Mensajes Listas
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17/3/05 |
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1. HaD. III Congreso: conclusiones 3 |
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2. HaD. Historia y objetividad 57 |
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3. HI. Cuba 37 |
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4. HI. Memoria histórica activa 12 |
[TERCERA Y ULTIMA PARTE, se puede consultar el texto completo en la web] Primeras conclusiones del III Congreso Internacional Historia a Debate (14-18 de julio de 2004)* Carlos Barros Coordinador de HaD VI.- El III Congreso Internacional de HaD viene a confirmar, pues, el dinamismo y la autonomía de la historiografía española en la última década. No lo decimos solo por Historia a Debate, foro y movimiento historiográfico nacido en 1993, surgieron después otras dos importantes iniciativas españolas sobre la escritura de la historia que apuntan en la misma dirección, cuyos representantes más cualificados fueron invitados, lógicamente, al macro congreso de julio en Compostela[1]. Nos referimos a los promotores y practicantes desde 1996, sobre todo- de la “idea histórica de España”, y a los promotores y practicantes desde 2000- de la “recuperación de la memoria histórica”. En resumen, tres proyectos historiográficos tan distintos como complementarios en contenidos, intereses, medios de comunicación y dimensiones. Desde esta sana diversidad, antitética en algunos aspectos, las tres iniciativas en marcha comparten elementos muy nuevos en el panorama historiográfico español, incluso internacional: a) desbordan la dimensión de un mero equipo o grupo de investigación o historiográfico, constituyendo corrientes historiográficas en las cuales participan, en diversa medida, historiadores e historiadoras de áreas y especialidades asimismo diferentes, conformando objetivamente auténticas “tendencias historiográficas actuales” (con peculiaridades en el caso de la RMH en cuanto a participación de agentes sociales); b) responden a acciones académicas españolas o latinas de origen español- con perfiles propios, auto centradas, no miméticas, aunque conectadas con tendencias larvadas organizada en el caso de HaD- en el panorama historiográfico mundial; c) configuran tres formas diferentes de recuperación y actualización de la vieja pero vigente aspiración al compromiso ético, social y político de los historiadores con su tiempo (precisaremos esto más adelante), a través de una investigación participativa que está posibilitando saltar de una memoria pasiva, objeto lejano de estudio, a una memoria activa, actual, coadyuvando a acreditar así la utilidad cultural, social y política de la investigación histórica e historiográfica. VII.- En el III Congreso se hizo bien visible, por consiguiente, algo que ya había asomado en el II Congreso, para desconcierto de algunos: el retorno del compromiso historiográfico, si bien con nuevos modos, lo que tal vez no estaba claro en 1999. Cuando se habla, para bien o para mal, de “compromiso” se tiene en mente el concepto y la experiencia militantes vividos en los años 60 y 70. El caso es que la historia y la historiografía cambiaron enormemente en estos últimos 30 o 40 años, habiendo abandonado la gran mayoría de los historiadores de aquella generación las “absorbentes” militancias historiográficas y políticas (con la historia, cambiaron las formas de hacer política). Es por ello que el compromiso de los historiadores resurge hoy con rasgos nuevos que conviene identificar: A) El nuevo compromiso del historiador tiende a realizarse desde la profesión -incluso entre los historiadores más politizados- sea con las instituciones, sea con la sociedad civil, o en ambas direcciones. La separación esquizofrénica por irreal e inútil- entre prácticas historiográficas e inquietudes extra académicas, que siguió a la crisis en los nuevos historiadores, está siendo reemplazada[2] por nuevas formas de hacer historia que muestran palmariamente la compatibilidad (diversa) entre el rigor profesional y la utilidad pública de la historia investigada y enseñada. B) El compromiso que se impone hoy entre los historiadores más avanzados deviene democrático, pluralista, tolerante con el “otro” historiográfico, más interesado en “convencer” que en “vencer”, en contraste con el compromiso a menudo sectario heredado de las tendencias historiográficas y políticas del pasado siglo “de los extremos”. Es de la mayor importancia para el presente y el futuro de la historia como disciplina empeñada en la reconstrucción de sus paradigmas