Congreso que el domingo 17 de abril cesó a la Corte, este lunes 18 las manifestaciones ciudadanas han continuado. En Guayaquil se hizo una gran marcha que reivindica la democracia. En Quito y otras ciudades siguen las expresiones nocturnas inéditas en mecanismos de acción, que revisten nuevos simbolismos políticos: el cacerolazo, el tablazo, el rollazo, el apagón, etc. El grito que inunda el ambiente entre las diversas consignas es “¡Lucio… fuera!”. La pregunta que se ha generalizado es ¿caerá el gobierno?

Después de las experiencias sociales que condujeron a la destitución de Bucaram en febrero de 1997 por “incapacidad mental”, según la resolución que adoptó el Congreso y de la “Rebelión de Quito” que provocó la salida de Mahuad en 2000, una vez más el Ecuador ha sido el eje de una pregunta mayor, que toda Latinoamérica puede reflexionar desde la perspectiva de las experiencias en cada país: ¿es legítimo a un pueblo levantarse contra un gobierno que, aunque elegido legalmente, queda deslegitimado al romper la constitución y ejecutar una política contraria a la que los electores de origen demandaron? ¿Es un acto de restauración constitucional?


En el trasfondo la conflictividad política tiene que ver con una compleja trama de intereses en la que se involucra un sector de la oligarquía ecuatoriana que anhela profundizar las reformas neoliberales y la vinculación subordinada al TLC, bajo un manto de impunidad para quienes ocasionaron la crisis financiera nacional que condujo a la dolarización, en tanto la estabilidad macroeconómica del presente esconde el deterioro sistemático de las condiciones de vida y trabajo de la población tras 25 años de constitucionalismo, en un clima de desestabilización de las instituciones del Estado ecuatoriano.


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