compartidos, que se acepte de forma natural el debate y el consenso, la legítima multiplicidad de enfoques historiográficos e ideológicos, sin renuncia a la propia posición, individual o colectiva, por regla general desvinculada de la disciplina “blindada” con tendencia historiográfica u opción política. Hablamos desde nuestra propia experiencia como red temática “especializada” en el debate y en la reflexión historiográfica. Más de 6.000 historiadores conectados con nosotros diariamente, a través de la web y de nuestras listas, evidencian la posibilidad de normalizar aquí y ahora el respeto mutuo entre los interlocutores de los debates historiográficos más comprometidos, incluso ideológicos, sin menoscabo de los consensos productivos. C) En sus versiones más adelantadas estas nuevas formas de entender el compromiso historiográfico tienden a ser solidarias según el signo de los tiempos. Los que no queremos -ni debemos, por cuestión de rigor- ejercer el oficio de historiador al margen de la realidad histórica vivida, tenemos que asumir la globalización o la universalización de los grandes valores de la paz y de la justicia, de la igualdad y de la democracia, escribiendo una “historia con valores” (punto XVI del Manifiesto de HaD). Desde una aportación principalmente profesional y académica, la universidad está colaborando en España (voluntariado, Prestige, guerra de Irak, etc.), y en otros lugares del mundo, con las grandes causas humanitarias. La aportación específica de HaD, como se pudo ver con el último congreso y habitualmente en la red, consiste en operar cuando las circunstancias lo exigen como una suerte de “historiadores sin fronteras”, lo que no tiene demasiados precedentes, priorizando la solidaridad con colegas historiadores que puedan sufrir persecución en cualquier parte del mundo en el ejercicio de su profesión: lo que venimos llamando y practicando desde hace años como Academia Solidaria. En las Actas del III Congreso que saldrán a la luz este año de 2005 encontraremos más elementos, respecto de los anteriores congresos de HaD, sobre estas nuevas maneras de llevar a cabo el compromiso historiográfico[3]. Ello no quiere decir que hayan desaparecido las formas tradicionales de compromiso, ubicadas a ambos lados del espectro historiográfico y político: es menester que se manifiesten como parte esencial del debate y su credibilidad. Uno de los logros inéditos de HaD está en que investigar y dar a conocer “como realmente son” las comunidades de historiadores y sus tendencias más o menos larvadas o organizadas, yendo más allá de los discursos historiográficos auto justificativos. VIII.- En los cinco días de julio que compartimos en Compostela se evidenció un progreso -insuficiente en mi opinión pero significativo- en la inaplazable tarea de ampliar la comunidad académica de historiadores a la investigación y la enseñanza de la historia no universitaria. Una de las señas de identidad de HaD en Internet es la participación minoritaria pero viva de historiadores no vinculados a instituciones superiores de enseñanza y de investigación. Contribución extra universitaria menos hacedera en congresos y otros formatos académicos de tipo convencional, por mucho que HaD no lo sea tanto. La clara insuficiencia de esta incorporación activa, que diferenciamos de la simple asistencia, nos impulsa a elevar a conclusión pos-congresual el objetivo urgente de extender el concepto de historiador más allá del profesorado universitario, acercando consecuentemente la historiografía oficial a la historiografía real. Puesto que una parte nada despreciable de la investigación histórica por no hablar de la enseñanza y de la divulgación- se hace ya fuera de las plantillas docentes de las universidades y de los escasos centros de investigación[4]. Frecuentemente estos historiadores no profesionales en el sentido de que se ganan la vida fuera de la historia académica- tienen una cualificada formación universitaria e historiográfica, y un fuerte carácter vocacional y comprometido[5], algo de lo que estamos hoy necesitados.Historia a Debate no es el único ejemplo de apertura, compartimos con otros grupos, redes y movimientos historiográficos esta nueva experiencia de abrirnos comunitariamente a historiadores no generalistas, profesores de enseñanza media, estudiantes avanzados y otros interesados en la historia. Como HaD la diferencia reside en que, a partir de este Congreso, nos planteamos convertir una práctica espontánea en teoría consciente, reivindicando la (re) inclusión de la historiografía no universitaria en las nuevas comunidades y paradigmas que estamos construyendo desde las universidades, debiendo para ello estrechar relaciones con las múltiples asociaciones, fundaciones, webs, listas y demás organizaciones o redes de historia a veces con escasa o ninguna relación con la academia- que están surgiendo como hongos en España y en otros países gracias al interés social, cultural y político por la historia que está caracterizando este nuevo siglo. IX.- La penúltima enseñanza que inferimos de nuestro último encuentro es la voluntad demostrada, por tercera vez en lo tocante a congresos, de no hacer tabla rasa de lo que fueron las vanguardias del siglo XX, ni de cualquier otra tradición historiográfica que haya aportado algo a la definición siempre en construcción, aunque algunos no lo sepan- del oficio de historiador desde los remotos tiempos de Leopold von Ranke. De ahí que la conferencia inaugural del III Congreso fuese encomendada a Etienne Bloch, juez retirado, historiógrafo no profesional, hijo del cofundador de Annales y gran conocedor y albacea de su obra. En la recepción oficial de la Universidad de Santiago de Compostela en el Pazo de Fonseca, cuna de nuestra universidad hace quinientos años, nos pusimos en pie para cantar la Marsellesa un 14 de julio, cuando los franceses celebran la toma de la Bastilla, en homenaje a Marc Bloch, ejemplo imperecedero de historiador innovador y asimismo comprometido (políticamente) con su tiempo, justamente en el sesenta aniversario de su fusilamiento por los nazis en Lyon. Otras dos conferencias plenarias fueron impartidas por André Gunder Frank y Ciro Flamarión Cardoso, inolvidables representantes latinos el primero por adopción- de ese materialismo histórico que tanto nos motivó y aportó en los años 60 y 70, referente historiográfico inexcusable para afrontar, crítica y autocráticamente, los retos del presente y del futuro de la historia, para lo cual precisamos de colegas representativos de aquella generación que sigan interesados todavía hoy por los cambios y el porvenir. Es arduo, ya lo dijimos[6], encontrar personalidades de las corrientes historiográficas de la época dorada que hayan sobrevivido, y estén disponibles parar otras renovaciones y otros compromisos resistiendo la natural tendencia a “vivir de las rentas” de lo mucho que se hizo antes y después de 1968.Una de esas excepciones es André Gunder Frank, historiador y teórico, sociólogo y politólogo, profesor emérito de universidades de varios países, que nos demostró en Compostela con su propuesta de ReOrient (1998) tanto la necesidad de reorientar la escritura de la historia y de las ciencias sociales, como el papel determinante que va a jugar Oriente en la historia del siglo XXI, en un brillante ejercicio de historia inmediata y prospectiva, historia e historiografía mundiales, de orden bien diverso a su aporte antológico a la teoría de la dependencia en los combativos años 70. Evolución ejemplar que justifica su relevante participación en el III Congreso de HaD, incluidos en aquellos debates en los que su salud le permitió intervenir. Nada más ilustrativo, pues, de la fuerza colectiva de las tendencias que hicieron posible en el siglo pasado estas “grandes figuras”, está por ver si en el siglo que acabamos de entrar seremos capaces de repetir la experiencia (“desde abajo”, no hay otro modo): HaD hace lo posible. Estamos orgullosos en suma de la herencia recibida, pero hay que reconocer que vivimos en otro tiempo, en otra tesitura historiográfica. Necesitamos una “nueva nueva historia” que, sin dejar de asumir (auto) críticamente las incapacidades pasadas y los retos presentes, reivindique lo que tenía de justo y necesario la “revolución historiográfica del siglo XX”. Por tal motivo intentamos en nuestro pasado congreso recuperar y actualizar prácticas, debates y reflexiones sobre historia total, formaciones sociales y transiciones, estado y sociedad civil, “grandes hombres” y sujetos colectivos en la historia, “grandes historiadores” y tendencias colectivas, compromisos historiográficos y fines de la historia... En principio, tal como esperábamos el resultado fue desigual pero indicativo. Conviene dejar claro hoy que los historiadores marxistas y annalistes no se equivocaron tanto, hace 30 o 40 o más años, como se pretende hoy desde posiciones extremas neorankeanas o posmodernas. Tenemos meridianamente claro que la recuperación de la memoria histórica no será ni eficaz ni completa[7] hasta que seamos capaces de recobrar, simultáneamente, la memoria historiográfica, y viceversa. No se trata, por descontado, de “repetir” la historia o la historiografía del pasado siglo, si no de llevar a la práctica una memoria historiográfica e una memoria histórica activas, integradas en las nuevas tareas pasado / presente / futuro, abandonadas precisamente por aquellos que las desprecian por “sabidas”. X.- Termino con una reflexión dirigida a los que participaron en el evento de 2004, presencial o digitalmente, y también a los que estáis siguiendo este resumen provisional, visualizando el vídeo del Congreso o leyendo las Actas: ¿qué interés tienen nuestros trabajos académico - congresuales de cara a la sociedad? Cuestión pertinente ahora que se está ampliando enormemente la nómina de los interesados por la historia, en España y en otros países. He dicho en una emisora de radio, que me pidió un adelanto de lo que íbamos a departir en esta conferencia, que una cosa son los “veraneantes” de la historia y otra los que nos quedamos “con ella” todo el año. A lo peor fui un poco ligero, pero hay algo de verdad en lo dicho, es preciso distinguir. Para nuestra disciplina, teóricamente con pocas salidas profesionales, es bueno que desde los gobiernos y otras instituciones, políticos, aficionados más o menos serios y otros profesionales, se interesen, hablen y escriban sobre la historia, que no es ni debe ser el monopolio de nadie, tampoco de los historiadores. Es positivo asimismo que determinados medios de comunicación social[8] se interesen por publicar cosas de historia[9]. Es bueno que las grandes editoriales, y algunas pequeñas, tengan gran afán por las biografías de los “grandes personajes” de la historia, novelas históricas y otras demandas del mercado más o menos reales. Toda esta reciente atención pública sobre la historia[10], no exenta de pluralidad, estímulo y novedad sirve, desde luego, como pasó en otros períodos históricos, para formar mejor a la ciudadanía otra cuestión es el debate de los contenidos- y generar vocaciones de historiadores[11], pero también hay que denunciar sus efectos perversos al “obligar” al historiador a trabajar “por encargo”, condicionando -a veces sin disimulo- no solamente los temas históricos a escribir, también los enfoques historiográficos, cuando no las interpretaciones históricas[12]. La pasada crisis de las nuevas historias, y subsiguiente aceleración fragmentadora, llevó a la historia a una situación de debilidad que hizo factible que determinados “poderes externos” ejerzan una influencia sobre una parte sustancial de la historia académica que no conocíamos desde el siglo XIX[13]. Debatir y consensuar entre historiadores el perfil de nuestro oficio es vital en la actual coyuntura para restaurar nuestra autonomía, nuestra capacidad para decidir libre y colectivamente el qué, el cómo y el porqué de nuestra aportación desde la historia a la historia que vivimos, para desenvolver motu propio aquellas iniciativas académicas que más convengan a la historia que vivimos y escribimos. No fue eso lo que pasó en el “debate de las humanidades” que siguió a la victoria del Partido Popular en las elecciones de 1996, que dio lugar a cientos de artículos de prensa, también de historiadores, juzgando la intención gubernamental de incrementar la presencia de la historia, la filosofía y las lenguas clásicas, en la enseñanza media. Iniciativa política institucional, no académica, que tuvo como resultados más palpables el lograr atraer a importantes historiadores -marxistas, annalistes y neopositivistas-, editoriales y medios de difusión, a la tarea de recuperar la “idea histórica de España” y sus “grandes figuras”, sin conseguir tan claramente algo tan fundamental como potenciar la enseñanza y menos aún la investigación (plural) de la historia en España. Esta por ver que este remozado interés público por la historia se vaya mantener y con qué formas y contenido después del cambio de gobierno del 14 de marzo de 2004[14]. En cualquier caso, los historiadores conscientes no debemos “esperar a Godot” sino utilizar las libertades de cátedra, investigación y expresión para decidir libremente y promocionar públicamente la historia que queremos hacer según entendamos nuestra responsabilidad científica y cultural, social y política, en los diferentes ámbitos territoriales y sociales. El III Congreso de HaD va a ayudar, sin duda, a que la escritura académica de la historia sirva mejor al conjunto de la sociedad, que financia en última instancia con sus impuestos la historia enseñada e investigada. Sobre una base común deontológica los enfoques historiográficos han de ser plurales y heterogéneos, también en su relación política, institucional y social, pero decir esto no llega: lo justo y necesario en este momento es aplicar una “discriminación positiva” a favor de la relación entre historia académica y sociedad civil, hoy manifiestamente desequilibrada a favor de las instituciones políticas, mediáticas y editoriales, lo que se traduce historiográficamente en un abandono de los sujetos colectivos a favor das “grandes figuras” con la distorsión subsiguiente para una historia académica que se precie de rigurosa y para una historia vivida que se pretenda democrática y fundada en valores sociales. Respondiendo a la pregunta con que iniciábamos esta conclusión final sobre HaD III, resumir que lo que nosotros historiadores comprometidos podemos ofrecer, reflexionando y actuando colectivamente, “hacia afuera” de la academia, es el rigor y la honestidad en el tratamiento de los datos de una vieja profesión con una renovada vocación de servicio social y (re) asunción de los grandes valores del mundo actual, en el cuadro de la autonomía que le es propia a la universidad -institución aún más vieja que el Estado (moderno)- respecto de los diferentes poderes, a fin de que la historia, sus practicantes y sus actores, disfrute en este nuevo siglo de una nueva primavera. Gracias mil. -------------------------------------------------------------------------------- [1] Véase la nota 16. [2] Los buenos historiadores saben, con Bloch, que el profesional de la historia, queramos o no, se parece más a su tiempo que a sus padres, verdad historiográfica si cabe más cierta hoy que nunca por la impregnación “inmediatista” de la nueva sociedad del conocimiento. [3] En consonancia con las exigencias de la nueva sociedad y el dinamismo de un oficio centenario siempre fiel a su tiempo (incluso cuando no se reconocía). [4] Es una efecto de la falta de plazas, situación que se va a aliviar en la próxima década con la jubilación del profesorado perteneciente a la generación baby boom: fenómeno señalado (ver punto XII del Manifiesto de HaD) pero afectará poco a los actuales historiadores no universitarios, gran parte de la misma generación. [5] Seguro que no podemos decir lo mismo del espíritu renovador en los métodos y en los enfoques, aunque tampoco andamos muy sobrados de eso ahora en las universidades. [6] Véase la nota 12 [7] Eficaz en el sentido de implicar más a la academia historiográfica; completa en el sentido de abarcar toda la historia, no solamente el siglo XX. [8] Los media tradicionales pasaron de una función crítica como cuarto estado en los años del Watergate a su inclusión en los años 90 en el poder establecido, aunque no todos los medios escritos, radiofónicos y televisivos sufrieron la misma evolución, naturalmente. [9] Sobre todo si están enfocados a su gusto historiográfico y/o ideológico, el dirigismo de los medios más influyentes está cambiando para mal y para bien, según se mire- el contenido de lo que Gramsci bautizó como “intelectuales orgánicos”. [10] Auge relacionado entre nosotros por el retorno pendular de la historia de España, dos décadas después de que florecerán las historias de las nacionalidades y regiones, quedando para un futuro (inexorable) la historia mundial. [11] Formaciones y vocaciones con cierta tendencia al conservadurismo historiográfico que debemos matizar y combatir con la voz y la escritura por el bien de la historia. [12] No lo fue el caso de la Xunta de Galicia que financió nuestros Congresos de Historia a Debate en los Xacobeos 1993, 1999 y 2004, sin condicionamiento alguno en cuanto a temas, enfoques, invitados, etc., como hemos puesto de relieve públicamente en varias ocasiones. [13] Esta influencia política, mediática y editorial sobre determinada historiografía vino a reemplazar la influencia de otras ciencias y movimientos sociales característicos del siglo XX, reflejando un nuevo presentismo institucionalista, que ha de tener otras lecturas compensatorias desde la sociedad civil y la globalización alternativa, por el bien de la historia y de la academia. [14] El nuevo gobierno del PSOE no parece tener el mismo interés que el anterior por la historia de España (con la salvedad relativa del IV Centenario del Quijote), y no ha desarrollado hasta ahora iniciativa institucional alguna a favor de una “historia plural de España”, lo que en principio se correspondería con su proyecto político de resolución del conflicto vasco, reformas de los Estatutos y de la Constitución; al contrario de lo que sucede con las propuestas para la recuperación de la memoria histórica de la guerra civil y del franquismo, que están recibiendo un apoyo loable también por la falta de dirigismo- del primer gobierno de Zapatero.
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Pues hay vicios del lenguaje como usted , estimado Fernando,le llama que habría que intentar eliminar, al menos que lo hagamos las que tenemos y los, acceso al conocimiento y a la cultura, ya que lo que no se nombra se invisibiliza, desaparece, sobre todo en un mundo tan "comunicado" como el que nos ha tocado vivir. No es casualidad que no se nombre a las mujeres, el lenguaje, estimado colega, no es inocente nunca. Sólo hay que intentarlo repetidas veces, después sale sólo; un idioma tan rico cómo el nuestro incluso tiene denominaciones tan universales como, humanidad, infancia, ciudadanía, juventud...para evitar sesgar o restringir dichos conceptos a un sólo género...es cuestión de proponérselo, no es gracias a nadie y menos a Dios, no creo que le preocupe mucho este tema, en el supuesto caso de que exista y sea varón, a lo mejor es mujer... Guillermina Dominguez Touriño Ies San Clemente, Santiago de Compostela Historia a Debate E-mail h-debate@cesga.es Página web www.h-debate.com Para apuntarse a esta lista enviadnos el mensajeincluirme/subscribe Para desaparecer de esta lista enviadnos el mensajeborradme/unsubscribe Suscriptores actuales 2131 historiadores de 45 países |
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Estimado Alexandro: Quizá sea oportuno que mire en su propio espejo. No entiendo porqué los distinguidos colegas chilenos que han escrito en esta sección de HAD se empeñan en manifestar lecciones de moral histórica y política a un pueblo que no se doblega ante el Imperio. ¿Patria y muerte sinónimo, sólo, en Cuba? Habrá que revisar la historia general de Latinoamérica, y de Chile en particular para precisarlo. Reciba mis saludos, Luis Oporto Ordóñez Biblioteca y Archivo Histórico del Congreso Nacional Bolivia Historia Inmediata/Historia a Debate E-mail h-debate@cesga.es Página web www.h-debate.com Para apuntarse a esta lista enviadnos el mensaje:incluirme/subscribe HI Para desaparecer de esta lista enviadnos el mensaje:borradme/unsubscribe HI Suscriptores actuales: 711 historiadores de 24 países |
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Adjunto carta de protesta enviada a TVE por la justificación que se hace del golpe fascista del 36 en el programa Memoria de España. Si se desea se puede enviar a: consultas@rtve.es con el nombre y DNI Un cordial saludo Victor Luis Alvarez Asociación Memoria Histórica Asturiana +++++ Carta la TVE Los días 1 y 8 de marzo Televisión Española emitió los capítulos de la serie "Memoria de España", dedicados a la Segunda República, la guerra civil y la dictadura franquista. El contenido de los mismos puede calificarse de un revisionismo de baja intensidad. Entre los diversos ejemplos la frase de que entre los dos bandos existió una "idéntica represión" (textual). Según el último recuento de víctimas, elaborado por los historiadores Francisco Espinosa y Francisco Moreno, la represión ejercida por los republicanos causó 37.000 muertes y la ejercida por las fuerzas franquistas estaba contabilizada por ahora en 110.000 muertes, a lo que habría que añadirle la represión en numerosas provincias ocupadas por los franquistas (Galicia, Castilla-León, etc,…) que todavía no han sido estudiadas debidamente. A eso, la serie asesorada por Fernando García de Cortazar, lo califica de "idéntica represión". En la nota de prensa emitida por TVE para anunciar a los medios de comunicación la emisión del capítulo de la guerra civil se dice lo siguiente: "La II República tiene prisa por cambiar el rumbo de la historia y construir una sociedad moderna y democrática. Ni la impaciencia de las masas revolucionarias ni la nostalgia de los monárquicos habrían de permitírselo. En opinión del historiador Fernando García de Cortazar, las profundas contradicciones de la sociedad en aquella época desembocan en la Guerra Civil española." Decir que las "profundas contradicciones desembocaron en la guerra civil" es una forma de eludir la responsabilidad que tuvieron los que acompañaron al general Franco en su golpe de estado, que fue la verdadera causa de la guerra. Y eso no se nombra en la nota de prensa. Cuando se trató el tema de la represión republicana aparecieron imágenes de numerosos cadáveres en el Cuartel de la Montaña, mientras los militares franquistas se paseaban pacíficamente tomando las ciudades. También se narró detalladamente (para las dos horas que se dedicaron a todo ese periodo) la represión padecida por la Iglesia católica, sin contextualizar ni hablar de la participación que tuvo la citada institución en la muerte de miles de civiles republicanos. En cuanto al capítulo dedicado al franquismo; se narró levemente la represión de la posguerra sin hablar de casos concretos (miles de asesinatos extrajudiciales, mujeres rapadas y humilladas públicamente, etc,…) y no se habló de todas las ventajas sociales que tuvieron los familiares de los muertos franquistas: becas de estudios, puestos en la administración, puntos en las oposiciones, etc,… El resto del capítulo se centró en el desarrollo económico para construir la legitimidad de la dictadura en el acceso a una relativa sociedad de consumo.Por todo ello quiero manifestar mi protesta ante un ente financiado por todos los españoles y solicitar algún tipo de reparación pública que establezca una versión real de los acontecimientos. Nombre: Víctor Luis Álvarez Rodríguez. Portavoz Asociación Memoria Histórica Asturiana. DNI: 10749137-H Historia Inmediata/Historia a Debate E-mail h-debate@cesga.es Página web www.h-debate.com Para apuntarse a esta lista enviadnos el mensaje:incluirme/subscribe HI Para desaparecer de esta lista enviadnos el mensaje:borradme/unsubscribe HI Suscriptores actuales: 711 historiadores de 24 países |